LA CUEVA DE CHAUVET

ARTE PRIMIGENIO DE IMAGEN EN MOVIMIENTO

HERMOSOS PERDEDORES O HASTA SIEMPRE, POETA

<Por Pablo Osorio>

western-bynEmpieza la década del 70 y las películas de cowboys eran desde hacía diez años un juego de europeos  por obra y gracia de ese fenómeno sesentoso llamado spaghetti western. Por  esos años, estos western a la europea empiezan a mostrar síntomas de estancamiento que desembocarían en They call me Trinity (1970): un western, sí; filmado en Italia y Alemania, sí; pero en clave de comedia con tortazos. El filme protagonizado por Terence Hill y Bud Spencer fue un exitazo. Mientras tanto en los Estados Unidos, un joven director llamado Robert Altman toma las riendas  (¿entienden? Riendas, western, caballos… ok, sigo) del género y filma Mc Cabe and Mrs. Miller, western que mira de frente todo el spaghetti y decide ser otra cosa. Protagonizada por Warren Beatty y Julie Christie, asistimos a la historia de John Mc Cabe (Beatty), un tahúr que instala un burdel en una zona minera de Kansas, y Constance Miller (Christie), prostituta y madama de aquel burdel. Así la primera diferencia entre la película de Altman y el spaghetti es de escenario, los desiertos españoles e italianos se trocan por el húmedo, montañoso, frío y nevado Kansas. Es difícil ver Mc Cabe and Mrs Miller como una película de pistoleros, he aquí otra diferencia, quizá porque no lo es, hay tiros al final, es verdad, pero lo interesante de la película, su núcleo y centro, es lo que sí y no pasa entre los personajes que dan nombre al filme. Estos dos comerciantes de cuerpos que parecen enamorarse en un tiempo y lugar en el que no puede existir el amor, que tienen para ofrecer justamente algo que no se compra y no se vende y por lo tanto no saben qué hacer con eso que sienten o peor aun no hacen nada. Ellos, Mc Cabe y Miller, ante la imposibilidad de llevar a puerto seguro sus sentimientos, recargan todo, miradas, silencios, luces, roces, sombra, el adentro, el afuera, los sonidos, incluso, el mismísimo dinero con una energía, llámese libido, llámese eros que perdura e inunda la atmósfera de una terrible melancolía. En ese sentido, este filme es más pariente de In Mood Love (2000) de Wong Kar Wai que de Unforgiven (1992) de Clint Eastwood. Y si en el filme de Wai el bolero “Quizá, quizá, quizá” servía como leit motiv del desencuentro entre los personajes, en el filme de Altman el soundtrack entero cumple esa esmerada función. He aquí la tercera diferencia con el spaghetti: la música.

Si el espectador del western estaba habituado a esas marchas cuasi marciales de trompeta en punta del cine de Ford o a las líneas orquestales de Ennio Morricone, para mí más de uno se cayó de culo al oír el soundtrack de Mc Cabe y Mrs. Miller, formado ya no por canciones folk sino por himnos inoxidables de la música escritos e interpretados por el recientemente fallecido Leonard Cohen. Los hoy clásicos, “The Stranger Song”, “Sister of Mercy”, “Winter lady”, en la película de Altman, unen con énfasis, la miseria de los personajes a la congoja del espectador. Es imposible, habiendo vivido mil vidas o recién saliendo del cascaron, escapar de esas sensaciones, no hay mejor trampa que los impecables primeros planos de pobreza de Altman junto a las notas arpegiadas y voz pausada de Cohen. Años después, el gesto de Altman sería imitado por Sam Peckinpah en su Pat Garret & Billy The Kid (1973), que incluye en sus filas a un inspiradísimo Bob Dylan con, nada más y nada menos, que ¡“Knocking on Heaven`s door”! como arsenal sonoro. Aunque la intención primera de cada filme es distinta, mientras Peckinpah cimenta su filme en los mitos del lejano oeste, Altman rehúye de los lugares comunes del género, esta idea, que si se quiere puede ser llamada desmitificadora se hará aun más explícita en el filme de Altman de 1976 Buffalo Bill and The Indians or Bull`s history Lesson.

Bueno eso, empecé a escribir esta nota luego de enterarme de la muerte de Leonard Cohen, ahora que la empiezo a terminar, me doy cuenta que no hubiera sido muy diferente si hubiera decidido escribirla en homenaje a Robert Altman (1925-2006). Para cerrar parafraseo de mala manera el discurso de Cohen cuando recibió el premio Príncipe de Asturias en el 2011: “La poesía viene de un lugar que nadie controla, que nadie conquista”, me encanta pensar que Altman y Cohen se han reencontrado ahí.

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Un comentario el “HERMOSOS PERDEDORES O HASTA SIEMPRE, POETA

  1. Ariel
    8 diciembre, 2016

    Muy bueno Pablo!

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Esta entrada fue publicada en 5 diciembre, 2016 por en Crítica y etiquetada con , , , .

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