LA CUEVA DE CHAUVET

ARTE PRIMIGENIO DE IMAGEN EN MOVIMIENTO

SEXUALIDAD Y REDES DE PODER EN LOS FILMS DE TORRE NILSSON Y GUIDO

<Por Fernando Morelli>

El presente texto, realizado en el marco de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Nacional de La Plata, es el capítulo introductorio del trabajo práctico final para optar por la Licenciatura en investigación y planificación audiovisual otorgada por el Departamento de Artes Audiovisuales. Contó con la tutoría del profesor Carlos Vallina.

casa del angelLa sala de cine es amplia y está cubierta de público en la mitad de su capacidad. Los espectadores están vestidos con ropas de los años veinte. Las mujeres y los varones llevan sombreros. Los niños varones usan pantalones cortos y las niñas visten ataviados vestidos. Entra Nana, una mujer de cincuenta años vestida completamente de negro, en compañía de Ana, una adolescente de catorce años, de rostro aniñado, quien viste un conjunto  marinero que asexualiza su figura. Ana  se sienta junto a Nana. En sus rostros se observan el aburrimiento y el tedio.

            ―No es que tengas la culpa Ana. Pero es la tercera vez que vemos “Pimpollos rotos” ¡¿No tendrán otra película para dar!? ―dice Nana cansada mientras saca de su cartera una bolsa de papel con caramelos.

            ―Son las únicas películas que mamá nos deja ver. ¡Si supieras cómo me aburre Lilian Gish! ―responde  Ana resignada.

            ―A mí también ¡Siempre haciéndose la santita!

            Nana le ofrece caramelos a Ana, ella toma uno y se lo lleva a la boca. Se escuchan golpes y silbidos de la platea. Nana se da vuelta y observa a los espectadores con entusiasmo, luego vuelve a mirar al frente y también silba. Entra el presentador, un señor de mediana edad vestido con traje, quien se ubica en el centro del escenario de cara al público; sonríe nervioso y hace un gesto apaciguador con las manos para detener los silbidos que no cesan.

            ―Calma por favor… ―dice a viva voz―  ¡Señores… señoras! Con motivo de no haber concluido la exhibición de esta hermosa película en el cine Empire. Nos vemos en la obligación de alterar el programa. Ustedes tendrán la ocasión de admirar: ¡El arte incomparable de  Rodolfo Valentino en “El águila solitaria”!

El público aplaude extasiado. Ana mira embelesada, le brillan los ojos de emoción, hace un gesto para aplaudir pero se detiene y mira a Nana buscando su aprobación. Nana se acomoda en su butaca para disfrutar del espectáculo. Ana mira la pantalla contenta. Comienza la película. Debajo de la pantalla un pianista acompaña la proyección con su música. Rodolfo Valentino aparece en la pantalla. Nana y Ana lo observan con admiración.

            ―¡Qué hombre maravilloso! ¡Basta, basta! ―dice Nana delirando.

            Ana  observa enajenada un beso entre Rodolfo Valentino y la heroína Vilma Banky.

            ―¡Están pegados como moscas! ―susurra Nana extasiada.

Ana  abre los ojos bien grandes para no perder detalle de los besos de Rodolfo Valentino; luego aparta sus ojos de la pantalla y mira al piso desahuciada.[1]

La escena pertenece a la película La casa del ángel de Leopoldo Torre Nilsson. La misma está basada en una novela de Beatriz Guido y es la primera colaboración autoral acreditada del binomio creativo Torre Nilsson-Guido. En ella advertimos que la protagonista del film, Ana, concurre al cine con su institutriz sólo a ver las películas que su madre autoriza: que son las que Ana no quiere ver. La suspensión repentina de la proyección del film estelarizado por Lillian Gish y su reemplazo por la película de Rodolfo Valentino, habilita en Ana el ejercicio libre de su sexualidad, sintiéndose atraída, sin culpas, por la sensualidad de Rodolfo Valentino. Pero este uso pleno de su sexualidad es en verdad momentáneo y dura el tiempo que Rodolfo Valentino permanece en la pantalla, ya que Ana es reprimida por su madre, quien utiliza motivos propios de la religión católica para amedrentarla (debemos tener en cuenta aquí que la religión no es vivida como una elección espiritual sino como un obstáculo que dificulta el ejercicio pleno de la sexualidad en las personas jóvenes).

Si vemos los restantes films creados por Leopoldo Torre Nilsson y Beatriz Guido, vamos a descubrir que los motivos sexuales hallados en la escena arriba transcripta también están presentes en esas cintas, tal como lo evidencian los siguientes elementos redundantes:

-Personajes jóvenes vigilados por sus mayores, quienes los reprimen sexualmente utilizando la religión como herramienta de sujeción.

-Personajes jóvenes que intentan liberarse de la sujeción sexual de sus mayores, aunque saben que serán castigados por ello tanto en el ámbito familiar como en el social.

-Personajes mayores que pretenden dominar la sexualidad de los jóvenes, incluso cuando no pueden ver sus acciones.

Ahora bien. ¿Por qué consideramos importante analizar la sexualidad en los films creados por Leopoldo Torre Nilsson y Beatriz Guido? Para dar respuesta a este interrogante nos parece conveniente comenzar por definir conceptualmente a la sexualidad comprendiendo su relevancia sociohistórica. Para ello, tomaremos como guía el pensamiento del filósofo francés Michel Foucault cuyos conceptos nos acompañarán a lo largo del presente trabajo. Según Sergio Albano “Foucault establece una diferencia entre el sexo y la sexualidad. El sexo corresponde al ámbito de lo ‘familiar’, y su práctica se vincula a la ‘alianza matrimonial’, con el propósito de ligar lo religioso a la obligación legal del matrimonio de transmitir la propiedad a partir de los vínculos de parentesco engendrados a sus instancias. (…) la práctica del sexo, [permaneció] confinada al ámbito de la alianza matrimonial y a la procreación, se ligó a ella como intercambio y transferencia de la riqueza, de la propiedad y del poder. La sexualidad, en cambio, se sitúa por fuera de la alianza matrimonial, y su práctica, siempre individual, es lo que ha permitido establecer una desvinculación del sexo con respecto a las obligaciones exigidas por la alianza. (…) La sexualidad es algo que concierne a la esfera de lo individual [y] se relaciona con los placeres privados y ocultos. (…) Así, la sexualidad llegó a ser considerada como un eje fundamental de la identidad, y como el espacio de lo más íntimo”[2].

Nosotros consideramos que el cine logra vincular al público con su sexualidad, porque es frente a la pantalla donde nuestra sexualidad puede manifestarse con menos represiones. Es por eso que Torre Nilsson y Beatriz Guido le brindan especial importancia al cine como manifestación artística erotizante y lo incluyen en La casa del ángel, donde la protagonista puede ejercer su sexualidad en el interior de una sala cinematográfica.

Pero Torre Nilsson y Beatriz Guido no limitan la representación de la sexualidad a lo meramente erotizante. Sino que ambos construyen, en sus películas, una representación de la sexualidad atravesada por un entramado social de redes de poder. ¿Qué entendemos por redes de poder? Siguiendo el pensamiento de Michel Foucault vamos a comprender que el poder se manifiesta a través de relaciones personales, cuyos vínculos constituyen las redes de poder que dan forma y carácter a nuestras sociedades. Esto es posible debido a que “el poder se ejerce a partir de innumerables puntos, en el juego de relaciones móviles y no igualitarias”[3]. Dicho de otro modo “(…) las relaciones de poder no deben ser consideradas de una manera un poco esquemática, como: de un lado están los que tienen el poder y del otro los que no lo tienen; (…) [porque] lo que hace la solidez de las relaciones de poder es que ellas no terminan jamás, que no hay de un lado algunos y de otro lado muchos; (…) [es por eso que] todos estamos en situación de poder. (…) Lo que es interesante es, en efecto, saber cómo en un grupo, en una clase, en una sociedad operan mallas de poder, es decir, cuál es la localización exacta de cada uno en la red del poder, cómo se lo ejerce de nuevo, cómo se lo conserva, cómo se hace impacto en los demás” [4].

¿Pero por qué vinculamos el entramado social de redes de poder con la sexualidad? Lo hacemos porque pretendemos demostrar que la sexualidad de los personajes jóvenes, en los films de Torre Nilsson-Guido, está potenciada por las represiones sociales que operan dentro de las redes de poder que estos mismos jóvenes integran. Sabemos que la sexualidad de estos personajes es vigilada, y pretende ser controlada, por los mayores; por ende los personajes vigilados y controlados se sienten víctimas de una sujeción que, paradójicamente, no les impide, a la mayoría de ellos, ejercer su sexualidad.

Los personajes jóvenes logran ejercitar su sexualidad incentivados por la vigilancia represiva de sus mayores, pero ¿quiénes ejercen esta vigilancia y por qué la practican? Este control  es ejercido por agentes sociales que defienden  los intereses de la sociedad disciplinaria. Beatriz Guido y Torre Nilsson elaboran, a partir de la representación de esta  vigilancia propia de la sociedad disciplinaria, una crítica sobre esta sociedad pero también un cuestionamiento hacia aquellos personajes jóvenes que se presentan como sus víctimas oprimidas.

¿Cuál es el  vínculo  entre la sexualidad y la sociedad disciplinaria? Una respuesta a esta pregunta la encontramos en la conferencia “Las redes del poder” que Michel Foucault dictó en Brasil en el año 1976. Allí Foucault desarrolla el concepto de la “tecnología individualizante de poder (…) que enfoca a los individuos hasta en sus cuerpos, en sus comportamientos; se trata (…) de una especie de anatomía política, una política que hace blanco en los individuos hasta anatomizarlos.” [5]. Aquí es donde Foucault vincula al poder con la sexualidad afirmando que “(…) El sexo viene a ser aquello a partir de lo cual se puede garantizar la vigilancia sobre los individuos y entonces se comprende por qué en el siglo XVIII, y justamente en los colegios, la sexualidad de los adolescentes se vuelve un problema médico, un problema moral, casi un problema político de primera importancia porque mediante y so pretexto de este control de la sexualidad se podía vigilar a los colegiales, a los adolescentes a lo largo de sus vidas, a cada instante, aun durante el sueño. Entonces el sexo se tornará un instrumento de disciplinamiento, y va a ser uno de los elementos esenciales de esa anátomo-política”[6]. Sobre estas relaciones entre los agentes vigiladores y los individuos vigilados se constituyen las redes de poder a las que hacemos referencia. Pero no debemos perder de vista que esta vigilancia sobre la sexualidad de los individuos de la que habla Foucault no es ejercida por un único poder opresor; por el contrario Foucault expresa “que en el fondo no existe un poder, sino varios poderes. Poderes quiere decir: formas de dominación, formas de sujeción que operan localmente (…), que poseen su propia modalidad de funcionamiento, procedimiento y técnica. Todas estas formas de poder son heterogéneas. No podemos entonces hablar de poder si queremos hacer un análisis del poder, sino que debemos hablar de los poderes”[7].

Aquí el pensamiento de Michel Foucault nos ayuda a reflexionar sobre el tema del presente trabajo de análisis: la representación de la sexualidad, y su vinculación con el entramado social de redes de poder, en los films dirigidos por Leopoldo Torre Nilsson que tienen su origen en la literatura de Beatriz Guido. Podemos afirmar que el motivo, ya mencionado, del dominio de la sexualidad de los jóvenes por parte de sus mayores, determina la sujeción de estos individuos jóvenes a largo plazo. Pero también advertimos que estos mismos personajes dominados ejercen poder sobre otros agentes ubicados en el mismo entramado de relaciones en el que ellos habitan; incluso, en algunos casos, estos individuos jóvenes retransmiten este dominio sobre los personajes mayores a los que han permanecido sujetos. Este motivo atraviesa la mayor parte de la obra conjunta del binomio creativo Torre Nilsson-Guido y a partir del mismo ambos artistas elaboran las construcciones de sentido de sus films. Estas construcciones de sentido contienen una crítica contundente a la sociedad disciplinaria que pretende ejercer su poder sobre los cuerpos a partir de la vigilancia de la sexualidad de los jóvenes, usando como medio de sujeción instituciones sociales, tales como: la familia, la clase social y la Iglesia Católica. Esta representación de la sexualidad vigilada por influyentes agentes sociales habilitó una empatía de los espectadores jóvenes -de fines de los años cincuenta y de los sesenta- con los personajes de los films de Nilsson-Guido. Esta empatía se justificaba en que tanto espectadores como personajes compartían similares conflictos sexuales surgidos de fuertes represiones socioculturales; Juan José Sebreli recuerda esos años de existencias vigiladas caracterizados por “la represión de la vida cotidiana y, en especial, de la sexualidad, tanto bajo los gobiernos civiles como bajo los militares. Durante más de medio siglo, la Iglesia preconciliar ejerció una influencia decisiva sobre el poder político y la sociedad civil, controlando hábitos y costumbres, entrometiéndose en la vida privada, invadiendo los aspectos más íntimos, incluido el comportamiento sexual. La intención de imponer un estilo de vida uniforme no se limitaba a la prédica, sino que se recurría a métodos coercitivos mediante la acción de hombres de la Iglesia insertados en el poder”[8].

A partir del estudio del tema propuesto logramos arribar a  nuestra hipótesis general, en la cual sostenemos que: Leopoldo Torre Nilsson y Beatriz Guido construyen, desde la diversidad sexual, personajes que se constituyen como individuos heterosexuales, bisexuales, homosexuales y lésbicos. E Introducen a estos personajes en un marco socio-histórico donde deben enfrentar conflictos de poder, de pertenencia de clase y de identidad (ya sea esta generacional, sexual, ideológico-política y/o religiosa). Esto determina un quiebre con respecto a la representación de los conflictos que se podían ver en el cine argentino de los años cincuenta; y es por esto que podemos vincular a Leopoldo Torre Nilsson con la generación de los nuevos cineastas de los años sesenta con quienes comparte temas, conflictos y construcciones de sentido.

[1]     Las escenas que aparecen aquí son transcripciones directas de los films de Leopoldo Torre Nilsson.

[2]     Albano, Sergio “Michel Foucault – Glosario de aplicaciones”. Buenos Aires – Editorial Quadrata – 2006  (p.125)

[3]     Foucault, Michel “Historia de la sexualidad, 1: La voluntad del saber”

      Buenos Aires – Siglo veintiuno editores Argentina –  1ra. ed.  2da. reimp. – 2005  (pp.112 a 115)

[4]     Foucault, Michel  “Las redes del poder”

       En “El lenguaje libertario”  Ferrer, Christian (comp.)  La Plata – Editorial Terramar – 2005 (pp.30 y 31)

[5]     Foucault, Michel  “Las redes del poder” Obra citada (p.23)

[6]     Foucault, Michel  “Las redes del poder” Obra citada (pp. 24 y 25)

[7]     Foucault, Michel “Las redes del poder”  Obra citada (p.19)

[8]     Sebreli, Juan José “Buenos Aires, vida cotidiana y alienación seguido de Buenos Aires, ciudad en crisis”. Buenos Aires – Editorial Sudamericana – Segunda edición – 2003 (p.201)

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Esta entrada fue publicada en 25 mayo, 2015 por en Crítica y etiquetada con , , , .

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