LA CUEVA DE CHAUVET

ARTE PRIMIGENIO DE IMAGEN EN MOVIMIENTO

UN LARGO, TORTUOSO, DROGADO, ESCOCÉS, CAMINO A CASA: T2

<Por Pablo Osorio>

trainspoting2 ByNNo Terminator 2 (1991), la película que vimos todos, sino Trainspotting 2 (2017), la película que todos queríamos ver. La cosa se hizo esperar, y con razón, rara vez una película pega con semejante contundencia el golpe de gracia y se conecta a tal punto con su cultura como lo hizo Trainspotting (1996). Su trama, sus escenas icónicas, su banda sonora, sus diálogos y sus climas alternativos de comedia y drama, todo eso junto, dieron como resultado el mejor filme en toda la carrera de Danny Boyle. Y Danny Boyle lo sabía, así que decidió filmar todo lo que no se pareciera a Trainspotting: un bodriazo con unos ángeles, A Life Less Ordinary (1997); una de zombis, 28 Days Later (2002); una en una playa con el zombi de Di Caprio (nah, mentira lo re banco a Leo), The Beach (2000); un bildungsroman o novela de aprendizaje con hindúes en la India, Slumdog Millionare (2008), que arrasó con todos los premios que disputó; luego vinieron la que James Franco se corta el brazo en una cueva, 127 Hours (2010); la que Rosario Dawson hipnotiza al profesor Xavier joven para que robe un cuadro Trance (2013) y la de Jobs que vale la pena Steve Jobs (2015) (se mataron con el título). Algunas de las nombradas son buenas, otras no tanto, otras son excelentes pero ninguna mejor que Trainspotting, contra ese monstruo se las tenía que ver el bueno de Boyle.

Volver

El tango dice que 20 años es no nada y la película (Tango feroz. La leyenda de Tanguito) le respondía que al tipo le parecían nada porque se los había pasado en París. Pero 20 años en París, en Ámsterdam, en Edimburgo, en La Plata o en Ezpeleta son 20 años, es el tiempo que se tomó este doctor para enfrentar a su Frankenstein; el tiempo como aliado ayudando en el desgaste de las fortalezas y en la afirmación de las debilidades. El tiempo como tema. De eso se trata Trainspotting 2, del paso del tiempo; y para evidenciar eso, para cotejar “el cómo hemos envejecido” tenemos que compararnos con alguien que haya vivido con nosotros en el pasado, eso que hacemos al encontrar en la calle a un compañero de la secundaria, al espiar el perfil de Facebook de alguien que fue parte de nuestras vidas, o al preguntar a otro por la vida de tal, eso que a veces traducimos como nostalgia (que viene del griego Nostoi, que significa regresos. Los periplos de Odiseo regresando a Ítaca son un nostoi), eso en T2 empieza con Mark Renton (Ewan McGregor) llegando, Danny Boyle también ha llegado y nosotros mismos, a Edimburgo. Hemos bajado del tren, para subir a otro un poco más vertiginoso.

Pero Renton no es el único que emprende el regreso a casa, también Francis “Begbie” (Robert Carlyle) vuelve a casa y, a su modo, con la escritura, Spud (Ewen Bremner), vuelve al pasado. Los tres enfrentan lo que fueron y lo que son; en ese aspecto, por oposición, al no tener ese encuentro sincero con el ayer y con lo que emprende: el proyecto de burdel o de la posible trampa para Renton, Sick Boy (Jonny Lee Miller) es puro presente.

En busca del tiempo perdido que pasamos drogándonos

Ver al pasado nos obliga a varios movimientos de mirada: miramos lo que hemos sido en comparación con lo que somos; miramos lo que fuimos para corroborar los sueños que no logramos, o sea para ver lo que nunca seremos; y miramos lo que son los demás en comparación con lo que fueron. Estos movimientos o cuestiones la película los problematiza y resuelve a medias. Desde luego que los personajes no son los mismos que eran hace 20 años, desde lo físico, lo por menos, se evidencia en la especie de infarto de Renton, en la disfunción eréctil de Begbie y el cuerpo sin drogas de Spud; pero los dos primeros desean volver a ser lo que fueron sin importar la miseria, culpas y sufrimientos que vivieron en esa época. Entonces no cambiaron demasiado tampoco. Es llamativa, la idea de lo físico, ya que Sick Boy, que tiene un tatuaje nuevo y un poco más de entradas, pero también tiene el mismo color de pelo, la misma ropa elegante, él es el mismo, es el personaje del puro presente, pero porque su relación con el pasado es ininterrumpida, el que nunca ha cortado relación alguna con el ayer. También están los personajes que por no estar en relación al pasado, tienen futuro, son los personajes nuevos: el hijo de Begbie y Veronika, la prostituta húngara, ambos no entienden a nuestros héroes y a su vez son inentendibles para ellos, Begbie no entiende que su hijo quiera una carrera universitaria y Renton y Sick Boy no pueden descifrar o anticipar las últimas intenciones de Veronika.

Sick Boy es el mismo, pero Danny Boyle y nosotros no, Danny Boyle lo sabe, sabe que nosotros nos morimos por vivir lo que alguna vez sentimos por Trainspotting, ahí es donde la película la clava en el ángulo. Porque Boyle nos da lo que queremos, pero nos lo da cambiado, inflado con otra subjetividad, con otro tratamiento. Me explico, los momentos de evocación de los personajes coinciden con los momentos de evocación del espectador y se evocan escenas icónicas de T1, pero esas escenas, recuerdos, están mediados por algo como por la escritura de Spud, como cuando Begbie evoca el día que dejó caer un vaso de birra que reventó en la cabeza de una chica y luego se pelea con todo el bar. Begbie recuerda lo que dijo, lo actúa, está viviéndolo con nosotros. Lo mismo pasa cuando Renton y Sick Boy salen a robar, nosotros evocamos los absurdos crímenes de la primer película ¿pero acaso no era eso lo que Mark fue a buscar? Y nosotros estamos ahí, viviéndolo y Dannny Boyle nos llena de primerísimos primer planos cuando Renton improvisa una canción en contra de los católicos en el bar protestante para que todo sea a flor de piel o cuando, los mencionados, luego de drogarse están en un bar y se escucha (nos aturde) “Radio Gaga” de Queen como hace 20 años aturdió esa música house que se escuchaba la noche que Begbie y Mark salieron a festejar luego de que el primero, buscado por la policía, ganara apostando a los caballos. Ese es el triunfo de T2, no ser apenas una experiencia visual de lo cinematográfico, sino de más sentidos y sensaciones, los espectadores no miramos la película, sino que por momentos la somatizamos. ¡Puta madre, se gastan millonadas en hacer pelis 3D y el verdadero cine está en otro lado y sale muchísimo menos hacerlo! ¡A las pruebas me remito!

Perdón por el exabrupto, no se va volver a repetir. Escena final, Renton vuelve a la habitación de su infancia, a poner el tema con que comenzó todo (“Lust For Life” de Iggy Pop), el lugar es paradigmático en cuanto a paraísos memoriosos porque la escena inicial de En busca del tiempo perdido de Marcel Proust, es la habitación infantil, esa que deberíamos perder una vez que crecemos, pero en el universo Trainspotting, no es así, ahora se escucha el tren partir y a pesar de que el tramo del recorrido es en línea recta, tengo la idea que estos personajes viven en un universo en el que todo es cíclico, de modo fatal e inevitable, lo dado se vuelve a repetir modificado a penas, entonces la recta, sino a pesar de todo es una curva, Trainspottting ha cerrado su círculo.

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Esta entrada fue publicada en 13 marzo, 2017 por en Estrenos y etiquetada con , , .

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