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TRANSPARENT: EL HORNO DE LOS PFEFFERMAN

<Por Mariano Vazquez>

transparent 2 ByNTransparent, tal vez  la serie más exitosa de Amazon hasta el día de la fecha, se ubica en el corazón de los suburbios de California y se lanza a la exploración de la sexualidad, la identidad y la religión en el cuerpo de la acomodada familia Pfefferman.

Sin embargo, las dos temporadas que esta ficción tiene en su haber y una próxima anunciada para finales de 2016, confirman que la serie es mucho más que lo que informa el párrafo inicial. Como en un juego de espejos, Transparent apuesta fuertemente a la tensión, que reina desde los primeros minutos del piloto, entre lo transparente y lo opaco.

Devenir transparente

Después de vivir toda su vida como el profesor universitario de ciencias políticas, Morton L. Pfefferman (Jeffrey Tambor) toma la determinación de cambiar su identidad por la de Maura Pfefferman. Pero este devenir mujer no es lo único que cambia. Maura decide que no habrá más secretos, que no hay lugar para opiniones enmudecidas, ni razones para callar nada.

La apertura de Maura no es un camino placentero. A lo largo de los episodios veremos cómo recibe la aceptación, el rechazo y la incomodidad de aquellos que la conocieron como Mort y que hoy no titubean en rechazarla o que esconden, bajo una risa incómoda, la negación de su nueva identidad. A todo esto se suma que, por momentos, Maura muestra una cierta incontinencia verbal y una excesiva autoreferencialidad, que genera más incomodidades que aceptaciones.

Si bien la serie gira en torno a la emergencia de Maura, el horno de los Pfefferman no está para bollos. La relación que mantiene con sus hijos y sus propias historias funcionan como un sistema de contrapesos que mueven los puntos tensionales de la historia en distintas direcciones y evitan -con acierto- que el devenir de Maura se convierta en un melodrama de mediatarde.

La familia, el sexo y el judaísmo

El piloto de la serie nos muestra una familia Pfefferman compuesta por tres hijos y donde la madre se ha casado por segunda vez. Este quizás sea uno de los éxitos de la serie. Si bien hay sorpresas y nuevos ingredientes a medida que vemos más episodios, el núcleo problemático y sus potenciales derivas pueden verse sintetizadas en este primer episodio.

Shelly (Judith Light), la madre de los tres hermanos Pfefferman es el personaje más estereotipado de la serie. Casada en segundas nupcias, obsesionada con el ahorro, controladora, mezcla una desatención de lo que pasa en la vida de sus hijos con un reñido reclamo por la falta de atención que le niegan ellos mismos. Los flasbacks que buscan poner en contexto esta personalidad eléctrica y agobiante, son quizás el único desacierto de la serie.

Sarah (Amy Landecker) es la hermana mayor, está casada y tiene dos hijos. Y lo que comienza delineando una crisis post cuarenta, infidelidades mediante, abre las puertas a una búsqueda sobre un cierto sentido de la vida que se nutre del sexo y aquello que alguna vez fue acallado y grita, y se sacude por salir.

Josh (Jay Duplass) no sólo es el segundo hijo, sino que también es el hijo varón que, patriarcado mediante, tiene permisos y recibe perdones que sus hermanas nunca tendrán. A su vez Joshua es un productor musical en ascenso que pareciera encontrar en el sexo un bocado desabrido pero que no puede dejar de probar.

La más pequeña es Ali (Gaby Hoffman), una treintañera que no terminó la universidad. No trabaja y es considerada, por Maura, la genia incomprendida de la familia. Los parecidos con Hannah Horvath de la serie Girls son, por momentos, incómodos.

El judaísmo se presenta como un precario telón de fondo donde los personajes y sus historias se sostienen y se sueltan a gusto y piacere. Es así que la familia, el sexo y la religión se entretejen y se mixturan ofreciéndose por momentos como un único elemento, aunque, nobleza obliga, el sexo es en todo momento el factor predominante.

¿Qué se esconde cuando todo se muestra?

Si hay un eje que atraviesa todos y cada uno de los episodios, es la condición transgénero que encuentra corporeidad en Maura, sus amigas, el comienzo de un tratamiento hormonal y la problematización puesta de manifiesto en charlas inverosímiles en el desayuno, en terapias grupales o en una discusión política.

Vale aclarar que esta problemática no se cierra sobre sí misma sino que abre la discusión hacia cuestiones como el patriarcado, la violencia, la sexualidad infantil, los derechos y la marginalidad.

El pasado es un condimento vital y definitorio para los personajes de la serie, y sirve para comprender fracasos e insatisfacciones. Pasado que no es sólo memoria, sino que se presenta como imaginación, como fantasía, como re-construcción de uno mismo. A su vez, los personajes habitan un mundo que transita permanentemente entre crisis y luminosidad, donde lo inverosímil y lo real son dos caras de una misma moneda. Dolores y dificultad son aderezos necesarios para superar un día a día que, dominado por el tedio, se revela indómito e inevitable.

Un aspecto bien resuelto es la forma en que identidad, sexualidad o placer no son casilleros que se llenan por única vez, sino un terreno fértil para la exploración, para ir y venir, para devenir. Se destaca también en esta ficción la convivencia de pasajes luminosos y cargados de vitalidad con vuelcos intempestivos a la densidad oscura y áspera de la reflexión por el devenir del ser. Así, los distintos episodios se componen de diversos géneros narrativos como la comedia de enredos, el drama y el suspenso, con certeras pinceladas de indie y mumblecore.

Dicho esto podemos humildemente concluir que no hay un único género en que se pueda enmarcar a la serie Transparent, que cuenta con dos temporadas de 10 episodios de 30 minutos cada uno. Ganadora de 2 Golden Globe en el año 2015 como mejor comedia y Jeffrey Tambor en la categoría de mejor actor. Creada y dirigida por Jill Solloway, también productora de series exitosas como United States Of Tara y Six Feet Under).

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2 comentarios el “TRANSPARENT: EL HORNO DE LOS PFEFFERMAN

  1. Jose ignacio gutierrez
    15 febrero, 2016

    Muy bueno Mariano.

    Me gusta

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Esta entrada fue publicada en 15 febrero, 2016 por en Cine y Derechos humanos, Sin categoría y etiquetada con .

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