LA CUEVA DE CHAUVET

ARTE PRIMIGENIO DE IMAGEN EN MOVIMIENTO

DESCUBRIR EL PASADO CONOCIENDO EL FUTURO

<Por Mariano Vazquez>

 

imagen seriePensemos en las computadoras antes de Internet, en las computadoras antes de Windows y antes del mouse. Pensemos en computadoras que difícilmente podía mover una sola persona. Pensemos ahora en una desbocada carrera por la innovación tecnológica en los años en los que el computador personal era una herramienta de trabajo pero todavía no era un electrodoméstico. Pensemos en los años ’80, en su ropa y en su música.

La serie Halt and catch fire nos sitúa en esos años donde Bill Gates y Steve Jobs comenzaban a eclipsar la escena informática, donde IBM era el monstruo más imponente del mercado y donde la computación, las computadoras y todo ese mundillo hoy indispensable, no era más que la causa del desvelo de unos pocos.

Saltar sobre sí mismo y prenderse fuego

El argumento central de Halt and catch fire es bastante simple: como resultado de la manipulación maquiavélica de un desbocado y ambicioso gerente de ventas (Joe McMillan), Cardiff Electric, una empresa de poca monta de Texas, una promisoria programadora de software y un fracasado ingeniero, se ven envueltos en el desarrollo de un nuevo computador. Este no debe pesar más de 5 kilos, caber en un maletín y ser más rápido y más barato que el mejor ejemplar de IBM.

Más allá de la proeza que busca narrar la historia de Halt and catch fire, hay una idea, una idea sólida, pero tan debidamente sedimentada en la actualidad que puede -y acaso eso es lo que se busca- pasar desapercibida. La idea que, como un hilo de Ariadna, se desenrolla episodio a episodio, es el imaginario tecnológico que, dotado de una fuerte impronta evolucionista, pone a jugar la siguiente premisa: la tecnología, como el listón manifiesto del progreso de la humanidad, tiene como finalidad ponerse al servicio de los hombres, hacerle la vida más fácil y más sencilla. En tanto que medio para un fin no tiene ideología, porque como toda herramienta, desde el hueso que el primer homínido usó para masacrar animales, hasta los cohetes que ponen los satélites en el espacio, son neutrales, maleables y flexibles en su uso.

En este sentido, la computadora que Joe MacMillan (Lee Pace) quiere fabricar, la computadora con la que sueña desde que leyó el artículo de Gordon Clark (Scott McNairy) es la razón de la gran epopeya que la serie quiere narrar, y que se pretende comparar -de soslayo- con la llegada a la luna.

La analogía animal

Una mulita atropellada, un pájaro agonizante y el sacrificio de un caballo componen un particular archipiélago de escenas que por un lado intensifican el tono narrativo del episodio y refuerzan los vericuetos de la historia, y por el otro dejan vestigios de la idea que pretendemos enhebrar.

Esa mulita incrustada en la parrilla inferior del deportivo negro de Joe, recortada en una mancha de sangre, muestra el ímpetu -y porqué no el arrebato- que caracteriza a Joe McMillan (mixtura perfeccionada de Steve Jobs y Don Draper), el visionario emprendedor que llega con el proyecto del nuevo computador; sin embargo, esta escena con la que inicia el piloto de la serie -y esto no es casual- opera como alegoría de eso que está sedimentado, donde el progreso, como un tren desbocado, arrasa con todo lo que se pone delante suyo: la naturaleza, la vida, el pasado y, si se quiere, lo analógico.

El pájaro que agoniza, y que es sacrificado por la mujer de Gordon Clark, pretende resaltar el carácter inseguro y hasta casi infantil del ingeniero, quien puede reparar los juguetes de sus hijas, incluso mejorarlos, pero no puede lidiar con el sufrimiento de un animal, ni con el fracaso y la adversidad.

El dueño de Cardiff Electric se reúne con uno de los jerárquicos de la empresa en su rancho para intercambiar impresiones sobre el nuevo proceso comercial que están atravesando. Mientras dialogan apoyados en una tranquera, a pocos metros unos hombres evalúan el grado del daño en las piernas del caballo. Minutos después, el animal es fusilado de un escopetazo. Nuevamente, la analogía animal opera como un recurso explicativo, aunque algo remanido ya en tan pocos capítulos, y nos muestra que, en Cardiff Electric, todos, absolutamente todos, son prescindibles.

Tanto el sacrificio del pájaro para no prolongar su sufrimiento, como el del caballo por su condición de inservible, describen un mundo en el que hay que adaptarse o perecer. El darwinismo social, en su expresión más simplista, se hace presente. La otra idea que aparece es la del sacrificio: sólo aquellos capaces de afrontar grandes sacrificios son los que podrán seguir adelante.

Comidilla de seriéfilos

Se destaca la calidad técnica con que están realizados los primeros episodios que vieron la luz. La reconstrucción de época, la fotografía y un cúmulo de guiños a la televisión norteamericana de principios de los ’80 refuerzan este concepto. Los medios nacionales remarcaron, de forma equivocada, que Halt and Catch Fire era la nueva serie de Juan José Campanella. Jota Jota sólo dirige los primeros tres capítulos con una pureza técnica tan desarrollada -e invisible- que lo podría haber realizado cualquier otro tecnócrata del séptimo arte y se vería exactamente lo mismo.

Por último, podemos detenernos en la apuesta de AMC -exitosa productora norteamericana de series como Breaking BadThe Walking Dead y Mad Men– y su intención de repetir el éxito conseguido con la historia de Donald Draper y los publicistas de la avenida Madison. Al igual que en Mad Men, se reconstruye sin fisuras una década específica sostenida por infinidad de elementos culturales y sucesos históricos puntuales. También se pueden encontrar semejanzas con otros personajes. La más obvia es la de Joe MacMillan con Don Draper: ambos son enigmáticos, motivadores, desbordan masculinidad y tienen ese secreto que puede dinamitar todo lo que construyen con la pasión y la obsesión de un visionario.

¿Por qué mirar Halt and catch fire?

Aunque los primeros episodios pueden resultar un poco lentos, la madeja de historias que capítulo a capítulo se desenrolla suministra las dosis eficientes de tenor dramático para que la historia se vuelva atrapante. Las actuaciones, sin descollar talento, cumplen, y el soundtrack goza de perfecta salud.

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Esta entrada fue publicada en 3 agosto, 2014 por en Sin categoría y etiquetada con .

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