LA CUEVA DE CHAUVET

ARTE PRIMIGENIO DE IMAGEN EN MOVIMIENTO

VOLVER A LA FUENTE

<Por Juan Manuel Bellini> 

Entre la abulia y la desesperanza del cine de hoy, evocar a Federico Fellini devuelve al autor una bocanada de aire fresco.

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Al referirse a los años ’60 casi nadie podría preguntarse “¿qué pasó?” más bien la pregunta sería “¿qué no pasó?”. Por las dudas, ayuda una viñeta de Mafalda donde Felipe queda abrumado, casi hasta llegar al desmayo al pensar si “todo estaría aquí” y se le mezclan el Kremlin, los Beatles, el Llanero Solitario, África, Cuba, el Muro de Berlín, Dinseylandia, Vietnam, Jerry Lewis, el Ku-Klux-Klán y Pelé. En una biografía sobre los Beatles nos encontramos con este comentario: “no fue tanto una década, una era, una época, como un larguísimo happening”. En los dos tomos del diario personal de Ricardo Piglia la aventura de la vida nunca está escindida del cine y la literatura y anota que en la lista de cosas que quiere hacer en un día cualquiera de 1967 se encuentra “ir al cine de día y salir cuando todavía hay sol”.

Viendo las últimas producciones que llegan de Italia quizás sirva -y no como ejercicio melancólico- volver a esa década y a uno de los directores emblemáticos como Federico Fellini. Al cine italiano actual le falta el contenido vital de los directores de la posguerra, que se siguieron consolidando en los ‘60. Aparece como una excepción Nanni Moretti, quien hace preguntas pertinentes acerca de por qué gobernó Berlusconi y sobre las miserias del Vaticano. Sin embargo su presencia constante en sus films le llevó a decir a Dino Risi el comentario malicioso de: “correte, que quiero ver la película”. A la abulia y la desesperanza que muestra el cine de hoy, le falta esa vuelta de tuerca humana fellinesca que llevaba hasta a un final feliz a Cabiria, la prostituta a quien un impostor intentó matar y le robó los ahorros. Había perdido todo, la traicionaron, pero Cabiria se permitía una sonrisa.

En 1960 Fellini irrumpía con La dolce vita. Invitaría a Pier Paolo Pasolini, otro poeta, para que lo asesore sobre orgías. El propio Fellini contaría que “Pier Paolo me dijo que no le gustaban las orgías de clase media y que no sabía nada sobre ellas. Dijo que lo lamentaba, pero que nunca había participado de ninguna y tampoco conocía nadie que lo hubiera hecho”. Entonces encontró como solución empezar la secuencia “sin tener la menor idea de cómo hacerla, preparé un poco a los actores y les sugería que inventáramos algo desenfrenado”.


Woody, fue otro felliniano, a tal punto que en 1980 con Stardust Memories haría su propio Ocho y medio (1963). Y no fue el único. Carlos Sorín traslada las acciones a la Patagonia donde todo lo que tenía que salir mal en una filmación sale mal y crea la recomendable La película del rey (1986) protagonizada por Julio Chávez.


Se trataba de jugar, de experimentar. Y convocó a Marcello Mastroianni, quien a partir de allí se consagraría. Como protagonista femenina: Anita Ekberg. Ambos harían una célebre escena en la Fontana Di Trevi, se convertiría en un ícono del cine pero sería injusto reducir a esa escena todo el film.

La humanidad, con sus claroscuros, se muestra en la relación del protagonista con su padre que deja su pueblo para ir a visitarlo una noche en Roma, también en Steiner (Alain Cuny) ese modelo de padre de familia que va a tomar una decisión feroz. O en ese personaje cruel y enigmático representado por Anoux Aimeé. Pero cuando uno comienza a escribir sobre La dolce vita se le mezclan en el recuerdo todo lo que sucede: los dos hermanitos inventando un milagro, la creación del término Paparazzo encandilando con flahses, las infidelidades, Adriano Celentano con un rock primitivo, los dos chicos gays rechazados pero a su vez requeridos por la burguesía y tanto más. Empieza con un helicóptero que traslada una estatua de Cristo mientras en las terrazas todos se divierten, en una de las escenas que molestó al Vaticano.

El protagonista comienza siendo periodista y cuando llega el descreimiento termina como publicista. Todo esto en 1960. Quizás este hecho no les haya pasado desapercibido muchos años después a quienes crearon Mad Men. Sofía Coppola, hija del ultrafelliniano Francis Ford, retoma la escena de la fuente, cuando en un hotel de Tokio, la observan Bill Murray y Scarlett Johansson. En ese film Scarlett luce bellísima sin caer en el estereotipo de la femme fatale estilo Ekberg, que Woody Allen le imprimiría en el papel protagónico de Match Point (2005).

Woody, fue otro felliniano, a tal punto que en 1980 con Stardust Memories haría su propio Ocho y medio (1963). Y no fue el único. Carlos Sorín traslada las acciones a la Patagonia donde todo lo que tenía que salir mal en una filmación sale mal y crea la recomendable La película del rey (1986) protagonizada por Julio Chávez. Decía Gillo Pontecorvo sobre Ocho y medio: “Es lo opuesto al cine que hago yo, pero también es una de las películas que más prefiero”.

¿Dónde está el influjo de ese film nuevamente protagonizado por Mastroianni? Sin contar el desenlace, vale la pena saber que todo el bloqueo que sufrirá el pobre Guido, el director protagonista que funciona como alter ego de Fellini, se justifica con ese final con música de Nino Rota, que guarda relación con el de El gran pez (2003)  de Tim Burton. En Ocho y medio hay lugar para la magia, el mundo onírico, para las fantasías políticamente incorrectas y nuevamente el tema de la religión y los padres, tan presentes en la obra del gran Federico.

Transcurran las acciones en las calles de Roma, en pueblitos de Italia o en los decorados de Cinecittá, lo que sobra en Fellini es humanidad. Antes de estos dos films ya había llegado a la genialidad en Los inútiles (1953), La strada (1954) o en Las noches de Cabiria (1957) y posteriormente la seguiría ejerciendo en Ginger y Fred (1986) o La nave va (1983). Ni hablar de Amarcord (1973) donde no deja de ocuparse de algo tan urticante como el por qué del fascismo en Italia, sin necesidad de recurrir al panfleto.

Se les podría pedir a los directores de cine italiano actuales que vuelvan a las fuentes –y no necesariamente a la de Trevi-, y uno como espectador no debería dejar la posibilidad de seguir viendo el cine de Fellini, Visconti, Pasolini, Dino Risi, Mario Monicelli o Vittorio De Sica. Y prestar atención a todo lo que sigue formando parte de nuestra vida cultural y emocional que nos remite a esa época y que siguen siendo actuales: los Beatles, los Rolling Stones, Leonardo Favio, Spinetta, Torre Nilsson, Stanley Kubrick, Julio Cortázar, el Che Guevara, García Márquez y un larguísimo etcétera.

Y para concluir esta nota sobre Fellini sirve tener en cuenta que sobre él podían hablar artistas de otros rubros, de latitudes diferentes, caso John Lennon: “las giras de los Beatles eran Satiricón, la película de Fellini. Teníamos esa imagen. Nuestras giras eran algo especial, man; si podías salir de gira con nosotros, estabas hecho. Eran Satiricón, en serio” o el Indio Solari: “Soy de la escuela italiana. La escuela de Mastroianni, de Giancarlo Gianinni, de Fellini”.

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2 comentarios el “VOLVER A LA FUENTE

  1. roman ganuza
    14 junio, 2017

    Celebro esta nota. Hace años me vengo preguntando si todo ese movimiento (podríamos sumar a De Sica y Rossellini) no expresa la cima del mejor humanismo jamas reflejado por la cultura. Una autentica élite (en el sentido de estar compuesta por artistas e intelectuales como Zavattini, Pirro, el propio Pasolini, y los mas exitosos actores) que desarrollan siempre, en casi todo lo que hacen, una producción guiada, lo sepa o no, por la sensibilidad. Esa “humanidad” desbordante en Fellini es -como dice Truffaut- .una esencial simpatía por el hombre, una mirada creativa que nunca elude la “situación” del hombre en el mundo. Hay casi una cuestión de calidad en aquella cruzada, emerge un tipo humano capaz de poner incluso el éxito al servicio del piadoso autoretrato contenido en la mayor parte de aquella prolífica y formativa producción. Creo que Sorrentino, especialmente en La Gran Belleza, ha buscado por ahí. Muy oportuna la nota

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  2. Pingback: EL CINE ESTÁ QUE PALMA O TRATANDO DE ENTENDER LA VITALIDAD DE LAS SERIES | LA CUEVA DE CHAUVET

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Esta entrada fue publicada en 6 junio, 2017 por en Ensayo y etiquetada con , , , .

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