CORTE Y CONFECCIÓN: LAS COSTURERAS DE ¡ROCK!

El rock, sin duda, es una de esas ventanas privilegiadas para comprender la historia reciente de la Argentina.

 

– Martín Tetaz: “Pepsico demuestra que el sistema así no le sirve a nadie; empresa debe poder despedir y trabajador cobrar seguro de desempleo decente”.

– Myriam Breman: “Gente que no”.

– Martín Tetaz: “Myriam, te quedó el tuit por la mitad. Qué decías?

– Myriam Bregman: “Te falta rock”.

#TeFaltaRock en Twitter

 

Los consumos culturales son un barómetro de la cultura en general, lo sabemos. El fútbol, la música, la moda, la pornografía, entre otros productos de consumo de la cultura contemporánea, son una ventana que nos permite ver los cambios en las sociedades actuales. Qué se mira, qué se escucha, qué se comenta y cómo se consumen estos productos pueden ser indicadores meteorológicos del clima cultural de nuestra época.

El rock, sin duda, es una de esas ventanas privilegiadas para comprender la historia reciente de la Argentina. Los tópicos de las letras, las rupturas estilísticas, la biografía de sus personajes son las isobaras climáticas de nuestra historia reciente. Serú Girán, Charly, Spinetta, JiJiJi, Cemento, Soda Stéreo, Matador, las Misas del Indio, Cromañon, son sólo algunas de las sartas que integran la gran cadena genealógica del rock en la Argentina.

Cadena que actualiza el clima cultural en cada instante. El pasado 7 de julio, por poner un ejemplo, presenciamos en Twitter un episodio simpático de la política local: Martín Tetaz, economista afín a Cambiemos, se cruzó con Myriam Bregman, Diputada por el FIT, en un diálogo en el que él quedó desorientado. El pecado de Tetaz fue no recordar el guiño de Bregman al hit de Todos tus muertos, Gente que no, editado originalmente en 1988 y reeditado por Los Auténticos Decadentes en 1996 (Luego se sumarían las versiones de Attaque 77, Damas Gratis y hasta Miss Bolivia). Inmediatamente el “Te falta rock” se viralizaría convirtiéndose en un slogan de intercambio en Twitter.

Pero, ¿cuándo comenzó todo esto? Comprender el guiño de esta anécdota requiere ir más allá de 1988, cuando se lanzó el hit Gente que no. Implica al menos remontarse a los sesenta, período próspero de cambio y transformación cultural en el mundo: la Revolución Cubana del ‘59, Woodstock en el ‘69, el Mayo Francés y el Movimiento Estudiantil Mexicano en el ‘68, los movimientos de resistencia a la Guerra de Vietnam en EE.UU. y el movimiento beat, la Primavera de Praga en el ’68, el Cordobazo en el ‘69, entre otros episodios simbólicos de esta etapa. En este contexto amplio comienzan a germinar los antecedentes del impacto del rock en la cultura nacional.

De rastrear esos primeros cambios a nivel local se ocupa ¡Rock! (Argentina 2016), corto documental dirigido por Ana Sánchez Trolliet y Gabriela Barolo que formó parte del Ciudades Reveladas – 3° Muestra Internacional de Cine y Ciudad de 2017 en Buenos Aires. ¡Rock! reconstruye los cambios culturales locales generados por el arribo de este género musical al país en sus tempranos sesenta. En su composición ecléctica pero sustentada vemos el impacto de las novedades musicales anglosajonas (The Beatles y sus imitaciones locales), la formación del hippismo porteño y su cultura de paz como estilo de vida, los varones con melena y pelo largo, las juventudes efervescentes y los pánicos morales reactivos, los asaltos y la danza de los cuerpos bajo este nuevo mantra musical, las fobias y las reacciones de la ‘gente de bien’ hacia estos cambios, el onganiato y la represión; pasan por allí desde Almendra hasta Palito Ortega, entre muchas otras escenas que componen este documental. ¡Rock! rastrea con mucha sutileza esa vanguardia musical que impactó en circuitos de intelectuales y de artistas locales, que conectó a Buenos Aires con las principales ciudades anglosajonas a través del tráfico de estilos y costumbres de consumo. El rock que vemos en ¡Rock! es aún el de esa modernidad cosmopolita que comienza a teñirse recién de tintes locales, es el rock que vino a opacar el arrabal y la cultura del tango en la ciudad porteña. Es el rock que tendrá su propio carácter barrial, que formará parte de la militancia y la denuncia política.

El producto final es esa composición ecléctica y sustentada de pequeños fragmentos que, en su conjunción, nos permiten comprender el clima cultural de los maravillosos sesenta.

En el rastreo de toda esta movilización cultural que implicó el rock en el país, el gran mérito de ¡Rock! está en su forma de composición: el corto toma distancia del formato clásico de  documental que se desarrolla a través de entrevistas expositivas que describen un determinado acontecimiento histórico. ¡Rock!, en cambio, se compone de pequeñas escenas de películas y noticieros, de la música y de sus letras emblemáticas, de materiales de archivo y otros registros audiovisuales de la época que, puestos en una sola secuencia narrativa, reconstruyen la capilaridad de los cambios que el género musical produjo a nivel local. La composición es un trabajo de orfebrería, de corte y confección, cuyo resultado final es un patchwork que nos permite dimensionar el conjunto del proceso.

Este mérito obedece a un detenido trabajo de investigación de archivo que, además, formó parte de la investigación de maestría de una de sus directoras: Ana Sánchez Trolliet es autora de la tesis Te devora la ciudad: cultura rock y cultura urbana en Buenos Aires (1965-1970) (Maestría en Historia y Cultura de la Arquitectura y la Ciudad de la Universidad Torcuato Di Tella). Derivado de esta tesis y en co-dirección con Gabriela Barolo, ¡Rock! se detiene en los cambios micro-físicos presentes en esos materiales de archivo audiovisual. En una de las escenas en composición, por ejemplo, escuchamos fragmentos de La Balsa de Los Gatos (tengo la idea la de irme /  al lugar que yo más quiera. / Me falta algo para ir / pues caminando yo no puedo /  Construiré una balsa / y me iré a naufragar) y a continuación una escena de una pareja conduciendo en la ruta y ella advierte acusando: “Más mochileros? Pero son una epidemia”. Y acto seguido interpela a su pareja al volante: “No pensarás llevarlo, no?… Huelen feo y además te pueden asaltar”. Ese pánico moral de la joven (interpretada por Soledad Silveyra) está presente en varias escenas de los archivos fílmicos de esa época: temor social a los jóvenes de pelo largo, a la música, al hippismo, a las danzas y a las nuevas expresiones del amor (en otras de las escenas, un placero recrimina a una joven pareja besarse en público). Son esas pequeñas escenas las que componen el patchwork de ¡Rock! e identificarlas es un trabajo fino de corte y confección: es andar una y otra vez por los archivos, una errancia indiciaria, observando esos pequeños cambios, esas pequeñas transformaciones culturales que el consumo de rock generó a nivel local.

El producto final es esa composición ecléctica y sustentada de pequeños fragmentos que, en su conjunción, nos permiten comprender el clima cultural de los maravillosos sesenta. Ese trabajo de compostura y edición, una artesanía de archivo en sí misma, nos permite ver los cambios del arribo del rock y sus reacciones morales, la transformación en la cultura local y sus las dinámicas urbanas. Sólo viéndolo comprenderemos la genealogía del guiño de Bregman.

 

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Gonzalo Zubia
Docente e Investigador de la UNQ y la UBA. Becario CONICET

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