LA CUEVA DE CHAUVET

ARTE PRIMIGENIO DE IMAGEN EN MOVIMIENTO

ANDREI TARKOVSKI: EL VIAJE INTERIOR

<Por Gustavo Provitina

andrei_tarkovskyAndrei Tarkovski, al final de su vida, anota en su diario: la profundidad no se halla en el realismo de unos acontecimientos increíbles, sino en ir hacia el interior[1]…Esa frase afirma la propedéutica indispensable para ir hacia su cine. Ir hacia el interior  pedía Tarkovski. El verbo elegido -como bien lo ha marcado Ivonne Bordelois en su Eimología de las pasiones[2]–  proviene del latín ire cuya raíz etimológica indoeuropea no es otra que *ei derivada, a su vez,  de *eis que designa la energía ejercida impetuosamente en el movimiento por los pueblos primitivos para fundar(se). Ir hacia el interior parece, pues, definir el estro primigenio del cine del  maestro ruso pero también la complejidad que ofrece su obra en sociedades propensas a cultivar relaciones superficiales con el arte y, claro, con la vida. Pero ¿ir hacia el interior de qué?  Quien haya visto su filmografía conoce el rumbo de Tarkovski. Cada película es un movimiento que se propone ir hacia el interior del hombre, vadear el universo inacabable del espíritu, interrogar al ser sin caer en la vana tentación de pretender juzgarlo, remontarse al origen metafísico de su fe. El camino ofrece no pocas resistencias, bien lo sabe el traductor de Nostalgia que renuncia a hablar su propia lengua en el exilio italiano para no ahondar la tristeza de saberse arrancado de su tierra.

Ir hacia el interior se opone -en el concepto de Tarkovski- a un conjunto de acontecimientos increíbles dispuestos de un modo realista.

¿De dónde surge esta reflexión?

Esa entrada en su diario -fechada el 26 de Octubre de 1986-  daba cuenta del visionado que había hecho de El evangelio según San Mateo, la obra maestra de Pier Paolo Pasolini. Imaginemos a Tarkovski próximo a morir siguiendo el sendero de Cristo trazado por un director italiano que describió la impronta revolucionaria del Nazareno.

Pocos saben que Tarkovski, en los meses previos a su muerte, planeaba filmar El Gólgota, basándose en una minuciosa lectura de los libros sagrados. Ese proyecto acompañó los capítulos de su agonía detallados por escrito en Martirologio.  El autor de El sacrificio procuró ver en ese tiempo las películas que se habían ocupado del tema, entre ellas, las de Pasolini y Zefirelli, aunque considera de interés, como es lógico, la del escritor y cineasta boloñés.  Pasolini hizo revivir los acontecimientos, anota en su diario y añade: Tengo que crear la poesía de los acontecimientos. El mito. Con una profundidad enigmática. Con misterio[3]

Las palabras claves son: poesía, mito y profundidad  (el misterio es un resultado del equilibrio entre estos elementos).  Tarkovski insiste en la palabra profundidad y la afirma sobre dos pilares angélicos: la poesía y el mito, es decir la creación y la historia o, mejor dicho, una creación poética de la historia. Ya en Esculpir en el tiempo se aproxima a este concepto desde un ángulo práctico: el que un director posea un pensamiento profundo o no, es algo que se muestra en el motivo por el que hace una película. El cómo, el método, carece de importancia[4]Esta observación se abre en dos ramales: la calidad de las ideas, la profundidad del pensamiento de un director y  la teleología que fundamenta su vocación artística. Probablemente al expresar esta última salvedad pensara en su admirado Johann Sebastian Bach quien luego de componer cada una de sus obras la consagraba a la gloria de Dios y a la instrucción de quienes lo sucedieran en los rigores de la creación. El motivo -léase propósito- de una obra da cuenta de la profundidad con que fue concebida.  Refleja, en última instancia,  la calidad del pensamiento. Recordemos que Godard anteponía a la acción de filmar y montar la operación más delicada: pensar. El pensamiento estructura todas las capas que articularán la obra final. El acto de pensar que propone Tarkovski, sin embargo, no le hace perder de vista que el arte incide sobre todo en las emociones de una persona y no tanto en su razón… Y es allí donde la poiesis, en  tanto juego y arte de creación pero también forma particular del pensamiento, bifurca el sentido íntimo, profundo y comprometido del arte.

Tarkovski, como vemos, elevaba la reflexión sobre su arte a un terreno que nos recuerda la famosa carta de Hölderlin fechada en 1800:… se le ha dado al hombre el más peligroso de los bienes, el lenguaje, para que con él cree y destruya[5]La palabra lenguaje debe ser entendida en sentido amplio, no restringida al alambrado del habla o de la escritura literaria. El lenguaje pensado como un recurso humano para comunicar, en el mejor de los casos, aquello que lo trasciende.  El pensamiento poético de Tarkovski está alineado al concepto de poesía enfocado por Aristóteles, es decir, entendida como un proceso creativo.  Un proceso creativo finalmente dialéctico si entendemos al espectador como un participante crítico de la contemplación estética. Hölderlin advertía que en el lenguaje -como en el ser humano- hay dos fuerzas de signo contrario: una creativa y la otra destructiva. La historia de la humanidad está repleta de ejemplos concretos. Tarkovski aspiraba con su arte a emancipar al espectador de las fórmulas previsibles, letárgicas y conformistas del cine de masas. La clasificación de los artistas que propone en Esculpir en el tiempo es muy conocida, distingue entre  los que configuran su propio mundo y los que reproducen la realidad.

El modo en que Tarkovski configuró su mundo partió de un impulso humanista trascendental que coloca en el centro de su arte la angustia metafísica del ser. Ir hacia el interior es trascender lo evidente para expresar lo esencial. Revivir los acontecimientos no era el designio del maestro ruso sino crear la poesía de los acontecimientos que implica una distancia de la mirada totalmente opuesta. La observación se transforma en revelación. Ya no se trata de describir lo externo sino de ir hacia el interior, donde gravita la matriz espiritual del ser, y plasmar esa profunda sumersión con los recursos creativos de su arte.

Desde su muerte física -ocurrida en Paris hace exactamente tres décadas- las películas y los escritos de Andrei Tarkovski  se han vuelto un manantial de recursos estéticos y espirituales inestimables en una época signada por la alienación, la mediocridad, el desprecio por los valores humanos y la sumisión a estructuras mecánicas que vacían la subjetividad del hombre privándolo de la libertad esencial: la de comprometerse con los avatares de un pensamiento propio.

[1] Tarkovski, A.  Martirologio   Ediciones Sígueme,  Salamanca, 2011.

[2] Bordelois,I      Etimología de las pasiones, Libros del Zorzal, Buenos Aires, 2006-.

[3] Idem

[4] Tarkovski, A. Esculpir en el tiempo Rialp, Madrid, 2000.

[5] Heidegger Martín, Arte y poesía,  Fondo de Cultura Económica, México, 2008-.

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Un comentario el “ANDREI TARKOVSKI: EL VIAJE INTERIOR

  1. miguel
    26 enero, 2017

    Buñuel decia que el misterio es el elemento clave en toda obra de arte

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Esta entrada fue publicada en 29 diciembre, 2016 por en Ensayo y etiquetada con , , .

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