LA CUEVA DE CHAUVET

ARTE PRIMIGENIO DE IMAGEN EN MOVIMIENTO

LA BROMA REPETIDA

<Por Pablo Ceccarelli>

killing joke ByNAntes que nada, quiero dar una opinión personal. En la sala principal del Cinema Rocha he tenido las peores experiencias a la hora de ver un film en cines comerciales aquí en La Plata. En principio, hace años que no concurro al Cinema Ocho y el Cinema San Martín (supongo porque la mayoría de las copias dobladas deben destinarse a estas salas). El Cinema Paradiso es al que más veces he ido en los últimos tiempos, al estrenarse al mayoría de films que me interesan, aunque sus salas continuadas hacen que se filtre a veces el sonido de las otras (algo que era común en las funciones de las películas que ofrecía el Festifreak en su programación). Y el Cinema City me parece el que mejores condiciones de proyección y sonido tiene, por lo que lo elijo entre todas cuando deseo ver una película mainstream y comercial. Pero lo del Cinema Rocha es algo que me decepciona: las dos puertas de entrada están ubicadas de frente a los costados de la pantalla, filtrando la luz del pasillo e impidiendo que se obtenga la oscuridad necesaria para ver la proyección en condiciones óptimas (cosa que no ocurrió en las otras dos salas que posee este cine, además que el menor tamaño de la sala permitía un visionado más atento y envolvente, tanto en un re-estreno como el Halloween de John Carpenter, como un estreno comercial como Mad Max: furia en el camino de Frank Miller). Y esto me parece algo grave, casi un pecado a la hora del diseño de la sala, cuando en la mayoría las entradas se encuentran en la parte trasera (y las puertas o cortinas se cierran). Me ocurrió al ver una película en 3D, que justamente son las que necesitan más luz a la hora de proyectarse y por lo tanto tener garantizada la oscuridad necesaria. Me ocurrió con Interestelar de Christopher Nolan, donde lo proyectado parecía una transfer mal hecha del material fílmico con la que se filmó. Y ahora, ocurrió nuevamente con Batman: The killing joke (La broma mortal o La broma asesina traducida aquí en Argentina).

Claro que en esta ocasión no tenía opciones: era un evento especial a nivel mundial, donde se iba a proyectar por un solo día (se extendió a dos al final) la adaptación animada de la novela gráfica de 1988, escrita por Alan Moore e ilustrada por Brian Bolland, para luego estar disponible en versión descargable o DVD/BLURAY. Por lo que decidí acceder a pagar el alto costo de la entrada del cine comercial. Tal magnitud de estreno hacía prever que tal vez esta adaptación, una de las tantas películas que la división de animación de Warner venía realizando sobre Batman, tendría una dedicación especial en su realización o una versión distinta del comic, el cual está instalado en el canon de los críticos como una de las mejores publicaciones de Batman y del universo de la narrativa ilustrada. Sin embargo, lo que menos puedo decir es que el resultado en estos dos aspectos haya sido destacable. Y ni siquiera, como actualización o problematización de una obra de la década del 80 que trabajaba, además de varias temáticas, la violencia hacia la mujer.

La obra original, de tan sólo 45 páginas ilustradas narra el enfrentamiento entre Batman y el personaje del Guasón, quien escapa del manicomio Arkham sin dejar rastros. Este hiere a través del disparo de una pistola a Barbara Gordon, hija del comisionado y personaje que encarna en otras obras a Batichica, dejándola paralítica. Luego de esto, secuestra a su padre y lo obliga a adentrarse dentro de un parque de diversiones abandonado, exponiéndolo a una experiencia sádica al mostrarle fotografías de su hija desnuda y herida para trastornarlo y volverlo loco, mientras el personaje de Batman trata de encontrarlos para rescatar al comisionado y detener al villano. Al mismo tiempo, se muestra en forma de flashbacks un nuevo origen del Guasón. Este, un ex obrero devenido en comediante, luego de comprometerse con unos mafiosos para obtener dinero y poder mantener económicamente a su esposa embarazada, termina cayendo en un tanque de ácido de la fábrica que trabajaba al ser atacado por el hombre murciélago.

Debo decir que la novela gráfica, a pesar de todas sus alabanzas, al momento de leerla no me pareció de las mejores del hombre murciélago y de su autor (V de venganza y Watchmen me parecen muy superiores, incluso también el mismo Alan Moore en declaraciones no la considera una de sus mejores obras), pero sí me vi sorprendido por su trabajo de ilustración y diseño de personajes, la intensidad dramática de ciertos pasajes, el manejo rítmico de escenas a través de la fragmentación de las mismas en diversos cuadros y el color empleado en la re-edición publicada en 2008. Todos estos valores, desafortunadamente, no son bien trasladados en su adaptación animada, algo extraño proviniendo de sus responsables: el director, Sam Liu, que ya había dirigido la muy buena adaptación de Batman: Año uno de Frank Miller y la división de animación de Warner que había producido los muy notables Batman: Under the red Hood (Batman: bajo la capucha roja) y la adaptación de Batman: el regreso del caballero oscuro, también realizado por Frank Miller.

Muchas veces las comparaciones entre una obra original y su adaptación son problemáticas y muchas veces se valora la autonomía que pueda tener una transposición con respecto a su referente. Sin embargo, creo que aquí es necesario remarcar los puntos en que el film falla, no pudiendo conformarse como una película sólida y capaz de despegarse de su novela gráfica. El primer problema que se presenta es narrativo. Al no confiar en que las breves 45 páginas sirvan como material para poder construir la duración de un largometraje, el guionista Brian Azzarello decide incluir un largo prólogo de 30 minutos, donde se muestra al personaje de Barbara Gordon encarnando a Batichica, previo a los sucesos de la obra original. Iniciar con la frase “sé que no es así como pensaban que empezaría esta historia” ya es un guiño hacia los lectores de la novela gráfica. Aquí se narra la persecución por parte de Batman y su compañera de un criminal que se obsesiona con la heroína, lo que conlleva conflicto entre los miembros del equipo y termina develando una relación romántica y sexual entre estos dos que no estaba presente en la obra original. Esta parte es totalmente innecesaria y desconectada con el resto del film, tanto en tono como historia. En principio, porque no tiene mucho que ver con lo que sucede después. Llegue incluso a pensar que el plan del guionista era que el tal maleante Paris Franz, que empieza a acosar al personaje femenino, iba a ser el que efectivamente se convertiría en el guasón y justificaría el acto de tormento y violencia posterior hacia ella. Por lo que esta trama termina quedando como parte de otro film insertado forzosamente dentro de esta película para alargar la duración

Por otro lado, si las intenciones eran las de despegar al contenido del film de la misoginia presente en la obra original (provocadora de una autocrítica posterior de su autor por el trato que tiene Bárbara Gordon en la misma), lo que termina pasando es peor: se termina cargando al personaje de Batichica de elementos femeninos estereotipados, al borde de lo machista y patriarcal, como estar obsesionada con un hombre que es sobreprotector, disfrazándolo a partir de una historia sobre un “profesor de yoga”; afirmar que los actos de un delincuente que la acosa “no dejan de ser galantes”; que Batman le comente que ella se deja llevar por la “emoción” a diferencia de la frialdad de él. Sumado a chistes fuera de lugar, como el de su compañero bibliotecario, comentando irónicamente “y dicen que los homosexuales son complicados”, o que luego de una golpiza proporcionada por Batichica el criminal diga “debe ser esa época del mes”. Una serie de elementos lamentables que lo único que hacen es ir en detrimento de la construcción del personaje.

Aparte de esto, en el momento en que ella, luego de pelear con Batman, decide tener sexo con él, se opta porque la cámara panee hacia arriba en dirección a una estatua que funciona como testigo de esa acción. Esto es casi como un escape, una timidez o falta de compromiso de sus realizadores de retratar el acto sexual que ellos mismos decidieron introducir en una historia de animación que no lo necesitaba y por lo tanto esconderla. Lo cual indica también una problemática a nivel cinematográfico, en lo que se decide no mostrar. Y lo que se muestra, cómo se hace. Como en el momento en que Bárbara se encuentra trotando por el parque y la cámara decide realizar otro paneo, pero esta vez, para bordear el cuerpo escultural del personaje en ropa deportiva dibujado y luego hacer otro paneo inferior de ella estirando en la entrada de su hogar. Son elementos que refuerzan un mirada estereotipada y masculina de la mujer, similar a lo que ocurría, pero en otros términos, en La vie d’ Adele (La vida de Adele) de Abdellatif Kechiche, adaptación cinematográfica de la novela gráfica Le bleu est une couleur chaude (El azul es un color cálido) de Julie Maroh.

Como se dijo antes, toda esta primera parte lo que quiere hacer (y falla) es expandir y justificar narrativamente todo lo que sucede después, algo que la obra original nunca requería ni necesitaba. Batman no decide visitar Arkham porque ha sucedido un crimen, como lo de los cadáveres hallados en el film, que pueden estar relacionados con el Guasón. En el comic original, su visita no se explica. “Hola. Vine para hablar. He estado pensando últimamente acerca de ti y yo. Acerca de qué nos va a pasar al final. Nos vamos a matar, ¿Verdad?” son las primeras palabras que se dicen. La visita ocurre más por una necesidad casi existencial del hombre murciélago en encontrarse con su némesis, con la otra cara de la moneda a la que ambos pertenecen, e interrogarse sobre el destino que ambos tendrán irremediablemente.

A partir de esta parte, donde se retoma el sendero de la obra original, el film se encamina y se torna más interesante, casi olvidando por completo lo ocurrido anteriormente. Esto sin embargo es difícil de afirmar si es por los valores mismos de la película. O porque los momentos más logrados sean justamente los más fieles al comic original. Como la irrupción del guasón en la casa de Gordon. Aquí el ritmo de los planos, que muestran los terroríficos puntos brillantes dibujados en las sombras del rostro del villano, la pistola en plano detalle apoyándose en la cintura de Bárbara, la caída de ella en ralentí junto a la sangre derramándose en el aire y el impacto del personaje en la mesa de vidrio, la cámara en posición contrapicado mostrando la posición de poder del guasón y luego en picado mostrando su mano lentamente sacar el botón de la camisa de su víctima, generan el clima de suspenso y tensión por lo que tememos que va a ocurrir. O la escena anterior, donde Bruce Wayne en la baticueva por única vez se quita su máscara, desconcertado al ver en sus grandes monitores al Guasón (es interesante cómo en el film se incluyen imágenes que hacen referencia a la aparición del personaje en diversas obras gráficas, animadas y largometrajes), y preguntándose, sabiendo que en el fondo no conoce a su enemigo ni este tampoco a él, “¿Cómo dos personas se pueden odiar tanto sin conocerse?”.

No obstante, el diseño artístico de la novela gráfica The killing joke, el diseño de los personajes que reforzaba la locura y psicosis del Guasón, el uso de una ilustración que favorecía las sombras en los personajes para fortalecer su personalidad misteriosa y sombría, se pierde en su adaptación (con la excepción, como se mencionó antes, de la escena del ataque en el hogar de Gordon). Como también carece de una animación que pueda llegar a proporcionar una estética propia e impactante, teniendo en cuenta el referente del cual provenía, siendo esta bastante estandarizada. Ni siquiera los aspectos más “cinematográficos” del comic son aprovechados, como las transiciones de los flashbacks del origen del villano principal, montadas de forma que se respeten e interconecten la posición de los elementos en plano. Y también el final, cuando el Guasón cuenta su famoso chiste de los internos que escapan de un asilo de lunáticos y finalizan ambos riendo bajo la lluvia, no tiene el mismo impacto. Ese plano, donde Batman, en forma de silueta, como un demonio con cuernos, se ríe junto al otro personaje de forma diabólica sujetándolo, con unas luces en el fondo que parecerían ser las de unos vehículos, tiene una enorme carga estética y de sensaciones, sumadas a las interpretaciones que puedan surgir de lo que ocurra posteriormente. En el film esto se pierde. Ambos personajes quedan como un par de colegas, de compinches riéndose, sin ningún tipo de complejidad de lectura simbólica en esto. ¿Es posible que un cuadro de un comic tenga más potencial narrativo y cinematográfico que una secuencia de un film animado? Esta debe ser una de las mayores capacidades de Alan Moore y los ilustradores que han trabajado sus novelas gráficas. Y la razón tal vez de su rechazo al querer “prostituirse” y que aparezca su nombre en las películas basadas en sus obras para recibir compensaciones económicas. A diferencia del comediante convertido luego en el Guasón, él prefiere seguir contando sus propios chistes, por más que nadie se ría de ellos.

Es por todo esto que lo gracioso de la proyección en cines comerciales de esta adaptación, por un solo día, a nivel mundial y en la ciudad de La Plata, es que su función no fuera proyectar un film que reinterprete la obra original explotando los vastos recursos de la animación. Ni problematizar la temática de la misoginia y la violencia hacia las mujeres, presente fuertemente en los últimos años en nuestro país (y en todo el mundo) por los casos cada vez más expuestos de femicidios múltiples y las marchas de “Ni una menos”.

Sino que haya funcionado más como una campaña de promoción, para mantener la competencia frente a Marvel, para seguir fortaleciendo la presencia de hombre murciélago luego de Batman vs Superman de Zack Snyder y ante el futuro estreno Liga de la justicia. O también generar expectativa por la presencia del Guasón protagonizado por Jared Leto en Escuadrón suicida (del que se pasó su tráiler en la función). O también aprovechar el envión y el éxito de un film de superhéroes con calificación R como Deadpool, para comercializarlo mediante este elemento y que el espectador fuera a toda velocidad a comprar una entrada en la preventa disponible unos días previos antes que se acabaran.

Lo peor: que todo este gran fenómeno, este gran chiste, como afirma Batman en La broma mortal, “ya lo he escuchado antes. Y no fue gracioso la primera vez”. Ni la segunda. Ni la tercera. Ni todas las siguientes. A veces no basta con tener tan sólo “un mal día” para no caer repetidamente en la misma trampa. En la misma broma. ¿Se podrá alguna vez aprender la lección? ¿O somos simplemente locos, aportando y colaborando constantemente con aquel que estamos seguros que a mitad del oscuro camino a la libertad apagará su linterna?

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Esta entrada fue publicada en 2 agosto, 2016 por en Ensayo y etiquetada con , , , .

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