FESTIVAL DE MAR DEL PLATA: MÁS IMPRESIONES

No siempre los tiempos periodísticos nos obsesionan. Pasado ya casi un mes del festival de Mar del Plata, uno de nuestros escribas comparte impresiones, según su ritmo de decantación, de algunas películas que vió.

 

Como todo recorte, el presente está cargado de subjetividad, que en este caso es doble: la primera selección es respecto a los films vistos, que deja a la enorme mayoría afuera, y el segundo recorte es sobre lo visto: aquí va una reseña y comentario para compartir sobre tres películas.

Entre Perón y mi padre

Documental Argentino, de poco más de una hora de duración, presenta una extraña riqueza que constituye su singularidad: sólo pudo haber sido producido por quien lo produjo.

Ni documental histórico, ni biografía sobre una figura histórica, ni memoria personal. Este documental se instala en una intersección difícil de repetir: el hijo de un biógrafo narra, desde su historia personal y su experiencia privada, la relación entre ese biógrafo y su biografiado: Tomás Eloy Martínez y Juan Domingo Perón.

La condición radica en una triple intersección entre el personaje histórico, la vida privada de su biógrafo, y un tercero que observa y a la vez es parte de la situación: “Yo competí con Perón por la atención de mi padre”.

En esos términos lo expresa el director del documental, que es el propio implicado, hijo de Tomás Eloy Martínez, Blas. Y es que las memorias personales de Blas Martínez, y sobre todo sus recuerdos de infancia, están atravesados por la historia política.

¿Quién es el personaje de este documental? ¿Cuál es su foco? Es difícil de establecer.

Hay una segunda intersección que podemos observar en el documental y que resulta interesante resaltar: la experiencia subjetiva como fuente de acción política. Existe una tendencia a establecer una separación conceptual y metodológica entre los asuntos políticos y la vida privada de las personas. Sin embargo, la verdad es resbaladiza, y requiere contorsiones para su captación. Y la misma historia de Perón nos presenta un fragmento donde la mencionada interacción se materializa. En una de las entrevistas grabadas de las numerosas que exhibe el film, al hablar sobre el estatuto del peón rural, Perón cuenta que promovió este proyecto porque se acordó de su infancia en la Patagonia, y recordó como sufrían esos pobres hombres, y expresa que si alguien sabía lo que sufrían era él, porque lo había vivido. Acá, la experiencia personal de Perón, su identificación solidaria con el sufrimiento de esos peones, se transforma en fuente de acción política.

Hay una tercera interacción que nos deja el film y es la que Tomás Eloy Martínez expresa que existe entre historia y literatura. Según él, la literatura puede llenar los vacíos que deja la historia, por tanto, es más cercana a la verdad, ya que la historia requiere del dato documental, el testimonio explícito, para poder mostrar la verdad, mientras que la literatura puede completar la historia con los fragmentos de verdad que carecen de testimonio.

Thelma

Esta película noruega, dirigida por Joachim Trier, es presentada como una versión moderna del clásico de Brian De Palma, Carrie.

Thelma muestra, desde muy pequeña, la capacidad de que sus tendencias agresivas se hagan realidad. El temor atávico de las tribus totémicas y de todo neurótico obsesivo parece cumplirse aquí. Cumpliendo la trama del manual edípico, siendo niña Thelma tiene celos de su hermanito bebé, a quien hace desaparecer una y otra vez como por arte de magia. Los padres ya conocen la diabólica capacidad de su la niña, y en sucesivas ocasiones logran encontrar al bebé, hasta que un día sucede la tragedia.

Desgarrados por la pérdida, y sin saber qué hacer con su hija, convertida en una asesina involuntaria, los padres descubren que los poderes mentales de Thelma pueden ser anulados: su satánico potencial radica en que sus “malos pensamientos” se vuelven realidad, por tanto, si esos “malos pensamientos” son evitados, su poder destructivo es anulado y Thelma se vuelve inofensiva.

Escenas pausadas, diálogos espaciados, paisajes prístinos, impecable vestuario, un remanso de cine figurativo, esta película larga y entretenida, dirigida y guionada por Xavier Beauvios, y con música del legendario Michel Legrand, nos muestra un costado poco abordado de la historia bélica.

Y es aquí donde nos encontramos con una convergencia entre la problemática de Thelma y la religión, y con una versión inesperada de “la cura por la religión”, que viene a subsanar el maligno don recibido. Evitar los malos pensamientos es un mandato religioso que viene como anillo al dedo a la ocasión, y los padres le inculcan de pequeña a la niña que todo mal pensamiento es pecaminoso, y que arderá en el infierno si piensa mal de los demás.

Así, todos los días el padre habla con ella sobre lo que hace y lo que piensa, y corrige todo “mal pensamiento” que ella tenga, atemorizándola respecto a lo terrible que es el infierno. De más está decir que esto convierte a Thelma, con el tiempo, en una joven apocada y reprimida, y que un día esta receta milagrosa deja de ser efectiva.

Además de estas interesantes sutilezas que enriquecen la trama de este film respecto a su antecedente Carrie, nos concede un broche de oro sobre el final, en una escena que rememora el episodio bíblico del paralítico del estanque de Betesda, y que nos alienta a creer que los poderes de Thelma no sólo sirven para hacer el mal.

Les gardiennes

Escenas pausadas, diálogos espaciados, paisajes prístinos, impecable vestuario, un remanso de cine figurativo, esta película larga y entretenida, dirigida y guionada por Xavier Beauvios, y con música del legendario Michel Legrand, nos muestra un costado poco abordado de la historia bélica. ¿Qué sucede con las familias de quienes participan del frente de batalla?

Las historias más habituales suelen mostrarnos y hacer foco en el soldado o combatiente que parte a la guerra y el foco se centra en él como protagonista. Aquí, la cámara no va al escenario bélico, en este caso, de la primera guerra mundial, sino que se queda en el hogar, en el seno de una familia campesina.

No es la historia de quienes van a la guerra, sino de quienes quedan. Y como quienes parten a la guerra son los hombres, quienes quedan fuera son mayoritariamente mujeres, niños, y hombres de edad avanzada o con dificultades físicas. Se trata de los elementos de la historia que no han tenido menor visibilidad para los estudiosos e interesados de la historia.

De esta manera, el film aborda la vida familiar e íntima de estas mujeres que se encargan de sostener el hogar, el trabajo, el comercio, los negocios, la administración completa de la unidad familiar, de sostener, por tanto, a la nación en su conjunto, mientras los hombres luchan en el frente.

Como agregado, la película nos entrega una sorpresa: no sólo a los hombres parecer estar reservada la posibilidad de ejercer el rol de un “pater familias” déspota e impiadoso, que sacrifica la felicidad de sus hijos en nombre de supuestos valores familiares.

 

Compartir

Compartir
Es licenciado en psicología por la Universidad Católica de La Plata. Es profesor de dicha institución desde hace ocho años. Se interesa por las temáticas relacionadas al psicoanálisis, el cine y la literatura. Escribe para la revista virtual LA Cueva de Chauvet desde sus comienzos.

No hay comentarios

Dejar respuesta

5 × 1 =