LA CUEVA DE CHAUVET

ARTE PRIMIGENIO DE IMAGEN EN MOVIMIENTO

HOLLYWOOD HABLANDO ¿DE HOLLYWOOD?

<Por Pablo Osorio>

Trumbo ByN– ¿En serio?

– Sí, te juro.

– ¿De verdad?

– ¡Que si! Mirá, vos podés mirar Trumbo (2015) como una tragedia: la tragedia de un tipo, un guionista buenísimo, Dalton Trumbo, en pleno macartismo va preso más que por pensar distinto por ser comunista, después sale libre y no consigue laburo pero gana dos Oscars que no puede aceptar porque está en una lista negra que no le permite firmar con su nombre los guiones que escribe. O lo podés ver como una comedia: a Trumbo le pasa lo que te dije pero le pone onda e ironía a la situación y te hace reír en el proceso. Ponele que no te reís, bueno aparece John Goodman que hace de un productor de películas berretísimas que a cambio de chirolas consigue los servicios primero de Trumbo y luego del resto de marginados, proscriptos, innombrables comunistas, miembros de la lista negra, Los Diez de Hollywood, hijos de sus buenísimas madres. Te digo Bryan Cranston la descose.

– ¿El de Malcolm in the middle?

– Si, el de Breaking Bad. Impecable como Trumbo. Merecida la nominación al Oscar. Ojo Helen Mirren también lo hace muy bien. Interpreta a una especie de “Chiqui” Legrand hollywoodense llamada Hedda Hopper, periodista, miembro satélite del Comité de Actividades Antiestadounidenses (HUAC), derechísima ala junto a John Wayne del conservadurismo y prejuicio anticomunista en el mundillo de los grandes estudios y la opinión pública. Igual si en un momento, cuando estás viendo la película, sentís que todo va a medias tintas, o que ciertos hechos graves están edulcorados o notablemente simplificados, no te preocupes, esa situación no cambia. Te pongo un ejemplo, la escena del juicio, que como muchas escenas de juicios, podría plantear el sinsentido de la acusación, de lo que el individuo es “ante la ley”, lo que llamamos kafkiano desde que tenemos las novelas de Kafka. Pero no, esa oportunidad se pierde. No hay rigor en ese juzgamiento como no hay tampoco rigor en el juicio que la película lleva a cabo contra Hollywood. Fijate no hacen mención al tema de Kazán.

– ¿Kazán? ¿Moria?

– No, bolu. Elia Kazán. Director de Un tranvía llamado deseo.

– ¡Stellaaaaaaaaa!

– Ese mismo. Kazán fue citado por la HUAC y mandó al frente a todo el mundo. Se ve, entonces, que la gente le gritaba “Ya no sos igual, ya no sos igual, sos un vigilante de la federal/ Sos botón, sos botón”. Y el tipo filma quizá su mejor película: Nido de ratas, un alegato artístico único a favor de ser un buchonazo, con Marlon Brando. Peliculón. A pesar de eso Kazán se convirtió en un paria. El tiempo después pasó y Martin Scorsese junto a los otros quías de los premios Oscar, se les ocurre darle un pequeño Oscar honorífico a Kazán. ¿Para qué? ¡Papelonazo! La mitad del público no lo aplaudió. No hay Kazán en Trumbo y poquitísimo de Mc Carthy; nada de otros perseguidos como Chaplin o Arthur Miller. Está bien es la película de Trumbo y de Los diez de Hollywood. Pero también poca sociedad estadounidense: un vecino o el tipo que le tira gaseosa a Trumbo en el cine. Sociedad convulsionada, en aquél entonces, por su anticomunismo…y no aparecen.

– ¿Y entonces?

– Y entonces, si el culpable no es Trumbo ni la sociedad y prácticamente se exonera a los buchones, los culpables son los de la HUAC, incluso uno de ellos va preso. Se lo encuentra a Trumbo en la prisión y le dice: “Mire estamos los dos presos” y Trumbo le dice: “Si, pero yo no cometí ningún delito”.

– Un genio.

– Quizá la película no se conduzca en la dicotomía inocentes/culpables, sino con la fórmula ganadores y perdedores. Los perdedores son Hedda Hopper y John Wayne, al que acusan de vende humo.

– ¿Al Duque?

– Sí, al Duque. Pero para ganar, para tener razón, no hay que alentar manifestaciones de los montajistas, ir a la guerra como corresponsal o denunciar judicialmente a los estudios que te dejaron sin trabajo. Para ganar, para estar en lo cierto, hay que hacerse de dos Oscar en la categoría Mejor Guion Original (por La Princesa que quería vivir y El Bravo); hay que laburar a lo pavote para John Goodman, Otto Preminger o Kirk Douglas esclavizando a tu familia; tenés que pelearte con tu mujer e ir a buscar a tu hija a sus mítines políticos: tenés que ser el típico héroe americano de la típica biopic. Pésima moraleja y destino para la historia de un comunista.

– Una vida en una película. Una película en una vida.

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Esta entrada fue publicada en 4 abril, 2016 por en Cine y Derechos humanos, Cine y Literatura, Sin categoría y etiquetada con , .

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