LA CUEVA DE CHAUVET

ARTE PRIMIGENIO DE IMAGEN EN MOVIMIENTO

SOBRE CRÍTICA Y CRÍTICOS: ASPECTOS PRÁCTICOS

<Por Francisco Goin>

crítica de cine 5Hará 30 años que vi por última vez Ocho y Medio (u 8 y ½) de Federico Fellini. Creo haberla visto dos veces, aunque la memoria me suele fallar. No estoy develando ningún misterio si digo que uno de los aspectos más potentes de 8 y ½ es la representación de aquella serie de obstáculos que debe vencer un artista (en este caso, un director de cine) antes de lanzarse al pleno acto de crear. Obstáculos de todo tipo: prejuicios de época, actores caprichosos, problemas económicos, ideológicos, estéticos, prácticos… y, finalmente, la crítica. La Crítica. Hasta donde recuerdo, el personaje que hace de crítico, en 8 y ½, es un ser absolutamente deleznable, siempre propenso a la parálisis de todo artista o proceso creativo. Creo recordar que, en un determinado momento, le propone al dubitativo director: “¡La inacción creativa!”; así, patético como suena. Seguramente esta personificación (negativa) del crítico en un film tan fundamental para la historia del cine haya incidido en la ulterior consideración (negativa) de la crítica y los críticos por igual. El crítico como el Intelectual Fracasado, el Resentido Cultural, el Mediocre Infinito, el Cobarde Apopléctico. La lista es larga.

La figura del crítico en el párrafo anterior responde claramente a un estereotipo: el del personaje que le habla al creador, al artista, y pretende “corregir” su obra, encauzarla, “mejorarla”. En los párrafos que siguen se sugiere que tanto los orígenes como el fin último del crítico fueron y son muy distintos. No hablaremos de la “finalidad” o de la “misión” de la crítica. Señalaremos, en cambio, algunos aspectos prácticos que han enmarcado el ejercicio de la misma.

(Ultra-) Breve historia de la crítica

La crítica puede ser entendida como un acto de mediación cultural. Alguien transmite a otros cierta valoración de una obra realizada por un tercero. Como tal, tipifica a las sociedades complejas con división del trabajo. Intuimos, por ejemplo, que no había crítica ni críticos en las bandas humanas de cazadores-recolectores del Pleistoceno tardío. Por el contrario, la crítica y los críticos se nos ocurren más que probables desde la Revolución Neolítica en adelante: mucha gente, espacio urbano y diversidad de roles. Una población nutrida implica un público, la urbe incluye espacios de contemplación y la división del trabajo requiere de especialistas: el artesano, el escriba, el campesino, el soldado, y así. Imaginamos a los primeros críticos como consejeros reales, cortesanos cultos, nobles sin demasiada inclinación hacia la guerra o la caza. Gente con tiempo libre y capacidad de observación.

Una segunda etapa en esta historia imaginaria de la crítica pudo haber llegado con la normalización del mecenazgo por parte de reyes, nobles, nuevos ricos y demás: el Mecenas requiere de un consejero que garantice la mejor inversión de su dinero. El destino último de estos derroches por parte del Mecenas es el ensalzamiento personal, la adquisición de poder simbólico como alma sensible protectora de las artes y el buen gusto.

La Revolución Industrial debió haber implicado un salto cuántico en la historia de la crítica. Es que con la misma se universaliza el (pre-existente) periódico, el que termina constituyéndose en el gran mediador cultural de la Modernidad. Con el periódico, el crítico encuentra un ámbito, un espacio, un trabajo y un salario. De consejero de nobles pasa a proletario cultural: su público ya no es el Rey sino los crecientes números de burgueses necesitados de orientación en el tortuoso panorama cultural de una época de cambios, muchas veces vertiginosos y de derivaciones incomprensibles.

Algunos cálculos chapuceros

Saltémonos ahora un par de siglos y veamos qué pasa hoy. La Asociación Internacional de Universidades tiene una base de datos con información sobre alrededor de 18.000 universidades e instituciones de educación superior en todo el mundo. Dieciochomil, men. Dentro de este universo, hay casi 9.250 unidades que entran en la categoría de “Arts and Humanities”, y unas 5.455 categorizadas como “Fine Arts”. Por supuesto, las categorías se superponen ampliamente, por lo que, a los efectos de este ensayo chapucero, imaginaremos unas 10.000 instituciones en el rubro. Supongamos que, en promedio, egresan cada año 100 personas de cada una de ellas. Esto nos da 1.000.000 (un millón) de egresados anuales, toditos calificados para ejercer esa praxis de mediación cultural que denominamos Crítica de Arte. Esto no cubre a todo el resto de la humanidad que, como el que esto escribe, no viene de ninguna de estas instituciones y sin embargo le encanta comentar pelis cada tanto, y si son del género post-apocalíptico mejor. Supongamos entonces que hay otro tanto: médicos, bomberos o zapateros cuyo entusiasmo y/o sensibilidad los impulsa a opinar sobre temas culturales. Total, dos millones de personas por año. (En opinión de quien esto escribe, el número es ultra-conservador, pero en fin, para aumentar hay tiempo).

Ahora bien, para pasar a nuestro país y darnos una idea real del número de personas que están en condiciones de hacer un acto de mediación cultural (i.e., crítica), pensemos que la Argentina concentra al 0.57% de la Humanidad. Por lo tanto, de ese par de millones de eventuales críticos, en nuestro país habrá unos 11.400. Digamos que artistas efectivos serán, de ese total, un 10 %; o sea, algo más de mil personas por año. Seamos igualmente arbitrarios y calculemos que un 10%  de esos once mil y pico se dedicarán a la crítica: tenemos entonces más de mil mediadores culturales. Un 30% de ellos tranquilamente podría opinar sobre cine (queda claro que serán muchos más que los eventuales críticos de, por ejemplo, escultura u ópera); tenemos entonces casi cuatrocientas personas. Por año, chicos, por año. Pongamos entonces, para estimar un número posible, una vocación crítica sostenida en el tiempo a partir de, por ejemplo, el último gran pulso productivo del cine argentino contemporáneo. Desde que comenzó el denominado Nuevo Cine Argentino, a comienzos de la década de 1990 (en realidad, nos dicen por ahí que se trataría del Segundo Nuevo Cine Argentino), pasaron casi 25 años, por lo que tendríamos que contabilizar, finalmente, a casi 10.000 (diez mil) potenciales críticos.

Aclaramos que los números manejados acá son absolutamente arbitrarios. Simplemente queremos dar una idea de la magnitud de personas involucradas en la potencial mediación cultural cinematográfica en nuestro país. Nunca sabremos exactamente cuántas personas son; podemos, sin embargo, darnos una idea de la escala. Y la escala dice diez mil.  En nuestro país podría haber tranquilamente unos diez mil chabones con ganas de escribir sobre cine, ya.

Hipótesis preliminares

Esto nos lleva a elaborar algunas hipótesis preliminares para agregar al debate que nos propone Álvaro en “La Cueva de Chauvet”, hipótesis que habrá que desarrollar y criticar, in extenso, en algún otro momento, y sobre todo por alguien que no sea el autor de este ensayo chapucero:

  1. Los números aquí señalados indican que, más probablemente, la gran mayoría de los críticos no podrá vivir de su trabajo de mediación cultural. El problema, amigos, es que en la Argentina no hay diez mil puestos de trabajo para críticos cinematográficos. Tampoco hay trescientos o quinientos medios gráficos capaces de solventar, contener y difundir los productos de mediación cultural producidos por esta masa ingente de potenciales críticos. En síntesis: hoy como ayer, quienes van a poder vivir de su trabajo como críticos cinematográficos serán los menos; la mayor parte, tal como lo ha sido hasta ahora, hará crítica en los márgenes de sus trabajos reales.
  2. El crítico siempre va a ser tentado por la industria (y está bien que así sea). La mediación cultural fue, es y será parte de la industria cultural, punto. Ahora bien: un porcentaje importante de los productos de la industria son bodrios culturales. El talento y la decencia personal del crítico se verán constantemente acechados por este hecho incontrovertible. Nada nuevo, por otra parte.
  3. El soporte papel ya fue. Enfrenta su extinción en el corto plazo. Toda la literatura quiosquera (diarios y revistas) debería poner las barbas en remojo y empezar a practicar versiones digitales. El horizonte del cambio es de cinco a diez años. Quienes creen que la literatura periódica en papel va a seguir siendo viable, o rentable, a partir de 2020, deberían hacerse ver por especialistas (lo mismo para aquellos que creen que en el fílmico está la garantía de conservación del cine, sin asumir la revolución digital del presente, aunque ese es tema que merece un capítulo aparte). Las razones fundamentales son dos: (1) los números asociados al soporte papel sencillamente no dan. Hace 20 años, cada edición dominical de “The New York Times” costaba catorce hectáreas de bosque. Estamos hablando de un mundo de poco más de 5.000 millones de habitantes. Para el año 2050 habrá entre 9 y 11.000 millones de seres humanos en la Tierra. Se acabó, gente: no hay tantos árboles en el planeta. (2) El formato digital implica cambios tan notables en las modalidades de lectura y captación del conocimiento (e.g., el hipertexto) que constituye un salto cuántico, un pulso civilizatorio difícilmente revertible. Desde su utilización masiva en Occidente a mediados de la década de 1980, este formato no ha hecho más que expandirse en forma exponencial a todo el planeta. Nada hace pensar que la tendencia se revertirá en el futuro.

 …

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2 comentarios el “SOBRE CRÍTICA Y CRÍTICOS: ASPECTOS PRÁCTICOS

  1. Brenda Garcia
    10 diciembre, 2014

    Considero que el crítico es también un enamorado furtivo, cuya condición no radica únicamente en las palabras u opiniones que de él emanan, sino del simple y sencillo placer de degustar cualquier obra. Si empleara una analogía de ésto lo expresaría como un chico enamorado de una chica que no le interesa realmente hablarle, tocarla, o ser visto con ella, sino que el simple hecho de admirar su existencia, lo hace feliz.
    Disfruté mucho tu ensayo, saludos desde México!

    Le gusta a 1 persona

  2. Francisco
    10 diciembre, 2014

    Brenda, ¡muchísimas gracias! Saludos desde La Plata,

    Pancho

    Le gusta a 1 persona

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Esta entrada fue publicada el 5 diciembre, 2014 por en Especial: la crítica de cine.

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