CINE, CIUDADES Y DESASTRES

¿Cómo ha mostrado el cine la destrucción de las grandes ciudades? ¿Algo de esas obras cinematográficas influye en nuestra percepción como espectadores? ¿Qué ciudades han sido más asociadas con la catástrofe? Reflexiones propicias para pensar el cúmulo de imágenes de pandemia que circulan en nuestros días.

 

La forma de las ciudades, su diseño y construcción permiten pensar en las sociedades humanas, su representación y sus valores. Del mismo modo, la destrucción de las ciudades a través de diversos medios, circunstancias accidentales o errores humanos, y la representación de la ruina urbana han dado forma histórica, visual y narrativa a diversos valores que rigen la conducta ética, los deseos individuales y las responsabilidades colectivas.

Es interesante hacer un recuento de las ciudades que la industria cinematográfica destruyó. Roma, la menos destruida de todas. Sólo fue destruida tres veces, por desastres naturales en dos oportunidades y por una criatura gigantesca en 20 Million Miles To Earth en (1957). En The Core (2003) fue destruida por el campo magnético de la Tierra y en 2012 (2009), una gran pesadilla geológica (huracanes, tsunamis y terremotos) la borró del mapa.

En Estados Unidos, Las Vegas sólo fue destruida cuatro veces. Atacada por los marcianos en Mars Attacks! (1996), por zombies en Resident Evil: Extinction (2007), por un desastre natural en 2012 (2009) y un monstruo hurtado a Japón en Godzilla (2014). Chicago cuenta con seis destrucciones. La más común fue por invasión alienígena: dos veces en la serie Transformers y, más notablemente, recibió una paliza real en Independece Day (1996). La más destruida de todas, Washington DC, el corazón político de EE. UU  fue masticada y escupida diez veces, Transformers, una vez más, hace acto de presencia y la ciudad fue asesinada dos veces en el ’96 en Mars Attacks! y Independence Day. Y por supuesto las invasiones alienígenas. Incluso en 1956, los directores de Hollywood favorecieron el enfoque alienígena, con Earth vs The Flying Saucers (1956), haciendo de D.C. el objetivo del afecto extraterrestre … o la falta de él. San Francisco recibe el golpe 17 veces en el transcurso de la historia del cine. En términos de destrucciones populares, es 50/50 dividido entre alienígenas y monstruos la forma favorita de Hollywood de verlo, con Terminator Genisys (2015), Pixels (2015), Godzilla (2014), Star Trek: Into Darkness (2013), Pacific Rim (2013). ¿Cuáles serán peores, monstruos o extraterrestres?. Los Ángeles ha recibido verdaderas palizas cinematográficas (27 veces), la mayoría por desastre natural. Por nombrar algunos: San Andreas (2015), 2012 (2009), The Apocalypse (2007) y The Day After Tommorow (2004). Sin embargo, los extraterrestres tampoco están muy lejos y asimismo, les encanta destruir L.A. como en World Invasion: Battle Los Angeles (2011), Skyline (2010), War Of The Worlds 2: The Next Wave (2008) y, como no podía faltar, Independence Day (1996). The Big Apple se lleva todos los premios como la ciudad que ha sido más destruida en la Historia del Cine con 69 destrucciones. Aquí podríamos decir que lo hemos visto todo, desde lluvias de meteoritos Tycus (2000) y guerra nuclear Watchmen (2009) hasta la obsesión Imperial de Hollywood: los extraterrestres en The Avengers (2012). Aunque son los desastres naturales los que borran esta ciudad del mapa con más frecuencia. Películas como Disaster Movie (2008), The Day After Tomorrow (2004), AI Artificial Intelligence (2001), Deep Impact (1998) y When World’s Collide (1951). Y por supuesto, Oblivion (2013), Skyline (2010) y, sí, Independence Day (1996).

Londres tuvo un conjunto variado de ejecuciones en sus trece destrucciones, incluyendo guerra, por ejemplo London Has Fallen (2016), guerra nuclear en V For Vendetta (2006) y criaturas míticas en Reign Of Fire (2002). Y, a la moda con estos tiempos, un virus que lacera a la capital británica en 28 Days Later (2002), 28 Week Later (2007),  Shaun of the Dead (2004) y Things To Come (1936).

París, con 14 destrucciones, casi todas por extraterrestres. Nuevamente, Independence Day (1996), Edge of Tomorrow (2014), Transformers: Revenge of the Fallen (2008), The Day The Earth Stopped (2008) y The War of the Worlds (1953).

El mundo asiático no se ha quedado atrás. Tokio fue 25 veces destruida la mayoría de las veces por Bestias de morfología desconocida. El Gran destructor ha sido Godzillla de variadas formas. Otros Bestias han sido King Kong (¿califica como monstruo?), una cosa de tres cabezas llamada Ghidora en Ghidora, The Three-Headed Monster (1964) y Mothra (1961). No estamos seguros de donde vienen, sólo que son gigantes y destruyen ciudades.

En los últimos años, una serie de películas de desastres naturales como Volcano (1997), The Day After Tomorrow (2004) y 2012 (2009) han convertido a la ciudad en el objetivo principal del cataclismo. También ha sido el lugar elegido como refugio por ejemplo, I am Legend (2007).  O como un lugar del cual hay que escapar como  en The Road (2010).

El atractivo de estas películas podría entenderse en vista de las incertidumbres ambientales actuales o tal vez un estado de ansiedad en el mundo en general. Sin embargo, habría que separar eventos reales como la destrucción por parte dell terremoto y tsunami del Océano Índico de 2004 (conocido como el Tsunami del Boxing Day), lleva a preguntarse cómo los diferentes medios muestran la realidad de una ciudad caída y las circunstancias que provocan esos eventos y sus consecuencias personales y sociales.

¿Hay coincidencia entre las representaciones ficticias y reales y la actualidad del desastre? ¿Su atractivo evocador, contenido o significado se rige por factores distintos de la imagen o la mirada? La frase “regímenes escópicos”[1] viene a la mente para describir estas visiónes sociales, materiales y posiblemente psíquicas. La probable influencia de estos regímenes hace que uno se pregunte: ¿cómo las percepciones y la comprensión compartida y las formas comunes de ver e interpretar estas escenas facilitan su circulación entre diferentes tipos de audiencias, posiblemente por diferentes razones y efectos? ¿Las demandas de factibilidad sobre las escenas influyen en nuestras percepciones de algunos tipos de imágenes de manera diferente a otras?  Sí es así, ¿de qué manera?

¿Las producciones cinematográficas están posicionadas para ser un llamado de atención para el Estado y el Mercado? ¿Señalan lo que está en juego cuando ocurre un desastre y, en consecuencia, una amenaza a las formas de estabilidad social y a la seguridad que genera el entorno construido?

Hay parámetros históricos y filosóficos que acompañan las percepciones de las ciudades destruidas. Históricamente, las formas de ver la cultura crean regímenes que se pueden particularizar aún más según los diferentes contextos para ver e interpretar imágenes, incluido el periodismo, el entorno de las bellas artes y los ámbitos sociales y personales, entre otros. En términos filosóficos, la conciencia del cambio en el entorno urbano fomenta pensamientos de un tipo más abstracto: la transitoriedad, complejidad o incomprensibilidad de la vida moderna, por ejemplo, o su caracterización por una incesante transformación y riesgo. Tanto la conciencia del cambio como las interpretaciones de su significado se ven muy aliviadas por los desastres urbanos, pasados, presentes y quién sabe.

Lo cierto es que la ciudad se muestra como escenario de eventos trascendentales, tal como vemos en imágenes bidimensionales de ciudades caídas, como las muchas fotografías tomadas en los días posteriores al terremoto de San Francisco en 1906.

Tanto en la ficción y en la no ficción de las ciudades arrasadas existe una necesidad de registro de la destrucción. Dotar de memoria a las ciudades. Estos registros deben ser un recordatorio evocador, un “testigo psicológico” de las vidas interrumpidas cuando se destruye el tejido de una ciudad. Es verdad que podemos cuestionarnos sobre lo que esto significa. ¿Puede haber testimonio en un film de Ciencia Ficción? ¿El testimonio requiere hechos, transmitidos por imágenes que son, en cierta medida, representaciones precisas de un sujeto? ¿O es más probable que exija la interpretación subjetiva, por parte de los productores, directores y su audiencia? ¿Puede cualquier enfoque generar lecciones que sean reconocibles y significativas?

La conciencia perceptiva de la miríada de fenómenos orgánicos e inorgánicos, meteorológicos e hidrológicos, terrestres o extraterrestres vincula al proyecto cinematográfico con otras representaciones contemporáneas de desastres.

Nuestra conciencia cinematográfica es un parámetro para interpretar imágenes y ubicarlas dentro de un entorno cultural. Esta conciencia es claramente moderna y occidental. Y aquí es interesante poder pensar la conciencia de las innumerables acciones y reacciones que rigen la naturaleza y las percepciones de la participación humana. Esto es un debate político clave sobre los orígenes de los desastres en el mundo capitalista actual.

¿Las producciones cinematográficas están posicionadas para ser un llamado de atención para el Estado y el Mercado? ¿Señalan lo que está en juego cuando ocurre un desastre y, en consecuencia, una amenaza a las formas de estabilidad social y a la seguridad que genera el entorno construido?

Estas formas de la conciencia engendran dudas. Es el resultado de la inquietud y la incertidumbre sobre lo que uno está mirando: la causa, al final, de las escenas de destrucción. Lo importante es cuestionar cualquier detalle en las escenas de la destrucción de las ciudades; sean representaciones ficticias o reales.

Los espectadores también deben proporcionar las piezas faltantes en las narraciones que explican la destrucción. ¿Hay conocimientos previos para esto? A la mayoría de nosotros nos cuesta recordar, cuando no imaginar, lo que estaba allí antes de su destrucción. Los que vivimos en la ciudad de La Plata lo sabemos muy bien.

[1] Martín Jay, nos habla de que en la modernidad hay más de un régimen escópico. Entiende al régimen escópico como el modo de ver que prevalece en una determinada época histórica, el cual tiene implicaciones en todos los ámbitos socio-culturales.

Nació en La Pampa, no la del Ombú sino la de montes de caldenes y cardos rusos. Se mudó a la única ciudad planificada del país y desde allí mira el mundo con su caos y su belleza. Su único problema es que le gustan tantas cosas, que no logra especializarse en ninguna. Estudió Historia y le fascina la literatura. Es Profesor y Magister en Historia. Le hubiera gustado nacer en el Siglo XIX. Tiene un libro y varios artículos escritos. Su libro es sobre la formación de sociedades en ciudades de reciente fundación: "Una sociedad en la Bruma de la Ciudad Fantasma: La Plata 1880-1920".

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