LA CUEVA DE CHAUVET

ARTE PRIMIGENIO DE IMAGEN EN MOVIMIENTO

ES SÓLO EL FIN DEL MUNDO, O LA AGONÍA SIN PROPÓSITO

<Por Morena Goñi>

Pensaba comenzar esta nota siendo cordial o académica, pero no lo voy a hacer. Seré displicente. El sexto largometraje de Xavier Dolan, l’enfant terrible, es completamente inaguantable.

La terrible experiencia comenzó con la lamentable calidad de imagen que proyectaba el cine al que fui, pero esto no es culpa de Dolan sino de la marginalidad de la que son objeto las películas “independientes” (me urge la pregunta: ¿independientes de qué?) que pasan desapercibidas en las grandes cadenas de cine. Es sólo el fin del mundo se estrenó en una sola sala en toda la ciudad de Rosario, de cuya precariedad técnica fuimos víctimas todos los espectadores. Este fue el motivo por el cual mi queja a la salida devino en una entrada gratis, mas no fue el motivo por el cual la película se ganó el calificativo de “inaguantable”, como expuse más arriba.

La película se circunscribe a un ambiente de histeria que incomoda constantemente. En sí mismo esto no es un problema, porque sacar al espectador de su área de confort e incomodarlo suele ser meritorio. El problema es cuando esa incomodidad se vuelve el fin, y no el medio, para mostrar algo. Cuando el sustento de fondo es inexistente o tan precario que no llega a percibirse, tendremos a bien pensar que la película rebalsa de esnobismo.

Aquello que algunos describen como “drama familiar elegantísimo”, yo lo describo como una agonía sin propósito. He visto películas que me transmiten abulia durante su desarrollo pero que tienen un final catártico a tal punto que termino repensando todo desde el principio. Bueno, en este caso me pasó algo similar pero sin el final, sin la explosión. Estuve esperando que el final resignifique el tedio previo, pero eso nunca sucede. Es como si la expectativa se fuera acumulando durante 90 minutos sólo para terminar desinflada sin pena ni gloria. Ni siquiera los diálogos aportan a un contenido inteligente y, dado que el protagonista prácticamente no habla, salí del cine con una sensación de desidia absoluta. Me atrevo a decir que lo mejor de la película es el tráiler, ya que retrata un lugar bastante atractivo al que la película, por más esfuerzo que haga, nunca llega.

A pesar de estar basada en la obra de teatro de un tal Jean-Luc Lagarc, no deja de ser sospechosa la similitud que tiene con todas sus otras películas. Madre excéntrica, hijo homosexual, relaciones edípicas, figura paterna ausente, familias conflictivas, y ese largo etcétera que generalmente desbanda en una especie de autobiografía narcisista -fruto de quien ignora que el mundo transita más allá de sus cuatro paredes-. Eso sí, en este caso Dolan nos presenta un elenco completamente renovado dejando por primera vez de lado a alguno de los actores fetiches que se reiteraban a lo largo de sus películas. Los nombres generan gran interés: Marion Cotillard, Vincent Cassel, Léa Seydoux, aunque es inevitable sentir que están desaprovechados y que le quedan un poco grande a la película. Sin embargo se pueden decir cosas buenas: el hecho de que no actúe Dolan, como siempre hace, es un gran acierto.

Lo único que da respiro a la violencia verbal desmesurada son esos recursos pop-modernos que Dolan acostumbra usar. Cámaras lentas e imágenes casi oníricas acompañadas de la música más variada (desde música clásica hasta Grimes o Exótica) que nada tienen que ver con el desarrollo de la película. No sé a ustedes, pero eso a mí me gusta y creo que funciona.

A algunos les llama la atención y les sorprende que esta película haya recibido el premio del jurado de Cannes. Por un lado, no debería sorprender porque además de l’enfant terrible a Dolan se lo conoce como “el chico mimado de Cannes”, es decir, ha ganado varios premios en aquel festival a lo largo de su carrera. Por otro lado, tal vez sorprenda a quienes piensan en el jurado de Cannes como una entidad supra-humana depositaria de alguna sensibilidad extraordinaria, pero la realidad es que son personas de carne y hueso portadoras de una subjetividad que no necesariamente tiene que coincidir con la nuestra. De hecho, no coincide. Enhorabuena, estos gestos de insistir caprichosamente con una figura terminan visibilizando que el criterio de esa supuesta élite cinéfila no es ni más ni menos que el criterio de cualquier otra persona.

Finalmente voy a decir que, como seguidora de Dolan, y habiendo esperado tanto tiempo, me siento decepcionada. Pero con esto, y en función de lo dicho anteriormente, no pretendo ser determinante ni totalizadora, mi crítica no es más que una experiencia posible. Lo bueno del cine es que no hay un criterio único. Por eso les digo: este no es el fin del mundo. Tal vez haya tenido un mal día, tal vez a ustedes les guste. Por lo pronto, me quedaré esperando la próxima de Lars von Trier.

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Esta entrada fue publicada en 27 febrero, 2017 por en Estrenos y etiquetada con , .

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