LA CUEVA DE CHAUVET

ARTE PRIMIGENIO DE IMAGEN EN MOVIMIENTO

LO QUE DEJÓ LA MAREA

<Por Álvaro Fuentes>

festival MDP2Reflexiones preliminares

No me voy a detener en la cuestión de la justicia o no de los premios del último festival de cine de Mar del Plata, en primer lugar porque no vi todas las películas que pasaron por las nominaciones, ni siquiera la mayoría de las que ganaron, y por lo tanto no estoy en condiciones de hacerlo. Sin embargo, quiero compartir ciertas impresiones fragmentarias de las premiaciones con el fin de pensar cosas más generales acerca del cine.
En primer lugar ¿cuál es el criterio que se utiliza para valorar, en un acto de premiación, el guión de una película? ¿Por qué se adjudica a ciertas películas premios a “mejor guión”? Lo digo porque en Mar del Plata se dio el Astor a mejor guión (uno de los premios más importantes) a “Le meraviglie”, película que vi y que no me parece ni una joya del cine, y menos una joya del guión.
Cuándo se habla de guión ¿se premia la fuerza o el ingenio de una trama? Porque si es así la trama de la película en cuestión es bastante lineal. Cuándo se habla de guión ¿se premian los diálogos de una película? Porque Le meraviglie tiene pocos y rudimentarios diálogos. ¿O se premia acaso el texto escrito sobre el que se apoya la película? Porque tampoco creo que los jurados se pongan a leer esos textos. En fin, ese premio en particular (uno de los pocos que puedo comentar) me hizo un poco de ruido.
Otro punto que no quiero dejar pasar. En la competencia argentina había una película titulada Salud Rural. Parece un documental sobre un médico generalista de pueblo chico, cuando en realidad es directamente una cámara testigo de los encuentros médicos del doctor con sus pacientes. Las escenas de la labor del médico se intercalan con imágenes del campo y la naturaleza circundante. Hay que decir también que la película está íntegramente filmada en blanco y negro.
Salud Rural ganó una mención especial y algunas premiaciones más. Yo la vi, con el médico rural homenajeado sentado justo delante mío, pero debo decir que no me pareció una gran película. Nuevamente: ¿qué vamos a hacer los críticos, los espectadores, los jurados, cuando vamos a un festival de cine? ¿Lo que nos interesa es ver buenas historias, innovación fílmica o, como en este caso, hablar de los héroes comunes y corrientes del país? Porque si bien hay algo de arte cinematográfico en Salud Rural, en realidad es poco en relación a ese otro componente moral, que es el rescate de un médico rural. Sería una buena pieza para pasar en algún canal educativo, pero no para ganar una mención especial del festival. Creo que había muchas otras cosas para rescatar desde una perspectiva más propiamente cinematográfica.
Como dije, no quiero hablar tanto de las premiaciones. Prefiero detenerme en algunas películas argentinas que me gustaron. Es imposible no hacer un recorte y una selección del material que nos presenta un festival de semejante magnitud, y en mi caso particular me incliné por mirar cine argentino, un poco bajo la premisa de responder si nuestro cine nacional pasa por un buen momento o no. Tampoco sé si con las películas argentinas proyectadas en el festival (y menos con las vistas por mí) alcanza para responder eso, pero al menos puede servir como termómetro del estado de situación.

Yo sé lo que envenena

Yo sé lo que envenena es la ópera prima del director Federico Sosa y pone en escena a tres amigos, seguidores del músico de rock pesado Ricardo Iorio, que atraviesan distintos momentos personales. Hay un gran trabajo de caracterización de dichos personajes, entrañable cada uno a su modo.
Se puede ver la película como un relato sobre el momento de transición de esos jóvenes hacia la adultez, hacia una vida de cambios, responsabilidades y aceptación de algunas cosas. El personaje más significativo en este sentido es el que, cansado de la cultura heavy metal de sus amigos y sin intención tampoco de trabajar en la estancia de su padre, hace castings de actuación con el sueño de vivir de aquello que más lo apasiona. En ese camino debe lidiar con el malhumor de sus amigos que lo increpan por olvidarse de sus raíces metaleras.
La película habla mucho del lenguaje teatral. El personaje que hace de aspirante a actor va recorriendo castings, en lo que parece una búsqueda de trabajo pero que en realidad es una búsqueda de sí mismo. El primer casting lo hace con un texto de Iorio que no logra interpretar con la suficiente convicción. Sobre el final, en otra prueba de actuación, vuelve a interpretarlo pero esta vez con soltura y maduración del personaje. En dicha interpretación parece parodiar a sus propios amigos y a sí mismo, pero sin desconocer aquello que esa tribu urbana le enseñó. De alguna manera, deja como moraleja esta historia, para poder actuar a otros hay que poder encontrarse a uno mismo primero.
Humor sano, mucha técnica de filmación y gran capacidad narrativa, son algunos de los buenos atributos de la película de este joven de Barracas, que tuvo que vender su auto para poder filmarla. Habrá que seguir de cerca sus próximos movimientos.

Pistas para volver a casa

Jazmín Stuart es una joven actriz argentina que demuestra talento para filmar con su segunda película Pistas para volver a casa. Es la historia de dos hermanos (Juan Minujín y Erica Rivas) que se reúnen en un pueblo del litoral ante la internación del padre. La madre de los hermanos los abandonó de muy chicos y ellos nunca supieron las causas. Tuvieron que borrar la figura materna, sin hablar mucho del tema y padeciendo esa carencia internamente. Por algo que les dice el padre, acerca del paradero de la madre, a quien intentó encontrar antes del accidente que lo dejó postrado, comienzan una búsqueda de la mujer que tiempo atrás desapareció de sus vidas.
La película tiene humor, pero sobre todo mucha intensidad dramática. Según contó la directora luego de la proyección, lo que inspiró la historia fue la relación con su propio hermano luego de un viaje que hicieron juntos. La problemática del abandono materno, si bien emociona a los espectadores (muchas narices moqueando en la sala), es más un eje que articula la historia de los dos hermanos.

El perro Molina

José Campusano es, sin dudas, uno de los cineastas argentinos más particulares de la escena actual. Filma con muchos actores no profesionales, y cuenta historias de venganza y ajustes de cuentas en una Argentina profunda de villas, cárceles, prostíbulos y comisarías.
Como en Vikingo, El perro Molina tiene un protagonista con códigos morales de hierro. No es un santo, pero hay ciertas cosas que no está dispuesto a transigir. Aún cuando a su alrededor reina la devastación moral, y la traición y la injusticia son moneda corriente.
Se discute la técnica para filmar del director. Lo curioso de este autor es la potencia dramática de lo que narra así como su crudo realismo social. Si es cierto que la forma de filmar del director no tiene rigor técnico (cuestión que prefiero dejar para estudiosos de los procedimientos formales del cine), lo cierto es que dicho aspecto pierde relevancia ante la fuerza de las historias narradas. Parece bastante probable que el director esté intentando decir algo acerca de lo verdaderamente esencial de una obra cinematográfica.
La película Jauja, de Lisandro Alonso, otra favorita de la oferta argentina en el festival, parece operar exactamente al revés que la de Campusano: presenta un perfeccionismo en lo técnico, pero su historia es aletargada y genera poca identificación con los personajes (más allá de que el drama planteado teóricamente es terrible). Es la misma crítica de cine la que ha definido a las películas de Alonso como “anti-historia”. Hay una voluntad que parece regir a los personajes en una búsqueda, pero esa relación con lo buscado permanece siempre quieta, no parece modificarse sustancialmente a lo largo del relato. Sin ánimos de abogar por uno u otro tipo de cine, diré que en lo personal prefiero ser sacudido emocionalmente por un drama que esté claramente diseñado para producir ese efecto. Pienso que es ahí, en la identificación profunda con un personaje que vive y padece las circunstancias, cuando se produce la magia del cine.

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Esta entrada fue publicada en 6 diciembre, 2014 por en Festivales y etiquetada con , .

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