LA CUEVA DE CHAUVET

ARTE PRIMIGENIO DE IMAGEN EN MOVIMIENTO

NO TAN NUEVO CINE DE TERROR ARGENTINO. A PROPÓSITO DE ATAÚD BLANCO

<Por Álvaro Fuentes>

ataud-blanco-bynVocación industrial

La película Ataúd blanco, de Daniel de la Vega, parece cerrar un círculo de producción cinematográfica. Formaliza un circuito de realizaciones que empezaron siendo independientes, y de a poco buscan insertarse en el ámbito comercial. Buscan llegar a un público más masivo.

Se considera a los hermanos García Bogliano importantes gestores del nuevo cine de terror en Argentina. Decir que su obra se enmarca únicamente en el cine independiente resulta insuficiente, aún cuando su ópera prima, Habitación para turistas (2004), se haya hecho sin presupuesto y sea una pieza mítica del género. No son únicamente cine independiente porque aspiraron a posicionarse en el circuito comercial, con obras como Sudor frío (2010) y Penumbra (2012). Las razones por las que no lograron este objetivo exceden este breve artículo, pero su sola existencia sin duda cimentó las bases de lo que hoy es un cine de terror con perspectiva industrial.

Por industrial no me refiero exclusivamente a la gran industria, la que llega a grandes masas de espectadores y mueve sumas millonarias. Me refiero a un cine que genera una circulación de dinero para sustentar su propio esquema de producción. Su alcance va a ser menos masivo, pero tendrá garantizado un mínimo de espectadores (los seguidores del género y los interesados en cine de terror en general) y una continuidad en el tiempo.

De la anterior película de Daniel de la Vega, Necrofobia (2014), a la recientemente estrenada Ataúd blanco, ha habido un gran progreso en términos de éxito comercial. La primera la vi en compañía de un grupo reducido de adolescentes (ellos y yo éramos los únicos en la sala) que habían acudido seguramente motivados por el título. Recuerdo que estaban bastante sorprendidos de lo que veían, principalmente por ser argentina la película. Este es un rasgo de este no tan nuevo cine de terror nacional: disputa con las armas del cine que se estrena en salas comerciales. Utiliza estrategias de captación del espectador común.

Ataúd blanco, segunda película de De la Vega estrenada en salas comerciales (porque hay que mencionar que el director ya había filmado películas en Estados Unidos), fue más efectiva que la primera: en la función a la que fui había cerca de cuarenta personas, con lo que estimo que esta segunda obra superó ampliamente la concurrencia lograda con Necrofobia. Muchos volvieron a acudir probablemente por el atractivo del título. Lo entendió rápidamente Hitchcock cuando viró su cine hacia el género policial, buscando explotar la curiosidad morbosa del gran público. También puede haber ayudado el hecho de que la actriz protagónica sea Julieta Cardinali, que había estado en Necrofobia también.

En Ataúd blanco se conjugan una serie de factores que dan como resultado un producto comercializable. Se juntan un director ingenioso y versátil con la cámara con dos buenos guionistas como son los ya mencionados hermanos García Bogliano. De alguna manera, las fuerzas de quienes participan hace más de diez años en el circuito de producción del género se mancomunan para obtener una piedra pulida. En Ataúd blanco hay director, guionistas y una incipiente productora como la que encabeza el también director Néstor Sánchez Sotelo: Del Toro films. Hay también buenos y reconocidos actores, y un equipo técnico que confiere calidad artística a la obra final.

Hacia una definición del género

A raíz del estreno de Ataúd blanco, volví a ver Necrofobia. Varias veces. Me recuerda bastante a otra película más reciente, Presagio (2015), de Matías Salinas, director que con su mencionada ópera prima se perfila como uno más entre los creativos del género. Ambas historias giran en torno al tema de la locura y se proponen un juego de ingenio con el espectador. Ofrecen infinidad de elementos que explican el desenlace de la trama antes de que este se produzca. Brevísimos momentos del diálogo que, imperceptibles a simple vista aunque operando en un nivel inconsciente, preanuncian lo que va a pasar. Incontables símbolos pueblan la narración, también trabajando en el nivel inconsciente, como los planos instantáneos de maniquíes en Necrofobia, con sutiles detalles de vestuario y maquillaje, haciendo referencia a personajes que no aparecen en escena pero que son evocados por la mente perturbada del protagonista. En ambas películas se recrea el espacio imaginario de una mente alucinada, sometiendo a la vez al espectador a un juego de interacción psicológica. Se ofrece un gran repertorio de piezas ocultas, que la mente del espectador descubre e intenta hacer encajar en el complejo mecanismo de relojería.

Ataúd blanco responde a otro tipo de narración, una especie de road movie frenética, aunque también enmarcada en el terror gótico como Necrofobia. Mientras esta última tenía lugar entre maniquíes de un vestuarista obsesivo (hay que recordar que se hizo en tecnología 3D para resaltar los efectos de profundidad de campo que producían estas figuras dentro del plano… y para atraer más espectadores curiosos), Ataúd blanco se desarrolla entre sectas religiosas y muertos que resucitan. En ambas la muerte está permanentemente presente, no solamente en la forma de asesinatos que se cometen, sino como condición de la existencia humana que genera miedos y fantasías acerca de ella.

Ataúd blanco se acerca a otra del género, de otro autor de la ya más consolidada corriente: Resurrección (2016) de Martín Calzada. En ambas los personajes vuelven de la muerte. Martín Calzada ya había hecho un policial sobrenatural: La plegaria del vidente. Enmarcar las obras de estos autores bajo la denominación de terror gótico es empequeñecer un fenómeno que presenta más matices y ramificaciones. Abordan el thriller, el slasher (asesinos en serie con armas blancas), el gótico y otras vertientes del terror. Más o menos conscientes, combinan tradiciones como el expresionismo o el giallo.

Hablar de giallo argentino podría resultar bastante adecuado, teniendo en cuenta que aquella corriente del cine italiano de los sesentas y setentas centraba su producción en el terror gótico y el policial de asesinos seriales. Al igual que en el giallo, este nuevo cine argentino de terror persigue el objetivo de instalar dicha cinematografía en el circuito comercial. También dota de paisajes locales sus historias, como el cementerio de la recoleta o una ciudad de la costa argentina, para mencionar solo dos ejemplos. Por último, ofrecen en sus propuestas lo que llamaría una integración total de los elementos técnicos de la obra: sonido, música, escenografía, fotografía, actuación, montaje, posproducción de imagen, etc. Todas las dimensiones creativas poseen un tratamiento estético, a su vez integrado a la propuesta general. En esto, recuerdan más al expresionismo, que como incipiente industria tenía técnicos para todas las fases de la producción y era el director quien orquestaba un criterio de unificación estética. Cierto barroquismo de la forma, por el detallismo y exceso de recursos, caracteriza a esta nueva camada de realizadores, a la que podría sumarse, entre otros, al director de Daemonium, Pablo Parés, aunque abordando subgéneros del terror más linderos al fantástico. La intención de este artículo fue delinear de modo general los rasgos elementales de una corriente ya consolidada en el cine argentino.

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Esta entrada fue publicada en 19 diciembre, 2016 por en Ensayo y etiquetada con , , , .

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