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CINE Y PERONISMO: DIALÉCTICA DE SÍMBOLOS Y ESTADOS DEL ALMA

<Por Álvaro Fuentes>

historia clan ByNVeo tres grandes etapas en la historia del cine argentino con temática peronista. En primer lugar, la caracterizada por el cine de Leonardo Favio, que abre dos caminos paralelos muy importantes: los del sentimiento y la solemnidad. Luego una etapa crítica, producto de las contradicciones políticas del peronismo en la década del setenta principalmente. Finalmente, una de absoluta irreverencia hacia símbolos que, tanto desde el abordaje sentimental como el crítico, se trataban con respeto y solemnidad.

Sentimiento y toma de partido

El sentimiento peronista se expresa claramente en el documental de Favio Sinfonía de un sentimiento, pero también en su ficción Gatica, donde el personaje principal parece funcionar en la historia como símbolo que condensa las virtudes y los defectos del pueblo peronista. Al mismo tiempo, representa el recorrido histórico de ese movimiento político: Gatica crece como figura del deporte de la mano de la aparición del peronismo, movimiento que realza valores populares, y decae con su derrocamiento militar, es decir con la llegada de un proyecto más elitista. Una historia similar relata Ay Juancito, dirigida por Héctor Olivera y guionada por José Pablo Feinmann, sobre el hermano de Eva. En esta segunda película se presenta una analogía entre un personaje que encarna los valores y las contradicciones del peronismo, mostrando su acenso y declinación personal al compás del proceso político.

Son películas “sentimentales” en la medida que ven con mirada nostálgica aquél período de la historia, y presentando figuras históricas con virtudes y defectos. La humanización de los personajes conlleva a un tipo de identificación emotiva.

En el caso de Gatica se muestran las consecuencias del bombardeo a la plaza de mayo, los destrozos humanos y edilicios, en un registro documental, recurriendo a la estrategia ya presente en Sinfonía de un sentimiento de, por medio de las imágenes de los hechos históricos, sacudir emocionalmente. Que el mismo peso de la realidad conmueva al espectador y lo conduzca hacia cierta toma de conciencia política e histórica. No voy a mentir, siempre me pareció un recurso un tanto burdo por demasiado pedagógico.

Vale la aclaración de que el mismo recurso lo utilizará una interesante película reciente sobre el peronismo, dirigida por Paula De Luque: Juan y Eva. Centrada en la relación amorosa de Perón y Evita, va contando los sucesos políticos que rodearon el acenso político del dirigente, en el contexto de persecuciones e intentos de asesinato, realizados por las cúpulas militares, que veían en su figura un perfil izquierdista peligroso para el país.

En las escenas en que es apresado en la Isla Martín García, y la masa trabajadora sale a pedir su liberación, las imágenes de esa concurrencia multitudinaria a Plaza de Mayo son registros documentales. Nuevamente, tenemos una ficción que humaniza a las figuras históricas, apelando a la emotividad, e invitando a reflexionar en torno a la importancia histórica de los hechos retratados.

Es un cine sentimental, pero también solemne. Habla desde cierta reverencialidad por un período considerado casi sagrado de nuestra historia, por los cambios políticos y culturales que generó. Pero dicha solemnidad con la que se abordan estos personajes se mantiene incluso en las obras que son más críticas del peronismo.

Crítica y solemnidad

No habrá más penas ni olvido, también de Héctor Olivera y basada en una novela de Osvaldo Soriano, establece una de las más incisivas críticas a las lógicas de construcción de poder del peronismo, capaz de llenar sus consignas de contenidos contradictorios ideológicamente. La escena del tiroteo entre jóvenes idealistas y patotas para-policiales, ambos bandos al grito de “por Perón carajo”, condensa a la perfección esa postura crítica, aunque en un tono de tragicomedia que también es destacable. Principalmente porque el registro humorístico no parece ser característico del cine argentino al hablar de temas políticos, donde tiene preeminencia el discurso serio y solemne.

La película de Raimundo Glayzer, Los traidores, es tal vez una de las ficciones que critica más severamente las lógicas perversas del sindicalismo en Argentina. Explica los procesos de burocratización y violencia política que se dan al interior de las estructuras sindicales, asociándolas directamente con el movimiento justicialista en nuestro país.

Hay muchos documentales que hablan sobre el peronismo de izquierda, algunos más críticos, otros más elogiosos, como Cazadores de utopía de Blaustein, M de Prividera o Los resistentes de Fernández Mouján, entre otros. Más condenatorios o reivindicativos, apelando a la reflexión crítica o al sentimiento, hacen tratamientos anclados en esa banda tonal que va de lo serio, lo solemne y en casos hasta lo reverencial.

La vida por Perón es una comedia de 2004 sobre Montoneros, que muestra cómo el funcionamiento de dicha organización, por el dogmatismo que abrazaba, podía caer en lógicas demenciales. Transcurre el día de la muerte de Perón, en ocasión de las elucubraciones de una célula de jóvenes militantes peronistas armados, dispuestos a secuestrar el cadáver del histórico político para negociar con las esferas más encumbradas en el poder objetivos revolucionarios más altos. Critica duramente las lógicas de autoritarismo al interior de estructuras políticas militarizadas, así como la orfandad de orientación política en la que quedaron dichos colectivos juveniles, en un contexto que fue tornándose cada vez más violento. Es una película que suele molestar en ciertos ámbitos. La vi hace mucho, pero en su momento me pareció osada e interesante. Logra evadir esa solemnidad característica del cine argentino, y del cine peronista en particular.

Naturalización e irreverencia

Se vive hace varios años cierto clima de naturalización de la simbología peronista, me atrevería a decir que en clave irónica. Cantar el feliz cumpleaños con melodía de la marchita o poner los dedos en v cuando alguien saca una foto, son prácticas culturales que parecen hablar de esa naturalización. Bombita Rodríguez, el personaje de Capusotto, con más o menos intención crítica, contribuyó a afianzar ese estado de cosas despojado de toda solemnidad. Se ríe del uso de la simbología peronista, aún cuando puede sentir afinidad por ese ideario.

Quería terminar con algunas reflexiones sobre la serie dirigida por Luis Ortega, Historia de un clan, ficción reciente que recrea la historia de los Puccio, una familia de San Isidro que a comienzos de la democracia alfonsinista se dedicó a secuestrar gente adinerada y pedir dinero por el rescate. En todos los casos, los secuestros terminaron en asesinato.

Si, como señalaba un colega, en la versión de Trapero de la misma historia (la película El Clan) aparecía una foto de Perón en el escritorio de Arquímedes Puccio, en la serie dirigida por Ortega la familia de secuestradores se pone máscaras de Perón y Eva para tratar con los secuestrados, a los que llaman “cajetudos”, como decía Eva para referirse despectivamente a los representantes de una oligarquía antiperonista.

Se ponen las máscaras de Perón y Eva, pero también de Gardel, Menotti y Videla. Lo que da un cariz muy distinto al planteo de ambas ficciones, y al uso que hacen de los símbolos peronistas. La de Trapero es más seria en el tratamiento, crítica, afirmando que los verdugos del régimen militar eran peronistas convencidos. La obra de Ortega, en cambio, afirma que eran más cínicos. Utilizaban máscaras de Perón y Eva porque los podían admirar, pero también reírse de ellos.

No es casual que la simbología peronista esté acompañada por otras figuras icónicas de la historia y la cultura argentina. Los símbolos peronistas en el país son muy importantes, pero son símbolos entre muchos otros. La serie de los Ortega subvierte los símbolos nacionales en general, o mejor dicho se los apropia para sus propios fines estéticos.

Por el capítulo 6 comienzan las referencias más específicas a Perón, en una cita que hace Arquímedes frente a dos de sus secuaces: afirma que el histórico dirigente sentenció la frase “el hombre es bueno, pero si se lo vigila es mejor”. Los otros lo miran, primero dudan de que eso lo haya dicho Perón, luego se detienen a reflexionar en la frase y los tres concluyen que es muy certera. En definitiva, no importa que la haya dicho Perón, sino que justifica los procedimientos de este clan en particular. Se da un uso absolutamente pragmático y utilitario del símbolo.

Más adelante, Arquímedes le dice por teléfono a la mujer del secuestrado que son una organización política peronista. No es casual que la única adscripción explícita a esa ideología, el líder de la organización la haga precisamente cuando habla con familiares de sus víctimas. El relato de que son una organización política que adscribe al peronismo es utilizado por Arquímedes para despistar a quienes son objeto de su extorsión.

Quienes pervierten la solemnidad de los símbolos son los Ortega, creadores de la ficción, al ubicar como primer diálogo de la serie “nadie elige el padre que le toca”, en boca de Alex Puccio y en referencia a Arquímedes, su padre en la ficción, pero también dejando entrever un testimonio de sí mismos, como hijos de Palito Ortega, con todas las implicancias que acarrea ese parentesco.

Los Ortega son un símbolo de esta Argentina contradictoria y buscan romper de alguna manera con ese legado. Saben que la historia argentina es un problema de símbolos y disputas por llenarlos de contenido, muchas veces contradictorios. A esta ficción, dirigida por una de las mayores revelaciones cinematográficas del año, no le interesa establecer vínculos entre la ideología peronista (que además es la de quienes gobernaron el país los últimos doce años) con una de las más oscuras bandas asesinas de nuestra historia. A los Ortega les interesa romper con los símbolos, sacudir nuestras estereotipadas formas de representación de la realidad. Buscan poner en conflicto dichas representaciones, evitando toda corrección política y solemnidad histórica.

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Esta entrada fue publicada el 7 diciembre, 2015 por en Especial 2015: Cine y Peronismo, Sin categoría.

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