LA CUEVA DE CHAUVET

ARTE PRIMIGENIO DE IMAGEN EN MOVIMIENTO

LOS QUE BRILLAN POR SU AUSENCIA

<Por Pablo Osorio>

Oscars 2016 ByNBueno, la cosa arranca (aunque viene empezada desde hace por lo menos un rato antes), más o menos en las nominaciones, primero Ang Lee y Guillermo Del Toro presentan los nominados en esas categorías (perdón, no se ofenda nadie) que no le interesan ni a mi vieja; después, luego, minutos más tarde, John Krasinki (el alto de The Office) y una señora afroamericana (detalle importante a no olvidar), Cheryl Boone Isaacs, que da la casualidad que es la president Academy desde hace unos añitos, presentan las llamadas categorías principales (Mejor Actor y Actriz de reparto, Actor y Actriz Protagónico, Mejor Director y Mejor Película). Y al parecer nadie se dio cuenta minutos antes y la reacción no se hizo esperar ante semejante acción, pero no sólo no había ningún actor negro en las categorías principales sino que, también, eran todos blancos (blancos como la harina o como cocucha de la cara). La cosa no se terminó ahí, ya que se llamó a boicot, a no asistir a la ceremonia. Spike Lee a la cabeza a los que se sumaron Jada Pickett Smith y su marido Will, el taquillero; pero más peluda se puso la cosa cuando George Clooney y, al parecer, Mark Ruffalo (un nominado) se sumaron al boicot.

Así en cada nominación y premiación, la Academia (no Racing, a no confundir) debe sostener en su mano un cráneo y como un buen Hamlet debe decir y decirse “To be or not to be”. Ser o no ser políticamente correcta, ser o no ser más atenta a lo estético por sobre lo industrial (taquilla, costos, lobby), ser o no ser tan conservadora y ser o no ser más inclusiva. Esa es la cuestión. Tal vez haya que nombrar a los ausentes. ¿Quiénes debieron estar y no están? No hay demasiado de donde elegir o por nombrar, pero el que sin dudas debió ser nominado es Idris Elba por su papel de El Comandante en Beast of no nation. La actuación de Elba, soberbia desde lo físico y desde la dicción transmite, mejor dicho transporta, al espectador a la ambigüedad de querer y odiar, al mismo tiempo, a ese cruel comandante de un ejército de niños. Si uno lo piensa bien, por menos de la mitad de lo que hace este muchacho a Meryl Streep le dan un Oscar y la nominan a mejor fotografía. Con Elba, la Academia (no Rosario Central, a no confundir) es dos veces conservadora (si aceptamos la premisa de que la Academia es conservadora): primero, por el color de piel del actor y, segundo, porque su película es producida y exhibida por el portal Netflix. El segundo motivo de conservadurismo mostraría a los miembros de la Academia bastante retrógrados en comparación con sus primos pobres de los Emmy que multipremiaron a House of Cards. Después no hay demasiado más, alguien que podamos llamar un incuestionable, hay algunos que de haber sido nominados serían esos que dan cuenta de la naturaleza políticamente correcta de la Academy of Motion Picture Arts and Science (ese es el nombre completo de la muchachada). Está Will Smith por su papel del doctor Bennet Omalu en Concussion, o quizá O`Shea Jackson que interpreta a su padre Ice Cube en Straight Outta Compton; ambas actuaciones son normales, nada del otro mundo, digamos, leves. Muy lejos de lo que hizo Daniel Day Lewis en My left foot o Robert De Niro en Raging Bull, algo más cercano al desempeño de los nominados Matt Damon en The Martian o Sylvester Stallone por Creed. En el rubro directores sucede algo parecido, en el portal de la BBC se señala como ausente a Ryan Coogler, director de Creed. Acá le doy la razón a la Academia (no a Racing de Córdoba, desde luego); pensemos, que si le mezquinaron, justa o injustamente, nominaciones y premios a tipos de trayectorias superlativas como Hitchcock, Altman, Di Palma, Nolan o Wes Anderson, no iban a ser menos arbitrarios con Coogler que dirige una película típica sin sorpresas ni riesgos. Su nominación hubiera significado poner la corrección política por sobre los meritos artísticos y el ahorro de un boicot.

Tampoco hay que creer que en los Oscar todo funciona por amor al arte ni mucho menos. Demasiado dinero mueve el evento y demasiado expuesto está a la vista de todos para no ser, bajo su propia (y retorcida) lógica, hipócrita en cuanto a cierta maneras y fallos. ¿Recuerdan la ceremonia del año 2002? ¿Los premios de Halle Berry y Denzel Washington? Estados Unidos venia del 11 de septiembre y no hacía poco había empezado aquella presente guerra de Afganistán. La nación debía mostrarse tolerante y pum, oh casualidad, los dos actores afroamericanos ahora usan la repisa para otra cosa aparte que para apoyar las fotos familiares. A Washington ya se le debía un premio por su explosivo Malcolm X (figura polémica si las hay y quizá la mejor performance de toda la trayectoria del amigo Denzel). Digamos que era más fácil premiar a un personaje como el policía corrupto Alonso Harris de Entrenamient day que al emancipado contra Vietnam (aquella invasión yanqui del siglo pasado) Muhammad Ali que interpretó Will Smith y por el cual también fue nominado aquél año. El Oscar de Berry también muestra su hilacha; a pesar de su excelente actuación en Monster Ball hubo un resquemor por parte de la prensa en cuanto al fallo de la Academia, porque Berry le había ganado, nada más y nada menos, que a uno de los picos más altos de la carrera de Nicole Kidman. Sí sí, ella que la había descosido de la mano de Kubrick y la descosería de la mano de Lars Von Trier, llegaba a la ceremonia con el Globo de Oro bajo el brazo por su actuación en The Others y como favorita por su actuación de mujer orquesta (ya que cantaba, bailaba, seducía y hacia reír) en Moulin Rouge. Un pelilargo Russell Crowe entregó la estatuilla, pero quedó cierto sinsabor por parte de la prensa y la crítica porque no había ganado la favorita. A tal punto se sintió el reclamo, que al año siguiente compensan a Kidman con el premio a Mejor Actriz por su prótesis en la nariz y los trece minutos de Virginia Woolf en The Hours.

La Academy, la Academia, siempre parece compensar, tal vez el año que viene se juegue con sólo afroamericanos, latinos y asiáticos en sus nominaciones. Por lo pronto entre que Obama está en retirada y Donald Trump sumando votos, los Oscars están en boca de todos. Saturday Night Live hizo una parodia de la ceremonia y como ganador a la categoría a Mejor Actor  anunciaban a todos los actores blancos y todos los blancos subían al escenario a recibir el galardón. La antes mencionada Boone Isaacs afirmó en el programa Entertainment Tonight que la Academia está trabajando para que haya más inclusión. Laburo le queda. Ella, por ser quien es y por el cargo que desempeña, parece ser la garantía y la imagen de la demagogia de sus propias declaraciones, aunque hay que reconocer, que dentro de la Academia es apenas una mujer entre tantos hombres mayores de 70 años. No puedo dar prediciones para el domingo y, si podemos hacer una analogía entre la realidad estadounidense y el conflicto nominaciones-boicot, estaríamos afirmando que la vida no imita al arte sino más bien a las interminables ceremonias de premiación anuales de los domingos por la noche.

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Esta entrada fue publicada en 27 febrero, 2016 por en Crítica y etiquetada con , .

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