LA CUEVA DE CHAUVET

ARTE PRIMIGENIO DE IMAGEN EN MOVIMIENTO

HABLE CON ELLA: LA SOLEDAD, SUPONGO

<Por Jorge Pablo Assef>

Hable con ella es una historia sobre la amistad de dos hombres, sobre la soledad, y la larga convalecencia de las heridas provocadas por la pasión. Es también una película sobre la incomunicación de las parejas, y sobre la comunicación. Del silencio como “elocuencia del cuerpo”, del cine como vehículo ideal en las relaciones de las personas, de cómo el cine contado en palabras detiene el tiempo y se instala en las vidas de quien lo cuenta y lo escucha. Hable con ella es una película sobre la alegría de narrar y sobre la palabra como arma para huir de la soledad, la enfermedad, la muerte y la locura. También es una película sobre la locura, ese tipo de locura tan cercana a la ternura y al sentido común que no se diferencia de la normalidad.”                                                                                                                                                     

P. Almodóvar

Hable con ella ByNIntroducción

Almodóvar no deja de sorprender, los recursos narrativos que encuentra son cada vez más ricos, más inesperados… esta vez comienza una película con el telón que cerró la anterior; el telón se abre, y empieza otra historia, en otro lugar, en otro tiempo, pero hay algo que la une a la anterior y no solo lo marca el telón, lo marcan los personajes de Cecilia Roth y Marisa Paredes que aparecerán en el medio del film, el hotel donde los amantes del cine mudo se encuentran es “Youkali”, el mismo que aparece en Kika, las historias se anudan sin dudas, él mismo lo dice: “…nada ha cambiado. Los temas siguen siendo los mismos desde que el hombre existe, el placer, el dolor, la verdad, la libertad, el amor, la muerte… lo importante es que siempre hay modos nuevos de acercarse a estos temas”[1].

La película se estrenó en el 2002 y ganó 18 premios internacionales entre los que se incluye mejor película en Inglaterra, Francia, El premio Cesar, el Oscar al mejor guión original, Globo de Oro mejor película, Goya mejor película, etc… El film, es un lujo. Almodóvar siempre incluye en sus obras aquellos elementos que lo nutren como artista, desde Joaquín Cortes en “La flor de mi secreto” hasta Versacce en “Kika”, Almodóvar deja saber al público cuáles son sus gustos, qué recomendaría que lean (“Las horas”) o escuchen (Jobin), no es sólo generosidad para con sus pares, es un rasgo posmoderno que caracteriza al cine de autores contemporáneos, como Tarantino o Tim Burton, en cuanto hay un reciclaje de los clásicos como modo de homenaje a la historia del arte, y en particular a la del cine. El riesgo es que el producto final se transforme en un pastiche, pegoteado de homenajes y remakes, no es el caso de Hable con ella, donde tenemos a Geraldin Chapin hablando español, Pina Baush bailando “Botta Fogo”, Caetano Veloso cantando, y hasta una película muda adentro de la trama, sin que el eje narrativo se pierda o se confunda, a pesar que tanta variedad vuelve al film difícil de categorizar, el autor lo dice: “Sólo sé que no es un western”.

El clásico Almodóvar

Hable con ella es uno de los pocos films donde Almodóvar da tanto protagonismo a hombres heterosexuales (algo había aparecido en Matador o Carne trémula), si bien en otra película suya, La mala educación, casi no aparecen mujeres, a diferencia de este los hombres en cuestión son como en La ley del deseo homosexuales o travestis. No es casual, Almodóvar encuentra el máximo registro interpretativo en las mujeres, no sólo porque: “A lo largo de 14 largos reconozco que he encontrado mayor cantidad de buenas actrices que de buenos actores, sino porque no voy a negar que los chicos sufrimos y que la soledad nos pesa tanto como a una feminista, pero ¿a quién le interesa hoy día hacer una película sobre el tema? A mí, desde luego, no. Las chicas, esas sí que saben comportarse cuando su novio las planta. No conocen el pudor, ni el sentido del ridículo, ni esa cosa horrenda que antes se llamaba amor propio, sus reacciones están llenas de registros.

La mujer sabe que necesita del amor para seguir respirando y está dispuesta a defenderlo como sea, tirar a su rival por un precipicio, hacerse amiga de la amante para enterarse de los secretos de su marido, en esta eterna guerra todas las armas están permitidas… porque las mujeres en el fondo siempre saben”[2].

Sin embargo no podemos negar que el femenino de Almodóvar es un femenino particular. Justamente Almodóvar admite que cuando todos creían que el personaje que lo identificaba era el de Eusebio Pónsela en “La ley del deseo”, él siempre se sintió mucho más cerca de un clásico, Scarlett O´Hara en “Lo que el viento se llevó”: “… el personaje que me representa es Escarlata (…) un personaje masculino interpretado por una mujer (…) Scarlett no es una mujer, sino un labrador o mejor dicho, un símbolo…”[3].

De esto se trata en “el femenino Almodóvar”, mujeres locas, desenfrenadas, apasionadas, esa es su imagen femenina, la mujer le permite una variación de sensaciones que no consigue con los hombres, pero es que en realidad las mujeres para él tienen todos los registros, Almodóvar vuelve a “sus chicas” un puñado de yeso, del que puede extraer cualquier figura, porque en sí la mujer para él es un símbolo que lo condensa todo.

 “Tina Quintero, gracias a Carmen Maura, es el retrato femenino más completo que he hecho…”[4], dice, y lo notable es que Tina Quintero, es una transexual, es decir un hombre que fue padre y ahora es mujer. El retrato femenino almodovariano es eso, es Bibi Andersen, la famosa transexual española, es Rosi de Palma, una mujer con un rostro tan extraño que no deja de tener un signo andrógino, es Tina Quintero, una mujer-hombre, padre-madre, todo en una, una “toda”. De ese símbolo femenino Almodóvar extrae en cada una de sus películas la faceta que necesita retratar, la ingenuidad de Kika, la pasión de Pepa en “Mujeres al Borde”, el desenfreno de Cecilia Roth en “Laberintos de Pasión”, el dolor de Leo en “La Flor de mi secreto”. En “hable con ella” vemos una típica chica Almodóvar en Lydia, la torera, extremadamente femenina y masculina a la vez, como el mismo traje del torero: En Rosario (Flores) busqué la raza, un cuerpo atlético y a la vez femenino. Vestida con la taleguilla delatora, Rosario parece un torero de la estirpe de Manolete. Y embutida en un modelo de Dolce y Gabana es un cañón de mujer. El personaje de Lydia es un clásico femenino de Almodóvar: una mujer que es capaz de dejarse matar con tal de llamarle la atención al “Niño de Valencia” el hombre que la dejó: “lo que las mujeres desesperadas hacen por ganar la atención de un hombre”, pero que a su vez es frágil y temerosa, pues no puede ver una culebra. Una mujer desesperada de amor, fuerte y dulce, sensual y valiente pero tan fácil de quebrar.

En este film, podemos ver que ni dormidas Almodóvar deja a las mujeres en segundo plano, el personaje de Alicia, es la prueba, él dice: Watling está maravillosa interpretando a la bella durmiente de la Clínica “El Bosque”. Su cuerpo inmóvil es tan expresivo y tan emocionante! El que piense que simular un coma es cosa fácil, se equivoca. No basta con tirarse en una cama y cerrar los ojos. La piel reacciona al menor contacto, y los enfermeros no dejan de manipularla durante todo el día. Para conseguir el autocontrol que te permita desconectar con el mundo exterior, Leonor y Rosario recibieron clases de yoga Yyengar tres meses antes del rodaje. Yo las quería hundidas en el fondo de sí mismas, un fondo insondable, para lo cual tenían que estar muy relajadas. Aunque tenga escenas habladas y erguida, o con los ojos abiertos, la presencia de Leonor es más patente y poderosa cuanto mayor es su ausencia”.

Por otro lado Benigno lleva la voz del director en este punto, él sabe de las mujeres, no por haber tenido una relación amorosa con alguna, sino porque pasó toda la vida observándolas, intentando comprender el misterio que ellas encarnan, esto es lo que trata de enseñarle a Marco, y esto es lo que Almodóvar parece decirnos a sus espectadores.

Por otro lado, merece un capítulo aparte el fragmento de cine mudo, en ese pasaje el director se sirve de Amante menguante como un velo ante lo más polémico, lo más difícil de ver que tendría el film, la violación de Alicia: “la razón original (cuando estaba gestando el guión) era qué película muda me sirviera de tapadera. Para tapar lo que realmente está ocurriendo en la habitación de Alicia. No quiero mostrárselo al espectador, y me invento “Amante Menguante” para taparle los ojos. (…) Es una opción narrativa, y no precisamente sencilla, por eso estoy tan orgulloso del resultado….

Amante menguante sirve a su vez para representar el valor que el director le da al cine, lo fue para él mismo, pero es innegable el valor para la cultura actual, el cine es un espejo de la realidad, pero a su vez la construye, entramos al centro mismo de los debates intelectuales contemporáneos, Zizek, Benveniste, Bajtin, Badieu, Butler, etc… Almodóvar lo muestra, cómo es posible que el cine se vuelva el centro de las conversaciones, cómo un sujeto se puede identificar y construirse a partir del cine, cómo la realidad se construye a partir de la ficción, por la ficción, como una ficción. Esta idea está en cada película de Almodóvar. Su tesis es: “somos lo que hacemos y también las películas que vemos: “Para mí las películas que veo se convierten en parte de mi experiencia, y las utilizo como tal. No hay intención de homenajear a sus autores, ni de imitarles. Son elementos que se integran en el guión como parte de él. “Contar las películas” es algo que tiene que ver con mi biografía. Además de que con este pequeño fragmento mudo, me di un gusto personal…hacía muchos años que soñaba con la imagen del amante paseando por el cuerpo de su amada, como si fuera un paisaje. Y ya la tengo”.

El film está pleno de señales y signos:

  • Cómo el verdadero peligro está adentro, no es al toro a quien teme Lydia, sino a una inofensiva culebra, porque toca algo de sí misma, no por el valor real de ese animal.
  • El peso de la historia y los recuerdos de los que los sujetos pueden estar presos, lo vemos permanentemente en los personajes de Grandinetti y Flores.
  • La ironía de la posmodernidad: los curas violan a las monjas, porque no pueden hacerlo con las nativas a partir del HIV, “y yo que a los misioneros los tenia idolatrados”, “ya uno no puede fiarse ni de los misioneros”.
  • El misticismo pagano de las medallas de Lydia, que es Almodóvar mismo, sólo basta recordar cuando recibió el Oscar a mejor película la cantidad de vírgenes y santos a los que agradeció.
  • “Uno quiere ser especial hasta en lo peor” dice Miller, es lo que lleva al Niño de Valencia y a Marco a esa discusión narcisista en el hospital: “Fue mi culpa”, “No, fue mí culpa!!”. La pelea se trata de una reivindicación de la importancia que tiene cada uno frente al hecho, no importa la tragedia.
  • El planteo filosófico de la maestra de ballet: “de lo masculino emerge lo femenino”: eso se ve en Marco como en Benigno, ambos tienen esa ambigüedad en los personajes, de la “muerte emerge la vida” que es el planteo del despertar de Alicia.
  • Los pequeños detalles que desnudan las apariencias: la vulgaridad de la secretaria del psiquiatra, la brutalidad de la conductora de TV., “aquí no tenemos reclusos tenemos internos”, la frivolidad de la portera, oculta tras su aparente preocupación.
  • La ironía sobre los medios masivos tiene un hilo que recorre desde la nota televisiva de Lydia a la escena donde la portera se queja de los medios, y Marco asiente, son dos opiniones diferentes que coinciden en la queja. Lo que Almodóvar nos muestra es el horror del canibalismo mediático, pero la otra cara también, el vouyerismo del público que lo consume.
  • La fantasía casi universal: que el amor es hacer uno con el otro: como Alfredo cuando se queda a vivir dentro de Amparo, que justamente le da amparo, escena seguida por las dos burbujas rojas de una lámpara de aceite que en ese momento se unen y forman una.

Pero lo central del film, es el planteo del amor, el peso de la soledad y el valor de la palabra bien usada, creo que de eso se trata fundamentalmente este film de Almodóvar.

La soledad y la palabra

En La mala educación uno de los personajes es un director de cine que busca el tema de sus películas en los diarios, Hable con el ella es un film donde Almodóvar revela esa táctica como propia, revela que se basó en: Varios acontecimientos reales ocurridos en los últimos diez años, de los que yo iba tomando nota: 1: Una mujer americana despierta del coma después de dieciséis años. Según los médicos su estado era irreversible… 2. En Rumania, el joven guardián nocturno de una morgue se siente atraído por una joven fiambre. Como reacción al acoso amoroso, la muerta despierta a la vida… La joven padecía una enfermedad tipo catalepsia y su muerte era sólo aparente. (No fui el único que tomó nota del acontecimiento, en Francia se hizo hace dos años una película inspirada en esto.) A pesar de que la familia de la resucitada se mostró agradecida al violador no pudieron evitar que lo metieran en la cárcel. 3. En Nueva York una chica que lleva nueve años en coma queda embarazada (sin despertar del coma, no sé qué ocurrió al dar a luz). Todos estos acontecimientos, y el recuerdo de un amor, roto cuando aún estaba vivo, me inspiraron el guión de la “Hable con ella”.   

Aquí está el punto central, “el recuerdo de un amor roto cuando aún estaba vivo”, esa es la frase que Marco le dice a Lydia: “el amor es la cosa más triste del mundo cuando se acaba”, citando a Jobin, la película muestra cómo esos corazones rotos huyen, escriben, se emborrachan, se cobijan, se acompañan, se desencuentran, se olvidan. El tema central es ¿qué hacen los sujetos con la soledad?

Cuando Benigno llega al psiquiatra ante la pregunta de “¿qué le pasa?”, el único problema que puede definir es: “la soledad supongo”. Dice el director: “Marco (Darío Grandinetti) también les dice a las dos mujeres de la película en dos momentos muy distintos que está solo… en ambos casos, Benigno y Marco actúan sin melodramatismo, constatando simplemente un hecho… La soledad es algo en lo que coinciden todos los personajes de la película, también están solas Alicia y Lydia. Y Katerina, la maestra de baile. Y el padre de Alicia, aunque este es probable que después de un tiempo se líe con la recepcionista de su consulta. Y la enfermera que interpreta Mariola Fuentes, enamorada en silencio de su compañero Benigno. Y la portera. (…)”La soledad, supongo” es uno de los títulos posibles de esta película”.

Almodóvar vuelve a ser el representante de su tiempo, la soledad como uno de los males del siglo, es lo que constatamos en el consultorio, en los horóscopos que todos leen, en los libros de autoayuda, en la enorme cantidad de programas, revistas, series televisivas, canciones que hablan del tema, en los clubes de “solos y solas”, en las líneas telefónicas y sitios de Internet de encuentros amorosos o para buscar amigos. “La soledad supongo” es el problema del principio de siglo dice Almodóvar y ensaya una respuesta con esta película. Esa respuesta no es sólo la pareja, es la amistad (la amistad tiene un valor enorme en la trama, inclusive por momentos parece confundirse con el amor), también es lo que podríamos decir “el deseo”: el de escribir, el de bailar, el de torear, el de hacer cine en caso de él, es la posibilidad de que cada quien se conecte, se encuentre con su pasión, con lo que realmente ama hacer en su vida, lo que lo identifica, lo que le da un nombre propio. Pero además todo eso está articulado en lo que los analistas llamamos “lazo social”, la posibilidad de ESTAR con el otro.  Digo de “estar” con todo el valor que esto tiene, porque inclusive en el film vemos cómo es posible estar juntos y no poder sentir nada, ni saber nada el uno del otro, ese es el ejemplo que Benigno le da a Marco defendiendo su matrimonio con Alicia, “muchos matrimonios se llevan peor que nosotros”, una soledad compartida, cada uno en su mundo viviendo en la misma casa, algo de esto podemos ver en la relación entre Marco y Lydia, en tanto los dos heridos se unen para olvidar a otros, se acompañan pero cada uno carga con el fantasma del amor que el otro dejó, y trata de hacer algo con el fantasma propio. Esta es la peor de las soledades, el encuentro de que al lado de la cama, de la mesa, de la calle uno puede mirar al otro y sentirse tan solo…. Ese no es el milagro del encuentro en que cree Benigno. Este personaje entre tonto y peligroso lleva la voz de otra respuesta, su optimismo y su esperanza conmueven al punto de resultar estúpido por ingenuo. Él dedica la vida a Alicia, no sólo los cuidados de enfermería y belleza, su afición al cine mudo (que es el de ella) al ballet (que era la pasión de ella), Benigno intenta ser el cable que lleva el mundo a Alicia, y en esa ingenuidad casi boba le dice a la otra enfermera: “haces mal en no creer en los milagros porque los necesitas”, Benigno enseña el valor de creer y también el valor de la palabra como un milagro, se lo dice a Marco hasta el final, cuando se suicida: “ven a verme a donde me lleven, habla conmigo, no seas tan hermético”.

Es interesante, Almodóvar perdió la voz durante el rodaje, su analista sabrá por qué, lo interesante es que aún así él dice: …perdí la voz durante el rodaje y durante unas semanas al levantarme después del largo silencio nocturno, me hablaba en la cama o ante el espejo… “qué tal tengo la voz hoy?” me preguntaba. “Mucho mejor, si no la fuerzo tal vez llegue a la noche…” Siempre he creído en la palabra, incluso cuando te quedas sin voz… o sin interlocutor.

 Este es el gran mensaje del film, el valor de la palabra, y no me he olvidado de esa escena que le gusta tanto a las mujeres: –  “…hable con ella, cuéntele todo esto. – Me encantaría hacerlo, pero ella no me entiende. – Qué sabes tú? (…) El cerebro de las mujeres es un misterio, más aún en este estado.   Las mujeres, hay que ocuparse de ellas, hablarles, tener atenciones con ellas, acariciarlas, acordarse que existen y que las necesitamos, que dependemos de ellas”. Hay que darle toda la dimensión, pues no se trata sólo de palabras, se trata del plano simbólico en que se incluyen los actos, los gestos que hacen hablar a alguien y que hablan de alguien, eso es lo que veíamos con Bertolucci en Cautivos del amor, que tampoco se trata de hablar en el vacío, de hablar y hablar, sino de que la palabra tiene un peso propio por estar incluida en un simbólico particular si vehiculiza una verdad subjetiva que no es sólo bla-bla. Y Almodóvar lo sabe, por eso se ríe de la entrevista de TV, cuando Loles León quiere forzar a hablar a Lydia: “hablar de los problemas es el primer paso para superarlos”; viejo caballo de batalla de los talk show, vulgarización peligrosa del psicoanálisis, que es justamente el que nos enseña que no es lo mismo la palabra que el bla-bla vacío de la posmodernidad.

El film al final tiene dos mensajes claros: 1- “Alicia está viva, tú la despertaste”, los milagros existen y el amor puede conseguir un milagro (excluyo aquí cualquier análisis psicopatológico de Benigno, o juicio moral, en tanto estamos hablando de arte y no me gustaría bastardearlo con las categorías gnoseológicas habituales a nuestra profesión); No me refiero al amor en términos etéreos, el amor “cristiano”, no; el amor sostenido en el deseo, en un compromiso subjetivo que toma el ser del amante, ese que puede cambiar una vida, conseguir un milagro; 2- “- Algún día usted y yo deberíamos hablar, -y será más sencillo de lo que cree…”, hasta el final Almodóvar insiste: deberíamos hablar, para comprender lo que pasó, para no volver a equivocarnos, para recuperar la historia, para darle solidez al presente, para construir mejor el futuro, “deberíamos hablar” para no estar tan desolados en el mundo, tan alienados en nuestros fantasmas y pensamientos eternamente circulares, incluso tan lejos de nosotros mismos, para curar las heridas, para abrir nuevas puertas, para buscar nuevos milagros…

El Final: “Marco y Alicia”, la puerta queda abierta, “¿y ahora qué?” se pregunta el espectador; parece que Almodóvar nos dijera: …y ahora depende de ustedes, y ahora… ustedes… creen en los milagros??…

[1] Almodóvar, Pedro: “Patty Difusa” , pag. 149 Editorial Anagrama, Barcelona, 1998.

[2] Nota revista Caras edición 819 Volumen 4.

[3] Almodóvar, Pedro: “Patty Difusa” , pag. 130 Editorial Anagrama, Barcelona, 1998.

[4] Almodóvar, Pedro: “Patty Difusa” , pag. 126 Editorial Anagrama, Barcelona, 1998.

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Esta entrada fue publicada en 27 junio, 2016 por en Crítica y etiquetada con , , , .

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