LA CUEVA DE CHAUVET

ARTE PRIMIGENIO DE IMAGEN EN MOVIMIENTO

CHIP MENTAL PARA LA INDUSTRIA ARGENTINA DE CINE

<Por Álvaro Fuentes>

sala de cineAbzurdah, película argentina actualmente en las principales salas comerciales del país, superó el medio millón de espectadores, cifra no desestimable para una producción local. Sin Hijos de Winograd rondó números similares. Axel Kuschevatzky posteaba que la gran avalancha de espectadores en películas argentinas estrenadas simultáneamente en salas comerciales (Abzurdah, Sin hijos y La Patota) decretaba el fin del “no veo cine argentino”. Porque lo que es evidente es que algo está cambiando en nuestro cine.

No puede pasarse por alto en cualquier diagnóstico que se haga lo que significó Relatos salvajes, la importancia que tuvo como propuesta de calidad estética y al mismo tiempo con fuertísimas miras comerciales. Se discute mucho si el cine debe hacerse para vender o si la finalidad económica atenta contra la vocación auténticamente artística.

Hay que aclarar que cuando se habla de vender una obra cinematográfica no se dice que lo único que importa es sacar plata. Se habla de que el cine sea consumido por el gran público, que haya una demanda real y concreta de la película en los circuitos cinematográficos existentes. Eso no tiene que ir en detrimento de la calidad estética de las obras, el desafío del presente es precisamente conciliar generación de demanda, rentabilidad monetaria (¿por qué no?) y calidad artística.

Por supuesto que debe haber números en el universo del cine, cifras concretas que son indicadores de tendencias de crecimiento, pero personalmente me suelo manejar más cómodamente con sensaciones personales basadas en constataciones directas, aunque sean escasas y fragmentarias, de la realidad a la que me refiero. En este caso, de algo tan inabarcable para la mirada de un único individuo como es la industria argentina de cine. Es claro que el Estado argentino ha tenido un rol fundamental en la generación de la nueva industria de cine. La activa política de subsidios a producciones locales, incluso con importantes implementaciones a escala federal (como los concursos de series federales), ha sido un factor central en la revitalización de la producción. Aunque también es cierto que solo con subsidios, pero sin vocación industrial de los cineastas, no se logra nada.

La mentalidad de nuestros cineastas es algo que también ha cambiado mucho en estos años, o que se ha consolidado más en un modelo de emprendedores creativos que buscan instalar sus obras en circuitos de consumo masivo de cine. Los cineastas piensan sus películas como engranajes de una maquinaria mucho mayor, y el primer objetivo en esa carrera artístico-comercial es que la propuesta sea atractiva y que el gran público se movilice para ir a verla. No es necesario aclarar que las ganancias que genera una película en salas comerciales, constituye un aporte inestimable a la productora que hay detrás para que genere más producción cinematográfica. Con dichas ganancias se siguen generando propuestas y se gana mucho en autonomía. Se sale del esquema de un Estado paternalista, que con sus subsidios es el único que puede ayudar a que los proyectos cinematográficos vean la luz. La gran proliferación de productoras de cine (por ahora hiper-concentradas en la ciudad de Buenos Aires) son un síntoma claro del momento de gran crecimiento que vive la industria nacional.

Mucho se ha dicho que el INCAA daba subsidios pero que fallaban sus políticas de distribución y difusión de las producciones locales. Que hay cuota de pantalla para el cine argentino (otra política importantísima hay que decir), pero que gran parte de este cine duraba poco en cartelera porque nadie iba a verlo. No está demás tampoco hablar de las salas INCAA, que por un módico precio permiten que se vean (o al menos garantizan su presencia) películas no tan vistas en salas comerciales, constituyendo otra importante política estatal. Como es cierto también que el público espectador acude muy poco a esas salas, precisamente por la escasa difusión que tienen. Es un circuito valiosísimo porque garantiza la presencia de nuestro cine, pero está un tanto burocratizado tal vez. La conclusión es que más allá de cualquier ayuda que pueda dar el Estado, mucho va a depender de la naturaleza de las propuestas, si están pensadas para generar interés en el público espectador o no.

La alianza, con miras artísticas y comerciales, de directores y productores es un engranaje muy importante de la industria cinematográfica. Como el caso de Hernán Guerschuny y Daniela Goggi, productor y directora que se juntan para hacer Abzurdah, una historia de adolescentes con una actriz que se sabe atraerá a dicho público; o el caso de Winograd, director de Sin hijos, que viene probando suerte con distintos géneros pero siempre buscando el acabado técnico de sus propuestas; y finalmente La Patota, remake de una película argentina clásica del año sesenta, que aprovechó la prensa de Mirta Legrand para difundirse. Ejemplos que hablan de un cambio de mentalidad a la hora de hacer cine en nuestro país. Se están pensando fórmulas narrativas junto con estrategias de convocatoria, sin resignar el objetivo de dar jerarquía artística a las obras.

El otro día charlaba con un joven productor y editor de cine y publicidad, que trabajaba con un colectivo grande de técnicos, igual de jóvenes que él. Me decía: “nosotros hacemos una publicidad de Coca-Cola para poder pagar el alquiler del lugar en que trabajamos y para poder hacer esto que es lo que realmente nos importa”, y me señalaba en la pantalla una película independiente que habían producido. Vuelvo a pensar en Guerschuny, que antes de este nuevo emprendimiento se había dado el gusto de dirigir una obra tan personal (y para mí entrañable) como El crítico.

Chabrol cuenta en el libro sobre Hitchcock que el director inglés probó distintos géneros, desde la época en que hacía cine mudo en Inglaterra, y que así fue como fue orientando su obra hacia el policial, que era el que más espectadores movía a las salas. De ahí viene su famosa obsesión por el voyeurismo morboso de la sociedad de su tiempo. Pero no voy a hablar de Hitchcock en esta nota, aunque confieso que ganas no me faltan.

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Esta entrada fue publicada en 28 junio, 2015 por en Crítica y etiquetada con , .

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