ENTREVISTA A MARIANO HUETER

Entusiasmados luego de ver los primeros capítulos de la serie de aventuras El Legado, emitida por canal 9, fuimos a la sede de la productora Idealismo Contenidos, a entrevistar a su joven director, que se perfila como narrador cinematográfico de peso y gran emprendedor de la producción de cine de género en Argentina. Lo que sigue es una selección de la extensa charla que mantuvimos con él.

AF: ¿Porqué te volcaste a hacer series de televisión y no películas?

MH: En verdad creo que es una tendencia que sucede en el mundo. Los grandes estudios y directores de producción audiovisual se vuelcan hacia el contenido de series. ¿Por qué? Porque para mí el cine es un formato, un medio de exhibición, una sala con butacas, un espacio donde proyectar una historia. La tele es lo mismo pero en trece capítulos, en ocho, etc. Son distintos formatos. Antes el cine era la televisión, porque no existía el televisor en tu casa y el cine era ese gran televisor donde la gente iba a ver historias.

Después sucedió que existió una gran diferencia técnica por la cual las grandes historias tenías que ir a verlas al cine. Y hoy en día el avance de la tecnología genera que esa brecha sea cada vez más chica y prácticamente inexistente, por lo cual tenés la posibilidad de ver grandes historias en tu casa, con grandes despliegues, con gran calidad. Hoy cualquiera tiene un televisor 2k, con un sonido increíble. Y entonces los grandes estudios y los grandes directores se terminan de dar cuenta. Antes si vos eras un director prestigioso para contar con calidad tenías que hacerlo con el fin cinematográfico y ahora ya no tanto. Tenés a Robert Rodriguez haciendo una serie para Netflix, cuando hacía las películas de culto más importantes de todo Estados Unidos. Lo tenés a Campanella haciendo series. Y así pasa en todo el mundo.

AF: En una entrevista decías que en Inconsciente colectivo, mini-serie ganadora del concurso de fomento para ficciones federales, aparecía reflejado el mundo de los jóvenes, adolescentes de colegios secundarios, con sus problemáticas propias, tema que también parece estar presente en El Legado. ¿Por qué crees que te interesa trabajar esa problemática?

MH: A mí lo que me pasa puntualmente es que se me hace muy difícil escribir sobre cosas que todavía no viví. Más allá de contar una historia fantástica de una búsqueda de un tesoro. Me refiero a que generar composiciones de personajes que están muy alejadas a mí se me hace difícil. Y los chicos con los que escribo tienen mi edad también. Sin embargo, en las ficciones que hacemos hay personajes más grandes y más chicos también. Pero siempre inevitablemente caemos en un foco donde las problemáticas principales en algún punto pasan por los jóvenes porque, primero, las vivimos y las vemos y, segundo, porque muchas de las cosas que vemos, en la tele no las reflejan. No las reflejan o las reflejan de una forma arquetípica, absurda. Entonces si se puede generar el contexto para tocar un poco las problemáticas jóvenes, las tocamos. Y además nos gusta porque lo sentimos cercano. A veces desde muchas producciones audiovisuales se ningunea al joven, pero no al joven dentro de la serie sino al joven como espectador. Se piensa: alguien de diecisiete años va a ver esta serie entonces hablemoslé de las chicas, de qué van a hacer el fin de semana. Y después vos ves que muchos chicos de diecisiete años ven Breaking bad, y se ponen a fondo con una serie que trata sobre el narcotráfico, bajado a la línea de la familia, del día a día. Parece que la gente piensa que el joven es medio un estúpido. Que no sabe qué ver. Y sin embargo tenés a todos los pibes enganchados con series mucho más complejas en el mundo.

AF: ¿Qué otras preocupaciones además de la del mundo de los jóvenes hay en tus obras?

MH: A mí me gusta mucho hablar sobre los vínculos que existen dentro de la misma familia. Me molesta mucho cuando por hablar de los vínculos de familia, la serie se llama “Problemas de familia”. Me parece que de los temas se puede hablar como sub-trama sin que el motivo por el cual uno ve la serie sea ése. En Londres, por ejemplo, se hace una serie que se llama Orphan Black sobre la clonación y habla mucho del tema de la identidad, sin ser el único tópico que trata.

Un tema que siempre me gustó desarrollar son los vínculos familiares: el vínculo padre-hijo, el vínculo de relaciones entre hermanos, y demás. En Inconsciente está muy presente, en El legado también. Y me parece que cuando uno arma un personaje está bueno también armar un vínculo que de alguna manera haya determinado su accionar. Porque uno acciona de determinada manera, toma decisiones, muchas veces por el contexto familiar que tuvo, por cómo lo trataron. En la película que voy a filmar dentro de poco también: es un pibe que tiene que justificar una muerte, o hablar de un asesinato por el cual lo incriminan, que tiene que ver con la muerte del padre. En El legado el padre tiene una relación muy complicada con el hijo. O en Inconsciente colectivo que un padre diputado por proteger a la hija la aísla de todo su contexto social, de sus compañeros y demás.

AF: En Inconsciente colectivo veíamos una fuerte impronta szifroniana, ¿Lo considerás una influencia en este tipo de policial argentino, clásico y moderno al mismo tiempo?

MH: Para mí Szifrón es un gran director y un gran escritor. Es un referente y una gran influencia. Creo que él tiene un tono para tratar las cosas que pasa por debajo de lo superficial, eso es lo que a mí me gusta. Tiene ese toque, ese tratamiento entre lo trágico y lo cómico, que es preciso. Me parece que es un director que sabe hacer una peli donde sucede un drama tremendo, pero que no deje de perder el tono de lo absurdo, o el tono de la comedia dentro de algo que es trágico. Y por otro lado maneja los saberes, qué le cuenta al espectador, con qué lo sorprende, de una manera muy buena. Claramente es un referente junto con otros directores argentinos. Después uno puede criticar cuán seguido no hace cosas, cuánto deja esperar, pero sin dudas es un gran director.

AF: En El Legado, llevás a la pantalla a la figura de Garibaldi, y su paso por Entre Ríos, a mediados del siglo XIX ¿cómo surge esa idea?

MH: Bueno, la idea de El legado surge para contar este mito de Garibaldi, porque mi socio puntualmente es gualeguaychuense, y mi familia es colonense, de Entre Ríos. Conocemos mucho sobre eso. Nos parece un lugar lindo para filmar, tenemos siempre ganas de hacer una historia que suceda por ahí. Salir un poco de capital que siempre todas las historias de las series y telenovelas pasan por Buenos Aires, cuando tenemos un país inmenso, con unos escenarios increíbles, y que además cada escenario distinto del país da una dinámica. Vos ves Breaking Bad, una serie que sucede en el sur de Estados Unidos: todo ese contexto es completamente diferente y genera que esa serie y esas acciones pasen de una manera distinta que si fuese en Nueva York o en Manhattan. Acá hay algo de que si no es Buenos Aires a nadie le interesa. Toda nuestra historia pasa en Gualeguaychú. Y no es lo mismo: los chicos están caminando por la calle, preparando, buscando una pista… vos podés buscar un tesoro en Gualeguaychú, me da la sensación de que en Buenos Aires es más complicado. No sé, te tomás el metrobús, no sé cómo hacés.

Entonces un poco la idea surgió por eso. Y después porque no me gusta tanto que acá, cuando se hacen películas históricas, está esa solemnidad de la historia. Lo que es histórico tiene que ser aburrido, el personaje histórico siempre habla con una voz impuesta. Y en otros países agarran la historia para modificarla mucho, para generar con eso una ficción, una historia nueva. El extremo más absoluto es el estreno de Lincoln como caza vampiros… agarran un presidente. Acá si vos hacés ¨Alfonsín el zombi¨ seguro te salen a matar.

Sin caer en ese extremo, nos parecía muy bueno agarrar la figura de Garibaldi, que es una figura muy polémica, y decir: no me importa tanto qué se piensa de Garibaldi, sino que va a ser el héroe de mi historia. Tengo este dato histórico de que pasó por acá, en base a eso vamos a contar un mito y una leyenda desde los ojos del presente. Y desde los ojos de unos chicos que están buscando un tesoro, que no es lo mismo que desde los ojos de un profesor de literatura de cincuenta años. Y donde el pasado en nuestra ficción cumple la función de hacer que avance el presente, para devolvernos información de un supuesto tesoro en la actualidad. Nos parecía muy interesante viajar en dos tiempos, que la tensión esté en dos lugares diferentes, y que se suspenda la acción. Que vos veas un pedazo de pasado y te suspendamos la acción, y esa incógnita, hasta veinte minutos después. Pero mientras tanto suceda otra cosa, y después vuelva a quedar suspendida.

AF: Una pregunta más de El legado y la idea es meternos en algunas cuestiones vinculas al lenguaje cinematográfico. El legado toca varios registros de género: por un lado el policial, que vos ya habías trabajado en Inconsciente colectivo, y por otro lado la aventura arqueológica, que nos hacía acordar a Indiana Jones; novelesca de espadachines, como “Los tres mosqueteros” de Dumas… la primera pregunta es ¿por qué trabajás esos géneros? Y la segunda: ¿te gustaría trabajar otros géneros que no hayas trabajado aún?

MH: Primero, hay muchos géneros que acá, por una cuestión presupuestaria, no se hacen. Como por ejemplo todos los que acabás de nombrar: aventuras, los espadachines, historias de piratas, policiales de mayor despliegue. Un poco lo que nosotros queríamos hacer era demostrar que no siempre hace falta mucha plata para hacer esos géneros. Sí hace falta mucha pre-producción, mucha investigación, mucho armado, que es a veces lo que acá escasea pero por una cuestión práctica de que lo van cambiando en el momento, a ver cómo reacciona el público, que entiendo que a muchos productores les puede servir porque si no es muy difícil sostener la tele. Pero que es medio desagradable cuando ves la serie en su conjunto: esos policiales que se terminan convirtiendo en una comedia o terminan siendo un drama novelesco, un culebrón mejicano. Nosotros lo que tratamos de mostrar es cómo se puede hacer algo que es fiel a una iniciativa que se plantea, a un género o a una convergencia de géneros, y eso para mí se reivindica mucho. De hecho, tenemos tres canales de afuera que tienen ganas de pasar El legado. Y de emitirlo y de comprarlo. Porque es una serie que empieza y termina fiel a un estilo. Es una temporada completa de una serie como cualquier serie que podemos ver de afuera.

Y hablando puntualmente de qué géneros me interesan, yo soy director, y me gustan los géneros que te permiten explayarte como director. Probar muchos y diferentes registros de escenas, jugar con los actores, crear personajes interesantes. En ese sentido nombrabas a Dumas… es como una musa inspiradora increíble porque nosotros siempre decíamos cuando armábamos la serie: en el fondo es prácticamente “El Conde de Montecristo”. Y uno tiene referencias todo el tiempo de cosas que ya se han escrito mucho antes y que son insuperables, y que uno adapata a los lenguajes de hoy en día, y trata de expandir y usarlo como propio para contar otras historias. Porque nadie va a inventar nuevas estructuras dramáticas. Sí puede inventar nuevos contenidos, pero es muy difícil inventar nuevas estructuras dramáticas. Entonces esos géneros son tan lindos, son tan básicos en el fondo, en el sentido de que es el drama básico de la vida: la venganza, la búsqueda de la identidad, tratar de cumplir un objetivo, tener una misión por la cual pelear, realizarse como persona. Ahí hay unos géneros base que siempre están.

Por otro lado, como gran fanático del policial, tengo una teoría que es que cualquier género, sea cual sea, se puede adaptar a la lógica policial. La lógica policial tiene un significado que va de la mano de la incógnita, y de resolver algo que puede ser un crimen pero que tiene que tener las cualidades y estructuras de un crimen. Hay muchas novelas y mucho material literario de la antigüedad, que sin que exista el género policial ya era policial. Lo cual refuerza la teoría de que todo en el fondo puede tener una vertiente de policial. Y como a mí me gusta mucho la figura del detective, sea o no un detective, o un psicoanalista como en Inconsciente colectivo, me parece que la gente se engancha con el hecho de tener una persona con la cual identificarse, y vaya resolviendo las diferentes incógnitas de la trama de la mano de ese personaje. Siempre caemos en que hay algo policial de fondo.

Si tenés la posibilidad de hacer una serie y de probar algo que te gusta tenés que ir con eso. Porque nunca le vas a poner tanto entusiasmo como al hacer algo que verdaderamente te guste. Cuando teníamos que armar la serie, te juntás con productores, con gente que tiene que llevar adelante tu proyecto, que está llevando adelante otros proyectos, y te dice: vos estás loco, una pelea de espadas te lleva un día hacerla cuando hacés doce escenas, o medio capítulo, o un tercio de capítulo de una serie, con personajes que simplemente conversan. Pero una pelea de espadas es para lo que yo estudio cine. Nunca voy a poner más en juego mis habilidades como director que viendo cómo recreo una pelea de espadas, que es algo muy complejo, mientras están pasando otras cosas en la trama, y la pelea de espadas no significa solo eso sino que significa un montón de otras cosas. Me parece que los géneros que más me permiten jugar como director son los que termino eligiendo.

AF: Tenés la particularidad de que participás de todo el proceso creativo: partís de una primera idea, trabajás en la elaboración del guión y después dirigís. ¿Cuál de esos momentos te parece más preponderante? ¿Por qué?

MH: A nivel producción, el momento más importante es la escritura del guión, y lo que se llama la pre-producción, que es el armado de todo lo que va a suceder en la filmación: conseguir los actores, los lugares, los espacios, modificar los guiones, mejorarlos, achicar cosas que son muy costosas, y levantar cosas que quizás tengan el mismo peso dramático pero que no valgan tanto. Todas esas decisiones que tiene que tomar el director, me parece que son las más importantes. Después la filmación es ejecutar aquello que planeaste en la pre-producción. Estar atado a la escritura del guión, y además saber que voy a ser el que lo va a dirigir, te permite tener una visión muy firme de lo que querés hacer. Yo saco y pongo algo porque sé que el que después lo va a tener que hacer soy yo. No le estoy tirando un muerto a otro director.  Entonces tenés una conciencia muy directa. Me parece la etapa más fundamental. Lo que falla en la preparación de una filmación, falla en la filmación.

La etapa más placentera para mí es la de la escritura del guión. Porque es el momento en el que todo es posible. Ahí no tenés límites, escribís. Cuando te sentás con una idea que te entusiasmó, porque por eso te sentás, y empezás a armar escenas, personajes, diálogos, etc.

Después el momento que dirijo es un momento que disfruto mucho cuando termino. Primero porque es muy frustrante, porque muchas de las cosas que pensaste en el guión no se terminan pudiendo hacer como las habías pensado. Segundo, porque la filmación puede durar mucho tiempo. Es un momento en el que todo lo que tiene que salir mal va a salir mal. Donde el director está todo el tiempo laburando con un montón de variantes que pueden fallar. La gente de vestuario, que tiene que tener todo listo en tal momento, el lugar, la lluvia, el clima, y donde no estás tan libre para hacer en verdad lo que vos querés. Recién hablaba de una escena de espadas. Estás con tu cabeza armando la escena de espadas, llegaste y ese día llovió, y tenés que salir con interior comisaría, y no estabas ni preparado mentalmente. Vos estabas pensando cómo le ibas a hablar a Machín para que haga esto, lo otro, y te cambió todo. Sí lo disfruto cuando termino. Digo: se hizo, no pasó nada, salió bien.

Una etapa que disfruto mucho también es el montaje porque el montaje son tres meses en que estás con los montajistas armando. Inclusive volvés a escribir el guión, porque lo que en guión era de una forma quizás lo modificás en el montaje: éste final no quedó tan fuerte, porque íbamos a terminar con una grúa que se levantaba de fondo y al final no se pudo hacer. Terminemos entonces con la frase del tipo un poquito antes, y así. Me parece que todas las etapas tienen lo suyo. Lo lindo del director es que, escriba o no, las tiene que atravesar todas sí o sí, porque es quien va tomando todas las decisiones. La pre-producción me parece la más fundamental, donde todo tiene que estar hablado, diagramado, proyectado, porque si no después terminás pre-produciendo en filmación, y eso te genera un montón de problemas.

AF: Le das mucha importancia a los cortos, además de que ideaste un programa sobre ficciones cortas que se emitía en canal (a) y se sigue emitiendo. ¿Porqué crees que es tan importante ese registro narrativo?

MH: Primero que para mí son importantes los cortos porque uno puede probar lo que puede llegar a tener censura en otros formatos. Te encontrás probando la cámara que gire para todos lados, la cámara en mano, trípode, un actor desnudo, un chico, un grande, podés filmar quince horas. Al no estar profesionalizado es el lugar ideal para probar aquellas cosas que te entusiasman como director.  De hecho, en muchos cortos que son geniales hay una libertad que se nota en el director, que después no la tenés en muchas películas.

Segundo porque es un desafío muy complicado, aunque no lo parezca, el hecho de contar una historia en ocho minutos. Hablábamos de identificarte con un personaje… digo: ¿cómo lo hacés en ocho minutos? ¿cómo hacés para quererlo, amarlo, no querer que se muera? Muchos creen que un corto es una película cortita y no es igual que una película. A veces no hay que identificarse con el personaje y sí con una situación. Un corto es como una especie de chiste. Todo un mundo que es de fácil acceso, porque hoy en día con las tecnologías que hay cualquier estudiante puede salir a filmar un corto. Es como un potrero para un director técnico de fútbol, donde se encuentran las mejores cosas y las más interesantes del cine. Me parece importante mostrarlos, por eso el programa. A veces se ningunea al cortometraje, o no hay un espacio formal para mostrarlos. El programa genera ese espacio, genera que el que quiera sabe que ahí hay cortos, que eso después se replica en la web, y también incentiva a que se hagan para luego ser emitidos.

Además el cortometraje cada vez tiene más importancia a nivel formal (en el sentido de la forma) porque el hecho de ver contenidos audiovisuales de poca duración, es la tendencia a nivel mundial. Uno ve en el celular algo que dura seis o siete minutos. Una serie web que son todos capítulos de cinco minutos. El corto que era algo antiguo ahora es moderno. Es una comunicación rápida, la gente no tiene tiempo, por ahí en el colectivo quiere ver una historia. Cada vez hay más canales a nivel digital que emiten cortos, espacios donde se pueden poner cortos, y lugares donde uno puede ver un corto: los televisores de las estaciones de subte, en los aviones, en sitios de internet. Es como que hay cada vez más espacios donde uno puede ver una historia que dura poco tiempo.

AF: También incursionaste en el mundo del videoclip y la publicidad. Se dice que a ambos les diste una impronta cinematográfica ¿llamarías cine a estos dos registros?

MH: Desde el punto de vista de la publicidad, puntualmente, creo que no, que no es cine. Ya desde el hecho de que el fin es vender un producto. Una película también se intenta vender, pero venderla en el sentido de generar empatía y ganas de que la gente vaya a verla. Pero cuando el protagonista de tu publicidad es un aceite de oliva o una cerveza, me parece que ahí ya está la diferencia más grande con el cine. Sí uno puede tratar de encontrar un look cinematográfico. O una manera de contar que se asemeje más a lo cinematográfico en cuestiones narrativas y estéticas. Y quizás hacer algo más artístico. Pero para mí el anclaje netamente comercial de la publicidad, la separa del cine que es muchísimo más artístico.

Los videoclips sí creo que tienen algo más cinematográfico. Hay cantidad de directores que han hecho videoclips: Lars Von Trier, Tim Burton, Campanella, donde el guión es la música, y eso es lo interesante para mí. Después uno respeta o no, como hace un director a diario, más o menos el guión. Pero está bueno porque es una película cortita, de tres minutos, donde tu guión es la música, donde tenés una estructura marcada, porque la música tiene una estructura. Donde tenés diferente tiempos, diferentes climas. Después, como pasa con el cine también, tenés videoclips que son más comerciales y otros más autorales. Pero me parece que ahí sí va más de la mano del corto y se puede asemejar más al cine.

AF: ¿Qué es para vos el cine?

MH: Para mí el cine es un soporte. Y me gusta decir eso en el sentido de que es un proyector, con una película y una sala. Cine es eso. Eso genera todo una mística, todo un culto y todo un ritual cinematográfico. Pero después si uno dice “el cine es la película” y la película se pasa por televisión te surge la pregunta: ¿es cine o es una película? Muchas veces se separan esas dos cosas. Entonces en primer lugar es un soporte, que está cambiando, que está pereciendo, que tiene diferentes vertientes, que inclusive con el avance de la tecnología se lo trata de modificar en su peor forma, que es el 3D, que no tiene nada que ver con la experiencia cinematográfica.

Después me parece que tiendo a llamar cine a otras cosas, más amplias, que son las películas, los cortos y las series que tienen una metodología de producción cinematográfica. Una telenovela no es cine. Pero para mí un unitario o una serie por temporadas es una película contada en varios episodios. Y cada vez más. De hecho, en Estados Unidos se estrenan las series que son furor en salas de cine y uno puede ir a ver el tercer capítulo si quiere. Se estrena Sherlock por ejemplo, en Londres. Tres capítulos es la serie. Claramente es una película cortada en tres partes. La temporada entera son tres películas, separadas en tres capítulos cada una.

Lo que está pasando es que por una cuestión de comercialización se mezclan estos dos soportes: la pantalla de tu casa y la pantalla del cine. Cada vez están más emparentadas. Pero después me parece que el cine es el lugar o el espacio que uno tiene para contar historias, y siempre vamos a necesitar contar historias, sea con la tecnología que fuese. Antes con libros, ahora de manera audiovisual, y el soporte donde la veas es indistinto a la necesidad del hombre por contar historias, y por entusiasmar a diferentes personas y motivarlas a que vean esas historias. Para mí eso es el cine. Si dentro de quince años se ve en una pantalla que se refleje en el prisma de no sé qué, o lo podés ver en la ventana de tu cuarto, no importa… si la idea es entusiasmarte con una historia, seguir el camino de un personaje y buscar algo en lo que vos te sientas identificado, y pasás la experiencia de índole cinematográfica, para mí sigue siendo cine.

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Alvaro Fuentes
Profesor de Filosofía de la UNLP. Hace unos años dicta talleres de Cine y Filosofía en espacios de educación formal y no formal. Es editor del libro de análisis cinematográfico “La imagen primigenia, un enfoque multidisciplinar del cine”. Escribe y coordina en La Cueva de Chauvet.

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