FESTIVAL DE VENECIA 2017: 5×1

En un confuso episodio cibernético, uno de los miembros de esta secta adoradora del demonio-cine que es La Cueva de Chauvet se ganó la posibilidad de ver cinco películas del Festival de Venecia 2017. Aquí algo de la experiencia.

 

Ah, Italia. Ah, Venecia. Desde que erradicaron la peste la ciudad es un poco menos espantosa. Digo un poco menos porque todavía persisten las aguas pútridas en las que se hunde lentamente. Tuve la oportunidad de ‘visitarla’ en el marco de la septuagésima cuarta Mostra Internazionale d’Arte Cinematografica La Biennale di Venezia. Se preguntarán por qué las comillas. Es que la única forma de que un mamífero otrora ectomorfo devenido gelatinoso de clase media baja como yo pueda visitar Europa es por medio de la desmaterialización. Y no me refiero al derretimiento alla Dirk Bogarde en Muerte en Venecia de Luchino Visconti. Es algo más complicado: implica la licuefacción y la posterior transducción en un código informático con acceso al streaming de películas de Festival Scope. La oferta no es variada, pero se trata de premieres mundiales, cuatro de la sección Orizzonti y una de Cinema nel Giardino. Por otra parte, el contacto entre crítico recodificado y relanzado a través del hiperespacio y las películas localizadas en el Primer Mundo es lo más cercano a la intimidad sensual que puedo esperar.

Ahora, en orden de preferencia, esas cinco películas con las que tuve la posibilidad de intimar, la posibilidad, no, mejor aún, la certeza de decepcionarlas y de ser decepcionado por ellas.

The Night I Swam [La nuit ou j’ai nage] – Damien Manivel, Kohei Igarashi (Francia, Japón, 2017)

Pequeña aventura nival. En un Japón sorprendentemente deshabitado, cubierto de nieve, un niño se despierta de madrugada tras la partida de su padre, quien va a trabajar a la pescadería. Acaricia a su perro akita, toma fotografías, dibuja, intenta despertar a su hermana mayor. Consecuencia: tendrá sueño durante todo el día. Vaga y parece perderse. ¿Lleva su dibujo al padre? Abrigado a más no poder, el pequeño será como un tierno buñuelo presto a desplomarse en cualquier parte. ¿Odisea onírica? Ningún personaje hablará durante el transcurso de la película, todo quedará cubierto de un mutismo blanco. Tampoco hay mucha oportunidad de diálogo, a decir verdad. Pero no estamos ante una alegoría de la incomunicación en la sociedad japonesa ni nada que se le parezca. Sí, quizás, ante una historia de devoción.

Pero no estamos ante una alegoría de la incomunicación en la sociedad japonesa ni nada que se le parezca. Sí, quizás, ante una historia de devoción.

Disappearance [Napadid shodan] – Ali Asgari (Irán, Qatar, 2017)

Muslim people problems. Hasta qué extremos absurdos pueden llegar las leyes y costumbres de los países. En este film, una chica llega en taxi a un hospital. Se la ve un poco ida. Con dificultad dirá que fue violada. De aquí en más se trabaja con una dosificación de la información que genera suspenso e incomodidad. De más está decir que no todo es lo que parece, y que la liberalidad de la juventud iraní urbana de clase media se da de bruces con las leyes de la teocracia. El recorrido será agotador, física y mentalmente, al punto de la disolución del cuerpo de la protagonista. La cámara mostrará, por momentos, una capacidad persecutoria.

Nato a Casal di Principe – Bruno Oliviero (Italia, 2017)

Telefilm (o así parece) basado en un caso real. Es la única de las películas de la lista que no pertenece a la sección Orizzonti. A finales de los ochentas, Amedeo Letizia deja su pueblo natal, Casal di Principe, en el sur de Italia, para intentar una carrera como actor en Roma. Sus sueños sufrirán un duro golpe cuando uno de sus hermanos, Paolo, sea secuestrado. Todas las sospechas caen sobre el clan Casalesi, la mafia local. Nada se hace sin su consentimiento. Amedeo retornará y buscará hacer justicia por sus propias manos. El film explota bien la potencia de la figura del desaparecido (con la salvedad de que éste no es un desaparecido por el Estado), el vacío que genera en la vida de los seres queridos no ya la probable muerte del hijo y hermano sino su completa ausencia.

Under the Tree [Undir trénu] – Hafsteinn Gunnar Sigurðsson (Islandia, 2017)

Estereotipo de película festivalera, presenta un conflicto central y otro secundario. Primeramente, tenemos a dos matrimonios vecinos y cierta tensión por la sombra que produce el árbol de unos sobre el patio de otros. Al matrimonio 1 —los dueños del susodicho vegetal— les desapareció un hijo y la madre, como consecuencia, está psíquicamente alterada. Tienen aún otro hijo, que es descubierto por su esposa mientras se masturba mirando un video porno de él mismo con una novia anterior, lo que lleva a la mujer a echarlo y tratarlo de tal forma que nuestra simpatía será desviada hacia él. Mientras tanto, el muchacho se mudará con los padres, envueltos en una escalada violenta con sus vecinos que incluye acusaciones mutuas de agresiones y todo tipo de crueldades. Al igual que en la película mencionada antes, la desaparición y sus consecuencias jugarán un rol central: como ya dijimos, la de uno de los hijos, pero luego también la de una mascota, que desencadena una serie de salvajadas, para terminar, predeciblemente con un gesto sardónico.

Endangered Species [Espèces menacées] – Gilles Bourdos (Francia, Bélgica, 2017)

Quinto largometraje como director de Bourdos, nos presenta una serie de historias entrelazadas (con preponderancia de una de ellas) que ha suscitado perezosas comparaciones con Robert Altman. El drama central es un correcto estudio de manual de una relación marido-mujer abusiva. Como aderezos, un padre que se divorcia y, al mismo tiempo, se entera de que su hija está embarazada de y se va a casar con un hombre anciano; y un muchacho tímido y estudioso que debe lidiar con una madre que sufre un brote psicótico al ser abandonada por su marido en provecho de una mujer más joven (verán, hay aquí un patrón). Es esta última historia la más sensible de todas, quizás por la interpretación de Damien Chapelle como el joven becario, que logra hacernos olvidar un poco su carácter de galán. Lo peor, la tragedia mezclada con mensaje esperanzador —oh, la vida, pese a todo, se abre paso—.

Compartir

Compartir
Ezequiel Iván Duarte
Es licenciado en Comunicación Social por la UNLP. En la actualidad cursa el doctorado en Comunicación de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la misma casa de altos estudios. Investiga la obra del pintor, escritor y cineasta Jorge Acha, las formas en que figura la historia.

No hay comentarios

Dejar respuesta

quince − 1 =