LA CUEVA DE CHAUVET

ARTE PRIMIGENIO DE IMAGEN EN MOVIMIENTO

DE MAIGRET AL FILM NOIR

<Por Álvaro Fuentes>

 

Maigret et l'affaire Saint-FiacreSería interesante repasar todas las películas que se han hecho de Maigret, personaje de las ficciones detectivescas creadas por el novelista belga George Simenon. Aunque prefiero detenerme en la que considero una joya dentro de ese rubro y a su vez una de las mejores historias policiales llevadas a la pantalla grande. No me interesa hablar de las buenas adaptaciones al cine de novelas de misterio. El cine, incluso cuando hace adaptaciones de obras literarias, vale por sí mismo, se convierte automáticamente en un registro con sus propios parámetros de funcionamiento y validación. Si es mejor o peor que la obra adaptada, si conserva o evita ciertos defectos, son aspectos que van más allá del hecho de pasar de un código escrito a otro cinematográfico, se explican por otra cosa.

La re-codificación del material narrativo es arte creativo en estado puro. La destreza del cineasta está en poder economizar diálogos, situaciones, saber re-ordenarlas, contarlas de otro modo si es necesario, incluso modificar, ser preciso con la información en los acotados tiempos del cine, audaz en el uso de cámaras para reflejar climas y estados de ánimo de personajes, y demás.

Una de las películas más emblemáticas que llevó una novela policial al cine fue El nombre de la rosa de Jean Jaques Annaud. El policial medieval no se destaca por ser fiel o adaptar bien la novela de Eco, sino por haberse convertido en una obra de arte por sí misma, y cinematográfica en sentido pleno. Lo mismo puede decirse de El silencio de los corderos (película de Jonathan Demme basada en la novela de Thomas Harris).

Pero la película que motivó este artículo es la segunda adaptación de una novela de Maigret del director francés Jean Delannoy: Maigret y el caso de Saint-Fiacre, del año 1959. Una de las versiones que se hicieron famosas más por el actor Jean Gabin que por su director. Injusticia solo comprensible si se tiene en cuenta la destacada labor del actor, emblemático del cine francés por su participación en películas de Renoir, aunque inconcebible si se piensa en la maestría del director para explotar al máximo las posibilidades del lenguaje audiovisual.

Maigret y el caso de Saint-Fiacre podría pasar tranquilamente como una obra maestra más del gran Hitchcock. Cierta marca autoral en cada toma, astucia técnica en la construcción de las escenas y una descomunal capacidad de contar varias situaciones (todas con intensidad dramática) dentro de una sola. Como se dijo alguna vez de Hitchcock, hay directores que no hacen cine, directamente piensan cine, escriben cine, hablan cinematográficamente.

Pero vayamos a escenas puntuales de la obra. La del inicio, por ejemplo, que comienza mostrando, en primer plano, una nota con una amenaza de muerte. Su lector, a quien no le vemos la cara, viaja en tren. Poco después baja y lo vemos caminar por la estación de espaldas a nosotros. Luego sube a un vehículo, se sienta junto a una distinguida dama y recién entonces conocemos su identidad: es Maigret, que en el tren estudiaba la nota que le había enviado por correo una condesa amenazada de muerte, la misma que ahora se sienta a su lado y le pide que resuelva el caso. La película juega con nuestra percepción de los hechos haciendo que pensemos que ese misterioso personaje del inicio (que luego se revela como el protagonista) es el amenazado y puede estar huyendo del peligro que lo acecha.

Otra escena ya cercana al final de la narración: en claro homenaje a las novelas de Agatha Christie, Maigret se encuentra con todos los sospechosos en una sala de la mansión de la condesa asesinada, a punto de revelar el misterio y señalar públicamente al culpable. Un increíble efecto de luces, de un auto que llega a la puerta de la mansión, parece distraer por un segundo la atención de los presentes. La acalorada conversación entre el detective y los sospechosos continúa, y a los pocos minutos se escuchan pasos y movimiento en la planta superior, donde se encuentra el cadáver de la víctima. La tensión en la sala va en aumento. Maigret termina enviando a alguien a averiguar qué pasa arriba y, al rato, el mensajero vuelve con la noticia de que personal de la funeraria se está llevando el cadáver. Nuevamente Delannoy se divierte saludablemente a costa de los espectadores. El suspenso, parece sugerir, es una cuestión de climas y sensación de realidad.

Por último, hay en la película una perfecta economía informativa en la presentación de la trama. El relato obliga a prestar suma atención a cada nuevo giro, a cada dato recabado por el investigador, para ir reconstruyendo mentalmente los hechos. Pero ese nivel de exigencia que nos impone el film no es en vano, porque las piezas van encajando fácil y ordenadamente. Evidentemente, se trata de una trama simple y eficaz ya presente en la novela de Simenon (que confieso no leí) y bien contada nuevamente por Delannoy.

Siempre me llamó la atención que para hablar del policial negro cinematográfico se usara la categoría en francés “film noir”. Aparentemente esto se relaciona con que el primer crítico que denominó así el fenómeno de policiales en Estados Unidos, en la década de los cuarenta, fue francés. Me animaría a señalar también que la cultura francesa del policial, y Simenon en particular, tuvieron mucho que ver en esto. Si bien la primera novela de Maigret es de 1931, unos años después que algunas de Dashiell Hammett, tenemos a un Jean Renoir filmando al personaje de Simenon ya en 1932.

La impronta de los franceses (Simenon era belga pero evidentemente lo asimilaron inmediatamente en el país vecino) se expresa en los comienzos del cine negro, y en el año 1959 se consuma con la película de Delannoy. Del año 1958, como ya dijimos, hay otra del mismo director: Maigret tiende una trampa. Sin llegar a la maestría técnica de la inmediatamente posterior, también la recomendamos a aquellos paladares predispuestos a otro de los más deliciosos géneros que convida el cine.

 
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Esta entrada fue publicada en 15 octubre, 2014 por en Crítica y etiquetada con , , , .

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