COMO DIJO EL POETA

El autor comparte sus impresiones de la recientemente publicada autobiografía del Indio Solari, artista y amante de las artes

 

Indio Solari. Recuerdos que mienten un poco. Memorias en conversaciones con Marcelo Figueras es un libro de casi 900 páginas, editado por Sudamericana que se recomienda para tener el testimonio de uno de los más grandes artistas argentinos de todos los tiempos. Se lo podría comparar con “Paul McCartney. Hace muchos años” de Barry Miles. En los años ’60, sí, parafraseando a un estadista, pasaron cosas. Estos libros lo demuestran. Esa generación era ávida de arte y acción.

Con el disco El ruiseñor, el amor y la muerte el Indio creó su Sargent Pepper personal con fotos de Artaud, Jacqueline Du Pré, Evita, Lennon, Billie Holiday, Xul Solar, Hugo Pratt, Leonard Cohen, Vonnegut, La Pasionaria, Burroughs, y mucha gente del cine: Kurosawa, Tarkovski, Herzog, Ingmar Bergman, Buñuel.

En sus memorias el cine está más que presente. No solo de manera declamativa sino que contando cómo junto a Guillermo Beilinson realizaron películas que hoy se pueden ver por Youtube, con un joven Solari con pelo y vestido de oficinista. Ya desde sus primeros años del secundario con una cámara de 8 mm fue junto a un compañero a registrar “una película sobre los pordioseros que vivían a la salida de La Plata”.

Hay menciones a la admiración que profesa sobre Wim Wenders y de un sueño que tiene con Leonardo Favio, que más vale no contar, que lo descubra quien se acerque al libro.

No es casual, entonces, que los diálogos con su interlocutor transcurran muchas veces por el terreno del cine: Figueras, aparte de ser escritor, fue crítico de cine a fines de los ’80 en la revista Humor (cuando la sección de cine fue tomada por el posmodernismo de Daniel Guebel y Alan Pauls, su propuesta era distinta) y en tiempos más recientes en la revista La Mano (donde escribió notas sobre la decadencia de Hollywood ejemplificando con películas como Melinda, Melinda de Woody Allen o Kill Bill de Tarantino). No siempre el Indio contesta lo que le pregunta, y eso también da gracia al libro. En una intervención forzada de Figueras sobre opiniones de César Aira, lleva al Indio a definir al no-profesor de Coronel Pringles como “es un pelotudo, entonces. Un vendehumo”. O tener este diálogo preciso sobre Amarcord:

Figueras: Me hace acordar al viejito de Amarcord de Fellini, que se descubre rodeado por una niebla y se pregunta: ¿Estaré muerto y no me di cuenta?”.

Indio: Los tanos son así: pasan del grotesco más cruel a conmoverte, y sin escalas.

De Werner Herzog dice que es “el último de los grandes románticos alemanes. Cosas como Señales de vida: esos soldados alemanes, cuidando la nada… También los enanos empezaron pequeños, que hace que al rato te olvides de que los enanos lo son de verdad…”

Leyendo sus memorias queda claro, que el cantante y compositor que se convirtió en uno de los artistas populares más importantes del país, podría haber sido cineasta, escritor, dibujante. Y que no esquiva comprometerse con el presente, está muy lejos del rocker estilo Pomelo o Micky Vainilla. Se define un poco como kirchnerista, peronista, comunista y socialista, habla de la prisión injusta de Milagro Sala, critica reiteradamente al gobierno de Macri, reivindica a Hebe, se ocupa de todo lo que rodeó a la desaparición de Santiago Maldonado y compara a Aníbal Fernández con San Pablo.

Son también las memorias de la infancia y juventud en La Plata, donde no se presenta como un working class hero, elige ser sincero. Cuenta sus experiencias con la psicodelia y la bohemia. Sus pasajes por Brasil, Valeria del Mar, Ramos Mejía, la Isla Paulino, Parque Leloir. Habla de Walter Bulacio, de Olavarría, de su enojo con Skay y Poli.

Uno dobla las hojas o las subraya con lápiz. Porque deja un montón de ideas sobre el arte, la política y también desarrolla la génesis de sus canciones con esa poesía tan personal. Cuando Figueras le pregunta, sin nombrarlo, sobre aquello que dijo Alejandro Rozitchner acerca de que Spinetta era un ignorante y resentido “como todos los artistas populares”,  allí está el retruque del Indio: “Yo no creo que Spinetta haya sido amigo de alguien así. puede haberlo recibido, tolerado a su lado, pero… Es un pelotudo jodido, ese tipo. Habla desde una suficiencia que su preparación no puede sostener. Lo escuchaba en una época por la radio, cuando tenía una columna sobre filosofía en el programa de Pergolini: una charla elemental, muy pobre. ¡Si existe alguien ignorante en este contexto, es él!”.

De Werner Herzog dice que es “el último de los grandes románticos alemanes. Cosas como Señales de vida: esos soldados alemanes, cuidando la nada… También los enanos empezaron pequeños, que hace que al rato te olvides de que los enanos lo son de verdad… El hecho de cargarle la aventura a filmar: atreverse a trepar la montaña que está por explotar, a hollar ese caminito al que no se animan ni las mulas”.

Su admiración por el escritor norteamericano Kurt Vonnegut quizás sirva de guía para otro hallazgo del libro que son los análisis de Monseñor Aguer a canciones como “Barbazul versus el amor letal”, “Ropa sucia” o a los recitales del Indio. La prosa recargada de Aguer hacen recordar a Howard W. Campbell el protagonista de la novela Madre Noche de Vonnegut, con la diferencia de que Campbell se hacía pasar por nazi pero no era.

En la contratapa una confesión: “todos adornamos las anécdotas de nuestras vidas, las sacudimos un poquito para que sean más graciosas”. Otro buen motivo para leerlo.

 

 

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Juan Manuel Bellini
Nació en Tolosa, La Plata, el 12 de junio de 1978. Periodista. Ayudante de la cátedra Análisis y Crítica de Medios de la UNLP. Trabaja en el Programa de Justicia por Delitos de Lesa Humanidad de la Comisión Provincial por la Memoria. Colabora en los programas de radio Panorama del Cine (AM Universidad) y Cacodelphia (FM Futura).

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