LA CUEVA DE CHAUVET

ARTE PRIMIGENIO DE IMAGEN EN MOVIMIENTO

EL OTRO TATO

<Por Juan Manuel Bellini>

Del año 74 al 80, hubo en Argentina un censor cinematográfico que prohibió cientos de obras: Miguel Paulino Tato. A través de diversas fuentes y testimonios, el autor se aproxima a su figura e ideas.

el censor ByN

En los primeros meses de 1983, cuando aún no se había recuperado la democracia, se produjo la 9º Feria Internacional del Libro en Buenos Aires. La editorial Bruguera propuso una mesa llamada “Literatura, censura y educación”.

Ya soplaban ciertos aires de apertura en el país y uno de los invitados era Miguel Paulino Tato (presidió el Ente de Calificación Cinematográfica entre el gobierno peronista de 1974 y el dictatorial hasta 1980), quien desistió de participar aduciendo estar enfermo. Ante la noticia, el público presente, con júbilo entonó: “Tato no te vayas / Tato vení / ahora que vamos a ser libres / vos te querés morir”. Entre los participantes se encontraba Osvaldo Soriano quien aclaró: “Antes de leer estos apuntes que preparé quiero aclarar que yo estoy aquí porque no vino el señor Tato. Desde hace mucho tiempo trato de cumplir con una regla personal que me impuse: no me siento en la mesa con ningún funcionario del régimen”.

Entre los libros presentes en la Feria de 1983 se encontraba “Reportajes” de Mona Moncalvillo. Era una selección de entrevistas realizadas en la revista Humor. Los entrevistados eran de los más variopintos: Alfonsín, Luder, Atahualpa Yupanqui, Vargas Llosa, Magdalena Ruiz Guiñazú, Hebe de Bonafini, Guillermo Patricio Kelly, Mercedes Sosa, José Larralde, Adolfo Pérez Esquivel, Antonio Cafiero, etc. Pero empezaba el libro con un reportaje fechado en octubre de 1979 titulado “Tato: una tijera y volvemos”. La bajada de la nota escrita por Moncalvillo era elocuente: “Durante cuatro años se dio el gusto de prohibir y cortar cuanta película no satisficiera la peculiar sensibilidad de sus tijeras”.

La primera pregunta era directa: “Tato, ¿usted es nazi?”. Luego de un rodeo diría con claridad: “Yo dije ser un nazi convicto y confeso. Yo digo que solamente me falta la cruz de hierro… ¿no? Porque yo había mandado muertas más películas que los que mandaban los alemanes en la guerra”.

Tenía distintas definiciones sobre el desnudo. Opinaba sobre el femenino: “Las películas argentinas han mostrado una de las mejores cosas que tenemos, que son las mujeres”. Luego de su opinión sobre las mejores “cosas” pasaba a enumerar sus diatribas contra el desnudo masculino: “Las revistas esas de ‘Mister Mundo’, de atletas, están en todos los dormitorios de los maricones, porque ellos admiran a los tipos por sus músculos e incitan a que los admiren a ellos por las mismas razones, entonces esa es una admiración que no cabe de sexo a sexo”. Por si las dudas aclaraba que: “yo soy heterosexual y comprendo que debe ser así, ésa es la ley natural como Dios manda, pero cuando un individuo está fomentando la admiración y la belleza de un apolíneo, ¡está agarrando para el lado de los tomates!”.

Pero a la hora de narrar anécdotas personales Miguel Paulino Tato relataba escenas que si hubiesen sido llevadas a la pantalla las tendría que censurar ya que no aprobarían su nivel de heterosexualidad: “Recuerdo que una vez en Hollywood, cuando estaba Barry Norton, el argentino, y había un grupo de mexicanos que se la daban de muy machos y provocaban, yo los enfrenté y en un banquete público me puse en cueros y los desafié. Me subí a una mesa desnudito y el mexicano que hacía punta me imitó y empezamos a corrernos y agarrarnos… Otra vez, en otra fiesta, con varios amigos nos desnudamos todos y bueno… no le cuento el resto porque no podría publicarlo. Pero esas son cosas de juventud alocada, eso no quiere decir que éramos viciosos”.

La democracia no lo iba a tratar bien al censor. Participó ya en tiempos de Alfonsín en un programa televisivo conducido por Antonio Carrizo. Entre los presentes estaban Miguel Ángel Solá y Soledad Silveyra (en tiempos de compromiso, mucho antes de ocupar el rol de clown en el programa de Tinelli). Pasaron las declaraciones grabadas de Ernesto Sabato y Alfredo Alcón sobre la censura. A Tato le molestó particularmente que Alcón dijera que un censor era un estúpido. Para demostrar que seguía imbuido de los tiempos antidemocráticos, se sintió ofendido, se levantó y se fue. Sobreviviría apenas tres años en democracia. Se perdería las leyes de obediencia debida y punto final, los indultos y hasta una película libremente adaptada a su vida estrenada en 1995.

El censor fue dirigida por Eduardo Calcagno y contaba con guión de Alan Pauls. El nombre del protagonista no era Miguel Paulino Tato sino Ramón Veiravé. El rol principal era de Ulises Dumont quien en la ficción llevaba una vida gris rodeada de gatos, la incomprensión de un hijo y la obsesión por una actriz que hacía de extra en todos los films (interpretada por la colombiana Kika Child, quien hizo de la primera mujer de Gatica en la genial película de Favio). La obsesión lo llevaba al crimen y a la pesadilla convertida en realidad de quedar en medio de una marcha de travestis. Calcagno se tomaba una pequeña revancha, ya que era el hijo del célebre crítico Calki, quien al estar sin trabajo recibió esta propuesta de Tato para que escriba notas y “yo firmo abajo, se publican con mi nombre y a fin de mes te paso el cheque”. Nunca las críticas de Tato estuvieron tan bien escritas. Porque Tato antes de ser censor fue crítico…

El periodista Daniel Enzetti en su nota “Hombre manos de tijera” aporta varios datos sobre la historia de Tato: que sus primeras incursiones en la crítica fueron en los años ’30 en el diario El Mundo, que fue profesor de caligrafía del cantante de tangos Alberto Castillo, que dirigió una película llamada Facundo y que en 1973, mientras flotaba en el aire el clima combativo, era asesor cinematográfico del Teatro San Martín. Su ingreso al Ente se produjo el 20 de agosto de 1974 cuando gobernaba María Estela Martínez de Perón. Dejó Tato una frase célebre: “El cine empezó siendo un juguete, siguió como una herramienta y terminó convirtiéndose en un arma. Arma ideológica para influir en la gente y hacer propaganda ya se sabe. La censura entonces, tiene que apuntar a tres cosas: el erotismo exagerado (o la pornografía lisa y llana), los desvíos ideológicos y -esta también- la falta total de calidad”.


Dejó Tato una frase célebre: “El cine empezó siendo un juguete, siguió como una herramienta y terminó convirtiéndose en un arma. Arma ideológica para influir en la gente y hacer propaganda ya se sabe. La censura entonces, tiene que apuntar a tres cosas: el erotismo exagerado (o la pornografía lisa y llana), los desvíos ideológicos y -esta también- la falta total de calidad”.


Enzetti recopila las principales películas que prohibió el censor: La naranja mecánica (Stanley Kubrick), Jesucristo Superstar (Jewison), The Devils (Ken Russell), La batalla de Argelia (Pontecorvo), Estado de Sitio (Costa-Gavras), Último tango en París (Bertolucci) y las argentinas Los años infames (Doria), Piedra libre (Torre Nilsson), El pibe cabeza (Torre Nilsson), Los gauchos judíos (Juan José Jusid), La Patagonia rebelde (Héctor Olivera) a quien acusaba de ser una película “innecesariamente agresiva contra el ejército”. De Boquitas pintadas, también dirigida por Leopoldo Torre NIlsson, un director con el que particularmente se ensañó, dijo que se trataba de “una película pornográfica de pies a cabeza”.

Es interesante detenerse en esa película. Está basada en la novela de Manuel Puig. Se describen las hipocresías de un pueblo inventado de provincia llamado Coronel Vallejos, pero que tiene las características de General Villegas (donde nació Puig) y de tantas ciudades que conforman el continente.

Hay atinados señalamientos a las diferencias sociales que seguramente le habrán causado el mismo escozor a Tato que las escenas sexuales. ¿Cómo se habrá sentido ante el cuerpo desnudo de Luisina Brando? ¿Se podía detener allí? La mucama cometía un asesinato que la dejaría libre porque no se quería incriminar a la niña de “familia bien”. Había una madre que odiaba a su marido y sus hijos. Y el galán del pueblo, Alfredo Alcón, era abandonado cuando contraía tuberculosis. El policía que interpretaba Raúl Lavié, podía sostener un diálogo lleno de sobreentendidos sexuales con el personaje de Luisina Brando, o ser violento y abusador.

Queda, por supuesto, recomendar esta -y todas las películas que el nazi confeso de Tato prohibía- y valgan las palabras de Torre Nilsson en los tiempos de su estreno: “hacía ya tiempo que había leído ‘Boquitas pintadas’ y me interesó por dos razones: primero, el inteligente y cálido retrato de un repertorio de hipocresías, situaciones dadas y falsos modos de vida; segundo, la forma narrativa empleada por Manuel Puig, que demostró después ser fundamental para resolver la adaptación cinematográfica. Es que su mentalidad es muy clara, y su sapiencia e interés por el cine también muy grandes”.

Los cortes y opiniones de Tato no eran inocentes. Eran años sangrientos donde se ejercía el terrorismo desde el Estado. Todo nos lleva a historias infinitas que se mezclan entre la política y el arte. Tenía un papel de extra en el film, Luisa Marta Corica, militante del peronismo revolucionario, asesinada por las bandas fascistas de la CNU (Concentración Nacional Universitaria) el 7 de abril de 1975 en las costas del Río de la Plata. Queda este recuerdo de Leonor Manso (quien hacía el papel de La Raba en la película) cuando fueron a visitar un local de la agrupación HIJOS en La Plata en los años ’90: “una chica que un día me dijo en una reunión: ‘Leonor, mi mamá trabajó con vos en Boquitas pintadas. ‘¿En qué parte?, pregunté. Y ahí me contó que la escena era con Alfredo Alcón, y que su mamá en toda la película decía solamente ‘gracias’. Ella no tenía la película y yo se la mandé días después. Fue algo emocionante: los hijos se juntaron a ver la película, sólo para ver a su mamá que en una escena decía ‘gracias’ y salía de cámara”.

Los diarios de la época tuvieron el siguiente enfoque sobre el asesinato de Corica. Última Hora, cuyo dueño era Héctor Ricardo García, había titulado “Bella actriz fue acribillada” para el día siguiente aclarar que “su tendencia ideológica sería de extrema izquierda”. Mientras que para El Día “encontraron asesinada a una mujer en la costa de Los Talas. Enigma”. Los crímenes de la CNU en La Plata están siendo juzgados este año.

Las complejidades del peronismo también se manifiestan en el cine. Porque Miguel Paulino Tato, como dijimos ocupó su cargo en el Ente a partir de 1974. Pero un año antes quien lo dirigía era Octavio Getino, uno de los creadores del Cine de Liberación, codirector de La Hora de los Hornos y quien debió partir al exilio ante la llegada de la dictadura.  Durante su gestión se estrenaron las películas denostadas por Tato.

El cine hecho en dictadura sirve también para comprender que no todo pasaba por la tijera del censor. Por ejemplo, las películas de Olmedo y Porcel donde los desnudos estaban a la orden del día. ¿Por qué? Son atinados los conceptos de Marcelo Raffin para entender esas no prohibiciones en manos de Tato y la política cinematográfica de la última dictadura: “Muchas de estas figuras que quedan retratadas en las películas, en el lugar de la burla, el grotesco, el ridículo y hasta la patología, expresan la macabra cultura del miedo que cimentó e hizo posible el terrorismo de Estado. El miedo al otro, a cualquier otro, a lo desconocido y en particular al diferente, se erigió en la pieza clave del orden autoritario. Así, las películas de Olmedo y Porcel no sólo reflejan el autoritarismo sino que lo reintroducen en la cultura reforzando su funcionamiento”.

Jorge Lanata, en épocas en las que aún no se encontraba harto de la dictadura, escribió sobre Miguel Paulino Tato, el censor de 727 películas y rescató un comentario del director Enrique Cahen Salaberry: “Una de las mejores películas picarescas que hicimos fue Mi novia el…, que tendría que haberse llamado Mi novia el trevesti, título que el censor Miguel Paulino Tato no permitió. Textualmente, Tato nos dijo: ‘No se puede avivar a la juventud del interior con esa palabra”.

Él mismo se calificaba de nazi, cavernícola, caduco y troglodita. Sus opiniones en el 2017 hubiesen hecho juego con las de uno de los conductores radiales con más rating (“¿tanto les cuesta darse cuenta de que perdieron, que la gente no soporta más los piquetes, que cada palazo en el lomo de esta gente nosotros lo disfrutamos y cantamos gol en casa? Porque estos negros nos cagaron a palazos durante doce años el auto, las posibilidades de laburar, de estudiar”) o las del santo patriarca del heavy nacional (“estoy en desacuerdo con aquellos que dicen ‘un mundo sin fronteras, loco. No a la guerra’. Yo creo diferente ahora que soy un hombre. Sí a la guerra, sí a armarse, sí a no pedirle piedad a un gorrita-cumbia-villera que venga a manosearte tu familia”).

Fuentes consultadas:

  • La CNU. El terrorismo de Estado antes del golpe. Daniel Cecchini y Alberto Elizalde Leal. Miradas al Sur. 2013.
  • Argentinos Tomo 2. Jorge Lanata. Ediciones B. 2003.
  • Otras historias de amor. Adrián Melo (compilador). Artículo: “La burla como inclusión excluyente: las figuras del gay y la travesti en las películas de Olmedo y Porcel” por Marcelo Raffin. Ediciones Lea. 2008.
  • Torre Nilsson por Torre Nilsson. Jorge Miguel Couselo. Editorial Fraterna. 1985.
  • Mona Moncalvillo. Ediciones de la Urraca. 1983.
  • Revista Humor Nº 103. Abril 1983. Nota: “¡No te cures nunca, Tato!” por Carlos Ares.
  • Revista Humor Nº 437. Diciembre 1994. Nota: “Hombre manos de tijera” por Daniel Enzetti.
  • Revista Humor Nº 538. Septiembre 1998. Nota: “Se hace teatro al andar” por Daniel Enzetti.

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Un comentario el “EL OTRO TATO

  1. Fernando
    26 julio, 2017

    Muy interesante la nota. Aporta datos que, particularmente, no conocía.
    En realidad, Tato comenzó en el Ente el 1º/9/1974. Y entre las películas argentinas que prohibió antes del comienzo de la dictadura hay una coproducción con España, “Los poseídos de Satán”, dirigida por León Klimovsky. Resecto a “Los años infames” (estrenada en 1978 con el título “Proceso a la infamia” y con todas la escenas del personaje de Marilina Ross cortadas), está subida desde no hace mucho a youtube y es muy revelador verla. No es buena, desde ya, pero tiene algunos momentos que hacen pensar por qué molestó tanto en su momento.
    Y respecto a la película de Calcagno, peinso que desaprovechó un personaje (o un guión) que daba para mucho más.
    Saludos.

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Esta entrada fue publicada en 26 julio, 2017 por en Ensayo y etiquetada con .

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