LA CUEVA DE CHAUVET

ARTE PRIMIGENIO DE IMAGEN EN MOVIMIENTO

EL GRAN GATSBY

<Por Cintia Rogovsky*>

 
“Mejor que te guste lo que consigues”. 
 

El Gran Gatsby versión 1974 como arquetipo: cuando todo se derrumba

 

???????????????????????????En un ensayo autobiográfico conocido como “El Cruck up” (1936), Francis Scott Fitzgerald (FSF) afirmaba:

uno puede venirse abajo de muchas maneras; el derrumbe puede tener lugar en la cabeza, ¡en cuyo caso te arrebatan el poder de decisión!, en el cuerpo, y no queda sino someterse al mudo blanco del hospital, o en los nervios.

Pero vayamos a la película El Gran Gatsby, tercera versión, 1974. El mundo de los años 70 no se parecía en muchos aspectos al de los 20 en los Estados Unidos, cuando se escribió la novela y se la llevó al cine (mudo) por primera vez (1926). Sin embargo, esta “nueva” versión que hizo Hollywood, con guión de Francis Ford Coppola, logra captar el clima de la novela homónima y de “El Cruck up”, en cierta forma. No es casual, si se considera que su autor, FSF, fue uno de los más extraordinarios guionistas de la industria durante una década. Una rareza, a la vez, si se contrasta el espejo invertido que supone aquel Hollywood donde brillan exitosas sus estrellas y un escritor que hizo del fracaso un tema narrativo propio y perdurable. Este vínculo explica que la narrativa de Fitzgerald sea tan cinematográfica -incluyendo sus novelas, cuentos y guiones- y el Cine (con mayúscula). Imposible decidir quién cruzó las fronteras del género: ¿fue un escritor que inventó una manera de contar historias, dándoles el formato de guiones que luego el lenguaje cinematográfico hizo suyos o al revés?

Basta con ver los argumentos, personajes, el ritmo, la estética, los diálogos, y en particular el clima de muchas películas para recordar que  tienen una deuda consciente o no con el estilo de este creador de arquetipos. La historia de amor, romántica y trágica entre: un hombre de cualidades nobles -valiente, heroico-, pero de origen humilde; o bien de un hombre con un pasado oscuro, misterioso y una mujer bellísima pero algo desequilibrada, perteneciente a una familia millonaria, casada o comprometida con otro -que no la cuida lo suficiente, o no la comprende-. Desencuentro que es resultado de un desfasaje en la dimensión que el tiempo impuso a los amantes. Amantes que conservan vivo el recuerdo de ese primer amor (fracasado); aquella ilusión que nace fulminante, bajo la luz de la luna, o alguna otra luz… Jay Gatsby (Robert Redford) y Daisy Buchanan (Mia Farrow). También los temas se repiten, con variantes, en muchos cuentos, en la historia de Gatsby, y en la considerada su mejor obra: “Suave es la noche” (1933): el resurgir de “El Primer Amor”, -¿un intento de detener el tiempo y sus mudanzas para aplazar el inevitable final?-; el de recuperar la ilusión, la posibilidad de vivir, que siempre parece estar en el pasado. Y el derrumbarse y perderlo todo, como se pierde todo en la guerra, en las crisis emocionales, financieras, en los accidentes automovilísticos (como el que acaba con la joven vida de Myrtle); en las adicciones, en los rechazos amorosos.

Los ricos abandonan, los ricos no son leales, solo se aman a sí mismos: parece el intertexto de algunos fragmentos de la novela, y en la escena final de la película.

¿Hablo de cine, de Gatsby según Coppola, de la vida de Fitzgerald, de sus novelas, de la “generación perdida”, de la relectura de su obra que emprenden escritores contemporáneos como Alan Pauls o Rodrigo Fresán? Los límites son difusos, el lector tiene esa libertad de transitar estos territorios vecinos como quiera, construir su itinerario. La historia se repite y cada época y generación tiene su versión del arquetipo del héroe fitzgeraldiano: hay muchas versiones cinematográficas de esta novela, acá nos referimos a la del 74, pero es sólo una alternativa entre varias.[1]¿O acaso no tenemos cada uno nuestro propio derrotero de catástrofes que nos hermanan con este relato de algún modo? La ciudad de La Plata post 2 de abril 2013 sabe de eso, del cruck up en su sentido más brutal y colectivo…

Vidas de película: Gatsby, Fitzgerald, Coppola y Capote

La vida, la historia, las adicciones. Como el alcoholismo que precipitará el prematuro final de Fitzgerald a los 44 años, y la locura de su mujer, Zelda, que muere poco después en un incendio en el hospital psiquiátrico en el que ha pasado sus últimos años (como los personajes que él escribió).

FSF había nacido en 1896. Deja tempranamente la Universidad (Princeton) para enrolarse en el ejército, pero es licenciado antes de desembarcar, y por lo tanto, sus sueños de heroísmo no se concretan: nunca entrará en combate, al menos, en esa clase de combates. Primer fracaso. Luego, la enfermedad lo obliga a dejar nuevamente la universidad, y al regresar allí enfrenta, descubre, que esa interrupción de su carrera académica lo aleja de sus sueños de ser una eminencia. Segundo fracaso. Para los lectores y amantes del cine, esto ha sido una bendición, ya que decide dedicarse a la escritura como resultado de esos fracasos. Él mismo reflexiona, citando a Shaw, “si no consigues lo que te gusta, mejor que te guste lo que consigues.”[2]

Luego de un temprano éxito con “Al este del paraíso” (1922) inicia una carrera meteórica. Se casa con Zelda, también escritora, escribe relatos para el Post y otras revistas sumamente populares. Le pagan cifras increíbles para la época, se hace rico y se inserta en la sociedad de los ricos, los privilegiados, los norteamericanos que pasan largas temporadas en la Riviera francesa y recorren con sus lujosos yates una Europa declinante y empobrecida por la guerra. Como Gatsby, un hombre que se ha hecho a sí mismo, que se ha inventado un pasado mucho más romántico que el real. En cierta forma nos recuerda también al Don Draper de Mad Men….

En el periodo de entreguerras, después de escribir “El Gran Gastby”, después de que se derrumba junto con la Bolsa el sueño de millones de norteamericanos rápidamente enriquecidos, se cayeron muchas otras cosas: la llamada “generación perdida”, de la que Francis Scott Fitzgerald es un emblema. Eran artistas decididos a romper los límites (de las tradiciones y de las convenciones), a innovar, a entregarse por completo a su conciencia artística, aunque en ello se les fuera la cordura, el capital emocional y la salud. Como si sonara alrededor de ellos la mejor orquesta y el baile nunca fuera a terminar. Hombres que se inventaban a sí mismos, mujeres dispuestas a ir más allá de las convenciones sociales y familiares, fantasías estetizadas al calor de la recién estrenada riqueza, la belleza de la juventud, el desenfreno del jazz, el alcohol y las noches, suaves, que anticipan la oscuridad del ocaso.

Fitzgerald escribe “El Gran Gatsby” antes del cruck up de la Bolsa, en 1925. Todo brilla, como la luz en el muelle de Daisy Buchanan, que el protagonista observa todas las noches desde el otro lado de la Bahía. Como brilla la mirada de Robert Redford, quien en el filme de 1974 encarnará al protagonista. Dirigida por Jack Clayton (un director inglés que filmó muchas películas inspiradas en obras literarias), y con un guionista como Coppola… ¡que reemplazó a Truman Capote!; es decir, incalculable el talento reunido en este proyecto. La historia es conocida: son los años 20, estamos entre la alta sociedad norteamericana, que vive entre lujos, fiestas y placeres en las afueras de Nueva York, en West Egg. Un hombre que no pertenece a este círculo se instala en una mansión y da fiestas extravagantes en las que la orquesta toca jazz, el baile se prolonga toda la noche y los invitados se emborrachan a costas de este “advenedizo”, misterioso e inmensamente rico Gatsby. El narrador es Nick Carraway, veterano de la Primera Guerra Mundial y primo de Daisy, joven esposa millonaria de Tom Buchanan, vecinos de West Egg. ¿De dónde ha salido la fortuna de Gatsby? ¿Por qué se ha instalado allí? Corren acerca de él todo tipo de rumores, que trafica alcohol, que es sobrino del Kaiser alemán…

En la estructura del guión hay varios cambios respecto a la novela, y las escenas de la película intensifican el clima algo onírico de los encuentros entre los amantes: tanto los de Daisy con Jay, iluminados con los reflejos dorados de los objetos de lujo en la mansión de Gatsby (los cepillos en la toilette, los moldes en la cocina) que contrastan la supuesta cotidianidad presente en el reencuentro entre ellos, y los recursos visuales con los que se lo muestra como una fantasía, algo irrealizable. En las escenas entre Tom y Myrtle, por el contrario, no hay exaltación visual, el relato nos muestra lo sórdido y violento del vínculo que pareciera exclusivamente sensual y no amoroso.

Reparto

Daisy, el gran amor de Jay Gatsby, está a cargo de una muy joven Mia Farrow. Bruce Dern como Tom Buchanan, Karen Black como su amante, Myrtle Wilson y Sam Waterston (conocido por la serie Law and Order) como Nick Carraway, el narrador y vecino de Jay. La película recibió dos Oscar: como mejor realizador de vestuario Theoni V. Aldredge y música Nelson Riddle.

 

[1] La primera, cine mudo, en 1926; la segunda versión de 1949, protagonizada por Alan Ladd en el papel de Gatsby, incluso, está la más reciente protagonizada por Leonardo Di Caprio (2013).

[2] “Pegamento”, marzo 1936, en F.Scott Fitzgerald, “El cruck-up”, Editorial Cruck-up, Buenos Aires, 2011, pág. 110.

 

* Por Cintia Rogovsky. Docente. Escritora.

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Esta entrada fue publicada en 14 agosto, 2014 por en Cine y Literatura y etiquetada con , .

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