LA CUEVA DE CHAUVET

ARTE PRIMIGENIO DE IMAGEN EN MOVIMIENTO

DOS MUNDOS PARA ANA Y UN MUNDO PROPIO PARA EL TEATRO

<Por Álvaro Fuentes>

Dos mundos para Ana ByNEl teatro ayuda a pensar el cine y viceversa. En 1913 Lukacs escribe en las páginas del Frankfurter Zeitung un ensayo sobre cine… y teatro. Quizás uno de los primeros escritos teóricos sobre el arte cinematográfico de la historia, que al mismo tiempo obliga a replantearse problemas de ontología de aquél otro arte, antiguo como la historia misma de Occidente, con la tragedia griega con su momento quizás más esplendoroso.

Cita en aquél célebre ensayo a un dramaturgo de su época que habría decretado la muerte del teatro a partir del nacimiento del cine. Las obras perfectas se harán eternas en la pantalla, parece que sostuvo, mientras la fugacidad de la representación arriba de las tablas condenará al teatro a su desaparición.

Lukacs niega este “hermoso sueño” bajo la premisa de que el teatro es presente vivo y por lo tanto un arte que registra mejor que ningún otro la lógica del destino. Porque para el teórico, ni el futuro ni el pasado encarnan al destino, serían algo así como abstracciones del pensamiento. Pero el presente es sentimiento trágico por excelencia. Es vida abierta a posibilidades contradictorias. Es mutación y cambio continuo.

La tercera producción del grupo teatral de La Plata Ciruelas, Dos mundos para Ana, tiene el mérito de conectarnos con el presente vivo del arte teatral. Se trata de una fábula imaginaria en que la protagonista, Ana, se encuentra frente al dilema de tener que crecer, madurar, enfrentarse al mundo de los adultos, que puede ser oscuro y peligroso, y por cierto muy distinto al reino de ludismo y felicidad en el que la había criado su padre.

En ese camino arduo, Ana desaparece de la tienda de antigüedades (o mercado de pulgas) donde su padre Aniceto la mantiene aislada. Pero no porque haya huído a algún lado sino porque se pierde en las profundidades de su propia imaginación atormentada. Al estilo de la ficción de Lewis Carrol, Ana va conociendo diversos personajes en una especie de bosque encantado. Aparecerán los distintos símbolos del mundo que le espera fuera de casa en los sucesivos personajes del bosque.

Otros pintorescos y extravagantes personajes aparecían ya en las escenas del mundo real, en la tienda de antigüedades de Aniceto, como el despreciable avaro del inicio, el lingüista o el relojero. Y ya en el bosque imaginario de Ana, serán el ejército de duendes revolucionarios, el joven sin memoria, las cabezas pensantes y, por último, como representación de la vileza del mundo, el hada-bruja, que sólo quiere manipular a Ana y atentar contra su deseo de volver a encontrar el hogar junto a su padre.

El teatro es, retomando las reflexiones de Lukacs, la presencia del destino trágico encarnada en la existencia viva y presente de los actores sobre el escenario. La obra del grupo Ciruelas expresa esta naturaleza del arte teatral mediante uno de sus mayores logros: el intenso trabajo de caracterización de los personajes. Cada uno de ellos luce una batería gestual propia, para dar vida al símbolo que representa (la palabra en el caso del linguista, el tiempo en el relojero o la revolución en los duendes).

Pero en esa construcción del mundo gestual de cada personaje, que por otra parte denota el prolongado tiempo de preparación de la obra, está guardado el mejor secreto de la teatralidad. Es en esa recreación gestual del personaje donde la vida respira arriba de las tablas. La entrada del avaro al mercado de pulgas, por ejemplo, con un jadeo convulso y retorcido, como exteriorización sintomática de su individualismo visceral. O poco antes de su llegada, cuando padre e hija se dejan llevar por una danza lúdica de imaginación y cuerpos liberados. En esos simples gestos de amor, en la complicidad de miradas o palabras, en fugaces cambios de expresión, es allí donde el actor pone en juego su arte a cada paso de la representación.

Para ir culminando, es un hecho a celebrar que dentro de la escena del teatro local exista un grupo como Ciruelas que se lanza a escribir historias propias, donde la imaginación tiene un papel preponderante, con mirada sensible y manteniendo siempre una línea estilística en sus producciones. Dos mundos para Ana está escrita y dirigida por Johanna Lezcano y tiene en la actuación a Soledad Oubiña, Omar Musa, Gustavo Delfino, María Eugenia Massaro, Alexis Palacios, Emilio Guevara, y en la escenografía a Maira Benito Revollo. Todos ellos forman parte de la compañía teatral.

El esfuerzo realizado por este colectivo tiene como saludable consecuencia que ya cuentan con el reconocimiento de los espectadores de teatro de la ciudad y hacen sus estrenos de la obra a sala repleta. Se dice que el circuito del cine se compone de tres patas: producción, exhibición y difusión (o crítica). El presente escrito pretende acompañar este caminar del teatro platense, a partir de apuestas como la del grupo Ciruelas.

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Esta entrada fue publicada el 1 julio, 2016 por en Sin categoría.

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