LA CUEVA DE CHAUVET

ARTE PRIMIGENIO DE IMAGEN EN MOVIMIENTO

FENCES: LOS CERCOS DEL ALMA

<Por Alejandro Noviski> 

..

En la película dirigida por Denzel Washington, el autor analiza el ambivalente discurso de la comunidad afro-americana en Estados Unidos, en plena década del 50’, dentro del cual pugnan la reivindicación de derechos civiles y la reproducción de una matriz esclavista.

Fences-Bar-640

¿Qué aspecto tomar de una película que muestra múltiples facetas para poder abordarla? Si nos remitimos a su obra original, el film está basado en una obra de teatro de August Wilson, que lleva el mismo nombre, y que pertenece a un ciclo de diez obras de este dramaturgo que relatan la experiencia de los afroamericanos en el siglo veinte. El estreno de Fences se realizó en Broadway a mediados de los 80’, siendo ganadora de los premios Pulitzer y Tony.

La trama se ubica en los Estados Unidos de los años 50’, momento en que la tensión de las luchas por los derechos civiles de los afroamericanos cobró mayor intensidad convirtiéndose en uno de los problemas sociales internos más críticos del país del norte. La migración hacia las ciudades se vio intensificada en esos años, y los guetos se multiplicaron y expandieron. Corresponden a esta época hechos emblemáticos de la lucha negra: en 1954 la Asociación para el Progreso de Gente de Color logró que la Corte Suprema de la Nación, recientemente presidida por Warren, dicte un fallo contra la segregación en las escuelas, en 1955 se produce el boicot de Montgomery, organizado contra la segregación en los ómnibus, que establecía que los negros sólo podía ocupar los asientos posteriores de los medios de trasporte, y surgió el liderazgo de Martin Luther King, asesinado posteriormente en 1968. En 1956, Faubus, gobernador de Arkansas, desafía la orden judicial de la Suprema Corte de 1954 en la Escuela Secundaria Central, pero la insistencia y permanencia de la “protesta negra” hace que el conflicto se nacionalice y el Presidente se vea obligado a enviar tropas federales para apoyarlos. En ese marco se desarrolla la película.

Una virtud que tiene la obra es que la problemática racial está entrelazada con el drama familiar de un modo inextricable, haciendo imposible ahondar en un tema sin remitirse al otro.

Troy Maxson, representado por Denzel Washington, es el personaje principal. Está casado con Rose, interpretada por una magistral Viola Davis, y es padre de dos hijos, uno con su esposa, que vive con ellos, y uno mayor con una mujer anterior.

La omnipresencia que Troy tiene en el hogar nos es anticipada por la manera en que su voz se impone al espectador desde el inicio del film. Su tono es copioso, alto, como a golpeteos, por momentos hasta se torna exasperante. Si la intención del director, que es el mismo Washington, era trasmitir la sensación de apremio y ahogo que vivía la familia, sobre todo su hijo, bajo el imperio de su voz, lo ha logrado, aunque, a expensas de una percepción armoniosa del film.


Es interesante observar que Troy realiza en cada diálogo que tiene con su hijo aquello de lo que se queja. Las teorías pedagógicas de la reproducción social de los años setenta podrían  tener buena afinidad  para explicar este proceso. Troy reproduce en el seno de su propio hogar un sistema esclavista del cual él es, aún a su pesar, un representante.


Troy se queja de aquello que inadvertidamente realiza. Su decir es el reverso de sus acciones. Su vida cotidiana es un continuo lamento sobre cómo el mundo blanco lo ha despojado de sus posibilidades de triunfar, cómo le ha cerrado los caminos por el mero hecho de ser negro, y cómo lo ha condenado al fracaso pese a sus excepcionales dotes como jugador de béisbol. Hasta aquí, una denuncia social. Sin embargo, es interesante observar que Troy realiza en cada diálogo que tiene con su hijo aquello de lo que se queja. Las teorías pedagógicas de la reproducción social de los años setenta podrían tener buena afinidad  para explicar este proceso. Troy reproduce en el seno de su propio hogar un sistema esclavista del cual él es, aún a su pesar, un representante. Su pedagogía hacia Cory, su hijo, consiste en una serie de enseñanzas que apuntan a forjar el émulo de un esclavo: en cada ocasión que encuentra, lo llama para ponerlo frente a sí, confrontarlo, y a través de sinuosos interrogatorios, lo compele a asumir y aceptar el rol de subordinado. Incluso, su trato no carece de un fuerte contenido racial al subrayar su condición de hombre de color: “Tu primera tarea es ayudarme con la barrera el sábado, lo demás viene después”; “Negro, mientras estés en mi casa, le pones un Sr. al final de las frases”; “Sólo eres un negro en la calle para mí”; son algunas de las expresiones que Troy usa para con su hijo.

Paralelamente, Troy también se ubica, ante su esposa, como quien no puede dar más que el fruto de su fuerza de trabajo y su presencia sexual. En uno de los puntos más espinosos de la obra, ante los reclamos de Rose, le contesta: “Te doy todo lo de mis bolsillos, te doy mi sudor, mi sangre, nunca lloro, no tengo una sola lágrima. En la noche subimos a la habitación y hacemos el amor y hacemos de ese momento el más importante. Me levanto cada lunes y busco fuerzas para llegar al siguiente viernes. Es todo lo que tengo. Es lo que puedo dar. No puedo dar nada más”. Su pacto amoroso consiste en dejar el fruto de su trabajo en las manos de su esposa cada viernes, y que ella disponga, pareciendo concebirse a sí mismo como alguien que no puede dar nada más allá de lo estrictamente pecuniario.

En este complejo familiar, el drama de Cory también es el drama de los hijos cuyos padres no aceptan ser superados por ellos: “Jamás has hecho nada más que retenerme por miedo a que sea mejor que tú”, le recrimina Cory a su padre. En un transparente mecanismo proyectivo, Troy arguye que su hijo no podrá triunfar en las ligas de béisbol porque los blancos le impedirán desarrollarse y crecer. En rigor, es él mismo quien le cierra las puertas y mocha sus posibilidades de éxito: cuando el reclutador está por viajar desde Carolina del Norte para que Troy firme la autorización para jugar al béisbol e ingresar en la universidad, se niega. Las excusas de un mundo de blancos que expulsa a los negros está caduca en los años en que están viviendo, la misma Rose se encarga de marcar lo anacrónico de su visión: “Los tiempos cambiaron desde que tú jugabas. Eso fue antes de la guerra. Hay muchos chicos de color jugando ahora beisbol”.

No podemos dejar de lado una perspectiva desde la dimensión de la pregunta en torno a qué es la paternidad. La inquietud por el deseo del padre se hace inconmensurable en Cory: “¿Por qué nunca te he agradado”?, pregunta. A lo que Troy contesta “¿Qué ley dice que debes agradarme? Tu vives en mi casa, comes mi comida y duermes en mi cama porque eres mi hijo, no porque me agrades”. Nuevamente, a Troy sólo le queda obedecer a una supuesta ley externa, a un mandato, aún en el ámbito interior de su mundo privado y su familia. No hay en Troy un espacio para el interés y deseo de un hombre libre, que elige qué dar y qué no dar a su hijo.

De esta manera, en esta estructura sin resquicios, el hijo queda fuera de foco. No tiene donde enrolarse como sujeto dentro de esa familia. Casualmente, el film nos muestra un ensamble perfecto entre las necesidades de un Estado con fuerte preeminencia bélica y las necesidades de los desamparados. El hijo va a buscar en el ejército lo que no consigue en su familia: un lugar. No queriendo asumir el rol de subordinado que le ofrece el padre, y cercenada su potencia de gran jugador de beisbol, a manos también de su padre, opta por enlistarse en el ejército y ser un Marine de los Estados Unidos.

Finalmente, un pasaje del film funciona como frutilla de postre. El fin de la relación entre Troy y Rose. La hija extramatrimonial de Troy es recibida por Rose como una bendición: “…recibí a Raynell como si fuesen todos los bebes que quise y nunca tuve. Como si fuera una bendición revivir ese sueño”.

A primera vista podría pensarse que Rose perdona a Troy su ultraje, pero es quedarnos con las apariencias. Rose no disculpa a Troy, sino que realiza un canje. Permuta el ultraje que recibió por parte de su marido, por la hija que éste le entrega. Luego que Troy le pide que se encargue de su hija, ella acepta el pedido y agrega: “A partir de ahora tiene una madre, y tú eres un hombre sin mujer”.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Información

Esta entrada fue publicada en 12 junio, 2017 por en Cine y Derechos humanos, Cine y Psicología, Sin categoría y etiquetada con , .

Introducí tu dirección de correo electrónico para seguir esta revista virtual y recibir las notificaciones de las nuevas publicaciones en tu buzón de correo electrónico.

EQUIPO DE TRABAJO

Director: Álvaro Fuentes Escribas: Ezequiel Iván Duarte Mariano Vázquez Francisco Goin Gustavo Provitina Alejandro Noviski Pablo Ceccarelli Álvaro Bretal Giuliana Nocelli Juan Jorge Michel Fariña Pablo Osorio Morena Goñi

Redes sociales

A %d blogueros les gusta esto: