DETRÁS DE LA QUIETUD… LA TURBULENCIA DE LOS LAZOS

La autora nos invita a un paseo por la película de Pablo Trapero y sus tres protagonistas femeninas: dos hijas y sus complejas relaciones con una madre estragante

¿Cómo se puede sentir
tantas cosas en tan poco tiempo, y no morir?
Tú puedes hacer un gran nido en mi universo,
puedes hacer lo que quieras conmigo
.[i]

Un viaje de encuentro

Esta historia, la décima en la carrera del director, guionista, productor, montador y actor argentino Pablo Trapero, nos abre la tranquera para invitarnos a pasar una estadía en la finca La Quietud.[ii]Así da nombre a esta película. En este hermoso lugar tan amplio y lleno de luz, con una reluciente fauna y flora, se desplegará la historia familiar matriarcal más horrorosa, pero a su vez se reflejarán momentos de amor, de contención y también de quietud. La madre de esta historia en la piel de la maravillosa Graciela Borges, o «La Borges» como se la nombra en el medio artístico, nos muestra a una mujer, tremenda joyita avasallante por donde se la mire: Esmeralda Jáuregui de Montemayor. Ella nos muestra un matrimonio disfuncional, con la descendencia de dos hijas, que arranca con una fuerte discusión suscitada en la habitación parental. Veremos cómo estos vínculos familiares tejen una trama que toca y estruja lo siniestro. Este es un término importante que no queremos pasar por alto, y que el padre del psicoanálisis (hablando de un patriarcado que no asoma), Sigmund Freud, trabaja en su texto Lo siniestro. De él tomamos lo siguiente: «La voz alemana ‘unheimlich’ es, sin duda, el antónimo de ‘heimlich’ y de ‘heimisch’ (íntimo, secreto, y familiar, hogareño, doméstico), imponiéndose en consecuencia la deducción de que lo siniestro causa espanto precisamente porque no es conocido, familiar».[iii] Cuando Freud habla de su antónimo lo está nombrando —tomando el término a la letra del idioma alemán— para que pensemos la representación de lo familiar, de lo confortable; y también da cuenta de una representación de lo oculto, disimulado por el otro. Pensamos nosotros en lo que se dice y lo que no se dice; lo que queda oculto pero genera espanto porque, a su vez, algo de eso familiar genera rechazo y ajenidad, resulta peligroso presentándose lúgubre y como algo escondido. Percibimos, con los tonos musicales y la estética de un montaje y fotografía impecables, cómo ese nombre La quietud que flota en la entrada de la finca va resquebrajándose para dar lugar a la inquietud oculta que debe mantenerse así, flotando, liviana pues de estallar, la lluvia desatará la peor de las tormentas. El clima es maravilloso: los travellings, esas técnicas cinematográficas que acompañan con la cámara montada sobre ruedas lo que se quiere filmar y perseguir, nos muestran la emotividad de estos personajes, nos acerca hacia una intimidad al descubierto, nos invita a celebrar la vida, alzar la copa, comer un apetecible asado… pero a su vez ese clima se expande y trasciende el campo, los secretos de familia y nos anoticia desvelando las verdades más tremendas vividas durante la época dictatorial argentina, y un nombre familiar involucrado en ese proceso: la familia Montemayor. Tiene por protagonistas a las mujeres y el amor, a la supervivencia ante ese deseo que no es nuestro y a veces tampoco de sus progenitores pero que tiene que ver con la vida (muy distinto a nombrar una obediencia debida). Esta película, según mi mirada, muestra cómo hacer con lo que tocó a nivel familiar, cómo lidiar con ello y cómo fusionarse en tanto respuesta ante el horror y la negación que deben velarse para no seguir hurgando en la verdad. La historia habla de dos hermanas, Mía (Martina Gusmán) y Eugenia (Bérénice Bejo), y un reencuentro tras muchos años sin verse pues la mayor (Eugenia) se encontraba viviendo en París. Tendrá que retornar al país porque el ACV que le dio al padre requiere de la unidad familiar. A partir de allí, con ellas iremos tejiendo esta historia poblada de luces y oscuridades.

 

Acuéstate a mi lado

Siguiendo la letra de la canción llamada Amor completo, de la cantante y compositora chilena Norma Monserrat Bustamante Laferte, más conocida como Mon Laferte, el reencuentro entre Mía y Eugenia nos muestra ese amor que en la vulnerabilidad vaga, pero que se necesitan mutuamente para no fenecer, para no caerse. Se acuestan entre sábanas de quietud, juegan en la cama, seducen y se seducen. Se cuentan cómo se calentaban con los juegos eróticos de adolescencia. La frescura y falta de pudor de su hermana mayor, Eugenia, atrapa en un sueño orgásmico a su hermana menor, Mía. Ambas se aman y se admiran, se tocan y se cuentan esas historias con los otros muchachos, pero en ese rodeo ellas están implicadas, como dos siamesas que no desean separarse pero que las circunstancias de la vida y la historia familiar, les provocó el corte de ese cordón umbilical. Sabemos con ellas que más fuerte es el cuerpo que las anoticia de algo que sienten y que va más allá de tal separación física. El cuerpo marca su territorialidad. Y en ellas esa pulsión sexual puja, y luego de esa escena íntima que podemos esperar entre dos partenaires, en realidad son ellas dos en la misma cama con rasgos corporales tan similares que a veces cuesta distinguirlas. Son esas hermanas inseparables que se cuentan todo, son ese amor completo que muy bien el director nos trae con esa melodía, son ellas quienes nos mostrarán una historia de horror, pero también de amor, dos mitades complementarias: amor/odio. No estamos aquí para juzgar los lazos amorosos y cómo se dan ellos de las puertas para adentro, pero sí como analistas podemos recortar estas tramas incestuosas que se presentan porque una madre estragante se presentifica desde su amor eterno e idealizado hacia Eugenia, pero desde el desecho y castigo hacia Mía. ¡Qué locura las vueltas del psiquismo que, detestando y no amando, rechazando y odiando, se llame a un ser tan indefenso, Mía! Una madre se presenta como estragante cuando una hija recurre a ella buscando la sustancia de su feminidad, allí donde el padre no puede responderle,[iv] entonces se encuentra con esta madre que no la ama y no tiene reparo en decírselo. Locuras de encierro, de haber padecido una violación, y entonces ese ser que nace y que no se puede abortar es esa relación que por trozos conocemos, y que sin embargo eso mío que no quiero tener y entonces tiene que ser alimentado por otro, un padre (por intolerancia, por una madre que no quiere a su hija), es el pronombre que nomina un poder dejando a Mía a la deriva, puro goce. Pero a su vez esta hija en su vulnerabilidad muestra fortaleza, le hace frente a una madre, y le grita para que, al menos una vez, le dé la razón. No es gratis nacer, los deseos de los otros no dichos o aún dichos, pueden ser puñales que cosifican y mortifican un poquito cada día la vida, más allá de vivir en esa encantadora finca. El deseo muerde el cuerpo, y así Mía tiene que tomar pastillas para tolerar vivir bajo el mismo techo que su madre, pero a su vez lo tolera por amor al padre, ellos sostienen ese vínculo especial en donde un poquito entra el sol por la ventana y hace que no asfixie tanto vivir. También para Eugenia no es gratis vivir, aún con esa pretendida libertad sexual que tiene, sostener una pareja por años (que es el amor de la vida de juventud hasta el presente, de su hermana Mía) le cuesta porque no puede ser madre, y ese es el peso que le morderá el cuerpo por un anhelo de su madre que sólo tiene ojos para aquella. En la mímesis andan estas mujeres, se pegan, se abrazan, se arrullan, se odian, se separan, se viven.

 

No es fácil que no estés aquí

Esta historia, en palabras de su director, nos trae un viaje hacia el pasado desde el presente de dos hermanas que se reencuentran por la delicada salud del padre. El vínculo fraternal o de sororidad porque son mujeres, muestra el corazón de la narración, con secretos y encantos. No es fácil para estas hermanas la separación, como la película Persona de Ingmar Bergman, estos personajes femeninos se fusionan, se confunden, una parece vivir a través de la otra y el latido de sus corazones se presenta como siendo uno. Esta película nos afecta, la trama narrativa se mete en nuestros propios cuerpos y la vivimos con la misma intensidad que sus protagonistas. Esa fusión es peligrosa para estas hermanas porque los cuerpos hablan y se golpean, el deseo puja y aún faltará saber por qué sexualmente confluyen ambas en amar a un mismo hombre: el joven adolescente Vincent que conocen en el ´96 ó ´97. El hablar lleva a tocar puntos de verdad subjetiva, pero parece que es la madre la portadora de una verdad acallada por décadas y que Mía, como es una mala hija, se empeña en contrariarla. Estas hermanas se hacen tanta falta que no les resulta fácil no estar en el mismo sitio, de allí tener que «consumir» el mismo hombre en la cama para estar unidas porque su amor es completo. Una sin la otra no podría tolerar tanta turbulencia familiar que encubre verdades dolorosas, y quien porta y decide qué hacer con dichas verdades es esta madre tomada por el Todo: la que se calienta escuchando relaciones sexuales de una hija con su amante; la que decide gritarle a una hija rechazándole su amor; la que cierra las cortinas para matar a su marido; la que ama a un nieto ficticio por padecer una hija un embarazo psicológico… Mía por momentos es la que pone el tope a esta madre, cuando le grita y se enoja de por qué no hay un vendito día en que le dé la razón, y su madre que contesta que se dará el día que la tenga. Es una hija que ama a su madre aún la madre le diga que no; es una hija que siente culpa de lo que sucede y que ama tanto a su padre que le dio un lugar de cariño y que se confunde un poco con el lugar de un amante. Es una hija que siente angustia desbordante al dañar a una hermana que ama sólo porque quería despedirse de su padre antes que se cierre el cajón y se desparramen sus cenizas por La Quietud. Entonces, claro que no es fácil hacer con la falta, si todo lo que encubre ese agujero (de la castración) linda con lo ominoso y se presenta como un puro exceso.

¡Qué locura las vueltas del psiquismo que, detestando y no amando, rechazando y odiando, se llame a un ser tan indefenso, Mía!

Los hombres de esta historia

Aquí los hombres juegan un papel un tanto secundario pero, a la vez, se los necesita para hacer hablar a las mujeres. Con el padre, Augusto Montemayor, descubrimos ese rechazo de una madre hacia su hija menor, y tiene que ver con el retorno de París a la Argentina post dictadura en 1984, año en que el padre encierra a su mujer obligándola a tener relaciones sexuales y así nace Mía; igual tampoco sabemos de la fantasía que encubre el relato materno, no todo podemos tomarlo a la ligera. Con Vincent, ese primer amor parisino de los 15 años de Mía, sabremos que el destino deparado para aquella será el de volver a la casa parental, mientras que para Eugenia su lugar será quedarse en París armando así armará pareja con Vincent, pero en ese armado se dará una pareja compartida: Eugenia sabe del amor en secreto entre él y su hermana, conoce bien el olor de Mía. A su vez, con Vincent sabremos que se le insistirá darle un nieto a Esmeralda, infructuoso deseo porque Eugenia no puede quedar embarazada, salvo psicológicamente. Vincent es un personaje bastante perdido en su deseo; emocionalmente hablando es muy vulnerable, que tiene que pedir disculpas a su amada, no sabe muy bien qué hacer; está con ambas hermanas, desde distintos lugares acompaña. Con Esteban, ese amigo de la infancia de la familia, sabremos que su padre fiscal involucra a los Montemayor en negocios turbulentos y oscuros; también descubrimos con él quién firmaba en los cuadernos de la ESMA para arrancar tortuosamente a los propietarios de sus tierras. Esteban a toda costa quiere estar con Eugenia, y lo está, sexualmente hablando; es un sujeto ubicado en el lugar de alguien frío que, a partir del embarazo de aquélla, en pleno funeral de Augusto, la extorsiona en contarle a su marido acerca de su historia de amantes; a su vez es quien se muere de hambre y come un trozo de asado, mientras pide un brindis por el muerto de Augusto, quien era un fierro para la Fiscalía de su padre, mientras traga la carne ante la pregunta incómoda de Esmeralda acerca del abrazo que le dio a su amada hija en el funeral y la hizo llorar, sabiendo que Eugenia es tan para adentro (emocionalmente). La madre lo sabe todo. Estos hombres son personajes que, en la intensa historia familiar de los Montemayor, ayudan a averiguar el pasado pero también a despejar el presente para un nuevo futuro.

Todos mis sentidos estallarán de tanto amarte

Para finalizar el análisis de esta increíble (en su amplia visión) película, volvemos a citar un nuevo párrafo de la canción Amor completo, pues con ella el director saca de la cama a estas hermanas, y luego las mete en un consultorio ginecológico parisino para mostrarnos algo que «estallará de tanto amarse» Sí, bien elegida esa melodía porque introduce el amor entre ellas; nos da esas letras llenas de vida, luego de mandar a la madre a la cárcel. ¿Qué loco, no? dar encierro a una madre estragante y bastante enloquecedora que decide cuándo soltar la verdad y cuándo no, una caprichosa. Es la madre que habla de un nacimiento de un nieto que nunca existió, es la que quiere hacer de la vida de otra hija un infierno porque si se quiere suicidar que lo haga sola, y no arrolle a su adora hija mayor al abismo con ella; es la que, a partir de desenchufar la manguera que le daba aire a un marido que ya no soportaría otro ACV, le hace el camino más corto, lo desconecta de la vida y nosotros quedamos sin respiro, y la habitación se vuelve sórdida como cuando se pone un vaso contra la pared para escuchar lo que del otro lado de la habitación hay; es la que quiere hacer pelear a sus hijas porque Mía duerme con Vincent, pero su hija Eugenia le dice que no se meta. Al fin una hija pone un tope sin gritos. Estas hijas son estas hermanas que darán un lugar protagónico a sus vidas: darán sentido a sus vidas a partir de darle un hijo a quien no puede albergarlo… de tanto amarse, dan lugar a un hijo juntas. Sus sentidos estallan de alegría, de vida, de amor, en la fusión funcionan, de hecho tienen un tatuaje de dos delfines en el mismo lugar, y también una cadenita que las enlaza. Ellas están unidas, y el director nos da el detalle de cerrar la tranquera luego de encerrar a esta madre y contarse todas las verdades. Las verdades se desnudan allí, antes de partir de La Quietud un tanto revuelta para ese entonces. Es necesario hablarlas allí para que retorne la calma y se digan cuánto se aman y cuánto se extrañaban y que por ello compartían al mismo hombre: para sentirse, vivirse, permanecer juntas más allá de la distancia. Dejada atrás La Quietud, una nueva vida las espera. El inicio de una vida que se implanta en el cuerpo de la amada Mía. Averiguando un poco sobre el significado del tatuaje de delfines, vemos por ejemplo, que para las creencias celtas el agua tiene el poder para «lavar» los problemas del pasado y rejuvenecer a una persona. El delfín representa la muerte de un estilo de vida pasado y el nacimiento de una nueva vida. También lo ven como un símbolo de la prosperidad y la orientación. Y si sumamos el significado de dos delfines juntos que en las muñecas de ambas hermanas se muestran, damos con lo siguiente: un símbolo de armonía dentro de la filosofía china del yin-yang. Parece que estas hermanas, tras cerrar las tranqueras de la finca encontrarán esa armonía anhelada en busca de su verdad compartida: dos amores vuelto uno con el embrión de Eugenia transferido al útero de Mía. Ni mía ni tuya, de ellas. Un amor inquieto, amor drogado, amor completo.

[i] Amor completo (canción). Artista: Mon Laferte. Álbum Mon Laferte Vol. 1, 2015.

[ii] La quietud (película). Dir. Pablo Trapero, Matanza Cine, Macassar Productions, Telefé, Sony 2018. Protagonizada por Martina Gusmán, Bérénice Bejo, Edgar Ramírez, Joaquín Furriel, Isidoro Tolkachir y Graciela Borges.

[iii] Sigmund Freud: «Lo siniestro», en Obras Completas, Siglo Veintiuno Editores, Buenos Aires, 2013. Volumen XVIII. Pág. 2484.

[iv] Nieves Soria: «Nudos del amor», Editorial Del Bucle, Buenos Aires, 2018. Pág. 228.

 

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Daniela Santandreu
Licenciada y Profesora en Psicología (UNLP). Practicante del psicoanálisis de la orientación lacaniana. Desde el año 2013 el séptimo arte la ha inspirado para la creación de espacios que desarrolla desde la teoría psicoanalítica. Considera el cine como una fuente de inspiración inagotable que aporta a la investigación para la enseñanza y transmisión del psicoanálisis.

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