CINE MUSICALIZADO: USINA DE ARTE NUEVO EN FESTIFREAK

El Festifreak convoca a bandas de rock alternativo para que musicalicen en vivo películas mudas. Suelo ir a ver este tipo de musicalizaciones en vivo en el Festival de Mar del Plata, es un género que me gusta especialmente. Aunque las musicalizaciones del freak poseen un carácter propio. No se apunta a cierta sobriedad de estilo, como la que suele caracterizar estos solemnes eventos artísticos, sino a un mayor protagonismo de las bandas y al despliegue de toda la potencia sonora posible.

En Mar del Plata se suele trabajar con pocos músicos (un teclado electrónico y alguna guitarra quizás), mientras que en el freak está la banda en su conjunto, con guitarras, bajo, batería, etc. Como ya dije, se da preponderancia a la potencia del sonido dentro de la sala. Los grupos de música pueden ser de La Plata, pero también de capital o el conurbano. Con grandes esfuerzos, trasladan sus equipos y se lanzan a la fabulosa arena del cine musicalizado durante la misma proyección.

¿Los resultados de este experimento artístico en la ciudad de las diagonales? Realmente fascinantes. Tuve la oportunidad de escuchar tres musicalizadas del freak, dos de este año y una del año pasado. “Los catacumbias”, en 2014, musicalizaron M el vampiro de Dusseldorf, de Fritz Lang. La particularidad de esta interpretación, en primer lugar, fue que no se trató de una película muda. La banda integró los sonidos diegéticos de la obra (propios de la ficción) a la banda musical especialmente creada para la ocasión. Golpes aislados de platillos y bombos se destacan en medio de una orquestación serena y acompasada, de muchos instrumentos, que parece jugar con movimientos in crescendo de la tensión musical. La otra particularidad de la interpretación de “Los catacumbias” fue la puesta en escena que la banda propone, no solo con la vestimenta de los músicos, uniformados con camisas blancas y cintas distintivas en los brazos a la manera de una oscura secta facistoide, sino también con intervenciones de un actor (cuya sombra gigante se proyecta sobre la pantalla, creando una nueva dimensión simbólica dentro del filme) y el uso de luces dentro de la sala, dando toques escénicos en ciertos momentos dramáticos de la historia.

Este año tuve la oportunidad de ver primero a “Fragma”, musicalizando El último de Murnau. La banda local se presentó en sociedad con esa obra, que apuesta al sonido fuerte y las intensidades de frenéticas guitarras distorsionadas, acompañando los avatares de un personaje que pasa de ser reconocido y admirado por todos, a ser vilipendiado y olvidado cuando pierde su estatus social. Esos dos estados del alma, el éxito y el olvido, son el principio del movimiento esquizofrénico de la música. Interesante que una banda comience su camino profesional con una experiencia de estas características y que sea ovacionada por el público en esa primera presentación.

Por último, la musicalización a cargo de “Temporada de tormentas” de la película El viento del sueco Víctor Sjostrom. Duro drama simbolista en que la frágil existencia de una joven cándida (Lillian Gish) se ve amenazada por duros vientos desérticos, y la hostilidad de la gente, en el pueblo al que acaba de llegar. Hombres que la pretenden sin demasiadas contemplaciones y mujeres que la odian porque representa la amenaza de robarse a sus maridos. En ese lugar inhóspito, la protagonista corre el riesgo de ser expulsada como un perro, quedando sola, en territorio social y climáticamente adverso. El viento funciona como metáfora de la violencia social y de la crueldad de la vida en general, algo que entendieron muy bien los músicos de la película, simulando una atmósfera de viento constante, como una fuerza oscura siempre acechante, que por momentos se convierte en tornado que arrasa todo. “Temporada de tormentas” crea una base sonora que se mueve densa y homogéneamente, anunciando el ruido ensordecedor de la catástrofe.

¿Qué podemos decir sobre el género de musicalizaciones en vivo de películas? En primer lugar, que se consolida rápidamente como usina de nueva creación artística para bandas del presente y, en segundo, que revitaliza el cine mudo, que en los comienzos tenía su propia música, hecha para ser tocada en vivo también, pero que en su mayoría debió perderse. En tercer lugar, las nuevas músicas, con raras combinaciones de instrumentos, rompen con la clásica sonoridad del cine, abriendo caminos de experimentación musical y sonora para ese arte.

Se daría cierta tensión en este tipo de expresiones artísticas entre el protagonismo de la música y el de las películas. Al ser la música la creación nueva, el hecho de su ejecución en vivo puede ganar protagonismo. Sin embrago, estas piezas sonoras están puestas al servicio de grandes obras cinematográficas, y en tal sentido rinden homenaje infinito a ese otro arte de la imagen para el que fueron concebidas.

Álvaro Fuentes es Profesor de Filosofía egresado de la UNLP. Hace unos años dicta talleres de Cine y Filosofía, y Cine y Psicoanálisis, en espacios de educación formal y no formal. Es editor del libro de análisis cinematográfico “La imagen primigenia, un enfoque multidisciplinar del cine”. Co-dirigió La ventana indiscreta, Revista de Cine y Filosofía, junto a Mariano Colalongo. Fundó La Cueva de Chauvet y la dirigió sus primeros años. 

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