“EL GESTO GENUINO” ENTREVISTA A FERNANDO SPINER (I)

Fotografía de Carlos Furman

Un atardecer frío de junio, cuando cae el sol y el búho de Minerva levanta vuelo, nos reunimos con Fernando Spiner a través de las ventanitas de Zoom. Fernando en su estudio, Javier en el suyo y yo aquí mismo, donde no muevo más que párpados y dedos. Spiner se encontraba en proceso de posproducción de Inmortal, su próxima película, que en estos días fue seleccionada para hacer su estreno mundial en el Festival de Cine Fantástico de Sitges. Como la charla fue larga y distendida la publicamos en dos entregas.

Javier Bonafina (JB): Fernando, es inevitable que iniciemos preguntándote por Aballay. Nos parece que le das un giro extraordinario a la historia de Di Benedetto.

Fernando Spiner (FS): Bueno, es un elogio exagerado tratándose de Antonio Di Benedetto. Lo que creo que hicimos, y que fue la jugada importante, fue meter ese cuento en el género del western, que en su génesis no lo es. En su génesis, es una historia más psicológica. Lo interesante que tiene es que aborda la psicología de un hombre de fines del Siglo XIX, principio del XX.  Entonces, nosotros hicimos dos cosas que fueron muy significativas. Además de ingresarlo en el género, agregamos el recorrido del vengador, que en el cuento no está. En el cuento vos ves el asesinato del tipo y como ese niño, que es el hijo de la persona asesinada, mira al asesino: Aballay. Y luego el cuento desarrolla el martirio de Aballay. Y vemos como el personaje se queda en su martirio y en su obstinación. Hasta que de golpe, en las últimas dos páginas, pasaron 10 años y ese chiquito ahora es un joven que lo viene a matar para vengar a su padre. Para nosotros, en cambio, el segundo acto de la película es el recorrido de la venganza, el recorrido de ese chico que siendo adolescente está condenado a la venganza, a su propio pesar.

Mariano Colalongo (MC): Te tenemos medio encasillado en tu preferencia al género o al cine de ficción. Sin embargo, realizaste videoclips, documentales, y de hecho la primera vez que nos vimos fue en el cine del Pasaje Dardo Rocha, aquí en La Plata, con tu documental Angelelli, la palabra viva, pero incluso en ese documental jugabas a narrar ficcionalmente. ¿Cómo podrías definir esta tensión entre lo ficcional y la Historia? 

FS: Ayer charlaba con Fito (Páez), después de mucho tiempo que no hablábamos, de Ciudad de pobres corazones 1 que ahora está volviendo a salir a la superficie y creo, o por lo menos me parece, que está un poco atravesado ese recorrido por la búsqueda de un descubrimiento de mí mismo. Por tratar de encontrar algo que me haga sentir –ah, esto era, esto era. ¡Muy bien! Una especie de ¡Eureka!- Se me ocurre que es el modo en el que las películas obran sobre uno. Son esos interrogantes a los que sólo se puede responder probando múltiples respuestas. Por ejemplo, hacer una película de ciencia ficción y ver como metes la realidad en ese género. Que obviamente, no es el gesto genuino. El gesto genuino es que el desarrollo de lo que tengo entre manos me lleva de manera natural ahí. Creo que siempre hay una serie de cuestiones personales, circunstanciales y cósmicas que me van llevando a hacer eso que ni yo sabía que iba a terminar haciendo. Por ejemplo, un director que me gusta mucho es Alain Resnais, el tipo hace una película poética y política como Hiroshima mon amour (1959); y después hace una película política e intimista como Mi tío de América (1980); y después hace una película fantástica como Providence (1977); y a los 70 y pico de años hace un musical, una comedia como Conocemos la canción (1997). Esos son los cineastas que me producen mucha admiración. Los que prueban cosas nuevas y se zambullen a ese océano con decisión absoluta. Al mismo tiempo, porque entiendo que las personas tenemos muchas facetas diferentes. Y también es cierto que tengo gustos diferentes. Me gusta mucho el cine policial, me gusta la ciencia ficción y me gusta el western. También me gusta el cine intimista, metafísico. Una de las películas que, en mi juventud, más me impactó fue una de Krzysztof Zanussi, el director polaco. Esa película se llama Iluminación (1973), y para mí fue un enigma. ¿Por qué me conmovía tanto? Porque iba a ver la película y lloraba; y cuarenta años después volví a verla y encontré como una aparente respuesta; casi metafísica, como si la película hubiera sido una puerta en el tiempo para reencontrarme conmigo cuarenta años después. Y que lo que me conmovía, básicamente, era ese joven que se encuentra frente al misterio de la vida, en el inicio de la vida adulta. Sin darme cuenta, podía ver ese recorrido en mi vida; y después volver a verme en el umbral de ese recorrido. En fin, lo que me impactaba era el misterio de la vida, confrontar con el misterio de la vida. Así que sí, es un misterio y a la vez una decisión abordar distintos géneros. Creo que incluso en la última película que estrené, La Boya (2018), también hay ahí la búsqueda de un género que oscila entre la ficción, el documental, el ensayo, la poesía…

El gesto genuino es que el desarrollo de lo que tengo entre manos me lleva de manera natural ahí. Creo que siempre hay una serie de cuestiones personales, circunstanciales y cósmicas que me van llevando a hacer eso que ni yo sabía que iba a terminar haciendo.

Mientras lo escuchábamos, podíamos sentir la fuerza de un deseo interior, cierto placer por el hacer con otros con ritmos innatos, necesarios, a menudo lentos. Su voz atraviesa la pantalla y nos deja experimentado una extraña sensación. Spiner es un artesano: la mejor artesanía se basa en una participación continua. Es difícil hablar con él y no experimentar la proximidad de una persona profundamente consciente de sus propias sensaciones y experiencia.

MC: Precisamente, queríamos preguntarte sobre La Boya. Estuvimos en el estreno internacional en Mar del Plata, después la vimos en Gesell. Es una película inclasificable, o que expresa todo este sincretismo, esas variaciones de las que hablás; porque trata de ficcionalizar sensaciones, recuerdos… ¿Cómo te sorprendió la recepción de La Boya a alguien como vos, tan experimental, que busca producir un cine que cruce esas dimensiones?

FS: Es un poco como vos decís. Por un lado buscar un recorrido siempre vinculado a la ficción. Me siento muy cómodo en la construcción ficcional… Es una película en la que fui más descubriendo el camino… Por ejemplo, la poesía de mi padre la descubrí haciendo la película y termina estando en el corazón de la película. Cuando estoy en el umbral de la película me armo una frase para decir esta es mi bandera, y esa frase es: “Todos podemos trascender a través de la expresión artística.“ Y descubro ahí como mi padre trascendió a partir de ese gesto de lanzarse a la expresión artística. Y quince años después de fallecer se reencontró conmigo y estuvimos juntos, haciendo una película. La Boya fue todo un descubrimiento y una gran sorpresa la recepción que tuvo. Desde Mar del Plata con su estreno mundial, en las salas, pasé 8 meses en el Malba, estuvimos dos veranos consecutivos proyectándola en el bosque de Villa Gesell, tuvo muchos premios, y fue nominada por la Academia como los mejores documentales en el 2018. Hasta ganamos un premio en dinero, una cosa siempre inesperada, en el Festival de Jujuy. La película está atravesada por poesía todo el tiempo. Así que el desafío era que construyera una poética propia. Lo que era muy difícil, porque poníamos mucho en riesgo. Estás todo el tiempo al borde de lo sensiblero, o la búsqueda de una sensibilidad fácil. En el mismo proceso, intentando ser simples y a través de ese gesto intentar encontrar una profundidad verdadera. Creo que el gran acierto fue mantener vivo el impulso, el punto de partida y la verdad que contenía la película desde un inicio. Que reitero, es algo difícil, porque una película recorre un largo camino; y ese camino está atravesado por circunstancias que generalmente modifican esa verdad y la van moldeando, mutando; y en este caso, si bien fue mutando, como la vida, mantuvo vivo el sentimiento original y terminó constituyendo esa poética que impacta en el espectador y lo hace sentirse parte. 

JB: Y pensando en La Boya ¿te parece que hay algo en ella que es parte de lo trascendental y que se une a alguna idea de la inmortalidad?

FS: Absolutamente, de hecho mi nueva película, que se llama Inmortal, casi te diría que funciona, paralelamente, como ficción pura, dentro de un género que es la ciencia ficción, con La Boya. No es casual que yo fui a presentar La Boya a Mar del Plata mientras estaba filmando Inmortal 2 Al principio de La Boya, mi amigo poeta desarrolló su cosmovisión como persona y como poeta y allí, un poco, lo que dice es que la muerte no existe. Representado en ese bagre que pesca y que va a formar parte de su propio ser y que todo es una permanente mutación y que todo es una transformación. Y en la última poesía de mi padre, en el gran final, con ese ritual con los guardavidas de ir a poner esta nueva boya y empezar un nuevo ciclo, de fondo la poesía de mi padre que dice eso: Voy a volver transformado en grano de arena.

JB: Sabes, Fernando, luego de mirar tu película, no sé porque, el relato me llevó a la epopeya de Gilgamesh y al relato de Mort Cinder de Héctor Germán Oesterheld y el artista Alberto Breccia.

Fernando Spiner nos dice esperen. Se levanta y toma dos libros. Los muestra en la pantalla: Una versión italiana y otra argentina de El Eternauta.

FS: Lamentablemente, no la voy a dirigir yo cuando se haga, porque han elegido a otro director, un director muy bueno. Es una gran obra, cualquier director se sentiría feliz de poder dirigir esa película. Creo que al fin de cuentas, siempre se trata de no perder la esperanza.


(1) Tras volver de Italia, a fines los 80, Spiner conoce a Fito Páez y también, a través de Cecilia Roth, a Eusebio Poncela que protagonizará, años más tarde, su ópera prima La sonámbula (1998). Spiner realiza un film de 54 minutos llamado Ciudad de pobres corazones, inspirado por el disco homónimo del rosarino, disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=Xhqx3q1jXek. Por aquella época (1987) también filma Balada para Káiser Carabela, un cortometraje con Luis Alberto Spinetta como actor y compositor de la música: https://www.youtube.com/watch?v=RnB31RzjBmI, que se filmó, como la miniserie Bajamar (1998) o La Boya, en Villa Gesell, y se proyectó sólo una vez en Argentina aunque fue premiado en Europa y televisado por Canal Plus de Francia.

(2) Inmortal (Spiner, 2020). Con Belén Blanco, Daniel Fanego, Diego Velazquez, Analia Couceyro, Patricio Contreras, Con guión de Pablo de Santis, Eva Benito y Fernando Spiner.
Estreno Mundial en la competencia oficial del Festival de de Cine Fantástico de Sitges, en España. (El más importante festival de cine Fantástico del mundo). Entre el 8 y el 18 de octubre. La incertidumbre por la pandemia impide saber cómo seguirá el recorrido de Festivales, ni cuando será su estreno comercial en Argentina.

(CONTINUARÁ… PARTE II: el 11/08/20)

 

 

 

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