LA CUEVA DE CHAUVET

ARTE PRIMIGENIO DE IMAGEN EN MOVIMIENTO

EL CINE ESTÁ QUE PALMA O TRATANDO DE ENTENDER LA VITALIDAD DE LAS SERIES

<Por Álvaro Fuentes>

El fenómeno de las series parece poner en evidencia que el cine, como manifestación artística y cultural del siglo pasado, sufre mutaciones en el presente. El autor reflexiona sobre las condiciones que favorecen, en este nuevo registro audiovisual, el talento y la creatividad de los narradores.

el puente ByN

Retomo el eje de la abulia del cine, propuesto por Juan Manuel Bellini en esta misma revista, en ocasión de una evocación del cine de Federico Fellini. No soy fanático del italiano, pero comparto que había una vitalidad en aquellos viejos cines que no se encuentra en la actualidad. Había voces diferenciables por lo menos. Hoy nadamos en una especie de mar inconmensurable de producciones que poco tienen para aportar al gusto y la sensibilidad cinéfila. El cine se mueve en nuestros días por oleadas inmensas de modas, tanto en lo referido al cine comercial norteamericano, el que se ve en las grandes salas, como en el cine arte más propio del continente europeo e industrias emergentes de países periféricos. En ninguno de ambos campos encuentro grandes inspiraciones.

Quizás la respuesta esté en las series, fenómeno al que no he prestado la suficiente atención, más allá de algunos policiales europeos fundamentalmente, que me gustaron y mucho, pero que ya tienen un par de décadas de existencia. En las series quizás se encuentre esa vitalidad que en el cine parece perdida, por industrias culturales que se reproducen a sí mismas, con ceremonias de premiación que parecen perpetuar más la forma que un contenido verdaderamente incisivo.

En Argentina el hecho cinematográfico más saliente de los últimos años me sigue pareciendo Relatos salvajes de Damián Szifrón. Pero hay que decir en este punto que la verdadera creatividad del director afloró un tiempo antes, con Los simuladores, una serie singularmente brillante. Luego vinieron dos películas muy buenas para mi gusto, Tiempo de valientes y Relatos salvajes, pero el Szifrón más potente y creativo ya se había hecho sentir en el terreno de las series.

Se abre la pregunta por aquello que hace que las series sean el nuevo espacio donde el arte cinematográfico se expresa a sus anchas, con mayor plenitud digamos. El pulso creativo de los artistas encuentra un espacio más amigable en el código de las series y no en el del cine tradicional.

En la revista de cine y filosofía “La ventana indiscreta” volqué algunas ideas sobre este tema. En su momento comparaba las series con el folletín del siglo XIX: ambos encuentran su razón de ser en la avidez del público receptor. Recordemos que el folletín era una narración literaria presentada en fascículos, que venía con el periódico, y cuyos autores iban escribiendo bajo el pulso de la demanda. “Los tres mosqueteros” de Alejandro Dumas tuvo en sus orígenes aquél formato de publicación periódica. Tanto los lectores de folletín como los consumidores de series en el presente esperan con ansiedad que su historia favorita continúe.

Las computadoras, como en su momento la televisión, han generado nuevas formas de acceso a las narraciones audiovisuales, entre ellos las plataformas online de series. También han modificado la estructura misma del cine, que ha sumado a la producción de películas la de series, solo un ejemplo dentro de la explosión de formatos audiovisuales que las nuevas tecnologías han detonado. Los grandes actores del cine, impensados años atrás en otro registro que no fuera el cine, toman papeles protagónicos en las series, que pueden llegar a brindarles mayor popularidad internacional. La compulsión de las nuevas generaciones (y no tan nuevas) a la hora de consumir esos productos, se traslada a los artistas, que vuelcan toda su capacidad creativa para captar ese interés.


Recordemos que el folletín era una narración literaria presentada en fascículos, que venía con el periódico, y cuyos autores iban escribiendo bajo el pulso de la demanda. “Los tres mosqueteros” de Alejandro Dumas tuvo en sus orígenes aquél formato de publicación periódica. Tanto los lectores de folletín como los consumidores de series en el presente esperan con ansiedad que su historia favorita continúe.


No se trataría tanto del tipo de formato, es decir de las diferencias formales entre series y cine tradicional, sino más bien de la ubicación actual del deseo de la masa consumidora de ficción audiovisual. El objeto de ese deseo ya no es tanto el cine, el que se produce para las salas comerciales o alternativas, sino que se ha desplazado hacia las series, como contenidos listos para ver desde la pantalla del ordenador, a cualquier hora y compulsivamente, sin tener que esperar tiempo entre medio.

En el viejo folletín el público lector debía esperar un período de tiempo a que saliera el nuevo fascículo de la historia de ficción que le interesaba. Quienes editaban esas publicaciones trabajaban con el deseo de los lectores, incrementando la ansiedad al momento de la espera. En el caso de las series, la ansiedad se genera cuando el seriéfilo espera que salga una nueva temporada de sus historias favoritas.

Leí en algún lado a alguien que afirmaba algo así como que las series, a diferencia del cine, se regirían por el principio de la descompresión. Mientras una película es una obra comprimida, es decir sintética, contenida, que encierra todo lo que tiene para decir en su acotada forma, una serie es un flujo continuo, una obra siempre abierta, desmesurada, con posibilidades de reanudar su curso luego de cada temporada.

Hay quienes sostienen que una serie tiene más posibilidades de ir cambiando todo el tiempo, de producir giros argumentales, de ir reinventando las posibilidades de capítulo a capítulo. Por eso desaconsejan ver policiales, dado que su previsibilidad formal (siempre habrá un asesino que va a ser descubierto) iría en contra de esta sustancia en permanente mutación propia de las series.

Vi unos pocos capítulos de Breaking bad, pero todos saben que de una temporada a la otra, el protagonista pasó de ser un simple profesor de química tratando de salvar a su familia, a ser un jeque de la droga en el estado de California, cerca de México. Recuerdo también Los Borgia o Los Thudors donde las distintas etapas de reinado, con cambios políticos y culturales, eran retratadas en las sucesivas temporadas.

Para ir cerrando, habría un desplazamiento del deseo del público receptor de ficciones, pero también algo de la condición formal de las series, que hace que el artista también haya desplazado su actividad hacia el nuevo formato de producción. Pienso en una serie como Historia de un clan, dirigida por Luis Ortega, mucho más vital que su película Lulú para mi gusto.

Pienso también en las telenovelas televisivas, quizás el antecedente más directo de las series por internet. El conde de Montecristo con Pablo Echarri o Padre coraje con Facundo Arana, series que consumía y que me resultaban totalmente atrapantes. Ni que hablar de las también nacionales Gasoleros o Vulnerables. En definitiva, es el ida y vuelta con el público lo que va dando forma a estas narraciones abiertas, lo que las vuelve más vitales. El circuito de consumo de las series no se termina en la recepción por parte del espectador, sino que lo recibido vuelve al artista para obligarlo a modelar su obra de acuerdo a las expectativas del público. La nueva lógica de recepción del cine pasó del concepto de obra maestra acabada y en una única pieza, al de obra en diálogo con el receptor, como flujo continuo, sujeta a modificación de su curso previsto y atada al pulso de la improvisación.

 

 

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Un comentario el “EL CINE ESTÁ QUE PALMA O TRATANDO DE ENTENDER LA VITALIDAD DE LAS SERIES

  1. roman ganuza
    23 julio, 2017

    La nota me hace pensar si asistimos a un “crecimiento del espectador”. Digo, en el sentido de que crece ese tiempo que le dedica a ver “los problemas de otro” como dice Daney, pero no solo como una cuestión de disponibilidad, sino como algo que se acopla a su autonomía horaria respecto de la grilla, como bien decís. Tal vez, ha decidido prolongar esa delegación de la vida en la ficción, con la ayuda de otros elementos de autonomía: es probable que tenga un TV de buen tamaño, con buen sonido, con HD, etc. Y juega de local, en su casa, cerca de su heladera y con el comando para detener y continuar. Pienso que si el cine mudo exigía mas del autor, también puede ocurrir que el cine que “palma” exigiera mas, en cuanto al arte de condensar. De todos modos hay cosas de gran riqueza. como “Wolf Hall” que recomiendo a rabiar, con Mark Rylance y Jonhatan Pryce, formidables, y a nivel nacional es difícil omitir “El marginal” con Romano y Rissi en un nivel altísimo. La pregunta que habría que responder es si la plenitud de cada forma artística se agota cuando ya se le conocen todos los secretos formales y llega la amenaza de la repetición. Algo similar sucedió con el jazz hasta las postrimerias del bebop. Los grandes inspirados disminuyen, las obras que inauguran estilos, escasean. No se. Pero no creo que corresponda una mirada necesariamente nostálgica. Aca parece que si algo tiene treinta años de producido ya es desechable, cuando en música o pintura, o literatura, lo contemporáneo no vale por contemporáneo. Son varias cuestiones. ¿Caduca antes el cine ? Pregunto

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Esta entrada fue publicada en 20 julio, 2017 por en Ensayo y etiquetada con , , .

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