LA CUEVA DE CHAUVET

ARTE PRIMIGENIO DE IMAGEN EN MOVIMIENTO

SZIFRÓN, POR UN PREMIO A LA INMORALIDAD

<Por Álvaro Fuentes>

szifrónSon en total cinco las películas que compiten en la terna de extranjeras al Óscar: Timbuktu (mauritana), Leviathan (rusa), Ida (polaca), Tangerines (estonia-georgia) y Relatos salvajes (argentina). Sin haber visto la primera (por la simple razón de que no es fácil acceder a ella), me gustaría esbozar algunas reflexiones generales sobre la terna. Ya con las cuatro que vi se puede extraer una conclusión muy importante: la argentina Relatos salvajes se sale de los estándares tradicionales de películas que suelen interesar a los encargados de premiar en Hollywood.

Aparentemente, la forma de votar en los Óscar ha cambiado recientemente, tema que puede influir en el veredicto final, pero sobre esto me voy a detener más adelante. Primero aclaremos por qué Relatos salvajes es una apuesta diversificadora en el marco de los premios a mejor película extranjera, como lo fue también respecto a lo que suele presentarse en el festival de Cannes, donde también estuvo.

Tanto Ida como Tangerines, y aparentemente también Timbuktu, son historias que hablan sobre el contexto político de sus respectivos países de forma explícita. Podría plantearse que Relatos salvajes también habla de la realidad argentina del presente. Si bien eso es cierto, no hay como en los otros casos un enfoque de dicha realidad manifiestamente ético, político o ideológico, como el que suelen tener las películas que se premian para dejar un mensaje al mundo. Leviathan habla de una historia universal en la Rusia moderna, pero en definitiva el mensaje que deja también es de alto contenido político en el presente.

Por el contrario, Relatos salvajes rebosa de cinismo. La película argentina precisamente evita cualquier tipo de corrección política. La amoralidad es uno de sus condimentos esenciales. No significa esto que todo el cine tenga que ser así, sino simplemente que su propuesta en particular se basa en mostrar cierta condición salvaje (amoral) de los seres humanos para generar el impacto que busca. No es la única película que lo hace en la historia del cine (de hecho es un recurso bastante habitual), lo que no es tan habitual es que Hollywood premie ese tipo de narrativa.

Recorramos un poco los temas que las distintas ternadas retratan, para detallar mejor la hipótesis propuesta. Tangerines es un claro ejemplo de este cine moralizante de lengua no inglesa, característico en los Óscar. En un pueblo de Estonia (país báltico), en medio de la guerra de 1992 entre chechenos y georgianos, un anciano intenta conservar su vida habitual produciendo mandarinas en su finca. Resabios que se libra ahí afuera de la guerra irrumpen en su pacífico hogar cuando dos soldados sobrevivientes, uno de cada ejército, necesitan de su auxilio médico. A medida que van recuperando la salud, postrados cada uno en una habitación de la casa, muestran una intención homicida hacia el enfermo del ejército contrario. El anciano, de a poco, les enseña que hay valores más importantes que el odio y el nacionalismo.

Ida se sitúa en Polonia y cuenta la historia de una joven que ha pasado toda su vida en un convento, como consecuencia de haber quedado huérfana tras el asesinato de sus padres judíos en tiempos del nazismo. La película comienza cuando ella inicia un viaje para saber acerca de su pasado y en el que conoce a su tía, que la inicia en los valores de la crítica política y la bohemia atea. Si bien hay componentes de liberalidad en los personajes (fundamentalmente en la tía), la historia posee un marco político e ideológico claro, que ofrece un contenido moral igual de explícito.

Leviathan es la adaptación moderna de un fragmento bíblico (el “Libro de Job”) y pone en escena la lucha de un hombre contra un alcalde que pretende quitarle la tierra donde vive junto a su familia, en la casa que levantó con sus propias manos. Se trata de una película sobre la corrupción humana y evidentemente ha servido como metáfora de la Rusia y el mundo actuales. Uno de los directores de la película, al recibir el premio Globo de Oro, afirmó que el mal se presenta en todas partes del mundo, más allá de los países y las nacionalidades concretas.

Timbuktu es otro importante testimonio sobre la violencia política, puntualmente en la ciudad maliense con igual nombre que la película, cuando los islamistas tomaron el control y establecieron una serie de prohibiciones. Narra un conjunto de historias individuales de habitantes de la ciudad que resistieron de formas muy distintas a un régimen autoritario y poco amigo de las diferencias culturales.

Queda finalmente referirse a Relatos Salvajes, película que cuenta varias historias breves, todas de distintos personajes sin relación entre sí, más allá de vivir en la Argentina actual y compartir una tendencia a perder el control en una realidad que lo propicia. Más que de Argentina, la película parece hablar de la condición humana y, en todo caso, de la inestabilidad emocional de individuos inmersos en un mundo moderno repleto de contradicciones. La historia de los automovilistas de distintas clases sociales que se traban en un duelo a muerte en medio de la ruta; la cocinera ex presidiaria que encuentra las condiciones perfectas para ajusticiar a cuchillo limpio al político que dejó sin trabajo a la familia de su compañera; o el hombre que pone una bomba en el parque automotor luego de reiteradas multas y confiscaciones de su auto, entre otras historias.

En términos de lenguaje cinematográfico, Relatos salvajes se destaca por su modernismo. Me animaría a afirmar que posee un dinamismo de tomas y movimientos de cámara comparable al del cine norteamericano. La escena de acción de los autos en la ruta perdida, implica un alto grado de complejidad y sofisticación técnica, que es raro ver en películas de países que no sean super-potencias cinematográficas.

Todas las otras ternadas parecen más ancladas en una estética clásica del cine independiente, siendo la más audaz Ida donde todas las tomas son planos fijos y de un encuadre fotográfico perfecto. A mí juicio, esta última apuesta estética no ayuda al dinamismo del relato sino todo lo contrario, provoca una regresión en las formas propiamente narrativas del cine.

La mencionada tendencia a la modernización de las formas audiovisuales también se ve en una de las favoritas a mejor película: Birdman, del mejicano Iñarritu. Aunque en esa terna son varias las que buscan romper los cánones clásicos de filmación, como lo demuestra The Budapest Hotel o la propia Boyhood, por el hecho de haberse filmado a lo largo de doce años.

Creo que en ambas ternas el foco de la discusión estará puesto en la modernización de las formas audiovisuales, así como en la renovación de los temas. Como anticipamos, según uno de los productores de Relatos Salvajes, los Óscar modificaron el sistema de votación haciendo llegar a los más de 6000 votantes copias de todas las películas en competencia. Esto genera que todos estén en las mismas condiciones (más democráticas) de acceso a las obras, y de poder acreditar para votar habiendo visto todas. El mismo productor, conocedor del paño hollywoodense, afirmaba que esto hace que los críticos jóvenes participen en mayor número de la votación, pudiendo inclinar la balanza en favor de propuestas más modernas y menos habituales en la historia de estas premiaciones.

 

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Esta entrada fue publicada en 19 febrero, 2015 por en Crítica y etiquetada con , , , .

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