LA CUEVA DE CHAUVET

ARTE PRIMIGENIO DE IMAGEN EN MOVIMIENTO

UNA MIRADA ETÍLICA SOBRE UN VIDEOCLIP

<Por Pablo Ceccarelli>

vlcsnap-2017-03-20-14h44m24s701 2Situación hipotética. Es verano. Hace 35 o 40 grados. Lugar: una casa, un bar, boliche, del tamaño y características que quieran. Reunión con amigos/as con alcohol, diluyéndose por la sangre y fermentando ante las altas temperaturas, afectando la cordura y la estabilidad. La música que suena es ese tipo de melodías electrónicas con ritmos bien marcados y bajos completamente elevados y saturados. Perfecta banda sonora también para aquellas trasnoches para terminar, individual o grupalmente, una entrega y estimular y motivar al cerebro para no quedarse dormido.

El término “tema del verano” está íntegramente relacionado con aquellos hits pegadizos que se repiten una y otra vez hasta generar un automatismo en su reproducción durante la mayoría de los días de la etapa veraniega. Pero también puede relacionarse muchas veces con el término “placer culposo”. Una denominación con cierto aroma cristiano, donde hay una especie de cargo de conciencia por sentir placer por algo que tanto el gusto artístico canónico como la propia persona asume como digno de rechazo y de bajo estatuto.

He aquí donde puedo ubicar las canciones de Calvin Harris, un DJ escocés dueño de un repertorio de canciones efectivas, con melodías y líricas interpretadas por cantantes conocidos de la escena pop, que hacen que los temas por lo menos tengan un aire de canción fácilmente tarareable. De todas formas, si se pone a analizar la base instrumental de sus temas, se puede uno dar cuenta que tiene una fórmula más que clara y establecida que la repite hasta el hartazgo.

Toda esta pequeña introducción que tiene poco de revelador introduce un poco el momento en que, en ese ambiente festivo y etílico, me pongo en contacto en una pantalla con el videoclip (género audiovisual generalmente bastardeado en los círculos académicos e intelectuales) del tema “This is what you came for” (https://youtu.be/kOkQ4T5WO9E) protagonizado por la cantante Rihanna. Lo que podría ser en primer término otro traspaso más de elementos sonoros y líricos a un producto audiovisual para generar más ganancias hacia una compañía discográfica por visionados en Youtube (recordemos que el MTV de la década del 80’ y 90’ ya está muerto), lentamente comienza a transformarse en una oleada de recursos que empiezan a despertar mi curiosidad.

El video comienza mostrando unas barras de colores de señal de video junto con los nombres del tema musical, el artista invitado y el director (un tal Emil Nava, que dirigió los anteriores videoclips del Calvin Harris), distorsionándose a la vez que suena el ajuste de señal. Corte a un plano general de un desierto, donde en el medio parece divisarse en soledad un cubo blanco con el sonido ambiente de la brisa sobre la arena. Se pasa a otro plano en el interior de lo que parece ser un gran galpón. Destellos de luces de colores sobreexponen la imagen para luego poder visibilizar el mismo objeto de la anterior escena, mientras suena un conjunto de sonidos graves de fuerte intensidad combinados con sonidos parecidos a cortocircuitos. Otro corte pasa a otro plano general similar en composición al primero, pero esta vez en un bosque con neblina, con sonido de pájaros y algo parecido a cigarras contrastando con el anterior momento.

Comienza a sonar lentamente la música. Rihanna aparece dentro del cubo blanco sola cantando las líneas de la canción: “Baby, this is what you came for. Lightning strikes every time she moves” (“Querido/a, esto es por lo que viniste. Relámpagos golpean cada vez que ella se mueve”). El cubo se vuelve rojo. Luego Azul. Pequeñas distorsiones en el cuerpo del personaje aparecen. Cambio de plano y un travelling se mueve lentamente hacia atrás mientras las paredes siguen cambiando de tonalidades. Es en ese momento que aparecen las líneas simplonas pero capaces de despertar un gran impacto: “And everybody’s watching her, But she’s looking at you” (“Y todos están viéndola a ella. Pero ella te está mirando a tí”). El cubo se oscurece en el preciso momento que la cantante mira a cámara, suena la palabra “tu” repetidamente y nuevos sonidos musicales se agregan. Debo decir que Rihanna nunca fue una mujer que me llame mucho la atención ni los papeles que hace en sus videoclips, bastante ligados a estereotipos femeninos sexuales machistas y a veces un tanto burdos. Y la mirada a cámara es una norma casi establecida del videoclip, donde el cantante observa a ella como si estuviera observando al público que la observa. Pero aquí la sensación es diferente.

La mirada es misteriosa, intrigante, como si esta estuviera descubriendo algo fuera de la diégesis. De repente una imagen aparece proyectada detrás de ella. Como si del famoso “efecto Hitchcock” se tratara, el fondo se mueve acercándose al personaje. Pero aquí no hay movimiento de cámara. O sí. En realidad, la proyección contiene dentro suyo un movimiento de travelling que hace parecer como si ese espacio, que se devela lentamente como una pista de baile, se acerque a nuestro personaje, que se da vuelta y camina hacia esa multitud. Se repiten nuevamente las líneas de la canción. Los relámpagos aparecen en formas de lasers y luces de discoteca. Y en un giro de videoclip, Rihanna camina hacia adelante, mirándonos atentamente, repitiendo nuevamente “pero ella te está mirando a ti” y la cámara mientras retrocede en un travelling hacia atrás devela el cubículo como un set dentro de otro set. Allí, se puede ver como los proyectores en el exterior dirigen su luz hacia las tres paredes restantes del cubículo, creando las imágenes que veíamos recién. Estos aparatos luego desarrollarán los espacios que vimos al principio: el bosque y el desierto, sumados a elementos físicos presentes en la escena, como hojas y nubes de arena, que vinculan el espacio fantasioso con el físico dentro de la escenografía. Incluso, se proyecta el mismo cubo en las paredes como un juego de espejos, derivando hacia el final en un éxtasis de dibujos de atardeceres, montañas, relámpagos, combinado con figuras abstractas, luminosas y coloridas digitales que se van desvaneciendo y deshaciéndose hasta la conclusión del tema musical. Pero lo que siempre se mantiene es el “you” resonando como un eco en el ambiente, el recorrido del personaje dentro y fuera del cubículo y sus ojos cautivantes observando a cámara

En ese mar de reflexiones bajo la influencia del alcohol, dos cosas se me vinieron a la mente en relación con el efecto que me estaba provocando esta pequeña pieza audiovisual. La primera de ellas se me presentó en forma de momentos que, entre pensamientos sueltos en la calle o largos trayectos por transporte, ha sucedido la instancia de observar a las personas a mi alrededor. Sus acciones. Sus pequeños detalles. Sus gestos. Sus interacciones con otros. Sintiéndome como un espectador de cine que, similar a lo que decía Christian Metz, observa desde la comodidad de su butaca una escena como si fuera un voyeur. Sin embargo, al llegar el momento en que estos se dan cuenta que son observados y sus miradas entran en contacto con la mía, hay una especie de quiebre de esta posición segura. De este aura de protección. Como si se tratara de la apertura de la jaula de un animal encerrado que viene a atacarnos. El instante en el que se devela la puesta en escena del cubículo en “This is what you came for”. Se rompe la cuarta pared. La mirada se posa entre nosotros, pero además, el cubo se devela como los límites de un encuadre, un estudio de cine, no elaborado con maquetas y decorados, sino por luz. La cuarta pared delantera en la dimensión horizontal se conjuga con la mirada de la cantante hacia nosotros para representar el quiebre de la guarida del artificio.

Pero también hay algo referido al deseo y a la atracción que genera el acto de observar y ser observado. Como en el videoclip (y en mi caso), frente a una multitud, una mujer, desconocida, entre miles, que es diferente. Que llama la atención, que seduce con su presencia y su brillo propio. Pero por sobre todas las cosas, por su mirada, que posa perdida en algún punto que definitivamente no coincide con el de uno. Y al mismo tiempo, un mar de miradas también puestas en ellas, deseosas. “Y todos la miran a ella”, en una declaración propia de un principio un tanto patriarcal, donde “ella” es ese objeto de deseo que debe ganarse como un trofeo. “Pero ella te está mirando a tí”. El momento del miedo, de la tensión, el desequilibrio, la inseguridad, la confusión. De repente, en un instante, la posibilidad de estar siendo elegido entre otras almas perdidas y errantes. Desear y ser deseado. Elegir y ser elegido. Observar y ser observado. Puede durar unas milésimas de segundos, ser un evento azaroso pero al mismo tiempo casi eterno. Una mirada a cámara, un dedo señalando, una voz que dice “tu”. Como si se tratara de aquella escena de Realmente amor (Love Actually) de Richard Curtis (otro posible placer culposo), donde el pequeño niño tocando la batería, ingenua pero completamente enamorado de la niña que canta frente suyo, sonríe afortunado en el momento que ella lo señala mientras dice “all I want for christmas is you” (“todo lo que quiero para navidad es a tí”). Aunque luego tenga que desilusionarse al ver que esta repite esa misma línea señalando a diversos sectores del escenario y el público, descubriendo que, finalmente, él no es el elegido.

De esta forma, hay que despertarse de ese periodo de tiempo ilusorio y soportar la resaca. Reconocer que casi a la mitad del videoclip aparece de la nada un auto último modelo, que debe salir unas cuantas millonadas, manejado en una parte por las rutas montañosas y luego estacionado con Calvin Harris en el interior mientras es impactado por una proyección de mapping de forma similar al cubo. Seguro la marca fue la que pagó el video, sino no me explico otra razón por la que aparezca esto, más que la tendencia de los videoclips de artistas musicales similares que se muestran orgullosos de alardear con su  universo lujoso, exuberante y plástico. Aunque también recordar que en realidad odio el verano, el calor y la playa y todo lo relacionado a la misma. Y que cada vez salgo menos y vuelvo más temprano a mi hogar.

Parecido a lo que ocurre en 500 días con ella (500 days of summer) (esta sí que no puedo considerarla un placer culposo), es necesario despedir el verano de una vez por todas y comenzar otra etapa, donde se pueda salir del cubo, de la burbuja ilusoria llena de proyecciones irreales y fantasiosas, y empezar a reflexionar sobre otras cosas más importantes y cercanas. Siempre quedará alguna borrachera en el año donde expresar delirios sin mucha relevancia para la sociedad.

Pero si hay algo importante que saber, es que la mirada que más nos tiene que atrapar e hipnotizar no está mediada por ninguna proyección ni por algún alma desconocida en una multitud. Sino que es aquella con la que nos encontramos todas las mañanas al despertarnos.

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Esta entrada fue publicada en 27 marzo, 2017 por en Cine y Comunicación, Sin categoría y etiquetada con .

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