LA CUEVA DE CHAUVET

ARTE PRIMIGENIO DE IMAGEN EN MOVIMIENTO

POLÍTICAS DE LA IMAGEN EN THE REVENANT

<Por Giuliana Nocelli Salazar>

The revenant (nota giuliana) BynEl cineasta mexicano Alejandro G. Iñárritu nos trae a pantalla grande su sexto largometraje, The Revenant de 2015 (traducida “El Renacido”), basado en la novela “The revenant” de Michael Punke. Relata la historia de Hugh Glass, un explorador estadounidense y comerciante de pieles del Siglo XIX. Otro film que relata la historia del famoso explorador Glass es Man in the Wilderness de 1971 (Traducido: El hombre en el desierto), dirigido por Richard Sarafian e interpretado por Richard Harris.

Cuando vi por primera vez The Revenant (han sido dos veces) fue inevitable pensar en el libro “El espectador emancipado” de Jacques Rancière, quien nos habla de la imagen intolerable, a la que describe como aquella que nos vuelve incapaces de mirarla sin experimentar cierto dolor o indignación. Éstas imágenes mueven al espectador a una vorágine de sensaciones y le provocan alguna reacción ante esa estética del horror o de lo intolerable. El film de Iñárritu precisamente apela a imágenes que nos impactan por su excesiva crudeza, sufrimiento y violencia. Estas imágenes se intensifican aún más con el uso de planos secuencias y lentes angulares, que siguen a los personajes hasta verlos masacrados, agonizando. Muy común es ver tiñéndose de sangre la blancura de la nieve y transformándose la belleza del paisaje en un lugar salvaje de “sálvese quien pueda”.

El problema reside en que el film de Iñárritu no tiene ningún otro efecto político que el de la imagen como mercancía, usa la crudeza y la violencia sin ningún fin. En prácticamente todos los films del director es clara la utilización de este tipo de estética del impacto, pero en el caso de Amores Perros (2000) la finalidad es distinta: animales cubiertos de sangre, lacerados, participan de una enérgica pelea provocada por humanos, que gozan de la agresividad y de esos eventos abominables de peleas de perros. Aquí sí se puede encontrar un montaje político de las imágenes. El espectador se siente culpable e impotente por estar frente a la pantalla y no poder hacer nada. Eso sucede en la realidad y al verlo se siente cómplice. Muestra al mundo lo que sucede, invitando a reflexionar y tomar una posición al respecto. En cambio, en The Revenant la crueldad y el sufrimiento como atributos de la imagen no hacen otra cosa que impactar. Parece que actualmente el estilo gore, y la sangre por doquier, es sinónimo de venta. Impera la imagen como mercancía, sin ningún efecto político que posibilite a la reflexión.

En muchas otras críticas se suele comparar The revenant con ciertos films de Herzog, que desde mi perspectiva nada tienen en común. En el film Grizzly Man (2005) de W. Herzog, documental sobre las filmaciones de Timothy Treadwell, un ecologista que protegió y convivió con osos durante años en Alaska, registraba su encuentro y su obsesión por dichos animales hasta que fue atacado y devorado junto a su pareja por uno de ellos. Herzog en su documental toma la decisión de no mostrar el audio registrado por una cuestión moral (la imagen no pudo grabarse). El forense llega a describir algunos detalles del audio, habla de la valentía y la fidelidad de la pareja de Timothy, que pelea con el oso durante seis minutos. Ese relato resulta impactante y nos habla de cómo fue la situación. Si mostrara ese audio solo causaría más morbo sin necesidad. La finalidad perseguida por el director no era la gratuidad de lo visceral, la sangre, los gritos y los personajes agonizando. Él mismo dice en su documental, dirigiéndose a la ex mujer de Timothy, que no debería guardar ese audio sino destruirlo; porque sino sería un elefante blanco durante toda su vida. Herzog toma esta metáfora de una fábula de los reyes de Tailandia, donde ciertas cosas tienen un costo mayor de manutención que los beneficios que aportan. Por lo tanto, de qué sirve que la ex mujer de Timothy retenga ese audio, sólo perturbará su mente y la atormentará cada segundo de su vida.

¿Qué nos quieren decir las imágenes en The Revenant? Cuando el personaje principal Hugh Glass (interpretado por Leonardo DiCaprio) es atacado por un oso sorpresivamente, y tras varios intentos de defenderse termina asesinándolo con su cuchillo, ambos caen por un desnivel profundo del territorio, por lo cual el enorme animal cae encima de él. Unas horas después es encontrado por sus compañeros. Tanto en otros relatos como en Man in the Wilderbess cuentan que Hugh Glass venció al oso junto a sus compañeros. Esto cambiaría muchísimo los hechos: soportar el peso del animal por unas horas, o incluso menos, ocasionaría otros efectos irreversibles en el herido. Entiendo que las historias van cambiando notablemente a través de tiempo, y dependiendo de quién las cuenta; pero lo inverosímil aquí es el modo de contar un cierto hecho.

Iñárritu no cuenta los avatares de un cierto personaje que se “supone” que existió en la historia de la humanidad, sino que cuenta la historia de un superhéroe y su supervivencia en la naturaleza salvaje. Lo menos logrado del film es la verosimilitud y la inconsistencia narrativa. Glass es fatalmente herido, pierde muchísima sangre en el ataque del oso, no tiene la fuerza suficiente para moverse, su respiración es dificultosa, y sus heridas son profundas y propensas a infectarse. Pero él se arrastra para salir de su fosa, aquella que le hicieron los compañeros que lo traicionaron. Sale en busca de alimento y de un lugar seguro. En el momento en que se defiende del oso, éste lo sacude brutalmente tomando sus manos, y más tarde vemos cómo con esas mismas manos parte los huesos de un animal para comerse los teijdos blandos de la médula ósea. Luego un grupo de nativos lo descubren y huye arrojándose por una vertiginosa cascada. Obviamente, sale ileso. Al otro día ya puede caminar, con ciertas dificultades, pero puede hacerlo y hasta también pescar. En otro encuentro con nativos, puede huir con un caballo que robó y cae de un precipicio arriba de un pino. Y así puedo continuar mencionando varios momentos que demuestran que Glass verdaderamente tiene más vidas que un gato. La debilidad en la construcción narrativa no sólo puede observase en cómo sobrevive heróicamente Glass, sino también en su relación con John Fitzgerald (interpretado por Tom Hardy). Desde el inicio del film éste muestra hostilidad y rechazo hacia Glass frente a todos los compañeros de la expedición. De hecho, cuando descubren a Glass herido, es él quien insiste en dispararle. Pero cuando deben dejar atrás al malherido, todos confían en él y le dan la tarea de cuidarlo hasta su muerte  y luego enterrarlo como es debido.

Las decisiones realizativas de Iñárritu no tienen como finalidad un efecto político como se menciona más arriba, ni tampoco dilucidar problemáticas propias del contexto histórico político de Estados Unidos en el primer tercio del siglo XIX. Se muestra que hay un grupo de nativos que fueron desalojados por hombres blancos. Además de conquistar sus tierras, se llevaron a sus mujeres. Pero no mucho más, se profundiza muy poco en la temática de los pueblos originarios y de aquellas expediciones de conquista sobre ciertas zonas en Estados Unidos.

The Revenant sería básicamente un elefante blanco: una grande y costosa producción, con una interesante propuesta fotográfica en manos de Emmanuel Lubezki, la brillante actuación de Leonardo DiCaprio y Tom Hardy, pero sin finalidad política alguna. Ignora el contexto político y social, no ahonda en las crueldades cometidas a los pueblos originarios, sólo se centra trivialmente en la supervivencia heroica de un personaje perteneciente a las expediciones de conquista de territorios norteamericanas, utilizando la imagen intolerable como medio de impacto, sin ningún fin especifico. Es la traducción de un guión débil.

Otras notas sobre “El renacido” en La Cueva de Chauvet.

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10 comentarios el “POLÍTICAS DE LA IMAGEN EN THE REVENANT

  1. Mariano
    25 febrero, 2016

    La cuestión política que reclamas del film quizás no tenga asidero. En mi opinión rivalizas con una película que no fue, o en todo caso con la película que te gustaría que fuera. El análisis crítico debería enfrentarse con la propuesta del director y no con nuestras propias expectativas. Sí podemos cuestionar que el film (la imagen) no tuvo sobre nosotros el poder hipnótico que como cinéfilos anhelamos. Analizar un film es adecuarse a la propuesta, dimensionarla y cuestionarla; tomando a la mirada del director como punto de partido. En caso contrario estaríamos hablando de dos filmes diferentes uno que es y otro que podría ser pero no es. Y en esa lucha siempre sale ganando el que es.
    Otra cosa, la comparación con Herzog no creo que se deba a la propuesta o la similitud en sus formas entre ambos directores; sino en las condiciones en las cuales decidieron rodar- escenarios hostiles a los que habitualmente se acostumbra-; Herzog es aún más extremo y filmó, por ejemplo, en un volcán a punto de erupción. Sin embargo, la comparación entre ambos directores no se debe tanto a su propuesta estética si no a las condiciones de producción que eligieron. Decisiones que hacen a la forma pero Herzog las lleva aún más al extremo a diferencia de Iñárritu.

    Saludos cordiales,
    Mariano

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  2. Mariano
    25 febrero, 2016

    Otra cosa más que resulta interesante ateniéndome a la comparación que haces entre Grizzly man y The revenant son las palabras de Timothy que si mal no recuerdo, al principio del film habla de su posición frente a los osos y a su hábitat, y dice algo así: “En ocasiones el guerrero amable, gentil como una flor; debe convertirse en un samurai, en el alguien sin temor a la muerte, que ellos (los osos) pensarán que eres tan fuertes como ellos. En ese caso, tú ganas el desafió en el momento.”
    Quizás allí encuentre el punto de unión para validar la comparación. Sin embargo, todo esto lo puede decir a partir de lo que escribiste. Genero una contra-propuesta pero teniendo en cuenta lo que escribiste.
    Ahora si me despido.

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  3. Giuliana Nocelli
    25 febrero, 2016

    Hola Mariano. Mencionas que Herzog e Iñárritu se pueden comparar por las condiciones que decidieron rodar. Desde mi perspectiva, las condiciones de producción de Iñárritu sólo fueron arriesgadas en cuanto a la actuación, no en escenarios hostiles como decide rodar Herzog.
    Luego más arriba notas que rivalizo con una película que no fue. En realidad si fue, hablo de la imagen y lo que nos muestra el director. A partir de ello, decido poner en cuestionamiento esa imagen.
    De todos modos, agradezco que hayas comentado y que expreses tu opinión en este espacio.

    Saludos.

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  4. Álvaro Fuentes
    27 febrero, 2016

    En la nota decís Giuliana que no se habla del contexto político y social en la película, y al mismo tiempo que las escenas de violencia están puestas sin ningún fin.
    Un territorio inhóspito y de una extensión sin límites, disputado por norteamericanos, franceses y pueblos originarios, es precisamente el entorno donde se despliega la violencia que se describe. O sea, la violencia en esta película sí tendría una finalidad: justamente, hablar de un contexto social y de un período histórico extremadamente violentos.
    La acción colonizadora implicaba avanzar sobre tierras muchas veces gobernadas por fuerzas de la naturaleza, como lo muestra la espectacular escena de la lucha con el oso. Personalmente nunca había visto una escenificación tan lograda de la lucha entre un humano y un oso. Aunque la violencia solo haya sido puesta para acercar un poco nuestra imaginación a un hecho tan brutal como ese, creo que cumple sobradamente su objetivo.
    Se afirma que hay un guión débil, basando el argumento en que no es verosímil que un personaje (Glass) pueda sobrevivir a tantas desgracias juntas. Con ese argumento habría que descartar dos terceras partes del cine norteamericano, cuyas historias se basan precisamente en hacer posibles cosas improbables en el mundo real, y que por lo tanto no podrían tener un guión bueno. Considero que la ficción cinematográfica no tiene por qué ser un relato cien por ciento realista acerca del mundo, puede manipular lo posible con el objetivo de acrecentar el dramatismo.
    Decir que el guión de “El renacido” es débil me parece una afirmación casi tan injusta como el hecho de que dicha película no figure entre las ternadas a mejor guión adaptado en los inminentes premios Oscar. En esa terna aparecen otras como “La gran apuesta”, donde el sesenta por ciento de los diálogos son demasiado economicistas y difíciles de seguir, o “Brooklyn”, donde prácticamente se olvidaron de poner conflicto en la historia: el dilema amoroso de la protagonista se atraviesa sin una gota de dramatismo. Pero bueno, “El renacido” dura dos horas y pico, nos tiene amarrados a la butaca desde el primero hasta el último minuto, y para nosotros eso es un guión débil. Sinceramente me cuesta entenderlo.
    Salute che

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  5. Giuliana Nocelli
    27 febrero, 2016

    Hola Álvaro. ¿Por qué tener tanto en cuenta lo que se nomina o no en los oscars? Acaso todos sabemos que en la Academia de Hollywood evalúa qué nominar, qué es tendencia, qué director quieren premiar. Eso no implica que el guión de The Revenant no sea débil porque ha sido destacado por los Oscars.
    Desde ya, muchas gracias por tu opinión. Un abrazo.

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    • Alvaro Fuentes
      27 febrero, 2016

      Me parece que es cambiar un poco el eje del debate que propongo, que es analizar desde el punto de vista cinematográfico una película que está en discusión. Creo que, tanto seguidores como detractores de los Oscar, le prestan atención a esa premiación (aún cuando no lo reconzcan muchas veces), y por eso tal vez sea una instancia tan importante. Tiene vicios seguramente, como toda instancia de competencia y premiación de cine, que tal vez se amplifiquen por el hecho de que es la competencia de cine de mayor llegada mediática a nivel planetario. Todas esas características, en mi opinión, convierten a los Oscar en una oportunidad propicia para tomar postura y dar discusiones acerca de qué cine nos parece más interesante.

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  6. Pablo Ceccarelli
    27 febrero, 2016

    En principio, con lo que decía Mariano, no creo que se trabaje con la que película que se “quiere”. Tampoco creo que sea solo valido hablar de lo que las películas “son”, sino que también se puede indagar en lo que “no son”, lo que “pueden” y lo que “no pueden”. Sino se analiza a las películas como obras cerradas hechas unilateralmente por sus realizadores y entonces no podemos establecer un punto de debate y cuestionamiento de eso “que es”. Ademas que una obra puede ampliarle y leerse mas alla de lo que el director simplemente quiso hacer. Por otra parte, ateniendo a el film en su argumento y realización, el ataque del oso, si no inverosimil, es artificial. El trabajo que se intenta hacer en la película a través de las locaciones naturales y las condiciones extremas que se los pone a los actores (no creo que al equipo de realización, ahí si se puede establecer una diferencia con Herzog) aquí esta anulado a través del oso construido digitálmente. Y que en la supuesta historia real el personaje allá matado al oso con ayuda de sus compañeros y aquí lo haga solo es una diferencia notablemente. No solo por creer o no que pase eso y que nos ponemos a prueba en la mayoría de los films estadounidenses, sino que establece todo el periplo del personaje como una hazaña individual, tanto en su supervivencia como en la busqueda de venganza posterior ante el asesinato de su hijo frente al personaje de Tom Hardy (el menos indicado para dejarlo a cuidar a Glass luego de amenazar varias veces con matarlo). En cuanto a lo del contexto colonizador, me parece que son mencionados pero no desarrollados. Y en ese sentido los franceses son tan criticables en su afán conquistador y colonizador como el estadounidense (y no dejar que eso implique ver una cuestión humanizadora del estadounidense, como mencionas en tu crítica Alvaro. Es curioso que justo esto salga a poco tiempo de las visitas de los presidentes de Francia y Estados Unidos al país, donde evidentemente la balanza pesa mas en uno y otro, pero esto no quiere decir que el peso se desvíe en uno de los dos. La balanza aquí tiene que ser equilibrada). Y lo del guion debil se tiene que analizar según los análisis que hagamos, y no si fue o no nominado en la terna de los Oscar, o si nos amarra o no a la butaca (que puede estar hecho mas a traves del impacto sensorial de las imagenes que a traves de un guión bueno o no). Saludos

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    • Álvaro Fuentes
      27 febrero, 2016

      Pablo: me parece que en la situación extrema en la que se encuentra la brigada de exploradores, el que capitanea no tiene otra opción que dejar a Hardy, que es el único que se ofrece, porque no teme las adversidades que pueda llegar a presentarle el bosque, mientras ninguno de los otros se anima a poner en riesgo su vida. El capitán de la brigada queda culposo hasta el final de la historia por haber dejado a DiCaprio con Hardy. Y Hardy se ofrece porque quiere plata fácil y piensa que la situación puede resolverse fácilmente, como lo intenta queriendo “ayudar” a morir a DiCaprio. No me pareció un problema de guión. A mi me atrapó desde lo sensorial, pero también desde la historia, que no presentó problemas de comprensión de lo que estaba ocurriendo y la seguí fácilmente, porque me despertaba interés. Lo sensorial sin historia, me parece que tiende aburrir si se prolonga demasiado en el tiempo. Un abrazo che

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  7. Francisco Goin
    27 febrero, 2016

    Hola gente,

    Me sumo al debate (más que polémica) sobre El renacido no sin antes contarles que me encanta el tenor de la crítica que está adquiriendo La Cueva de Chauvet. Por fin un lugar donde se reflexiona sobre cine, más que andar largando chismes sobre el director, la producción o el rodaje de tal o cual peli. Cuando leo las críticas que ha suscitado El Renacido en otros espacios me termina hartando la necesidad del comentarista de parecer inteligente, o culto, o cool, o lo que sea. Adicionalmente, me hartan los puntos de partida de esta gente; por ejemplo, está de moda decir que Iñárritu es “pedante”, o “pretencioso” o “grandilocuente”. ¿Y qué? Tremendos cretinos han producido obras maestras del cine, la plástica y la literatura; ¿qué vamos a hacer? ¿desechar la obra por la psicología del autor? En segundo lugar, me alegra que El renacido suscite tantos puntos de vista diferentes. Alvaro reflexiona sobre indigenismo, moralidad y teleología; Giuliana se explaya sobre la imagen intolerable y la estética del impacto, a Juan Jorge (Illia) le evoca un pasaje de Antígona, a mí me sugiere un posible recorrido espiritual. Otros pensarán otras cosas, y está bien que así sea, porque somos seres distintos, diversos. Lo que me queda claro es que El renacido permitió todas estas evocaciones porque constituye un sustrato posible para poder hacerlo. No estamos en presencia del electroencefalograma plano de Star Wars. En la película de Iñárritu existe el suficiente vuelo visual como para permitir tales evocaciones.

    La principal crítica de Giuliana se centra en la gratuidad del sufrimiento, en la estética del impacto que manifiesta el director en esta y otras de sus películas. Nos dice: “… en The Revenant la crueldad y el sufrimiento como atributos de la imagen no hacen otra cosa que impactar (…) Impera la imagen como mercancía, sin ningún efecto político que posibilite a la reflexión”. Si bien hay varias escenas fuertes a lo largo de la peli, creo que se refiere específicamente a la escena del oso. Cuando fui a ver Renacido al cine la primera vez, se sentaron a mi lado dos parejas de adolescentes, una a mi izquierda y la otra a la derecha. Cuando comenzó la escena de la lucha con el oso, una de las chicas se tapó la cara casi inmediatamente; miraba con un ojo por entre los dedos, y luego cerraba las manos. La que estaba del otro lado aguantó un poco más, pero cuando el oso embistió por segunda vez a Hugh Glass, dio vuelta la cara como si fuera a hacer arcadas. Cuando el oso, finalmente, se desploma encima de Glass, el novio de una de las chicas se pone de pie de golpe y dice: “Naaaaaaaaaa… andate a la mier…” En síntesis, es absolutamente cierto que la imagen impacta, que es casi intolerable, y que mantiene una tensión que demanda un esfuerzo moral por parte del espectador. A mí me desagradó, fundamentalmente porque la sentí innecesaria. Les pongo un ejemplo: las películas en las que aparecen batallas entre dos ejércitos enemigos suelen mostrar escenas de tremenda crueldad y sufrimiento. Cuando fui a ver Gladiador, de Ridley Scott, me impresionó vivamente la primer escena, en la que se muestra una batalla entre el disciplinado ejército romano y una banda de “bárbaros” germánicos. Sin embargo, lo que más me impactó de esa batalla no fueron las lanzas atravesando gente (que las hubo) ni las espadas degollando gargantas (que las hubo) ni los martillos reventando cabezas (que también los hubo), sino unas imágenes muy breves de soldados llorando enloquecidos ante el fragor de la lucha. Me impresionó ese llanto porque me hizo sentir la realidad de la guerra, no tanto por la fuerza bruta desplegada sino a partir del espanto que la guerra provoca en los hombres que la padecen. Cinematográficamente hablando, Ridley Scott logra transmitir dicho espanto mediante dos o tres brevísimas (y geniales) tomas en medio de una escena bélica relativamente convencional. Queda claro que este director hubiera filmado la escena del oso de modo muy distinto, sin un despliegue tan explícitamente sanguinario.

    Ahora bien, dicho esto, me parece que la gratuidad de la violencia de esa escena no descalifica a la obra en su conjunto. La película de Iñárritu incluye no menos de media docena de escenas violentas; sin embargo, creo que sirven de contexto y a la vez de contrapunto a la evolución individual de Hugh Glass. El protagonista participa y sobrevive a todas y cada una de estas situaciones, las que van produciendo en su espíritu un cambio, cuya acumulación genera en él una verdadera transformación o, como yo la denomino en mi crítica, una metamorfosis. Giuliana señala la falta de contexto y profundización políticas a lo largo de la película. A mí, en cambio, sí me pareció que existe dicho contexto, si bien entiendo que se ofrece más que nada como nota al pie de una saga que es manifiestamente individual. Por último, subraya el hecho de que varias de las situaciones son inverosímiles, y apunta a una debilidad del guión. Es posible, y por ese motivo, entre otros, es que no estamos ante una película perfecta. Podría ocurrir, también, que la fuerza de las imágenes nos compromete de algún modo a creernos la historia, más allá de las debilidades del guión. Piensen ustedes en la saga de Hugh Glass y los peligros que sortea: la batalla inicial con los indios Arikara, el ya mencionado encuentro con el oso, la asfixia a la que lo somete Fitzgerald, la fuga por el río, la fuga del campamento de los colonos franceses, el episodio del desbarrancamiento del caballo y, finalmente, la lucha final con Fitgerald, incluyendo la zafada de que lo amasijen los Arikara cuando pasan junto a él. No sé si recuerdan la toma final de esta última escena: Hugh Glass mira hacia el vacío, dolorido, aterido de frío, con la cara rota, desgarrada, tajeada, amoratada. De golpe, se le aflojan las facciones, adquiere una mirada serena y entonces sus ojos se dirijen a la cámara hasta que la imagen se oscurece. La transformación final se ha producido. Está vacío, ya no tiene nada: es otro.

    Saludos a todos,
    Pancho Goin

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  8. Giuliana Nocelli
    27 febrero, 2016

    Muy buena tu apreciación Francisco. Principalmente, cuando señalas que esté bien que cada uno piense distinto acerca del film, porque somos seres distintos. Gracias por comentar.

    Saludos.

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Esta entrada fue publicada en 25 febrero, 2016 por en Crítica y etiquetada con , , , .

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