LA CUEVA DE CHAUVET

ARTE PRIMIGENIO DE IMAGEN EN MOVIMIENTO

EL PORVENIR DE UNA ESPERANZA

<Por Marianela Santillán*>

 

crítica de cine 4

Me encanta ver cine, hablar sobre cine, y leer sobre cine. Hace algunos años tenía la ingenua idea que tan sólo se aprende de cine al verlo. Pero conocer y disfrutar del séptimo arte va -al menos para mí- mucho más allá de eso; y es en ese punto que considero crucial el hecho de leer sobre cine. Leer ya sean textos teórico-analíticos: “Qu´est-ce le cinéma?” de André Bazin es un libro obligado para todo amante cinéfilo; entrevistas: mi favorita personal -aunque sea muy trillada- es la que realiza un joven François Truffaut al maestro Alfred Hitchcock; o bien críticas y reseñas de cine que me parece algo fundamental tanto para conocer, como para ampliar el universo cinematográfico personal.

Además de leer ocasionalmente revistas de cine, o libros con estilos más académicos, diariamente sigo diferentes webs y blogs nacionales e internacionales. Por un lado lo hago para enterarme de lo que pasa y de cómo se manejan y difunden las producciones internacionales para así luego replicar y reconstruir información e informes para mi propio blog sobre cine y tv, y por otro para conocer viejas y nuevas formas de la crítica cinematográfica.

Si nos ponemos a reflexionar largo y tendido, con el auge de internet, de las redes sociales y el fácil y gratuito acceso a plataformas CMS (o que permiten crear blogs en menos de cinco minutos) uno de los campos que más ha emergido es el del periodismo. A partir de esa emergencia, surgieron y surgen blogs y sitios de todo el mundo que se centran en la escritura crítica de cine, o bien en crear portales de noticias que devienen sitios de crítica.

Celebro esa apertura, y esa posibilidad de canalizar la pasión cinéfila en unas cuantas líneas y compartirlo con otros que tal vez ven, piensan o sienten lo mismo; y por qué no, debatir con quienes disienten. Sin embargo, hay que admitir algo innegable: hay una crisis en el estado actual de la crítica de cine, es cierto y es obvio. Sumado a eso, se pierden -o se extinguen- los escasos y buenos espacios de debate, quedando unos pocos cuya incidencia es cada vez menor dentro del panorama nacional. ¿A qué se debe esta crisis? No lo sé y no es mi intención esbozar en profundidad una reflexión al respecto. Pero sí cabe hacer mención de esta apertura digital que por más buena que sea, también trae consigo algo precarizado, desorganizado y difuso de lo que es la crítica de cine y de cómo se cree que debería ser.

Partiendo de estas reflexiones introductorias, quiero ahora centrarme en dos casos puntuales, que atañen a la crítica cinematográfica argentina: por un lado la publicación del libro de Hacerse La Crítica y, por otro, el surgimiento de Revista de Cine.

La primera surge de forma más modesta a partir del blog del mismo nombre, y con varios de sus colaboradores habituales. A partir del trabajo de algunos meses, finalmente en marzo de 2014 se realizó el lanzamiento oficial del libro-revista en formato de papel, pero manteniendo el soporte digital del blog para las reseñas y actualizaciones diarias. Uno de sus responsables enunciaba hace algunos meses en una entrevista que el enfoque de la revista se basa en: 1) analizar, dividir y desmenuzar las superproducciones para que no los absorban acríticamente; 2) enfocarse en las películas que ayuden a diversificar la cartelera -lo menos mainstream-; 3) centrarse en escribir sobre todas las películas argentinas posibles, para así hablar de la industria local, y de las imágenes propias y cercanas (a la vez proponen no ser condescendientes con ellas, poniendo énfasis en polemizar con las que por preferencia propia elijan, o con las más legitimadas por el mercado festivalero); 4) escribir sobre lo que no se estrena en el país.

En cuanto a formato, el libro está planteado en tres secciones: “La navaja de Buñuel”, “Pampa bárbara” -título general de la publicación- y “La parte de la sombra”. La primera se aboca a los estrenos internacionales. La segunda discute específica y puramente sobre el cine y el estado de la crítica actual, centrándose especialmente en la escuela de cine de El amante. La tercera se enfoca en películas que no se estrenaron en las salas comerciales o en el circuito de exhibición. De esta forma, además de las reseñas, se puede leer en forma vivencial y analítica sobre el presente personal y colectivo, o de colectivos culturales como el mismo HLC, de la escritura crítica de cine.

Revista de Cine en cambio se lanzó hace un mes y detrás cuenta con un renombrado y prestigioso grupo de cineastas, y docentes con la marca registrada de la FUC que vienen causando revuelo tanto detrás de cámara como desde la escritura. Está dirigida por Rafael Filippelli, con Sergio Wolf como secretario de redacción, un comité integrado además por Mariano Llinás, Hernán Hevia, Rodrigo Moreno, David Oubiña y Juan Villegas.

En sus distintos artículos y apartados, reflexionan -tal vez más efusiva y pasionalmente que HLC– sobre la crisis en el campo de la crítica de cine, y la toman como un signo de falta de esperanza. Asumen algunos (afirman otros) que la mejor crítica de cine la ejercen los propios cineastas, o bien que a la hora de hablar del Nuevo Cine Argentino, “los cineastas dijeron cosas más interesantes que los críticos”. De esta forma, con provocación, certifican que una de las razones de esa crisis se debe primero a la formación o formación inexistente de los críticos; a limitar el cine a los estrenos de cine;  y después a cierto sector de la crítica que o comenta películas sin haberlas visto, o bien crítica y reseña películas para promocionarlas, y así caen en la condescendencia de films que (esto en mi opinión) deberían ser más olvidables que memorables -ellos puntualmente ponen como ejemplo El secreto de sus ojos-.

El primer número de Revista de cine incluye además una colaboración de Sarlo, que en mi opinión tal vez sea el texto más interesante, junto a “Nuestros demonios” de Mariano Llinás. Éste último se centra en explicar que para él existen películas que tienen más características de NCA que otras, y que esto en parte tiene que ver con los realizadores que están más integrados a la industria, y los que resisten y prefieren filmar por fuera del así gran demonio ilustrado: el INCAA, y del diablo más cercano: el cine nacional que, más o menos bastardeado, también lo incluye a él entre sus filas.

En síntesis, Revista de cine al igual que HLC también vendría a tener tres partes: en los primeros textos se intenta definir qué es la modernidad en el cine, después se asumen como parte de esa modernidad, para finalmente, y a través de la voz de la experiencia y de la autoridad auto adquirida, desestimar lo que no consideran moderno; sea actual o no. Que se entienda, yo disfruto el cine de Llinás, Wolf y el resto de los participantes, como el de pocos realizadores argentinos (tal vez el gran director que admiro sea Matías Piñeiro, otro chico FUC y, si se quiere, discípulo de muchos de los redactores de este libro), pero la postura de total y chocante soberbia tal vez haya sido mal interpretada, tanto por mí como por la mayoría de los críticos contemporáneos de renombre, cuando justamente su sentido iba por otro lado. Ser personales y subjetivos es lo que le exigimos a todo crítico, pero cuando algunos cineastas actúan de la misma forma para con los críticos, los ánimos se exacerban y el verdadero debate queda por fuera. Aunque prefiero pecar de ingenua y pensar que las provocaciones de Wolf, Oubiña & cía. realmente apuntaban a interpelar al crítico y al lector de críticas, así como al espectador, para permitirse pensar en un nuevo universo a construir.

Tomé los ejemplos de HLC y RdC porque en un momento de crisis y de desesperanza actual -en esto coincido con Llinás- es digno de admirar y de celebrar cómo ciertas publicaciones se permiten la reinvención y la exploración de nuevas-viejas formas de edición. Ante la sobre-exposición a la información de internet, y ante ese afán que muchos tenemos de ver, leer o conocer todo en el mismo instante en el que surge, el papel y los libros resultan lo único verdaderamente perdurable en un momento de modernidad líquida y efímera absoluta.

 

Nota relacionada de Álvaro Fuentes

 

* Editora y redactora responsable de la sección CINE en Proyector Fantasma.

 
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Esta entrada fue publicada en 3 noviembre, 2014 por en Ensayo y etiquetada con .

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