LA CUEVA DE CHAUVET

ARTE PRIMIGENIO DE IMAGEN EN MOVIMIENTO

MI HIJO ES UN CINÉFILO

<Por Gustavo Sposob>

Cinema paradiso ByNLas madres y los padres de los jugadores de fútbol consagrados suelen contar con nostalgia los primeros pasos del “niño” en el deporte, y destacan que desde que era re chiquito, “casi que aprendió a caminar con la pelota”. En otras ramas suele pasar lo mismo: el pintor o músico consagrado y la madre que recuerda esa primera infancia con la guitarra, o el pincel y los acrílicos.

No tengo idea cómo será con los actores, directores o productores de cine. No conozco a ninguno en profundidad, no vengo de ese palo. De hecho, casi que ni siquiera soy un amante del cine: no entiendo el llamado “cine de autor”, o como sea, y suelo consumir mucho más el cine yankee, pochoclero, que una buena película iraní que seguro las hay pero yo no las conozco. Tuve mi época de “cinéfilo”, cuando vivía solo a la vuelta de un video club, y me vi casi todas las de Tarantino, las de Amenábar, las de Alex de la Iglesia, algunas comedias francesas como El placard o Taxi, y hasta una “de autor” creo que de Afganistán, de un camello que lloraba o algo así. Este acercamiento al cine menos “comercial” si se quiere, es lo que suelo usar para hacerme el “cool” cuando hablo con uno que entiende del tema.

Igual, pido disculpas, no escribo esto para hablar de mí. Quiero hablar de mi hijo, que a pesar de tenerme a mí de padre, y a una madre tampoco tanto más “cinéfila” que yo, nos salió amante del cine. A pesar de que tiene sólo cinco años, desde que era casi un bebé ama mirar películas en la tele y en el cine. Imagino que muchos chicos suelen hacerlo, pero lo de él es especial, y eso quiero contar. No vaya a ser cosa que mañana sea un consagrado director de cine y yo me haya olvidado de sus comienzos cuando era apenas un niño.

La primera película que Iván vio en el cine fue la de Piñón Fijo. Él amaba a ese payaso medio atorrante que miraba todas las mañanas al despertar, y cuando salió la película la madre no dudó en llevarlo. Tenía poco más de un año, y aunque el film era cortito (pensado para chicos chiquitos como él), el comentario nuestro fue lo bien que se la había bancado, sin llorar, ni hablar, y casi sin pestañar, toda la proyección.

La primera película que vimos en familia fue unos meses después. El tristemente recordado 2 de abril de 2013. Fuimos a la función de las 14.00 a ver una enlatada yankee llamada The Croods, salimos pasadas las 15.00 y para las 16.00 que arrancó la tormenta, ya estábamos sequitos y tranquilos en casa. Ese día, Iván se durmió en la oscuridad (se había cortado la luz), hablando con sus 2 años y 4 meses, de lo mucho que le había gustado la película. Pasó una noche plácida, como casi todas las otras noches, y como casi ninguno en la ciudad ese día.

A partir de ese momento, comenzamos a comprarle películas en DVD a uno que las vendía truchas en la esquina de casa. Recuerdo perfectamente que la primera que compramos fue Río, con unos pajaritos azules y una música pegadiza que en ese momento vi tantas veces con él que me sabía los diálogos de memoria como los cinéfilos freakies se acuerdan los de Volver al Futuro o los de El Señor de los Anillos. La película terminaba, y él la quería ver otra vez. Después le compramos la de los Croods, que volvimos a ver hasta el cansancio, y Hotel Transilvanya y Frankenweenie. Con estas últimas dos teníamos miedo de que se asustara porque algunas partes eran “feas” para un niño de dos años, pero a él parecía no importarle, y cada vez que llegaba el final pedía ponerlas otra vez. La madre también lo acercó a algunos clásicos infantiles de Disney más de nuestra época: fue el momento en el que en la tele estaba casi siempre El Rey León, Timón y Pumba.

Luego siguieron todos los monstruos enlatados de la industria cinematográfica yankee que él amaba mirar: las Eras del Hielo, las Madagascar, las Monster Inc., las Toy Story, las Villano Favorito y sus Minions y las Cars y las Kung Fu Panda, que por alguna razón nunca le gustaron. Además, vimos también en el cine o comprada en el DVD trucho de la esquina, otras películas súper interesantes como Ralph el Demoledor, Bolt, Up, Turbo, Valiente, Cómo entrenar a tu dragón, Buscando a Nemo, y Metegol, que la quiso ir a ver al cine dos veces en una misma semana.

Por sus tíos nerds finalmente conoció, ya con tres años, a los superhéroes. Yo tengo que reconocer que durante mi infancia y adolescencia jamás había mirado una película de superhéroes. Así que, junto a él, comencé a conocer a Batman, Spiderman, Capitán América, Thor, Superman, Ironman, Hulk, los Guardianes de la Galaxia, y todos sus villanos a los que por supuesto él se comenzó a saber de memoria, y no podía creer que yo no los conociera, como Venom, Dr. Octopus, Lizard, el Guazón, el Duende Verde y otros sinvergüenzas.

Este fue el comienzo, también, de las películas “de personas”, y no de dibujitos. Y de las películas de más larga duración, ya no pensadas para niños pequeños sino también para adolescentes y adultos. Recuerdo perfectamente bien lo que me aburrí en el cine mirando El Capitán América Soldado del Invierno, que duraba casi tres horas en las que Iván no le sacó la vista a la pantalla grande. También fue el momento de películas como las Piratas del Caribe, las Alicia en el País de las Maravillas, Charly y la Fábrica de Chocolate, El Jóven manos de Tijera, Jumanji, las Una noche en el museo, etc.  Acababa de cumplir cuatro años y ya llevaba vistas no menos de 50 películas en el cine, para chicos algunas y para no tan chicos otras.

Entre los tres y los cuatro años, como la mayoría de los niños de su edad, conoció a los dinosaurios. Nunca fuimos a Tecnópolis, ni tampoco le llamó demasiado la atención una muestra que fuimos a ver al pasaje Dardo Rocha o al Museo de Ciencias Naturales. Lo que sí le encantó, por supuesto, fue ver a los dinosaurios en el cine. Vio algunas para chicos, como Caminando con dinosaurios o Un gran dinosaurio y todas las Jurassic Park, que no son para chicos pero que él vio muchas veces cada una en el DVD. Con la madre intentábamos “distraerlo” en las partes jodidas de las Jurassic Park, cuando el tiranosaurio rex se come a uno en el baño, o escenas similares, por lo que estábamos obligados a “fumarnos” cien veces cada película esperando los momentos que era necesario censurar por no ser aptos para un niño de tan sólo tres o cuatro años de edad.

Por último, y acá viene tal vez lo que más nos llama la atención de su cinefilia, es que se empezó a enganchar con películas para adolescentes, e incluso adultos, con historias complejas, personajes variados, pero que (será por la atención con las que las miraba) entendía casi siempre de qué se trataban. Por ejemplo: ama mirar las Terminators. ¿Convenimos que es una historia compleja, con idas y vueltas del presente al pasado, con personajes raros, y, al menos la Terminator I, con una estética de los ochentas menos atractiva que las actuales? Sin embargo Iván, cada vez que la mira, te hace algún comentario en relación al argumento que te deja helado de cómo pudo entenderlo de esa manera. En la Terminator II, la madre de Connor es la misma, pero John en esta aparece “nacido”, no en la panza. Sin embargo, él rápidamente entendió que ese John era el que querían matar cuando estaba en la panza de la madre en la I, y entiende que el John más grande de la Terminator III (que no es el mismo actor que en la II), es el mismo que en la anterior, pero más grande. Ni te digo en la Terminator Génesis, que ni yo la terminé de entender, y que fue el propio Iván el que me dijo que el bueno, que se pone malo, en realidad es bueno, pero que las partes que te muestran que es malo es de las otras películas (refiriéndose a Arnold Zwsarzenosecuanto)

En la actualidad, con cinco años y algunos meses, puede ir al cine a ver y disfrutar tanto La vida oculta de tus mascotas o Buscando a Dory, y matarse de risa toda la película, como Los cazafantasmas, o ver casi sin pestañar las tres horas de Batman vs Superman o Capitán América Civil War, que como Metegol también vio dos veces en el cine. Pero también se engancha con las historias de las películas para grandes “grandes”, me refiero a las grandes “aburridas” para nenes. En los últimos días vimos juntos 88 minutos de Al Pacino, y algunos capítulos de la serie Mujeres Asesinas.

No tengo idea si vos, que sos amante del cine, podés sentirte reconocido en esto que te cuento. O no. Tal vez Almodóvar o Woody Allen eran así de chicos. O no. Tal vez Iván en algún momento se aburra de mirar tanto cine. O no. Él dice que quiere “hacer películas”, no sabemos si como actor o como director. Tal vez algún día las haga. O no.

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Esta entrada fue publicada en 9 agosto, 2016 por en Ensayo y etiquetada con , , .

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