LA CUEVA DE CHAUVET

ARTE PRIMIGENIO DE IMAGEN EN MOVIMIENTO

KUBRICK ABRE NUESTROS OJOS

<Por Lara Vismara>

Ojos bien cerrados b y nEyes Wide Shut u Ojos bien cerrados (1999) es el último largometraje de Stanley Kubrick, conocido por dirigir varios films de culto como El Resplandor (1980), La Naranja Mecánica (1971), 2001, Odisea en el espacio (1968), entre otros. La influencia de Kubrick en el cine contemporáneo es enorme y para muchos sus películas resultan muy atrapantes, ya sea porque denotan su ambición por una estética detallista y simétrica, por la carga de contenido simbólico en todas las acciones y elementos que intervienen en las escenas, por la frialdad e intensidad que emana de los diálogos entre los personajes o porque intentan plasmar las propias reflexiones y pensamientos del director sobre el hombre y su relación con el entorno, ya sea físico, social, psicológico o metafísico. A pesar de ser uno de los directores más amados, también ha sido uno de los más criticados por aquellos cineastas hollywoodenses que creen que sus films carecen de valores morales. Él en su defensa respondía brevemente: “si algo puede ser escrito o pensado, también puede ser filmado”, refiriéndose a aquellas obras literarias que lo han inspirado, como “Lolita” (1955) de Vladimir Nabokov o “El Resplandor” (1977) de Stephen King. En este sentido, estamos hablando de un director de cine insurrecto, no solo por no ceder ante los mecanismos asfixiantes de Hollywood sino también por querer plasmar sus ideas en torno al ser humano en sus enigmáticas películas, creando escenas cargadas de un fuerte contenido filosófico, ideológico y sociológico, con imágenes tan sobresalientes y atemporales que se han convertido en parte de la cultura popular. A continuación, desarrollaré un breve análisis de Eyes Wide Shut, pero procuro no ahondar en detalles ya que considero que muchos no la han visto.

La última película de Kubrick a simple vista parece complicada y enigmática, que exige una considerable reflexión y ser vista varias veces. Está basada en la breve novela “Relato soñado” (1925) del austriaco Arthur Schnitzler, que narra la historia de un joven médico vienés que en un momento de su vida se siente misteriosamente arrastrado a un viaje hacia lo desconocido, en el que redescubre las relaciones maritales a través del miedo de los celos, las fantasías sexuales y la infidelidad. La película, protagonizada por Tom Cruise y Nicole Kidman (que además de ser pareja en la ficción también eran “la pareja del momento” en la vida real), comienza con la relación amor-sexo de este feliz matrimonio, pero a medida que ésta avanza el tema del amor queda completamente eclipsado y el eje central pasa a ser todo lo relacionado con el sexo: orgías, prostitución, menage a trois, etc. Estos temas son representados en la película en diferentes momentos, en escenas que a los espectadores nos pueden resultar raras o (como en nuestro léxico) “flasheras”, con cierto aire surrealista, fuera de lo normal. En este punto, Kubrick utiliza el mismo recurso que Schnitzler utilizó en su novela: ambos nos sitúan en un terreno ambiguo o de ensoñación, generando situaciones a medio camino entre el sueño y la vigilia. De hecho, Schnitzler era íntimo amigo de Freud y en su obra está dispuesto a llevarnos a lo más profundo de nuestra conciencia. ¿Por qué en estas obras se mezclan lo cotidiano con lo surrealista a la hora de adentrarse en el mundo del sexo? No creo que sea casual, ahora explicaré por qué.

Los comportamientos sexuales contemporáneos, y sus representaciones sociales y culturales en el imaginario colectivo, evidentemente, son muy diferentes a los de otras épocas y están atravesados por múltiples paradojas y contradicciones. Actualmente, hemos heredado las reglas y prohibiciones de generaciones anteriores, que ven al acto sexual de una determinada manera y que valoran cuestiones como la fecundidad, la natalidad sin trabas, y la crianza y bienestar de los hijos. La ecuación que prevaleció durante mucho tiempo era: sexo + amor = familia. Hoy en día sabemos que hablar de sexo no necesariamente es lo mismo que hablar de amor. La sexóloga Dolores Castaño afirma “amor y sexo son dos de las tendencias contradictorias del ser humano que suelen entrar en conflicto, unas veces se separan y otras aparecen juntas a lo largo de la vida de un individuo. Parece que actualmente nos preguntamos ¿Pareja estable o deseo sexual intenso? ¿Tenemos que elegir?”. Por más que de a poco se comience a hablar en distintos espacios sobre el sexo sin censura, sabemos que hay otros en los que todavía es algo tabú. Además, la moral muchas veces entra en contradicción con nuestros propios instintos. Desde la biología se distinguen dos tipos de instintos del humano: el de supervivencia y el de reproducción. No es casual que el instinto relacionado con el acto sexual sea llamado “de reproducción”: desde la misma ciencia se están poniendo en juego esos valores morales que ven el sexo como un acto reproductivista. Es evidente que estamos atravesados por lógicas ambiguas y muchas veces contradictorias. Aquí es donde quiero volver al recurso utilizado en Eyes Wide Shut para representar situaciones de prácticas sexuales, que es el punto medio entre el sueño y la vigilia, es decir: la imaginación, la fantasía.

El protagonista representa esas contradicciones que tenemos todos en torno al sexo: sus intenciones y fantasías sexuales están siempre presentes, por más que él no hable explícitamente del tema o hasta lo niegue. También en la escena del ritual orgiástico en la lujosa mansión, donde todos usan máscaras y harían lo que sea para no revelar su identidad, se ve esa necesidad de ocultar ese costado salvaje y casi perverso. La fantasía es un término psicológico que alude a una situación imaginada. Freud definió las fantasías sexuales como “representaciones no destinadas a ejecutarse” y suelen mantenerse fuera del conocimiento de los círculos sociales que la rodean. La misma sociedad con sus creencias, valores y tabúes de índole irracional nos impulsa a querer demostrar inconscientemente que estamos dentro del margen de lo normal. Lo mismo ocurre con otros tabúes, como las drogas, la prostitución, la pornografía, el aborto o la muerte, incluso en otras sociedades distintas a la nuestra es tabú hablar de política y religión. Como explica Barthes en “La Cámara Lucida” (1980), si bien hoy en día cuestionamos las creencias de antaño, aun continuamos reproduciendo e intercambiando imágenes con el resto de la sociedad: “Lo que caracteriza a las sociedades llamadas avanzadas es que tales sociedades consumen en la actualidad imágenes y ya no, como las de antaño, creencias; son, pues, más liberales, menos fanáticas, pero también más falsas (es decir, menos auténticas) cosa que nosotros traducimos por la confesión de un tedio nauseabundo, como si la imagen al universalizase, produjese un mundo sin diferencias: eliminemos las imágenes, salvemos el deseo inmediato”

El matrimonio felizmente casado de la película recae en la hipocresía de no querer hacer frente a sus deseos íntimos, representando roles bien definidos y aceptados de marido y mujer. El enfoque dramatúrgico de Goffman del individuo como actor dramaturgo se adecúa perfectamente a lo que Kubrick quiere representar en esta historia que trascurre en la gran ciudad de Nueva York. Goffman en una entrevista dijo: “Los individuos se preocupan por mantener la impresión de que cumplen muchas reglas que se les puede aplicar para juzgarlos, pero como actuantes no les preocupa el problema moral de cumplir esas reglas, sino el problema amoral de fabricar una impresión convincente de que las están cumpliendo. Nuestra actividad se basa en gran medida en la moral pero, en realidad, como actuantes, no tenemos interés moral en ella. Como actuantes somos mercaderes de la moralidad”. Por algo será que uno de los elementos centrales de la película es la máscara, la cual cumple una doble función: por un lado, representa el teatro y la actuación y, por otro, dar una imagen externa que encubre la verdadera identidad del individuo. Por lo tanto, el director nos está diciendo que los individuos en las sociedades contemporáneas no somos auténticos y libres como aparentamos, sino que ocultamos una parte de nuestra personalidad en esos deseos, fantasías, pensamientos, sentimientos de cualquier tipo, sin detenerse solo en lo sexual.

Si la película es vista de una forma lineal y literal, quizás no le encontremos sentido y nos quedemos solo con una sucesión de imágenes y escenas relativas al sexo. Sin embargo, es claro que Kubrick con este film cargado de metáforas y simbolismos nos quiere contar algo que no es banal. Hay un análisis muy profundo, es una crítica a la sociedad actual. Nos quiere demostrar que tenemos los ojos bien cerrados.


* Nota publicada en Revista de la Comisión de Estudiantes de Sociología de la UNLP “La Jaula de Hierro”, año 2014.

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Esta entrada fue publicada en 4 mayo, 2015 por en Cine y Psicología y etiquetada con .

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