LA CUEVA DE CHAUVET

ARTE PRIMIGENIO DE IMAGEN EN MOVIMIENTO

CINE ARGENTINO: CORTE Y ACCIÓN

<Por Mariano Fernández>

salas-hoytsCine -monstruo [1] dice Jean Louis Comolli por su doble origen por un lado científico- coqueteando con la antropología- y por el otro de espectáculo. Cabeza de Méliès y cuerpo de Lumiere. Invento sin futuro como llegaron a afirmar los hermanos Lumiere, o juguete filosófico y de entretenimiento en el que Méliès potenció su capacidad creativa. Lo indiscutible es que el costado comercial y de espectáculo es el motor que lo sostiene. Me focalizaré en el aspecto comercial y, en particular, en la instancia de distribución y exhibición, ya que en ella se ve claramente por qué a pesar de producir más películas son pocas las que llegan a las salas comerciales.

La mayor parte de las producciones audiovisuales del país se realizan gracias a los subsidios, créditos y formas de financiamiento auspiciadas y provenientes del INCAA, ente autárquico, cuya relación indirecta con el estado nos ofrece una vaga noción de soberanía. Es decir, denota cierto interés por custodiar y promover el patrimonio cultural y los valores enarbolados dentro de un modelo de proyecto país. El cine es una herramienta más para construir parte de la identidad nacional (nacional y no partidaria).

Las políticas audiovisuales implementadas durante este tiempo apuntaron a fortalecer a un cine que paradójicamente incrementó su productividad pero no su visibilidad. La cuota de pantalla como la media de continuidad [2] son normativas que afectan directamente a los distribuidores y exhibidores. La primera obliga a los exhibidores privados a estrenar al menos durante una semana un film nacional so pena de ser castigado con una multa en caso de incumplimiento. Por otro lado, la media de continuidad busca asegurar la vigencia en cartelera de aquellas películas en que el porcentaje obtenido entre el número de espectadores y la capacidad de asistentes de la sala sea de un 25% aproximadamente en todas sus pasadas -pasada se refiere a la cantidad de funciones por día- . Sin embargo, estas medidas han sido insuficientes para resolver la problemática que se agudizada año tras año.

Un film se exhibe en una sala tras pasar una serie de circunstancias productivas incluyendo la fase de desarrollo -etapa embrionaria que incluye a la idea- hasta su proyección comercial, previo pasaje por la fase de pre-producción, rodaje y post-producción. Para materializar la obra es necesario dinero, mucho dinero. En algunos países cuya industria cinematográfica se logra abastecer por sí misma, como es el caso de Hollywood y la India, prescinden del apoyo estatal. Pero en los países emergentes, como el nuestro, es casi imposible hacer cine sin ese apoyo. Apoyo que nace de la noción de soberanía y defensa ante el avance de los tanques hollywoodenses- si se permite la analogía belicista-.

Es menester, antes que nada, mencionar algunos números que nos permitirán entender el marco en el cual estamos insertos. En Argentina en el año 2013 se estrenaron un total de 389 títulos de los cuales 166 son de producción o coproducción nacional, representando un 43% de la oferta cinematográfica. Sin embargo, cabe preguntarse, ¿cuántas de esas películas se exhibieron en las salas comerciales? ¿Cuáles fueron los títulos más destacados durante ese año? Con la mano en el corazón, para responder esto se nos vienen a la mente un par de títulos, quizás los más memoriosos puedan nombrar hasta cinco.

De todas maneras, nuestro aparente problema de memoria no es tal, si no que responde a una lógica de mercado. En dicha lógica, podemos distinguir varios ejes problemáticos, pero el más problemático de todos se encuentra en la distribución y exhibición, el último paso y en el cual se producen las ganancias.

Si tomamos la totalidad de títulos, el 79,93% de los espectadores se distribuye entre las cuatro primeras empresas distribuidoras. Para el caso de los estrenos de películas de producción argentina, el 93,77% de los asistentes se reparte entre las cuatro primeras posiciones, quedando el 6,23% restante para 82 empresas.[ 3]

El 50,21% de los asistentes se concentró en tres empresas exhibidoras: Hoyts, Cinemark y Village. Mientras que Riocin S.A., ubicada en quinto lugar en el ranking de espectadores, es la primera empresa de capitales nacionales con el 2,43% de participación. En este sentido, analizando la distribución porcentual, tenemos que el 25,33% siguiente se distribuye entre 9 empresas exhibidoras, y por último el 24,46% restante es para 227 empresas.

Analizando la distribución de pantallas, en primer lugar se encuentra Hoyts (con 97, que representa el 11,20% de las pantallas disponibles), seguido de Village (78 pantalas, 9,01%), N.A.I. (75 pantallas, 8,66%), Cinemark (71 pantallas, 8,20%), Cine Sunstar (29 pantallas, 3,35%), Honfleur (29 pantallas, 3,35%), Riocin (25 pantallas, 2,89%), Cinema Center (21 pantallas, 2,42%) y Norte Exhibidora Cinematográfica (15 pantallas, 1,73%). De forma que el 50,81% de las pantallas se distribuye entre 8 empresas. [4]

Estos números advierten sobre el dominio económico y colateralmente cultural del cine de Hollywood en nuestro país. Téngase en cuenta, además, que los films nacionales más vistos en este último tiempo son los coproducidos con las grandes productoras extranjeras, un caso paradigmático es Relatos salvajes de Damián Szifrón con la participación de Warner.

Los datos estadísticos nos llevan a preguntarnos sobre qué queda de nacional en el cine local o si han sido suficientes las normativas instauradas como la cuota de pantalla y la media de continuidad para proteger lo nuestro ante el aluvión de películas extranjeras. Quizás estas preguntas queden englobadas en otras más abarcativas: ¿pueden los mecanismos legislativos contra el poder económico? Será el momento propicio para decir corte e indicar acción.

El futuro del cine

En la actualidad, hay un sinfín de libros teóricos que aluden a la muerte del cine y reivindican las artes digitales. Esta muerte del cine viene de la mano de la extinción, cada vez más notoria, del soporte fílmico en sus diferentes formatos -super 8, 16 mm, 35mm, etc.- y su reemplazo por las tecnologías digitales. De buenas a primeras es innegable que ya no se filma, producto de que el soporte químico ha sido desplazado y su lugar lo ocupan los dispositivos digitales. En apariencia, parece ser un cambio menor; pero sus implicancias afectan a la forma de producción y consumo del audiovisual.

Las nuevas maneras de manipulación de la imagen y sus formas de circulación para exhibición como el DCP (Digital Cinema Package) permiten reducir los costos ostensiblemente; sin embargo, no significa una apertura que habilite a todo el mundo a hacer su película. Estas herramientas generan la ilusión de hacer como. Las nuevas tecnologías, como las políticas audiovisuales, deben trabajar de manera conjunta para poner resistencia al poder económico a fin de salvaguardar lo que denominamos como cine nacional.

[1] Comolli, Jean Louis.- “Elogio al cine-monstruo” en Filmar para ver.

[2] ARTICULO 1° — Entiéndase por Cuota de Pantalla a la cantidad mínima de películas nacionales que deben exhibir obligatoriamente las empresas que por cualquier medio o sistema exhiban películas en un período determinado.

ARTICULO 2° — Entiéndase por Media de Continuidad a la cantidad mínima de espectadores que presencian exhibiciones de películas nacionales a las que se les haya asignado el beneficio.

[3] Anuario INCAA año 2013.

[4] Ídem.

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Un comentario el “CINE ARGENTINO: CORTE Y ACCIÓN

  1. Mariano
    14 septiembre, 2015

    Gracias la cueva

    Me gusta

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Esta entrada fue publicada en 13 septiembre, 2015 por en Ensayo y etiquetada con , .

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