LA CUEVA DE CHAUVET

ARTE PRIMIGENIO DE IMAGEN EN MOVIMIENTO

FAUSTO TAMBIÉN: LA SOCIALIZACIÓN DEL DISPOSITIVO

<Por Pablo Ceccarelli>

Nota publicada originalmente en Revista Pulsión Nº3

fausto también ByNEn los últimos meses, tomó relevancia el caso de un joven de 20 años que hizo la carrera de abogacía, de forma libre, en 2 meses y medio en la UNLP. Se lo adjudicó como un caso de voluntad y esfuerzo propio, se lo invitó a cenar a la mesa de Mirtha Legrand y el actual intendente de la ciudad de La Plata, Julio Garro, lo invitó a la municipalidad para felicitarlo e, incluso, decir que le iba a ofrecer un trabajo prontamente allí. Muchas críticas surgieron a raíz de este hecho, ya que el funcionario ponía de ejemplo a una persona con un contexto favorable, a nivel económico y familiar, para sortear la carrera en ese lapso de tiempo. En contraposición, hay miles de casos de estudiantes provenientes de otras ciudades que deben trabajar para mantenerse y recorrer largas distancias para poder cursar. Sumado esto a la situación de muchas carreras que cuentan en su plan de estudio con materias que exigen presencialidad obligatoria y no disponen de bandas horarias alternativas. Es imposible no pensar en la tan problemática “meritocracia”, puesta de moda en la actualidad. Se coloca como un ejemplo de vida, simplemente, a una excepción. Alguien que aprovechó sus condiciones favorables para realizar una carrera universitaria (hay que reconocer que, quizás, muchos que tienen estas mismas facilidades no las aprovechan).

No obstante, la verdadera crítica debe orientarse hacia otro lado: ¿Qué valor tiene recibirse en 2 años y medio de forma libre? ¿Es un aprendizaje de calidad hacerlo en ese tiempo, sumergido en la total individualidad, sin interactuar con otros compañeros? Parecería que lo que se premia no es la inteligencia, las capacidades o el uso del conocimiento, sino la eficacia y la efectividad. Ni hablar que cada vez es más usual, a través de medios de comunicación, la producción de notas que se dedican a deslegitimar a la universidad. Promueven que los títulos ya no tienen utilidad para desarrollarse laboralmente. Pero, sobre todo, se le critica su condición de no arancelada (el término gratuito me parece incorrecto) y el actual ingreso irrestricto, impuesto a partir de la modificación de la ley de educación superior a finales del año pasado (pero en riesgo de ser eliminada por un dictamen judicial). Estos son los mensajes que se cuelan lentamente, para construir un inconsciente en la población y para que se mire con desprecio la posibilidad de que miles de personas, a diferencia de otros países de la región, puedan transitar la educación superior.

Fausto también, dirigido por Juan Manuel Repetto, se para desde el lado opuesto al caso mencionado al principio. El film se centra en la vida de Fausto, que a los 3 años fue diagnosticado con autismo. A partir del esfuerzo de su familia y sus acompañantes terapéuticos, el joven pudo integrarse socialmente en el colegio, cursar clases de piano en el conservatorio de música (la banda sonora del film es de él mismo) y, en el 2014, decidir ingresar a la facultad de informática en la UNLP.

Aquí, la socialización es un punto clave en la formación educativa. La madre de Fausto comenta en una entrevista que cuando él tenía unos pocos años, los médicos le diagnosticaron autismo y le sugirieron que no se preocupara, “un chico y una mesa van a ser lo mismo para él”. Sin embargo, años después Fausto asistó al colegio industrial “Albert Thomas”. Incluso, al finalizar la escuela realizó el viaje de egresados con sus compañeros de grado. Además, cuando le consultan si quiere hacer el examen de ingreso en una clase común, con sus compañeros, o en una aula aparte, él se inclina por la primera opción. Lo destacable no es que una persona con autismo como Fausto pueda – y desee – transcurrir por el camino de la academia. Sino que lo quiera hacer para integrarse con otras personas. El conocimiento y las acciones son realizadas interactuando y articulando con otros sujetos. Fausto se vincula con sus compañeros y sus acompañantes terapéuticos. Las directivos de la Facultad trabajan en conjunto con los profesionales médicos para debatir e intercambiar opiniones sobre cómo afrontar la llegada del joven al ingreso. Su madre, abogada desde hace años, decide comenzar la carrera de psicología para poder comprender mejor la particularidad de su hijo. Y lo hace cursando junto a una adolescente que es amiga de él.

En la película, todos estos momentos son trabajados a partir de una puesta en cámara temblorosa y errática, que en un primer visionado puede ser molesta y desprolija pero que desde otra perspectiva se puede observar como una mirada cercana y espontánea a los sucesos (por su asociación formal con la cámara en mano). Incluso, en ciertos momentos, los camarógrafos llegan a aparecer en cámara y también se los escucha dialogar con Fausto. De esta forma, estos registros un tanto improvisados y desprolijos terminan generando, en varias situaciones, una proximidad con el joven. Logran mostrar, junto con entrevistas a sus familiares y a los profesionales que lo acompañan, su intimidad y cotidianeidad: cómo se comporta y lleva adelante su vida en el hogar y en las instituciones educativas; cómo fue todo su proceso para entrar en la facultad;  como habla todo el tiempo sobre su computadora y los componentes que desea obtener para mejorarla. También consigue crear una escena de una ternura incuestionable, que se aleja de cualquier golpe bajo, como en la que habla sobre su padre. Fausto muestra una foto de él en su celular, dice que son parecidos y que tienen la misma nariz. Luego comenta que “falleció porque fumaba mucho”. Y por eso él tiene entre sus estantes un cartel de “prohibido fumar”, cerca de una foto en la que están los dos abrazados.

Otro momento del film que permite divisar la proximidad de la cámara es cuando Fausto junto a su acompañante charlan con Ivana Harari, de Dirección de Accesibilidad de la Facultad de Informática, en dos planos de larga duración. Fausto habla, como es usual, de su computadora. Comenta cómo cambió el sistema operativo y le agregó memoria Ram. Cuando Ivana le empieza a contar sobre la facultad y la nueva carrera que abrió, que combina informática e ingeniería, la cámara se queda con el joven escuchando. Muestra los gestos de incomodidad. Su mirada se concentra en otros puntos del lugar y en un momento se hace un paneo hacia abajo para mostrar sus manos rascando de forma nerviosa el brazo, mientras se escucha a la mujer en fuera de campo.

Para ir concluyendo, todos estos ejemplos de la película permiten pensar, en primer lugar, la política institucional que la Universidad Pública y no-arancelada debe tener: la socialización del conocimiento. La educación superior, gestionada estatalmente, no debe encargarse de la formación rápida de sujetos efectivos e individuales para que funcionen de manera eficaz en un puesto de trabajo determinado. Debe poder formar egresados que sean conscientes del contexto social donde se encuentran. De que el conocimiento pueda ser procesado a través del intercambio con los pares y que sea utilizado como posibilidad de trabajo para toda la sociedad y no solo para algunos elegidos.

Pero también debe garantizar que el acceso de las personas sea equitativo. Una placa al final del film menciona que a Fausto le fue permitido continuar la carrera de Informática a pesar de haber desaprobado el examen de ingreso. Esta opción, que por un lado fue positiva, no pudo estar para muchos otros que no aprobaron. Diferente al ingreso de la carrera de Diseño Multimedial en la Facultad de Bellas Artes, en la que Fausto decidió estudiar un tiempo después, donde el ingreso es irrestricto y de carácter nivelatorio. Ni hablar también que las condiciones edilicias deben ser aptas para la circulación de personas con discapacidades motrices (cosa que muchas veces no son cumplidas). Deudas que también se deben solventar en la educación primaria y secundaria, dueñas de los peores castigos presupuestarios por parte del Estado, como también de las tradiciones educativas más normativas aún vigentes (incluso a veces en la propia Universidad).

En segundo lugar, estos fragmentos del film nos hacen pensar en cómo los realizadores podemos hacer que nuestra cámara funcione como un acompañante terapéutico. Lograr una mirada cercana y compañera, capaz de hallar los detalles más inusuales y las complejidades más delicadas. Pero también hacer que dialogue e interactue junto a otros. Pensar “¿a quién filmamos?” y también “¿para quién filmamos?” puede lograr que construyamos una doble política audiovisual del conocimiento: un dispositivo socializador, como también una socialización del dispositivo.

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Esta entrada fue publicada en 18 abril, 2017 por en Cine y Derechos humanos, Sin categoría y etiquetada con , , .

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