LA CUEVA DE CHAUVET

ARTE PRIMIGENIO DE IMAGEN EN MOVIMIENTO

JOHNNY FUE A LA GUERRA DE DALTON TRUMBO

<Por Claudia Pascual Parada*>

Johnny gotMuchxs de lxs que hayan tenido la oportunidad de transitar la década del 80 y nutrirse de la música que esa época nos legó, recordarán una de las más oscuras canciones de rock que se escucharó en todas las radios del mundo occidental: One de Metallica, incluida en su disco “And Justice for All” de 1988. Lo que algunxs  posiblemente no recuerden o desconozcan, es el “origen” de dicha canción, tanto más oscura y terrible cuanto más nos adentramos en aquellas otras creaciones que la precedieron.

En el video de esta canción podemos ver a la banda tocar en una especie de galpón, y más allá de las tomas de los músicos y del potente solo de guitarra de Kirk Hammett, lo que conmueven son otras imágenes, igualmente en tonos grises, que se intercalan unas con otras. Lo que se encuentra en el centro son distintas escenas de la película Johnny fue a la guerra (1971) escrita y dirigida por Dalton Trumbo [1].

La película es una adaptación cinematográfica de la novela homónima escrita por el mismo Trumbo en 1939 y editada en la Argentina a principios de la década del 70 por Ediciones de la Flor, con traducción de Rodolfo Walsh. En España se tradujo como Johnny cogió su Fusil, traducción más literal (del inglés “Johnny got his gun”) pero algo menos precisa, pues el sentido “original” parece  querer decir que “Johnny cogió su fusil”, es decir, “fue a la guerra”.

¿Qué es lo que estas imágenes cinematográficas muestran? A grandes rasgos: un joven adolescente, luego de ir a la guerra, yace en una cama de hospital militar  totalmente incapacitado. Aislado, desesperado e incapaz de diferenciar el sueño de la realidad, el recuerdo del presente, suplicando una y otra vez en su voz interna que lo maten, “se prepara” para pasar así el resto de su vida. Mientras tanto en su entorno una serie de personajes siniestros, entre militares y médicos, discuten en una especie de debate “moral” si mantenerlo con vida o dejarlo morir sin tomar nunca ninguna decisión, lo que únicamente dilata cada vez más su agonía.

Piensa Joe Boham una y otra vez en la cama del hospital donde se encuentra postrado:

“Madre, ¿dónde estás? Mami, tengo una pesadilla y no puedo despertar. (…) ¿Papá? Necesito que me ayuden.  Estoy en un terrible problema, y necesito ayuda”. “¿Padre?” – y recuerda que éste le dice: “Todo hombre enfrenta la muerte por sí solo: solo”. “Adiós, padre”.

Afirman los médicos:

El cerebro ha sufrido un masivo e irreparable daño. (…). Es imposible para cualquier ser humano en este estado, experimentar dolor, placer, memoria, sueños o pensamientos de cualquier tipo. Este joven no sentirá, ni pensará, como los muertos, hasta el día en que se les una”.

“Padre, ¿qué es la democracia?  – le pregunta de niño a su padre.  ¿Qué es la democracia? La democracia es algo que tiene que ver con jóvenes matándose unos a otros. – Cuando me toque a mí, ¿vas a querer que vaya? – Por la democracia, cualquier hombre es capaz de entregar a su propio hijo”. (…)

Les dice el militar superior a sus soldados en la guerra: “La muerte tiene dignidad por sí sola”.

La letra de la canción de Metallica está íntimamente  inspirada y basada en la obra de Trumbo. En la canción se puede escuchar la voz de James Hetfield dialogando con el libro:

“No puedo recordar nada. No sé si esto es real o es un sueño. Muy adentro mío quiero gritar, pero este terrible silencio me lo impide. Ahora que la guerra ha acabado conmigo, me despierto y no puedo ver. (…). Aguanto la respiración mientras deseo la muerte. ¡oh, dios, despiértame!  (…) Alimentado a través de un tubo que se clava en mí, (…), atado a máquinas que me mantienen con vida, ¡arranca esta vida de mí! (…). La oscuridad me encarcela. Todo lo que veo es un horror absoluto. No puedo vivir, no puedo morir, atrapado en mí mismo. El cuerpo es una celda que me sostiene. El campo minado me ha quitado la vista, me ha quitado la voz, mis oídos, mis brazos, mis piernas, mi alma, y me ha dejado una vida en el infierno”.

Seguramente no muchas personas podrían leer una novela como “Johnny fue a la guerra”. No por  su lenguaje o por la forma en que está escrita: una suerte de monólogo interior donde se entremezclan pensamientos, deseos y temores presentes, con los recuerdos de vivencias de un pasado a veces lejano; todo esto narrado en un lenguaje seco, sencillo, directo, que dice todo lo que tiene que decir, pero que al mismo tiempo posee una belleza y una fuerza no siempre fáciles de conseguir, sobre todo para una historia sin lugar a dudas dura, no solo terrible, sino terrorífica. Por eso puede convertirse en un libro que algunos no podrían sostener hasta el final. Sobre todo, como bien dijeron algunos críticos y lectores, “sólo pueden hacerlo los que no tengan miedo a la verdad”.
La historia, tanto en el libro como en la película, nos cuenta acerca de un joven norteamericano que es enviado a pelear en la Primera Guerra Mundial. En el campo de batalla, un jovensísimo Joe -Arthur Boham- resulta terriblemente herido y sólo sigue vivo gracias a una especie de “milagro quirúrgico”. Como bien “dice” el propio personaje, lo han dejado vivir como una especie de pedazo de carne: le han tenido que amputar ambos brazos y ambas piernas; aquello que alguna vez fue un rostro, ahora no es más que un agujero amorfo, y por ende ha perdido toda capacidad sensorial; no puede oír, no puede hablar, ni ver. Sólo es capaz de sentir el tacto en su reducido torso. Desde las primeras líneas -desde las primeras tomas-  vamos adentrándonos en el interior del personaje cuya perspectiva es la única que nos es ofrecida: todo lo relatado, está focalizado en Joe Boham, lo que le da a la historia una atmósfera mucho más desoladora. El joven cobra conciencia por primera vez, luego de ser herido, a través de fragmentos de recuerdos de su niñez. Luego pasa por momentos de su adolescencia para finalmente desembocar en el recuerdo del día mismo en que se embarca en tren hacia la guerra. Al principio no comprende dónde está, qué ha sucedido, cuánto tiempo ha pasado desde que llegó a ese lugar, para después ir comprendiendo poco a poco, fatalmente, la condición en la que se encuentra. Imposibilitado de tener noción de cosas básicas como el transcurso del tiempo, va afrontando terriblemente su “vida” actual, pensando cómo hacer para poder continuar de algún modo u otro en esa situación. Como no se puede comunicar habiendo perdido toda facultad de sentidos, empieza a desarrollar, en un arduo trabajo con su mente, formas diversas de comprender su entorno, por ejemplo, a través del reconocimiento de diversas vibraciones en el suelo que corresponden a diversos movimientos de diversas personas, y que de alguna forma le indican si es de día, si es de noche y así finalmente tener idea de aquello que él considera esencial en la vida de un humano: poder contar el tiempo que transcurre y que lo sitúa en el mundo. En su encierro trata de tomar contacto con el exterior, revive su pasado. Pasa algún tiempo, uno supone que unos meses, hasta que finalmente el joven logra comunicarse a través de sus conocimientos del código morse. Aquello que en un principio era entendido por los otros como movimientos corporales involuntarios, reacciones espasmódicas producidas por una mente inconsciente, se evidencia como una vida y voluntad de comunicación. Nuestro joven amigo pide que lo saquen de ese lugar, que lo lleven a la luz, al contacto. Pero sólo recibe una respuesta negativa. Luego de un tiempo de reflexión, Joe Boham concluye lúcidamente, aunque casi “enloquecido” de impotencia:

“Eso, él ahora había comprendido. Les había contado su secreto y al rechazarlo, ellos le habían confiado el suyo:

Él era el futuro, era una perfecta imagen del futuro, y ellos tenían miedo de que alguien viera el futuro. Ya estaba todo programado, estaban calculando el futuro, y en algún momento del futuro, veían la guerra. Para librar esa guerra, necesitarían hombres, y si los hombres veían el futuro, no pelearían. (…). Sabían que si las pequeñas gentes, todos los hombrecitos del mundo veían el futuro, empezarían a hacer preguntas. Harían preguntas y hallarían las respuestas, y a los tipos que querían llevarlos a pelear les dirían mentirosos, ladrones hijos de puta, no queremos pelear, no queremos morir, queremos vivir, nosotros somos el mundo, somos el futuro y no dejaremos que ustedes nos masacren, digan lo que digan en sus discursos, prometan lo que prometan en sus slogans. Recuérdenlo bien, nosotros, nosotros, nosotros somos el mundo, somos lo que hace funcionar el mundo, nosotros hacemos el pan y las ropas y las armas, somos el eje de la rueda (…) y nosotros no queremos morir. Si ustedes hacen una guerra, si hay fusiles que apuntar (…) si hay hombres que deben morir, no seremos nosotros. No seremos nosotros, los que cultivamos el trigo y lo convertimos en alimento, los que hacemos la ropa y el papel  (…). Serán ustedes. Serán ustedes, los que nos empujan a combatir, (…) que pretenden que un zapatero mate a otro zapatero, que un hombre que trabaja mate a otro hombre que trabaja, que un ser humano que sólo quiere vivir, mate a otro ser humano que sólo quiere vivir. (…). Recuerden bien esto, los que planean la guerra. Recuerden esto ustedes los patriotas (…) los propagadores de consignas. Somos hombres de paz (…). Pero si ustedes destruyen nuestra paz, si roban nuestro trabajo, si tratan de enfrentarnos unos con otros, sabremos lo que debemos hacer. (…). Usaremos las armas que nos imponen, las usaremos para defender nuestras vidas (…). (…)  ustedes amos de los hombres planeen las guerras y apunten el camino que nosotros apuntaremos el fusil”. [2]

Dalton Trumbo fue conocido por ser uno de los guionistas de cine más prestigiosos de la época dorada del cine de Hollywood, profesión que muchos guionistas combinaban con la escritura de novelas y cuentos, y por lo cual eran reconocidos y respetados en el ámbito cultural, vistos como referentes  intelectuales legitimados. Por eso no es difícil comprender que también pasará a la historia como uno de los nombres que formaron parte de la famosa “lista negra de los macartistas” en plena guerra fría. En ese contexto la actividad cinematográfica pasó a ser una actividad constantemente vigilada y censurada por las autoridades federales, convirtiéndose en un arte oficial. Trumbo fue perseguido  y anulado como artista y ciudadano -como tantos otros- por sus ideas acerca del comunismo a fines de la década del 40. Él pensaba que el socialismo era la única y más justa realidad posible para el humano. Fue un crítico de las políticas imperialistas y belicistas de su país. Un hombre que escribió para la gente de su país con la intención de generar conciencia, una llamada de atención a la sociedad norteamericana, postura a la que adhirió hasta el día de su muerte en 1976. Eso se ve reflejado en la novela, donde va actualizando en los sucesivos prólogos agregados sus posturas sobre las distintas guerras llevadas a cabo por E.E.U.U.: en la reedición de  1970 escribe: “Once años después. Los números nos han deshumanizado. Con el desayuno leemos en el diario que hay 40000 norteamericanos muertos en Vietnam. En vez de vomitar, nos servimos otra tostada. Corremos luego por las calles atestadas, pero no para gritar “Asesinos” (…). Ecuación: 40000 jóvenes muertos, (…), 124000 libras de masa encefálica, 50000 galones de sangre, 1840000 años de vida que no serán vividas, (…). ¿Gritamos de noche cuando eso se introduce en nuestros sueños? No. No soñamos con eso, porque no pensamos en eso; y no pensamos en eso porque no nos importa. Nos interesan mucho más la ley y el orden, que las calles norteamericanas sean seguras mientras convertimos las de Vietnam en rebosantes cloacas de sangre, que volvemos cada año a llenar obligando a nuestros hijos a elegir entre una celda aquí o un ataúd allá. “Cada vez que veo la bandera, se me llenan los ojos de lágrimas.” A mí también. Si los muertos no significan nada para nosotros, (…) ¿qué ocurre con nuestros 300000 heridos? ¿Alguien sabe dónde están? ¿Cómo se sienten? ¿Cuántos brazos, piernas, orejas, narices, bocas, caras, penes, han perdido? ¿Cuántos son amputados  simples, dobles, triples o cuádruples? ¿Cuántos no podrán moverse el resto de sus días? ¿Cuántos vegetan, descerebrados, disipando silenciosamente sus vidas en oscuras secretas piecitas?”

Uno podría leer esta novela-película como una especie de “manifiesto antibelicista” y por eso resulta curioso que en la versión cinematográfica haya omitido el discurso final citado con anterioridad en este artículo. Con estas palabras finales la novela cobra una fuerza y una claridad de ideas imperdible y necesaria, y deja en claro lo que hasta ese momento quedaba como una suposición, como una posibilidad, como un trasfondo latente pero nunca evidenciado del todo. ¿Qué razones podrían haber llevado al autor-director a tomar una decisión así? ¿Sería una decisión puramente estilística? ¿Sería que para la época en que se firmó la película (1971) estas ideas o las verdades políticas de trasfondo que evidencian eran harto conocidas y aceptadas por aquella sociedad o cultura a quien pretendía apelar? ¿Sería porque la película está construida de manera tal que deja por sí sola entrever esas ideas expuestas? Cualquiera fuera la razón, personalmente pienso que haber eludido ese fragmento le restó mucho a la película. Muchxs de lxs que seguramente conocíamos la novela esperábamos ver “en escena” esas palabras, de por sí las más vivas, emocionantes y lúcidas de toda la novela. Decisión que no tomó en cuenta posibles veedores futuros que crecimos y vivimos en una época alejada de aquella en la que la historia se sitúa. Con respecto a este punto, hay una diferencia significativa entre el libro y la obra cinematográfica. En “Johnny fue a la guerra” encontramos dos inquietudes centrales de Trumbo: mostrar una razón errónea, peligrosa y naturalizada que lleva a hacer la guerra (defensa de la “democracia”, de la “libertad”, etc.)  y la mentira que eso conlleva, para crear conciencia en el pueblo norteamericano, discutir y oponerse a esas ideas. Por otro lado, la idea del cuerpo mutilado, fragmentado, negado, anulado. La violencia aplicada a esos cuerpos y el sufrimiento que eso conlleva. Me atrevería a decir que en la novela, el foco se sitúa más en el primer punto, y que en la película el foco está puesto más en el segundo, de manera tal que no podemos dejar de lado ni dejar de entrever que de fondo hay una discusión posible sobre la idea del derecho a elegir la muerte en determinadas circunstancias extremas e injustas.

Otra diferencia más de orden “estilístico” o de recurso narrativo es que en la película la imagen del padre aparece como una figura de autoridad mucho más fuerte, como el elemento familiar que “empuja” o motiva al hijo a ir a la guerra y pelear por unos supuestos ideales que nada tienen que ver con el que es obligado a hacerlo. La imagen, específicamente, es la de un director de circo que va de lugar en lugar mostrando a la gente “el fenómeno” que es el hombre sin brazos, sin piernas, y que se aparece en los sueños de Joe-Arthur de manera amenazante. ¿Figura del padre como aquel que lo ha expuesto y lo ha matado en vida? ¿La guerra como un circo, como un montaje? La guerra, ¿qué es entonces? ¿Cómo (sobre)vivimos al campo de batalla? ¿Quiénes manejan los hilos de la guerra y con qué objetivo? ¿Qué hace una sociedad con los muertos y los vivos de la guerra? ¿Quiénes son los caballos de guerra de estos enfrentamientos? (es muy difícil negar, especialmente en la novela, que existe también detrás de esto una cuestión de clase social? ¿Qué sucede con el cuerpo en la guerra? ¿Cómo la sociedad en su conjunto e individualmente afronta y reacciona frente a estas cuestiones? ¿A quién le cabe la responsabilidad? Estas parecen ser preguntas o reflexiones que atraviesan Johnny fue a la guerra, una película y un libro indudablemente imperdibles.

[1] Dalton Trumbo: prestigioso escritor y guionista cinematográfico estadounidense nacido en 1905 y fallecido en 1976, autor de novelas como “Eclipse” (1935), “Johnny fue a la Guerra” (1939), y de guiones como Treinta Segundos sobre Tokyo (1944) y Our Vine have Tender Grapes (1945).

[2] “Johnny fue a la guerra”. Dalton Trumbo. Ediciones de La Flor, 1972. P.P. 195-198. Bs.As. Argentina.

*Docente y escritora

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Información

Esta entrada fue publicada en 8 octubre, 2015 por en Crítica y etiquetada con , .

SECCIONES

Introducí tu dirección de correo electrónico para seguir esta revista virtual y recibir las notificaciones de las nuevas publicaciones en tu buzón de correo electrónico.

EQUIPO DE TRABAJO

Director:
Álvaro Fuentes
Escribas:
Ezequiel Iván Duarte
Mariano Vázquez
Francisco Goin
Gustavo Provitina
Alejandro Noviski
Pablo Ceccarelli
Álvaro Bretal
Giuliana Nocelli
Juan Jorge Michel Fariña
Pablo Osorio
Morena Goñi

Redes sociales

A %d blogueros les gusta esto: