LA CUEVA DE CHAUVET

ARTE PRIMIGENIO DE IMAGEN EN MOVIMIENTO

LA MÚSICA DE FRENTE Y DE ESPALDA

<Por Pablo Ceccarelli>

Victoria 2 ByNMarcela Gambernini, en un texto publicado en el blog “Con los ojos abiertos”, comentaba acerca del Film Whiplash (2014) del director Damien Chazelle:

“Whiplash” es una película mediocre, chiquita, altisonante, molesta. Molesto es lo que cuenta, con su alarmante idea de arte y de música, y mediocre es como lo cuenta, con elipsis mal resueltas, esas donde los personajes tienen que especificar la cantidad de tiempo que pasó, como para que el espectador se sitúe; mediocre en la elección de los planos cortos para los momentos en los que los protagonistas se enfrentan, como para causar una empatía forzada con el espectador, planos poco sutiles, para que se vea el sudor, la lágrima, el sufrimiento en primer plano, las venas del cuello del maestro, la lágrima naciente del alumno. También la elección de sus espacios cerrados, agobiantes, oscuros, dan cuenta de la turbia encerrona en la que están esos personajes, lugar del que nunca podrán salir, entrelazados en una lógica del disciplinamiento, del sometimiento, en definitiva, una lógica del poder.

La película es una ficción que se sitúa en el Conservatorio de Música Shaeffer en la ciudad de Nueva York, donde se retrata al personaje principal, Miller Teller. Él es un joven de 19 años que aspira a convertirse en un baterista profesional de Jazz, el cual es hallado por el director de orquesta Terrence Fletcher mientras lo ve practicar y luego invita a unirse a la banda de estudio. Allí, empezaran a verse los métodos autoritarios del él con los miembros de la orquesta y con Miles, llevándolos a la agresión verbal, física y mental, la manipulación, la competencia entre ellos y las exigencias para lograr el nivel que pretende de su orquesta y de él como baterista.

A pesar que puedo diferir en la forma radical de Gambernini de pensar esta película (no creo que sea una película “mediocre”, pero tampoco la película celebrada por un sector de la crítica), el texto de Marcela sí acierta en exponer lo molesto del contenido de la misma. No tanto el “cómo”, que es coherente con la postura ideológica que hay en la película.

 Aquí la música es una finalidad gloriosa hecha por mártires que sangran cuando tocan, donde las referencias son los “grandes”, ya que en la familia de Milles no hay músicos. La grandeza es la finalidad, aunque ello sea alcanzado por medios tortuosos, por negar o rechazar las relaciones sociales con los pares, con la familia, con los padres y con los compañeros con los que se toca. Una posición individualista del hecho artístico, elitista a partir de las instituciones que legitiman esa posición, pero también una posición de sumisión frente a los actos pedagógicos agresivos. La grandeza es algo que se tiene que conseguir a toda costa en pos de no perderse en los actos menos gloriosos. Por ejemplo, ser profesor en un secundario como su padre, un acto vergonzoso. O acabar tocando rock, como dice un poster que se encuentra en el cuarto de Miles.

Y en ese sentido la forma es coherente con lo que narra. Los espacios son cerrados, agobiantes y oscuros, donde las luces cenitales “iluminan” (en un doble sentido) a los músicos y al director de orquesta. La iluminación es la que evita caer en la desgracia de la oscuridad y la invisibilización de los artistas. Y el montaje y los movimientos de cámara a la hora de mostrar las performance hacen hincapié en los instrumentos que se están tocando, en los cuerpos rígidos y prolijos de los músicos o el movimiento brusco de Miles al tocar el solo de batería. Los rostros que muestran son de concentración o de sufrimiento. El único rostro que muestra disfrute es el del director Terrence Fletcher ante el despliegue de su banda. Y luego en el intercambio de miradas finales, donde él y Miles se sonríen cómplices mientras el padre observa de lejos sufriendo. Lo que en esta escena puede verse de una forma como la victoria de Miles y sus habilidades como baterista frente a Terrence, similar a la de Charlie Parker, que tocó el solo de su vida luego de ser humillado por Jo Jones, puede verse de otro forma como la victoria de Terrence y su método. ¿Es un acto de rebeldía o sumisión? ¿Dónde está el poder en ese acto? ¿En el músico o en el sistema que avala el método? ¿Dónde quedan los demás músicos? ¿Dónde queda ese público a oscuras? Como el principio, el film finaliza con Miles y su batería. De frente.

Whiplash fue ganadora de los premios del Público y de la Crítica en el festival de Sundance donde se estrenó, entre otros premios que ganó en otros festivales y los Premios de la Academia.

Con unos meses de diferencia, se estrena comercialmente en nuestro país Victoria (2015), del director Juan Villegas, que pasó previamente por los festivales Bafici (Buenos aires), Ficic (Cosquín) y más recientemente Festifreak (La Plata). Si me pongo a hablar de ella inmediatamente después de Whiplash, es porque creo que es una película que está parada en un costado completamente opuesto al de la película de Damien Chazelle. Lo que cuenta, cómo lo cuenta. Su mirada cinematográfica y política del arte y de la música.

El film, un documental de carácter observacional, muestra a Victoria Morán, una cantante de tango de 37 años, en su vida cotidiana con su familia, amigos y sus alumnos de canto, intercalándose con secuencias de ella grabando un disco en un estudio de grabación (el segundo que realiza, luego de grabar uno en el 2002).

Aquí Victoria Moran, contrariamente a Miles Tenner, es una mujer mayor que vive en un barrio del conurbano bonaerense. Está en pareja y ambos tienen una hija. Victoria va a buscarla a ella a la salida del colegio. Cocina a “ojito”. “No me gusta seguir las recetas” dice mientras lo hace. Pero sobre todo, ella canta. Canta con amigos. Canta junto a su familia, junto a los alumnos a los que les da clase, junto a los ancianos de un geriátrico. Aquí la música no es algo que se practique en un instituto por unos pocos talentosos que sufren para llegar a pertenecer a los mejores. Aquí la música la pueden hacer entre todos, compartiéndola y enseñándola. La música y el arte es un lugar de reunión, de fiesta y de disfrute. El arte es un hecho concreto. Concreto porque se realiza por personas que no pertenecen a una elite cultural, pero no necesitan ser legitimados por un instituto para poder realizarla y disfrutarla.

La familia aparece en Victoria también, pero a diferencia de Whiplash, aquí tienen una presencia como referente de ella. Ella y su esposo se reúne una noche en su casa con su padre, toman mate y cuentan historias. Él le dice a ella que fue papa a los 20 años. Luego toman una guitarra y empiezan a cantar juntos. Cuando él no llega a una nota alta, le dice a ella que cante esa parte y luego se unen, al igual que su esposo. En otro momento, mientras realiza una entrevista que le hace un periodista, ella cuenta que “Victoria” es su nombre artístico. Que ella se lo puso en honor a su abuela, a la cual le gustaba cantarle. Y también que los “maestros” (y no los “grandes”) están ahí para marcarte cosas. Que ellos, como Nelly Omar, la cual Victoria conoció personalmente, pueden ser como padres y madres para uno. Ellos no hacen sangrar. Sino que “cierran heridas en el corazón” cuando dicen que no hay excusas para cantar. Ellos no mueren. “Se van de gira”. Son la tradición que siempre está de gira en la sociedad y en la cultura.

El registro documental se toma su tiempo y duración para poder registrar mientras ve y escucha a los personajes tocar y cantar. Los planos no se cortan para jugar rítmicamente con las canciones. Mientras que en Whiplash se concentran en los instrumentos, acá en cambio se concentran en los rostros que disfrutan y sienten lo que tocan. Acá no hay habitaciones oscuras, ni se percibe encierro, ni hay las iluminaciones cenitales dirigidas a los músicos. La luz entra por todos lados, como la música. Y cuando esta oscuro, es en función de lograr un clima de intimidad en la reunión.

La cámara se asemeja a una observadora, a una testigo. Ella ve y escucha con paciencia y respeto. Porque acá hay mucho que ver y oír con tranquilidad. Y no solo la música. Contrario a una cierta tendencia del cine con mucho silencio, acá hay cosas de las que se tienen que hablar. Se tiene que hablar para derribar mitos de los artistas. Aunque se disfrute, al mismo tiempo cuesta. Cuesta dinero para hacer una grabación. Cuesta dinero para distribuirlo. Cuesta tiempo. A veces da ganas y a veces cansa. Es un esfuerzo conseguir que vaya gente a ver un espectáculo.

Y a diferencia de Whiplash, en esta película no hay actuaciones en vivo. No hay una escena final con un show, con un despliegue escénico. Aunque en realidad, hay un recital en la película. Pero está en fuera de campo. Cuando el padre de Victoria le cuenta a ella de una vez que le pagaron para cantar una sola zamba en una fiesta de cumpleaños. Él cuenta que fue ahí a tocar de traje con su guitarra. Toca la samba, la filman. Aplausos. Le pagan. Le dan 100 pesos de más. “Yo me voy con el traje, la guitarra y el auto. Eso fue un flash. Me fui para la costanera. Con una mezcla de tristeza y gloria”. “En ese momento te sentís Gardel. Y después…” comenta Victoria sin terminar la frase. “Eso es lo que nos pasa” termina de resumir. Lo que le pasa a los artistas, incluso a los cineastas. Realizar un film luego de mucho tiempo, esfuerzo e inversión. Presentarlo y que la gente lo vea. Lo que suceda después dista muchas veces de la gloria o la grandeza. Muchas veces tener que empezar de nuevo y hacer una nueva toma (con el leve temblor de cámara, casi invisible error que aquí se convierte en acierto, porque refuerza la sensación de alzar la cámara para filmar otra toma).

Justamente como el film. Que empieza y termina con Victoria Moran de espalda (casi perfil), que a fin de cuentas sigue siendo una desconocida para nosotros. Las últimas imágenes del barrio, el cielo, los techos de los edificios junto a los sonidos del tren que arranca, los perros ladrando, el viento en los árboles. Y la bella melodía de “Adiós felicidad” cantada con Victoria con emoción. El silencio. “¿Hacemos otra toma?” se escucha.

Muchos quieren descubrir al próximo Charlie Parker, al próximo Louis Amstrong. A mí me gustaría cruzarme en la calle con muchas Victoria Moran.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Información

Esta entrada fue publicada en 28 octubre, 2015 por en Sin categoría y etiquetada con , .

Introducí tu dirección de correo electrónico para seguir esta revista virtual y recibir las notificaciones de las nuevas publicaciones en tu buzón de correo electrónico.

EQUIPO DE TRABAJO

Director: Álvaro Fuentes Escribas: Ezequiel Iván Duarte Mariano Vázquez Francisco Goin Gustavo Provitina Alejandro Noviski Pablo Ceccarelli Álvaro Bretal Giuliana Nocelli Juan Jorge Michel Fariña Pablo Osorio Morena Goñi

Redes sociales

A %d blogueros les gusta esto: