LA CUEVA DE CHAUVET

ARTE PRIMIGENIO DE IMAGEN EN MOVIMIENTO

PELUCAS Y TURBULENCIAS. SOBRE TONI ERDMANN, DE MAREN ADE

<Por Álvaro Bretal>

tony-erdman-bynEl tercer largometraje de la alemana Maren Ade arranca con una broma. No con una broma pesada, de esas tipo Jackass, sino con un chiste inocente, que juega con la confusión y la posibilidad de mutar en otro. El protagonista de Toni Erdmann se llama Winfried y le gusta, justamente, eso: jugar a ser otra persona. Las razones pueden ser varias, todas juntas y al mismo tiempo: para divertir a los demás, para escapar de la propia personalidad, para no desperdiciar el tiempo vital siendo siempre el mismo. Es un personaje sorprendente, que transmite calidez y, por momentos, incomoda. La película se sostiene en gran medida en su personaje, lo cual implica que divierte y perturba con la misma frecuencia.

Toni Erdmann fue una de las sorpresas de Cannes 2016, donde ganó el premio de la Federación Internacional de la Prensa Cinematográfica (FIPRESCI). Tras un debut prometedor (Los árboles no dejan ver el bosque, 2003) y un segundo film (Entre nosotros, 2009) que la terminó de consagrar como una de las grandes cineastas alemanas de su generación, Ade –directora y guionista– se despacha con un tercer opus excesivo, tanto en su duración (casi tres horas) como en sus ambiciones. No me refiero a una grandilocuencia estética (o, peor aún, “filosófica”) típica de mucho cine hollywoodense y no tanto, sino a una ambición de ritmo y estabilidad narrativa. Toni Erdmann es arriesgada. Ese riesgo la hace tambalearse con frecuencia y allí reside, justamente, gran parte de su atractivo.

Breve sinopsis: Winfried es un tipo de unos sesenta años, divorciado, jubilado y un poco desprolijo. El dinero no parece importarle mucho. No comparte el estilo de vida de su ex esposa y su marido actual. Ellos tienen plata, son simpáticos pero un poco apagados. A Winfried le gusta hacer bromas, jugar, pero no mucha gente de su entorno está dispuesta a reírse con él. Un día ocurren dos hechos importantes. Por un lado su hija, una empresaria treintañera que vive en Rumania, viaja de visita a Alemania por su cumpleaños. El encuentro entre Inès y su padre es breve y frío. Ella está de vacaciones, pero no puede abandonar sus compromisos laborales; el teléfono celular la tiene atrapada. El segundo hecho relevante es que, la misma noche del cumpleaños de su hija, el perro de Winfried muere. Cambios de aire: Winfried viaja a Rumania a pasar unos días con Inès. Es el puntapié inicial de un choque de mundos que, afortunadamente, trasciende por mucho a esa premisa remanida.

La estructura de Toni Erdmann se maneja en base a una doble lógica en su narración. En términos de ritmo, es una película que necesita generar grandes huecos para, cuando uno menos lo espera, estallar en sorpresa y comicidad. Por otra parte, esos huecos supuestamente muertos o menos interesantes parecen ir arrastrando a la película a la deriva. En más de una ocasión es difícil saber qué decisiones narrativas se están tomando: si Winfried va a seguir en escena o no, si el foco pasará a estar en Inès o si el drama consumirá a la comedia. Todo esto se termina resolviendo satisfactoriamente, a fuerza de encanto e imaginación. Una imaginación que se asienta, sobre todo, en las múltiples posibilidades que brindan Winfried y su Toni Erdmann, un personaje dentro del personaje que consiste, básicamente, en Winfried con peluca y dentadura postiza. Una especie de pariente lejano, querible e ingenioso del chabacano Licenciado Lambetain.

Al igual que en las películas anteriores de Ade, en Toni Erdmann tienen un peso importante ciertos interrogantes sobre el uso del tiempo y qué hacer con la propia vida. Cuando el espectador se sumerge en la vida de Inès, descubre que es un personaje en piloto automático, completamente entregado a la vida laboral, con pocas reflexiones –y muchas justificaciones– sobre las razones por las cuales hace lo que hace. Y ese hacer de Inès no es inocente: trabaja en una consultora que existe para justificar que empresas más grandes despidan empleados. No es sólo la vida puesta al servicio de una causa ajena y alienante, sino también la vida puesta al servicio de una causa irresponsable y de consecuencias nefastas. Inès tiene una relación sentimental con un compañero de trabajo y, por esas cosas de la vida de oficina, tienen que mantenerlo oculto. A nivel sexual, Inès está empezando a presentar problemas de goce y comunicatividad con su compañero. Nada parece estar saliendo muy bien. Incluso el mundo laboral, ese universo rector y demandante, también empieza a presentar inconvenientes. La mirada de la directora no es moralista, pero sí toma una posición clara: Inès tiene que empezar a hacerse preguntas.

La aparición de Winfried brinda el sacudón necesario. Un sacudón que no es, sin embargo, una serie de indicaciones sobre qué hacer y cómo actuar; básicamente porque él es, también, un personaje problemático. La irrupción en la vida de Inès incomoda a su entorno, al principio porque gran parte de su entorno es estrecho y aburrido (grandes empresarios y sus empleados trepadores) y, más adelante, porque Winfried –y Toni Erdmann, en un punto inseparable de su creador– empiezan a cobrar un carácter invasivo y pesadillesco en la vida de su hija. Como esas historias en las cuales el muñeco se independiza del ventrílocuo, Erdmann se va haciendo cada vez más presente. La vergüenza que siente Inès por este personaje estrafalario hace que en cierto punto deje de decir que se trata de su padre. Erdmann es una maldición en la vida rutinaria y estresante de Inès, lo cual genera situaciones cómicas y una tensión calma que deberá ser resuelta antes de que todo estalle. Por momentos, Inès parece la única capaz de resolver este conflicto; parece, digamos, la adulta responsable de la pareja. Cuando el film se distancia de Winfried/Erdmann y lo empezamos a ver como a un ser invasivo, molesto, imprevisible en su caos, la película pega un nuevo timonazo. Los personajes de Ade no merecen subestimación y en el caso de Winfried esto es más claro que nunca. En la ausencia de maniqueísmo reside uno de los grandes logros de la película.

Toni Erdmann, el film, es tan peculiar como Toni Erdmann, el personaje del personaje. A cada paso hay ideas refrescantes que alteran las expectativas de los espectadores. Las transiciones constantes de drama a comedia sugieren que ambos componentes son imprescindibles en la búsqueda de la felicidad –o algo parecido– que emprende Inès. La puesta en escena no se diferencia demasiado de la de otras películas de Ade. Eric Kohn, el crítico de IndieWire, habló de una “puesta en escena rudimentaria” (y, tal vez sólo por eso, la calificó con un B+ que desentona con las palabras laudatorias con que se despacha en la mayor parte de su crítica)[1]. Esta puesta en escena “rudimentaria” en realidad es bastante típica de cierto cine alemán contemporáneo: un trabajo estético que tiene como fin resaltar el desarrollo narrativo y la construcción de los personajes. Ade es consciente de que su puesta en escena aparentemente simple brinda el tono justo para que brillen las complejidades de la película, que son muchas y se ponen en juego en otros planos. Es menos sencillo de lo que parece. El uso de la cámara en mano es exacto y acotado; la iluminación apunta al naturalismo. No hace falta más. El quid de la cuestión está en el timing cómico, en ese navegar arriesgado entre el drama y la comedia, en la ausencia de temor al tedio y el exceso. Sobre todo, en los vericuetos delirantes que da para llegar a un final sensible y falsamente satisfactorio. Recordemos: Toni Erdmann es una película sobre el uso del tiempo y qué hacer con la propia vida. Los vericuetos van a seguir estando ahí. A Inès le toma segundos descubrir que disfrazándose de Toni Erdmann no va a encontrar respuestas. Cada uno, en definitiva, tiene que aprender a timonear sus propias turbulencias.

[1] http://www.indiewire.com/2016/05/cannes-review-toni-erdmann-has-the-funniest-nude-scene-of-all-time-but-its-not-a-comedy-290582/

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Información

Esta entrada fue publicada en 28 octubre, 2016 por en Crítica y etiquetada con , , .

SECCIONES

Introducí tu dirección de correo electrónico para seguir esta revista virtual y recibir las notificaciones de las nuevas publicaciones en tu buzón de correo electrónico.

EQUIPO DE TRABAJO

Director:
Álvaro Fuentes
Escribas:
Ezequiel Iván Duarte
Mariano Vázquez
Francisco Goin
Gustavo Provitina
Alejandro Noviski
Pablo Ceccarelli
Álvaro Bretal
Giuliana Nocelli
Juan Jorge Michel Fariña
Pablo Osorio
Morena Goñi

Redes sociales

A %d blogueros les gusta esto: