LA CUEVA DE CHAUVET

ARTE PRIMIGENIO DE IMAGEN EN MOVIMIENTO

EL CLAMOR DE LOS TAMBORES, A PROPÓSITO DE LA GRAN MURALLA

<Por Álvaro Fuentes>

hero-bynEl director chino Zhang Yimou siempre se regenera. Pasó de un cine más social con películas como Ni uno menos y Esposas y concubinas, a la superproducción épica en obras como Héroe y La casa de las dagas voladoras. Prosiguiendo en esta última línea de cine de grandes proporciones, estrena su última película, La gran muralla, pero con una leve variación temática: integra a la propuesta criaturas monstruosas.

Más allá del imponente muro (la famosa muralla china) que protege a una próspera civilización, un ejército de bestias sin piedad acecha con el objetivo de destruir todo vestigio de humanidad. Al igual que los humanos, las criaturas evolucionan y adquieren nuevos conocimientos del enemigo de batalla en batalla.

A pesar de ciertos problemas de guión, la película subyuga por su monumentalidad, atributo al que ya nos tiene acostumbrados su director. No tengo del todo claro si en otras obras ya lo había hecho, pero en La gran muralla la imagen está pensada para ser proyectada en 3D y tiene un tratamiento muy cuidado en ese sentido. Otro aspecto que habla de las mutaciones que signan la obra del director con el paso del tiempo.

Impresionan unos trampolines saliendo de la muralla, dispuestos para que de ellos se lancen unas ágiles guerreras, atadas para poder rebotar, y armadas de largas lanzas diseñadas para clavarse en los cuerpos de las bestias que embisten contra la fortaleza de piedra. La sensación de profundidad que generan esos trampolines, con el abismo a sus pies, se potencia con el efecto 3D. La ficción recrea el vértigo del protagonista cuando es invitado a probar la técnica de las acróbatas letales.

Esas mujeres voladoras, que constituyen una de las primeras líneas de choque en el combate contra las bestias, y cuyos frágiles cuerpos son despedazados cuando caen en las voraces mandíbulas de las hordas atacantes, expresan una idea diferente sobre el lugar de las mujeres en la sociedad. Esas mujeres son soldados de la civilización que se sacrifican en una guerra encarnizada. Sus cuerpos flexibles son aprovechados como arma sofisticada en la brutal contienda. Pienso que los discursos de género del cine norteamericano no tienen el mismo impacto cuando pretenden dar un mensaje de igualdad de los sexos.

Al hacer cine épico de China, Yimou erige una monumentalidad alternativa a la monumentalidad del cine norteamericano. Ofrece la cosmovisión de su país o, llevando más lejos la hipótesis, de todo el Oriente asiático. La magia de ciertas imágenes recuerda al animé japonés, haciendo difícil separar en sus rasgos esenciales esos dos cines (el chino y el japonés) que sin dudas abren mundos imaginarios completamente nuevos para la mentalidad occidental.

Podría sostenerse que el hecho de que Matt Damon tenga el papel protagónico, encarnando a un inglés en busca del secreto de la pólvora, haya hollywoodizado la película y le haya hecho perder parte de su identidad oriental, que se ve más claramente en sus películas actuadas y habladas íntegramente en chino. Es cierto que la estrategia del director es diferente en este caso. Busca integrar elementos culturales de Occidente, pero sin dejar de trabajar lo oriental. Cuenta una leyenda acerca de la muralla china intentando popularizar dentro y fuera de las fronteras propias ese mito. No me cerró demasiado el final tan edulcorado, rompe con el espíritu trágico de otras obras de Yimou como Héroe y La casa de las dagas voladoras.

Era Siegfried Kracauer quien en su ensayo de 1927 “El ornamento de la masa” afirmaba que las coreografías de las Tyller Guirls -número clásico de bailarinas danzando en coordinación perfecta del antiguo teatro de revista- expresaban el mecanicismo de una sociedad racionalmente organizada. Algo similar se percibe en el cine de Zhang Yimou. Las escenas de batalla son precedidas por orquestaciones de tambores antiguos, tocados sincrónicamente por un cuerpo de percusionistas-soldados, en una especie de culto a la organicidad de lo social. Su sonido produce una atmósfera vibrante, que prepara subjetivamente a la tropa para el combate, pero también sitúa al espectador frente al rito colectivo de una sociedad de escala superlativa. Lo mismo ocurre con cada aparición en escena del ejército, avanzando con paso marcial y por momentos coreográfico.

Una de las escenas más bellas de El gran muro es la ceremonia fúnebre del general principal de la tropa del Norte, encargada de la defensa de la muralla contra las bestias infernales. Una extraña melodía, acompañada de extraños instrumentos musicales, se expande como la brisa serena que empuja cientos de pequeños globos aerostáticos, iluminados por fuegos interiores. El cielo poblado de luces simboliza la trascendencia del alma y la continuidad del legado de los muertos en los vivos. La misión de defensa de la civilización debe continuar.

La gran muralla comparte con Héroe, la obra maestra del director, la utilización de masas humanas como trasfondo de la acción. En La gran muralla la masa está representada por el ejército que defiende la pared de piedra, con sus distintos destacamentos: arqueros, infantería, y demás brazos del ejército, cada uno con vestimenta de un color particular.

La masa en Héroe es expresada por los ejércitos del imperio chino pero también por los consejeros del emperador, que lo rodean vociferando al unísono que debe mandar a ejecutar al asesino. En Héroe la masa puede ser vista como una especie de coro de tragedia griega, que interactúa con la cabeza de estado clamando su voluntad.

La simetría y la armonía de colores en las escenas de masas humanas en el cine de Yimou recuerda las imágenes de una película documental como El triunfo de la voluntad de Leni Riefenstahl, y la vocación organicista del régimen nazi. Sería pertinente pensar cuál es el rasgo que une todas estas expresiones del cine y el arte que muestran, retomando la definición de Kracauer, la masa como ornamento. ¿Qué expresan en común aún cuando provienen de experiencias políticas y culturales tan disímiles? La ascensión de los imperios.

Las tres manifestaciones estéticas señaladas (Leni Riefenstahl, Tyller Girls y Zhang Yimou) corresponden a momentos históricos de pujanza económica, cultural y militar de sus respectivos países: Alemania de los años 40, Norteamérica de la primera mitad del siglo XX y China del siglo XXI). Esto no significa que en el director asiático haya una vocación autoritaria, como tal vez sí la había en el cine de la fotógrafa alemana, sino más bien cierto sentimiento de autoafirmación cultural.

Sería interesante pensar (lo dejo para analistas más exhaustivos) todo el sistema de valores que enuncia el cine oriental, así como el abanico de principios estéticos que lo guían. Sería productivo indagar en los lazos profundos que unen al cine con el espíritu de los pueblos que lo producen. Nuevamente Siegfried Kracauer merodea las ideas de este artículo, con otra de sus tesis más importantes en teoría de cine.

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Esta entrada fue publicada en 22 febrero, 2017 por en Estrenos y etiquetada con , .

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