LA CUEVA DE CHAUVET

ARTE PRIMIGENIO DE IMAGEN EN MOVIMIENTO

FESTIVAL REC Nº7: VOCES PASADAS Y PRESENTES

<Por Pablo Ceccarelli>

rec 7 ByNSubestimado en La Plata. Sobreestimado en Argentina y Latinoamérica

El año pasado, luego de finalizada la 4ta edición del Festival de Pehuajó, estuve charlando con el organizador de un ciclo de películas pertenecientes a egresados de la UBA. Le comenté si conocía el Festival REC de La Plata, donde se fomentaban los trabajos de los estudiantes y egresados de las universidades públicas. Él me respondió exaltadamente: “Ah, sí, al REC lo conozco. Pero ya es vanguardia en la cuestión de mostrar trabajos de las universidades públicas”. Este comentario fue el que le dije a un integrante del equipo del festival luego de que, mientras conversábamos, él me dijera “sigo sosteniendo mi teoría de que el festival es subestimado en La Plata y sobreestimado en Argentina y Latinoamérica”. Se podría decir que esta frase tiene un poco que ver con las características en las que se ha desarrollado este Festival en la ciudad de La Plata, el cual acaba de finalizar su séptima edición hace unos días.

El REC, Festival de Cine de las Universidades Públicas, surge en el año 2010. Es el tercero de los seis festivales y/o muestras surgidas en la ciudad de La Plata (FestiFreak, FESAALP, Semana del Film Experimental, Otra Ventana y Espacio Queer) y el primero que se desarrolla en el año. El mismo surge con la intención de forjar una ventana para poder mostrar los trabajos audiovisuales realizados en la carrera. Con este objetivo se desarrolló durante cinco ediciones en el Teatro Argentino. Durante una semana, este lugar había adquirido una gran presencia como punto geográfico y arquitectónico, concentrando a todo el equipo organizativo, los voluntarios y el público que asistía. Poco a poco se fueron incorporando otros espacios, como el auditorio de la Sede Central de la Facultad de Bellas Artes, el Rectorado de la Universidad, el Planetario y el Salón de Actos de Seguros Rivadavia. A partir del año pasado, luego del cambio de gestión en el teatro y las consecuentes diferencias con ésta, el festival dejó de desarrollarse en este lugar, debiendo trasladar todo su cuerpo operativo a la Facultad de Bellas Artes. Esto conllevó, por un lado, poder asentarse mayormente dentro del espacio de la universidad. Sin embargo, se debieron buscar diversas salas de proyección nuevas, como el Colegio de Arquitectos y la Caja de Psicólogos, lo que provocó una diseminación por distintos puntos de la ciudad. Incluso muchas personas que no sabían de este cambio seguían anunciando que sus obras seleccionadas se iban a proyectar en el Teatro Argentino, lo que demostraba el fuerte arraigo que se había construido entre el festival y aquel espacio.

Por otra parte, lo que inicialmente fue una pequeña muestra de cortometrajes fue creciendo e incorporando nuevas secciones: muestras latinoamericanas, proyección de largometrajes, charlas con expertos, espacios de formación, retrospectivas y pre-estrenos especiales. Y, sobre todo, el año pasado la competencia de cortos se dividió en dos: competencia federal y competencia latinoamericana. En la primera compiten los cortometrajes de las universidades públicas del país. En la segunda, la participación de cortometrajes proviene de instituciones tanto públicas como privadas de la región latinoamericana. Esta incorporación no estuvo absuelta de algunos comentarios negativos por parte de espectadores, que cuestionaban la inclusión de facultades o escuelas de cine privadas. Esta decisión fue motivada, ya que prácticamente la totalidad de las universidades en el resto de Latinoamérica son aranceladas. De esta forma, se decidió poder abarcar ambos espectros para que las instituciones de otros países pudieran enviar sus obras de corta duración junto a las escuelas privadas del país, para conformar esta competencia, sin entregar un premio de valor monetario o material (a diferencia de la federal, donde sí se mantiene la entrega de una recompensa).

Recuerdo un debate en el que estuve presente, donde una compañera de la facultad criticaba al festival por la inclusión de esta sección y principalmente por premiar a La Donna de Nicolás Dolensky, proveniente de la FUC. Ella argumentaba que ese corto no era para nada “universitario”. Mi cuestionamiento hacia su posición era que, en principio, el ganador no lo dicta el festival sino el jurado, por lo que la crítica –a lo sumo– debería ir al criterio de ellos. Y, segundo, decir que un cortometraje es “poco universitario” habla de un prejuicio hacia estas producciones, casi proponiendo la existencia de un género: el “cortometraje universitario”.  Un tipo de obra que irremediablemente no puede aspirar a tener condiciones profesionales de realización, un guión elaborado o una estética desarrollada. Este prejuicio es algo que se encuentra presente en muchos espectadores pero, sobre todo, en diversos estudiantes de la facultad, que realizan sus trabajos en las cátedras con el desgano de no poder ir más allá del cumplimiento de una consigna o una materia (de lo que son igualmente responsables algunos docentes). Esto es algo que el REC, como también otros festivales con presencia de producciones de la facultad, tratan lentamente de revertir. La posibilidad de tener una ventana hacia fuera del ámbito académico es la vía para un mayor compromiso en la elaboración de las producciones.

Un río que atraviesa

Toda esta breve retrospectiva nos ubica en la séptima edición del festival. Un panorama completamente diferente al de los años anteriores. La universidad peleando contra el desfinanciamiento provocado por el gobierno de la alianza Cambiemos, el cambio de gestión en el INCAA, que ha dificultado los subsidios a los festivales de cine alrededor del país y el traspaso del mes del evento de junio a agosto. Aerosoles que pintan sobre las paredes de la calle el logotipo del festival, las palabras “Resistencia”, “Arte sí” y un proyector iluminando “REC Nº 7” se visualizan en el spot de este año. Este acto, registrando la vertiginosidad del arte callejero, es sin embargo algo recurrente en los rincones de la facultad, donde se observan por varios lados escritos, carteles y murales con distintos mensajes y consignas. Incluso se puede encontrar una “Cartelera de Artes Audiovisuales” que pintamos sobre la pared los propios estudiantes con el rostro de Raymundo Gleyzer, desaparecido hace 40 años durante la última dictadura militar.

Obviamente, todo análisis de un festival con una gran cantidad de actividades superpuestas no deja de ser parcial e incompleto. No obstante, hay ciertos tópicos que se presentan de forma continua en las inclusiones de la programación visionadas.

El año pasado ya se podía identificar una temática que atravesaba conceptualmente un grueso importante de las producciones y las charlas. El archivo y los soportes como constructores de la memoria histórica estaban presentes en Las enfermeras de Evita y El día que bombardearon Buenos Aires de Marcelo Goyeneche, Llamas de nitrato de Mirko Stopar, A vuelo de pajarito de Santiago García Isler –sobre el recientemente fallecido Rogelio García Lupo–, Soy mestizo de Adriana Sosa, la charla sobre material de archivo dictada en la clase de Teorías del audiovisual y el cierre con música en vivo de El hombre de la cámara de Dziga Vertov. Este año esa temática se amplía (desconozco si conscientemente o no). Y la memoria, además de mantenerse a través de los soportes, también se construye y sostiene en las expresiones populares como el fútbol, los movimientos políticos y, por supuesto, el arte. Las voces del pasado que permanecen haciendo eco en el presente, definiendo una identidad colectiva en común.

En primer lugar, la inauguración tuvo la presentación de los ganadores del premio “Néstor Pichila Fonseca” del concurso de proyectos documentales “Memoria y Militancia” lanzado el año pasado. Para el mismo se otorgó un material audiovisual realizado por estudiantes de la carrera entre los años 1972 y 1974, de forma tal de poder elaborar dos cortometrajes que trataran la temática mencionada. Los proyectos elaborados por los ganadores y ganadoras Gabriela Gagliardo y Alejandro Stábile, por un lado, y Mario Verón y Mariana Núñez, por el otro, a través del material como también a partir de voces en off, fotografías y registros del presente, recordaron al dirigente de ATULP Ernesto Semilla Ramírez, desaparecido en la última dictadura cívico militar y del Turco Achem y Carlos Miguel, dirigentes de la UNLP asesinados por la Triple A. Por otra parte, al igual que la sección “La Plata filma” del FESAALP, el REC incluyó una muestra de largometrajes de la ciudad en la selección denominada “Cine en diagonales”. Uno de estos, Ríos de la Patria Grande, tesis de grado de la Licenciatura en Comunicación Audiovisual de Joaquín Polo, aprobada una semana antes del festival, se presentó también en la inauguración. Uno de los puntos altos del certamen, la película es un homenaje al realizador Humberto Ríos y, al mismo tiempo, a todo el movimiento de Cine Latinoamericano. Estas tres obras poseen la característica de mantener latente la memoria de sus personajes tanto en las imágenes como a través de las voces relatadas por ellos mismos y por las generaciones posteriores. En una escena del film de Joaquín Polo, el hijo de Humberto comienza a leer una carta escrita por su padre. Mientras la lee, se realiza un travelling donde el lector se mueve como si estuviera flotando junto a la cámara. Como si al leer las palabras de Humberto estas no estuvieran sepultadas en un pasado estático, sino todo lo contrario: son frases que resuenan y se mantienen dinámicas e inspiradoras. Pero también más adelante en el film las palabras de Ríos son colectivizadas, siendo recitadas las “concepciones del documental” establecidas por el realizador fallecido por diversas personas en diferentes espacios en el presente.

El “Tríptico futbolero” es una sección incluida este año que retrata diversas miradas del fenómeno del fútbol. El documental observacional Los pibes de Jorge Leandro Colás muestra a cazadores de talentos de Boca Juniors rastreando jóvenes jugadores en diferentes barrios y ciudades del interior para incorporarse al club. La ficción entre la comedia y el drama Hijos nuestros de Juan Fernández Gebauer y Nicolás Suárez retrata a un ex-jugador de San Lorenzo, devenido en taxista solitario, que deposita todos sus esfuerzos en hacer entrar al hijo de una mujer que conoció recientemente en el club de sus amores. Y, finalmente, el documental Bosque profundo de Diego Galliani, otra tesis de grado de la carrera de Comunicación Audiovisual de la UNLP, aborda al club Gimnasia y Esgrima de La Plata, su institución, sus orígenes históricos, su ideología como club y su pertenencia espacial al bosque. Es curioso cómo en los tres films hay una presencia de lo religioso, sobre todo en los dos primeros. Pintadas del papa Francisco se pueden observar en los barrios que visitan los reclutadores y el taxista. Insólitamente, el mismo cura de estas localidades es el que hace el vínculo con el club Boca Juniors para poder presentarle a los pequeños jugadores y que mediante el fútbol puedan progresar y salir fuera de estos lugares. La iglesia en Hijos nuestros funciona también como lugar principal de una escena surrealista en la cual una comunión se convierte en una misa donde se recita el cántico de la hinchada de San Lorenzo con una bandera enorme de fondo. En Bosque profundo aparece también una cruz gigante donde los hinchas festejan colgándose de ella. Pero, al mismo tiempo, un hincha del club se define por ser “ateo socialista gimnasista”.

Las charlas y espacios de formación siempre han sido numerosos y muy interesantes a lo largo de los años en el festival. Especialistas de diferentes áreas son traídos a compartir sus experiencias en el ámbito, como también docentes de la facultad presentan a invitados para hablar sobre temas relacionados a la materia que dictan o exponen producciones realizadas en el marco de las mismas. Tanto las cátedras de Análisis y Crítica como las de Teorías del Audiovisual, ambas a cargo de Eduardo Russo, presentaron respectivamente la quinta edición de la revista académica de cine Arkadin, lanzada por la editorial de la UNLP Papel Cosido, y una charla sobre Súper 8 a cargo de Álvaro Vázquez Mantecón, proveniente de la UAM de México.

La temática del nuevo número de la publicación de cine es “Cine y sociedad de control: imagen, memoria y resistencia”. Sin embargo, las exposiciones que se dieron por parte de los autores estuvieron más enfocadas en el subtítulo de su editorial: La manipulación del sonido en tanto uso responsable y creativo de la tecnología sonora frente a la “falsa democratización” de los medios”, la “imagen-archivo” como el rescate de los “tiempos de oscuridad”, de la censura visual, una entrevista a María Guadalupe Ferrer Andrade (Directora General de la Filmoteca de la Universidad Nacional Autónoma de México), y la “Imagen-pobre” y los “condenados de la pantalla” como aquellas representaciones audiovisuales relegadas de los circuitos principales de exhibición. Y, finalmente, el archivo familiar y la dimensión íntima como una obra artística que funcione como objeto en común en la sociedad. Este último texto, a cargo de Catalina Sosa, es uno de los más interesantes ya que pertenece a una instalación llamada El intersticio en el espejo, que funcionó como su tesis de grado. Esta misma fue reelaborada para poder incluirse como texto de investigación en la revista en una sección nueva llamada “En construcción”, pensada para poder incluir trabajos realizados por alumnos de la carrera y también la posibilidad de incursionar en la elaboración de textos que sean parte de un camino de reflexión de la propia obra. Este puede ser un buen paso para que Arkadin se pueda expandir más allá de su núcleo académico a otras experiencias de investigación y crítica como las que realizamos dentro de La Cueva de Chauvet y Pulsión.

Por otra parte, la charla de Súper 8 se concentró en el análisis de artistas mexicanos y de otros países de Latinoamérica del periodo “histórico” conformado hasta la década del ochenta. Este espectro histórico fue establecido en contraposición a los artistas contemporáneos. Al final de la charla se dio un debate interesante entre el público y docentes de la cátedra. Discutían, por un lado, los que opinaban que la materialidad del fílmico tenía una cuota mayor de “realidad” en su imagen que el digital. Por el otro, estaban los que afirmaban que este es un formato al que podían acceder los que poseían un cierto nivel económico y que el digital permite una mayor facilidad del acceso a los dispositivos. Un debate complejo, donde también se deben  problematizar las posibilidades materiales de filmar, pero al mismo tiempo el riesgo de no poder preservar las obras ante lo efímero del formato digital.

La cátedra de Didáctica Especial y Práctica de la Enseñanza realiza desde hace varios años una muestra con las producciones audiovisuales que tanto los alumnos como integrantes de Organizaciones sociales, Instituciones educativas marginadas y Centros Cerrados realizaron junto a estudiantes que realizaban sus prácticas dentro de la materia. Desde un relato ficcional sobre un fantasma que baila a la noche en el colegio, un documental y una video-instalación sobre el bullying hasta un videoclip realizado por los integrantes del Instituto de detención de Menores Almafuerte. Estos son diferentes trabajos audiovisuales que demuestran la importancia que debe darse a la educación artística y audiovisual en el nivel primario y secundario, de forma tal de poder explotar la creatividad y poder abandonar los sistemas normativos instalados. Pero, sobre todo, como dijo uno de los profesores, poder darles “los medios de producción” es la vía para que estos puedan construir sus discursos y poder mostrar las distintas realidades desde sus propias miradas.

Ya era un clásico del festival proyectar una película muda con música en vivo a modo de cierre, hecho que había transcurrido en la Sala Ginastera del Teatro Argentino y el año pasado en el Coliseo Podestá. Este año, por los costos que implicaba la proyección y la partitura de una película muda clásica, se optó por finalizar este evento en el Auditorio de la Sede Fonseca de la Facultad de Bellas Artes con el film colectivo 40×40: memoria entre todos, con la orquesta de música popular de la Facultad de Bellas Artes. La propuesta fue la siguiente: a partir de cuarenta temáticas ligadas a los cuarenta años del último golpe militar en la Argentina, se abrió una convocatoria a realizadores para que eligieran una y presentaran un cortometraje de un máximo de cuarenta segundos para que formara parte del film. Esto dio como resultado una obra extraña y particular, con cortometrajes mejor logrados que otros y altibajos en la proyección. Los que mejor funcionan son los que pueden sintetizar con pocos elementos la temática elegida, como aquel en donde la palabra “Patria” en la arena es llevada por el agua para referirse al exilio, y los que toman un elemento del pasado para conectarlo con la situación de la actualidad, como la publicidad donde el dólar es el que salva a la economía y la presión al mercado. Había algunos fragmentos que extrañamente incluyeron música, la cual se superponía con la música de la orquesta. Y ni hablar de algunos espectadores que no tenían respeto por la proyección y la música en vivo, sonando sus celulares durante largo rato sin apagarlo e incluso hablando con este. Esto provocó que en un momento los músicos dejaran de tocar durante unos segundos como signo de su malestar.

De fenómenos y movimientos

No menos importante es comentar algo sobre la charla que brindamos entre La Cueva de Chauvet y Pulsión, titulada “El audiovisual platense”. Es un aspecto positivo que los organizadores del REC hayan aceptado la propuesta que le llevamos para presentar las revistas y hablar sobre el mapa audiovisual platense y los diferentes actores que participan en el mismo. Pero también porque nos interesaba participar de un festival organizado desde la universidad pública, el lugar del que provenimos, donde nos formamos y que genera desde la carrera de cine el principal puntapié para el desarrollo del audiovisual en la ciudad. En el interesante debate que se dio posterior a la charla surgieron opiniones que señalaban a la financiación y al público como el principal déficit que poseía el circuito local. Incluso en un momento se realizaron críticas por parte del público hacia la facultad por no gestionar instancias dentro de los planes de estudio sobre elaboración de proyectos o carpetas para presentar a concursos del INCAA y otros entes. Ante esto, hubo una intervención por parte de uno de los integrantes del REC diciendo que durante la semana se había desarrollado una charla sobre exhibición y difusión donde asistieron muy pocas personas. Que la facultad y el festival proporcionan espacios que no serán los ideales pero que tampoco se valoran del todo por parte de los estudiantes.

Se podría poner sobre la mesa un doble problema ligado a lo que dijo este compañero vinculado a parte de lo que desarrollamos en la charla. Por un lado, los espacios que se generan existen pero no son continuos ni sistematizados. ¿Qué quiere decir esto? Que una charla o un espacio de formación que ocurre durante una ocasión en un festival, por más importante y valiosa que sea, no va a solucionar una problemática de formación y desarrollo de proyectos continuo y sistematizado en el tiempo. Como tampoco una proyección de un film platense en un festival o en un ciclo una vez en el año va a solucionar el gran problema de la exhibición a largo plazo que permita a los realizadores obtener ingresos para seguir produciendo. Porque tampoco hay presente un público o un cuerpo estudiantil numeroso que esté interesado y motivado en asistir a estos momentos efímeros pero importantes, como tampoco valorar y participar de los debates o discusiones presentes en la actualidad.

También se podría argumentar que el festival, pese a todos los aspectos positivos mencionados, debe gestionar de mejor forma la comunicación y difusión de programación a través de la página web. Esta fue confusa y dificultosa para hallar las descripciones, horarios y lugares de las películas y las charlas, sumado a que la información se diseminaba entre este espacio y los diferentes eventos creados dentro de otro evento en Facebook. Si se me permite la analogía, es como si en vez de funcionar como un Teatro Argentino se optara por tener una variedad de salas virtuales donde ofrecer toda la data del festival. Es un elemento que debe atenderse para que no se pierdan en el total anonimato espacios de suma importancia como el que fue mencionado por el integrante del festival. Generaba estas mismas dificultades la ausencia de cronogramas en papel, por falta de presupuesto o tiempo para organizarlos, que pudieran informar de forma gráfica la superposición de los eventos. Siendo un festival organizado desde la Facultad de Bellas Artes sería fundamental la articulación con los departamentos o cátedras de Comunicación Visual y Multimedia, como se hizo en las primeras ediciones, para poder sortear estos detalles de difusión del certamen.

“El Estado debe hacerse cargo. Nosotros somos el Estado. La Universidad está dentro del Estado”, dijo Carlos Vallina al final de la charla. “El REC está dentro de la Universidad”, agregaría yo. Por lo tanto, es un espacio que hay que seguir habitando, valorando, construyendo y comprometiéndose con él. Las instituciones. El público. Las cátedras, que deberían participar todas cediendo sus espacios para permitir asistir al alumnado. Los voluntarios, que en cada edición se adhieren para colaborar durante la semana. La facultad, cediendo sus auditorios y las aulas para poder proyectar en ese mismo espacio. Y, finalmente, la misma organización del festival, que debe tratar de no ser un ente cerrado y hermético que mantiene su base fija mientras la estructura sigue creciendo año tras año. El REC debe ser un espacio que pueda articular las diversas expresiones, actores y voces heterogéneas de la ciudad, el país y la región latinoamericana. E interactuar con el resto de los festivales de la ciudad, de forma tal de poder fortalecerse entre todos, además de tener un espacio en común de encuentro, como este año lo va a ser la Sala Select del Pasaje Dardo Rocha.

¿Las respuestas a todos los interrogantes?

En el film Cómo funcionan casi todas las cosas de Fernando Salem aparece en un momento una máquina de karaoke. Cuando Celina, el personaje principal, la enciende, aparece una placa con una parte de la letra de una canción italiana que solía oír su madre. En el medio de la Sala Select donde se proyectaba, un par de espectadores que la conocían comenzaron tímidamente a cantarla, resonando en el espacio. Unos días después, en el Auditorio de Sede Fonseca, otra frase conocida empezó a sonar de la orquesta musical; una que también algunos espectadores comenzaron lentamente a cantar. Era esa que decía “El pueblo unido jamás será vencido”.

Aquí pueden hallarse, de forma simbólica, dos cosas: el verdadero potencial artístico, poético y político que puede llegar a tener el Festival REC dentro del país y la ciudad, y la mística y el compromiso del público en la construcción de un audiovisual platense.

El futuro dirá si todo esto termina siendo un simple fenómeno o un movimiento; una voz efímera o un grito al unísono.

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Esta entrada fue publicada en 2 septiembre, 2016 por en Cine y Derechos humanos, Sin categoría y etiquetada con , .

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