APUNTES SOBRE EL PRIMER CHABROL

El autor celebra, en estos borradores con pretensión de apuntes, los sesenta años del estreno de los dos primeros filmes de Claude Chabrol (1930-2010): El bello Sergio y Los primos.

1. La vocación del cineasta puede ser tan simple e imperiosa como la de echar una mirada. La realización en Chabrol no es más que necesidad de mirar1. La frase de André Labarthe complementa el temprano enfoque de Jacques Siclier quien definió al, entonces, joven Chabrol como un entomólogo. Marie -inolvidable Bernardette Lafont en Le beau Serge– le dice a François (Jean-Claude Brialy): nos miras como si fuéramos bichos raros. Los insectos, a diferencia de los humanos, carecen de autoconciencia y eso los resguarda de sí mismos. Las criaturas retratadas por Chabrol no pueden evitar juzgar con la mirada. Jung observó en esa actitud un gesto de indolencia frente a la dificultad de pensar. ¿Pero es posible, acaso, suspender el juicio frente al acto compulsivo de mirar? La mirada de los ángeles caídos de Chabrol tensa el arco de la culpa. Chabrol observa los resortes de la conducta humana y utiliza para hacerlo la mirada errática de sus personajes. El director alemán Rainer Fassbinder en su artículo Algunos pensamientos desordenados en torno al cine de Chabrol publicado en 1975 plantea sus discrepancias con la figura del entomólogo:

La mirada de Chabrol no es la del entomólogo, como a menudo se afirma, sino la de un niño que tiene insectos en un bote de cristal y contempla alternativamente sorprendido, asustado o gozoso, los curiosos comportamientos de sus bichitos. Según sea su estado de ánimo, que puede depender de si ha dormido o comido bien o mal, varía su actitud respecto a los insectos2.

Le beau Serge (1958) su primera película -financiada con 32 millones de francos que su esposa había heredado de una abuela- es considerada oficialmente la primera película de la Nouvelle Vague (apreciación arbitraria que se complace en ignorar Le pointe courte de Agnes Varda rodada un par de años antes). Los protagonistas de Le beau Serge -Gérard Blain y Jean Claude Brialy- participarían el mismo año del segundo filme de Chabrol: Les cousins (Los primos). Estrenadas con un mes de diferencia (1959) ambos filmes analizan la mirada provinciana, pueblerina, tan alejada de la hipócrita pose citadina. En Le Beau Serge, Françoise (Brialy) vuelve al pueblo de su infancia donde vive Serge (Blain), acaso su primer y único amigo; en Les Cousins es Charles (Blain) el primo pueblerino que viaja a Paris para encontrarse con Paul (Brialy). La mirada de Chabrol se posa entre ambos para tomar nota de sus frustraciones. En ambas películas hay un viaje y al menos un desengaño.

¿Por qué en Le beau Serge François, un joven purísimo, casi monacal, con aspiraciones de mártir, retorna al pueblito de su infancia? La motivación es re-encontrarse con su amigo Sergio (hay un perfume a despedida en ese viaje potenciado por la enfermedad y el temor a la muerte). El tiempo, el implacable, ha cambiado a Sergio radicalmente y reconoce en su amigo las marcas del vicio, el resentimiento, la derrota; en Les cousins Charles viaja a París guiado por una vocación académica pero la vida libertina de Paul sumada al entorno corrompido que frecuenta lo desviarán de su objetivo en una confrontación dolorosa con su sistema de valores. Retomando el hilo de la mirada, es posible encontrar en Le beau Serge un repertorio de crisis detonadas por la pulsión (¿o la compulsión?) de la mirada. Francçois se cruza con Serge y este aparta los ojos, perturbado. La pulcritud del amigo moralmente virtuoso contrasta con la ebriedad y su traza descuidada. Serge tardará en franquear destempladamente su fastidio: ¿Qué imagen ofrezco yo a sus ojos? (…) ¿Qué debe pensar él? La presión de esta mirada remite a una carga moral, se incrusta en el deber ser: Serge deberá enfrentar lo que Chabrol describió como la travesía de las aparienciasi. Una apariencia puede pensarse como un dique de contención anímica o como un recurso ligado a la impostura. Estos personajes de Chabrol, al menos, parecen estar más allá del ardid. Cuando Serge grita como una fiera: quítate de mi vista mientras golpea a François en un intento desesperado por desviar la agresión hacia sí mismo, revela su debilidad expuesta en la mirada del amigo. Chabrol dirá, en honor de las apariencias:

En efecto, más allá de las apariencias una verdad debe ser separada por el espectador: el inestable, el complejo, el loco no es Sergio, sino Francisco. Sergio se conoce… Francisco, al contrario, no se conoce más que al nivel de las apariencias3.

A esta altura de nuestro análisis es tiempo de señalar que Francois es un personaje plano –en términos de la clasificación de Forster- mientras que Serge es potencialmente redondo. ¿Qué cambio ha hecho el aspirante a redentor? Ha logrado finalmente despertar al amigo herido por el alcohol que utiliza para ahogar su paternidad frustrada. La inestabilidad que Chabrol pretende en Francois parece alcanzar a todo místico dispuesto a cumplir a fondo su compromiso espiritual. Su pureza exaspera hasta al mismísimo párroco que lo invita a abandonar el pueblo para ahorrarle la muerte. Francois, no obstante, padece la persistencia del místico empecinado en la idea fija del sacrificio y esta linealidad define su carácter plano. Serge le confesará sin sarcasmo: al menos no has cambiado. Dos preguntas surgen al unísono: ¿qué motivos hubiera tenido el bueno de Francois para cambiar? y, por otra parte, ¿es necesario tener un motivo para disponerse a cambiar?

Una apariencia puede pensarse como un dique de contención anímica o como un recurso ligado a la impostura. Estos personajes de Chabrol, al menos, parecen estar más allá del ardid.

La relación dialéctica entre estos amigos habilitada, precisamente, por su condición de opuestos permite distinguir matices. La situación de Serge acaso sea transitoria y logre superarla con la paternidad. ¿Cuál es, en cambio, el proyecto de Francois? El buen samaritano se indigna frente a la pasividad de Serge desprovisto de un plan de vida definido. Y es en ese momento cuando nos preguntamos por la pertinencia del reclamo. Francois se ofrece como objeto de transformación para contribuir al nacimiento de una nueva conciencia encarnada en un niño redentor. Su sacrificio lo revela de todo compromiso claro con su propia vida. Es que Le beau Serge es, además, una historia de padres e hijos modelados por la ausencia. Yvonee y Serge cargan con las cruces de los hijos muertos; Marie a su vez vive el ultraje del padre falso que un buen día la toma como objeto para satisfacer su deseo sexual sublimado en la bebida. A mí no me mires exclama Glomand luego de admitir que había abusado de Marie. La mirada actualiza la culpa (Francois parece ignorar su responsabilidad en los hechos).

Los ojos del místico interpelan al entorno que le hace notar su condición de forastero.

2. La fábula de Caín y Abel o del ratón de campo y el de ciudad al decir de Cabrera Infante, son fórmulas precipitadas para analizar estas películas del primer Chabrol. El cine ha remontado no pocas veces esas aguas tormentosas con reminiscencias bíblicas. La película que más claramente reflejó ese relato acaso haya sido Al este del paraíso (1954) de Elia Kazan. El filme, versión cinematográfica de la novela de John Steibeck, significó la consagración definitiva de James Dean (cuyo porte sería comparado con el del actor francés Gérard Blain, protagonista de los dos primeros opus de Chabrol). Blain y Brialy alternan el papel del bueno y el malo (aunque el director francés, como en su momento hiciera Kazan, encontró la forma para superar el enfoque maniqueo del relato bíblico). La comparación no es feliz: Caín mató a su hermano desbordado por los celos; interpelado por Yahvé sobre el paradero de Abel, dijo: ¿acaso debo yo custodiar a mi hermano? Esa pregunta ni siquiera pasa por las mentes de los personajes coléricos o libertinos de Chabrol, tampoco hay lugar para los celos; viven carcomidos por el egoísmo y la autocontemplación. Para Caín la muerte de Abel era un paso necesario para ocupar su lugar. En el mundo de estas primeras películas de Chabrol, en cambio, la confrontación es un combustible necesario para sostener la cólera o la flema; la manifestación sanguínea o la melancolía según el caso y, por otra parte, no hay espacio para altares donde colocar los partos de la tierra. Los dioses yacen derrumbados y en su lugar crece la inquina. La muerte de François en El bello Sergio o de Charles en Los primos son sacrificios para alterar el curso de destinos malogrados.

La lectura de Cabrera Infante sobre la muerte de Charles en Los Primos -pieza crítica muy valiosa, por cierto- se concentra en las consecuencias antes que en las causas:

…con su muerte Charles los ha destruido a todos: Paul no volverá ser jamás el mismo: su sed de vivir, su filosofía del peligro no es ya más una broma, su nazismo de pacotilla ha resultado cierto. Florencia tampoco será la misma: el amor que le entraba por los poros y que en definitiva la alejó del verdadero amor, será ahora cualquier otra cosa y no quedará más que la piel de la ninfómana, que envejece cada día y que mañana será reclamada por la muerte4

La muerte como sacrificio, en estos filmes de Chabrol, transforma a los personajes en mártires seculares cuya tragedia ilumina destinos columpiados por la desdicha.

En el mundo de estas primeras películas de Chabrol, en cambio, la confrontación es un combustible necesario para sostener la cólera o la flema; la manifestación sanguínea o la melancolía según el caso y, por otra parte, no hay espacio para altares donde colocar los partos de la tierra.

3: Los libertinos de la “nueva ola” no son sino los ociosos prisioneros de su cultura5…Esa cultura, en la mirada de Siclier, parece remitir a grupos de jóvenes que deambulan por el margen izquierdo del Sena con un libro de Sartre o de Camus debajo del brazo y que añoran la figura de Balzac porque se saben difusos arquetipos de la Comedia Humana. Estos bohemios errabundos no están lejos de los personajes del primer Chabrol. Si existe una lucha que los aglutina es de naturaleza moral y su consigna tácita o explícita remite a la libertad despojada de todo atributo alejado de las dimensiones estrictamente humanas. No hacen proclamas colectivas, ven el mundo desde una subjetividad solitaria y a menudo desesperanzada. Pero la libertad de estos personajes nace del deseo de corromper las reglas morales heredadas. El provinciano que llega a París -así comienza Los primos– obnubilado por el deseo de progreso no tarda en descubrir la distancia entre su sencilla integridad y las contorsiones morales de la capital. Cuando Charles logra acercarse a Florence para cortejarla revela su inseguridad: ¿No te ríes de mí? La pregunta no deja dudas sobre el trato que ha recibido el joven pueblerino durante toda su vida y explicita, además, su complejo de inferioridad. ¿Qué es París en Los primos? La velocidad de un coche descapotado que pretexta un recorrido turístico; la teatralidad de las bacanales nocturnas con altisonancias wagnerianas; la facultad y sus avatares; los amores cruzados; las librerías románticas y, por encima de todo eso: la invulnerable prepotencia del dinero. El dinero compra exámenes, armas, amigos y voluntades, deshace entuertos a fuerza de ponerle precio a la dignidad, permite eludir esfuerzos y compromisos, libera al hombre de un destino proletario. El muchacho ingenuo recién llegado de su pequeño paraíso provinciano y se estrella contra el brillo de las capitales no está lejos del insecto que fulmina el rayo de luz bajo la torva mirada del entomólogo.

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1 Siclier Jacques La nueva ola Madrid, Rialp, 1962

2 https://www.elmundo.es/elmundo/2008/06/02/elvientosopladondequiere/1212395108.html

3 Cabrera Infante Cabrera Infante G. Los primos de Chabrol o la fuerza del mal en Un oficio del siglo XX

4 Cabrera Infante Cabrera Infante G . op.cit.

5 Siclier Jacques op.cit-. i

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Gustavo Provitina
Es Licenciado en Realización en Cine, Video y TV por la Facultad de Bellas Artes de la UNLP. Docente en el UNA y en la FBA (UNLP). En 2012 estrenó el largometraje El Sur de Homero en el Fesaalp. Desde 1999 conduce el programa Los misteriosos espejos por LR11 Radio Universidad. En 2013 ganó el primer premio en la categoría ensayo por el libro El Cine-Ensayo de El Fondo Nacional de las Artes. Colaboró en la revista Contratiempo, Todo es Historia, Pichuco, Guregandik y El extranjero. Desde 2009 publica en el blog Contraplano71.

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