LA CUEVA DE CHAUVET

ARTE PRIMIGENIO DE IMAGEN EN MOVIMIENTO

CINE CLÁSICO NORTEAMERICANO: ESCENAS DE UNA CRUZADA IDEOLÓGICA DE OCCIDENTE

<Por Álvaro Fuentes>

12 angry 2En nota recientemente publicada en La Cueva de Chauvet, el filósofo Julio Cabrera propone un método de análisis del cine al que denomina “lectura transversal de películas”, basado en imaginar nuevos filmes a partir de escenas repetidas en distintas obras. De alguna manera, salir del planteamiento consciente de una película, para establecer patrones de relación independientes del argumento y el tema de las obras originales. La propuesta de Cabrera logra aprovechar una propensión natural del cinéfilo que continua e inevitablemente traza paralelos entre películas que va mirando. Hace poco vi, por ejemplo, la primer película que Roman Polanski escribe junto al guionista Gerard Brach: Repulsión. En la misma línea de revisar obras de guionistas, vi también Secret Window, escrita y dirigida por David Koepp, y basada en una novela de Stephen King. Tanto Repulsión como La ventana secreta recaen en la misma escena de paredes que se resquebrajan en la mente trastornada de un personaje que vive encerrado en una casa.

Tiendo a intentar explicar las cosas según las causas que les son propias, como solían decir los antiguos filósofos, y en ese sentido me abro un poco de la propuesta de Cabrera de alejarse de las intenciones originales de las películas. Tenemos entonces a dos grandes guionistas como Brach y Koepp que, proponiéndose el desafío de entrar en el cerrado universo de un trastorno mental, terminan narrando la misma escena. Por la naturaleza de su lenguaje, el cine puede hacer accesible al espectador lógicas mentales que de otra manera estarían vedadas a nuestra comprensión.

Pero no quiero hablar de los tratamientos de la locura en el cine, sino de tres escenas, o tres planteamientos ficcionales, muy similares entre sí, presentes en tres obras fundamentales del cine clásico norteamericano: La diligencia de John Ford, Bote salvavidas (también conocida como Náufragos u Ocho a la deriva) de Alfred Hitchcock y Doce hombres en pugna (O Doce hombres enojados) de Sidney Lumet. Las tres poseen escenas que se repiten o un esquema de situación común. Pero, como señala Cabrera, las escenas en común pueden tomar caminos propios en cada obra. Hay desarrollos narrativos particulares sobre la base de un elemento compartido.

Como primera cuestión, se presentan relaciones a partir de los títulos de las películas propuestas. Tomemos el título de una de ellas y una mala traducción de otra: Doce hombres enojados y Ocho a la deriva (Lifeboat). Más allá de la cifra arbitraria y no coincidente, de jurados y tripulantes respectivamente, en ambas denominaciones se establece el límite numérico de los participantes en escena. Pero no son participantes de un drama o de una tragedia simplemente, son participantes de un conflicto de intereses e incluso de un debate democrático en el marco de una sociedad basada en las diferencias.

Intereses enfrentados en una primera instancia, dado que lo que prima finalmente es el interés común del grupo de personajes (que en las tres películas funciona como metáfora de la sociedad en su conjunto). En la de Sidney Lumet el interés común es que la justicia funcione. En la de Alfred Hitchcock sobrevivir al naufragio pero fundamentalmente a la guerra que amenaza sus vidas individuales y al conjunto de la sociedad.

Hay otra relación, esta vez sí, entre dos títulos originales: Stagecoach (La diligencia) y Lifeboat (Bote salvavidas). Tanto la película de Ford como la de Hitchcock delimitan perfectamente el espacio dentro del cual se va a desarrollar la acción.  En ambos casos se hace referencia a transportes (de distintos momentos históricos cada uno) que las sociedades crean para salir de la necesidad (de comunicación, de supervivencia, de progreso, etc.). Dentro de esos espacios establecidos previamente, se dará la discusión democrática entre los tripulantes o pasajeros.

Habría cierta tendencia de los títulos a establecer los márgenes precisos dentro de los cuáles va a desplegarse la vida democrática en cada una de las historias. Límites numéricos y espaciales. Cantidad de votos y lugar donde se vota.

Las películas mencionadas transcurren en una diligencia, un bote salvavidas y una sala donde se reúne el jurado para decidir una sentencia. En los tres casos se delibera en torno a una serie de medidas que se deben tomar colectiva y unánimemente. En los tres casos, se propone una metáfora de la democracia norteamericana, anglosajona y occidental. Pero sobre todo norteamericana. Los tres directores parecen hablar directamente de las bases ético-políticas sobre las que se sostiene el sistema democrático norteamericano.

La época en que fueron presentadas estas películas, si bien encierra una distancia de casi 20 años entre la primera de ellas y la última, invita a pensar que sus planteamientos fueron producto de una mirada del mundo propia de la época: Stagecoach es de 1939, Lifeboat de 1944 y 12 angry man de 1957. El contexto de la segunda guerra mundial, sin contar la influencia que debió ejercer en esa generación de cineastas la primera guerra mundial, atraviesa los tres filmes. Prácticamente, los años de inicio y finalización de la segunda guerra son los años de estreno de las películas de Ford y Hitchcock respectivamente. El comienzo y el final de la guerra no modifica, sin embargo, lo sustancial del planteo de ambas: la reivindicación del modelo democrático en un contexto mundial en que era fuertemente cuestionado. Son tópicos presentes en ambas obras la presencia del enemigo externo, representado por los indios en un caso y por los alemanes en el otro; la cohesión de Estados Unidos para enfrentar ese enemigo; y también los conflictos internos de esa sociedad, como el racismo, las diferencias de clase, de rango social, etc.

En 12 angry man, la obra más tardía de las tres, la discusión por la pertinencia del modelo democrático parece estar más saldada que en las otras. Saldada la discusión y asentado dicho modelo, luego del doble triunfo bélico de Estados Unidos y en medio de una fuerte expansión de la doctrina demócrata a lo largo y ancho del planeta. Sidney Lumet se detiene en los problemas internos del modelo estadounidense, sin siquiera mencionar el tema del enemigo externo. El problema de la sociedad norteamericana a fines de los cincuenta, parece señalar, es que se carga las tintas, no ya sobre un enemigo externo, sino en un enemigo que está en el corazón de la propia sociedad: un joven, acusado de asesinar a su padre, que es víctima del prejuicio y la exclusión social. Lo que cohesiona a ese colectivo diverso y en permanente conflicto, ya no es el enemigo externo sino la necesidad compartida de impartir justicia. Pero más allá de estas particularidades de enfoque, en las tres obras se reivindica el espíritu y la mecánica de funcionamiento “más justo” de las democracias deliberativas.

Hay tres planos fijos que muestran la familiaridad temática y a la vez técnica entre las tres obras. El primero es de La diligencia, cuando los personajes se sientan en una mesa y un sector más “respetable” de los pasajeros se rehúsa a comer junto a la prostituta. John Wayne, el forajido de la justicia, se sienta junto a la mujer aislada, mientras los otros van al otro extremo de la mesa. Se muestra a ambos grupos comiendo dentro del mismo plano, unos al fondo y otros adelante, teniendo que convivir forzosamente dentro de un espacio común.

Otro de los planos es de 12 hombres enojados. Los miembros del jurado, luego de largo rato de deliberar, cansados y pensativos, están dispersos dentro de la sala donde transcurre la acción, cada uno de ellos con la mente abstraída de los otros. Ese plano revela el componente trágico de toda democracia, que es su individualismo inherente. Los seres humanos deben cohesionarse para vivir mejor, pero en última instancia son sujetos egoístas que persiguen fines individuales.

Por último, Bote salvavidas, que tiene un plano muy similar al de 12 hombres enojados, en que los distintos tripulantes de la embarcación están ensimismados, cada uno en lo suyo, como tratando de encontrar un resquicio de libertad en el reducido espacio en que están obligados a convivir. Más de una década antes que Lumet, Hitchcock ya nos había hablado con imágenes del individualismo constitutivo de la vida en sociedad.

Nota relacionada de Julio Cabrera acá.

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Esta entrada fue publicada en 3 agosto, 2015 por en Cine y Filosofía y etiquetada con , .

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