LA CUEVA DE CHAUVET

ARTE PRIMIGENIO DE IMAGEN EN MOVIMIENTO

EL CREPÚSCULO DE LA NATURALEZA DIVINA. LA DEVOCIÓN CINEMATOGRÁFICA DE LA GRAN MADRE

<Por Julia Kratje>

“Sin embargo, importa subrayar que, incluso en los tiempos en que aún se sentía confuso ante los misterios de la Vida, la Naturaleza y la Mujer, jamás se sintió destituido de su poder; cuando, espantado por la peligrosa magia que encierra la mujer, la sitúa como lo esencial, es él quien la sitúa, y así se realiza él mismo como lo esencial en esa alienación que consiente; pese a las fecundas virtudes que la penetran, el hombre sigue siendo su amo, del mismo modo que es amo de la tierra fértil; la mujer está destinada a ser sometida, poseída, explotada, como lo es también la Naturaleza cuya mágica fertilidad ella encarna. El prestigio de que goza a los ojos de los hombres es de ellos de quienes lo recibe; los hombres se arrodillan ante lo Otro, adoran a la Diosa Madre. Mas, por poderosa que ésta parezca, sólo es captada a través de las nociones creadas por la conciencia masculina.”

(Simone de Beauvoir, El segundo sexo)

Madres de los dioses b y nProgramado dentro de la Competencia Argentina del último BAFICI, Madres de los dioses (Pablo Agüero, 2015) es un film impregnado de misticismo. Un trabajo muy esmerado en la composición de las imágenes, cuya fotografía cautiva de comienzo a fin, sirve al ocaso de la incredulidad. La puesta en escena revela una empatía con el amplio arco de posturas anti-intelectualistas que, a la orden del reencantamiento nostálgico de los tiempos que corren, proliferan hasta en los lugares más dispersos.

Esta fábula documental se inicia con Geraldine Chaplin relatando, en primer plano misterioso, conjeturas sobre el mito de un matriarcado vernáculo. Con un tono que recuerda la evocación de La grieta de Doris Lessing, la película se divide en tres partes (“Apocalipsis”, “Iluminación” y “Génesis”) que, desde una mirada que oscila entre la toma de distancia mínima y la solemnidad, exponen las historias de cuatro mujeres unidas por un destino en común: la mudanza a la localidad de El Bolsón, territorio repleto de leyendas, sobre todo asociado a la búsqueda del movimiento hippie de los años sesenta de un estilo de vida opuesto a los parámetros dominantes de consumo y trabajo. Pero, a diferencia del retiro voluntario a un modo de existencia alternativo, el motor que despunta la radicación de Samiha, Humana, María y Maicoño en los paisajes del sur es su condición de desamparo (institucional, sanitario, económico). La película, no obstante, introduce, en lugar de una preocupación sobre el abandono del Estado, la cercanía con el testimonio consolador relatado en primera persona del femenino; una suerte de instantánea que, por el camino de las formas residuales de la ilusión, ansía su restitución heroica. Cine litúrgico, sin metáforas.

Cuesta entender por qué un film que se basa en la ecuación Mujer = Naturaleza, en una alabanza del segregacionismo, en una contigüidad entre la idea espacial de bolsa grande (“Bolsón”) y las funciones biológicas de engendrar y amamantar, en la omisión de cualquier instancia política que esté más allá de la reproducción de una vida aislada, en el elogio de la conjugación de tradiciones tan amplias como rituales mapuches e Islam, puede ser visto como un film “feminista” a la vanguardia, según lo celebra el catálogo del festival, que reza: “Ellas son las nuevas mujeres”.

Busco entre las palabras del director una explicación posible. “Es un documental sobre el espíritu y sobre el alma femenina. El desafío es, filmando la realidad, hacer visible lo invisible, la dimensión espiritual”[1], dice Agüero. En otra entrevista, se explaya: “Yo soy de El Bolsón, y filmé casi todas mis películas en la Patagonia. El Bolsón tiene una concentración mística única. Tiene más de sesenta cultos diferentes. Desde Sai Baba, hinduistas, distintas corrientes cristianas, orientales muy poco conocidas, hasta gente que sigue al calendario maya. Es sorprendente, casi apenas creíble. Al principio yo quería hacer un documental sobre ese tema, pero se deshumanizaba al abarcar tanto. Entonces me restringí a ciertos personajes que por metonimia representaban la totalidad. Así fui descubriendo que hay muchas mujeres solas, con hijos, que son en cierto sentido líderes espirituales de su religión. Es una manera de poner en el centro a la figura femenina, que suele ser desplazada. Me pareció interesante tomar este punto de vista de la mujer generadora de vida”[2].

Atribuida a colectividades primitivas que se fueron perdiendo en el almanaque de los registros seculares, la hipótesis de una edad de oro bajo el reinado de las mujeres (propuesta por Bachofen y adoptada por Engels), de un remoto lapso en el que las mujeres ocuparon las posiciones más elevadas, atraviesa las distintas épocas patriarcales. Tierra, Madre o Diosa, la mágica figura de la mujer como lo Otro absoluto e inesencial, recubierta de un aura piadosa, consagra a las mujeres a la inmanencia estática de conservar la vida de la tribu dándole hijos y pan. Tornasola, según las épocas, como esclava o ídolo forjado, siempre, por la imaginación masculina.

En Madres de los dioses, el mito del matriarcado se conecta con una forma ancestral de ecología posmoderna. Distopía anacrónica que se afianza en la deconstrucción de la res publica mediante la asociación libre y aleatoria de espiritualidades nuevas y viejas que cotizan en el mercado de lo irracional: primitivismo, superstición, ocultismo, orientalismo, exaltación de lo esotérico, artes adivinatorias, cultos de energía cósmica, prohibiciones alimentarias, rituales aborígenes. Si lo que definía a la religión era su rol de garantizar el lazo social, lo religioso se plasma, en el presente del film, como instrumento de individualización anti- o extra-social, atomizado en locaciones distantes que apenas esbozan la sombra de una comunidad. Ante la improvisación desesperada de marcos de sobrevivencia diseñados por las mujeres que la película convierte en místicas representantes de una geografía difusa, lo que sólo resta esperar es la caída del manto crepuscular.

[1] Véase: http://www.otroscines.com/festivales_detalle.php?idnota=9611&idsubseccion=162

[2] Véase: http://www.clarin.com/extrashow/cine/Bafici-Pablo_Aguero-Madres_de_los_dioses_0_1339666464.html

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Esta entrada fue publicada en 1 julio, 2015 por en Crítica y etiquetada con , , , .

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