KENNETH ANGER: EL CHIMENTERO VANGUARDISTA

El autor analiza el primer libro del cineasta experimental Kenneth Anger, que trata sobre los escándalos del Hollywood de comienzos del siglo XX.

 

Kenneth Anger es un cineasta norteamericano conocido por haber realizado, entre mediados de los cuarenta y comienzos de los setenta, una serie de cortos y mediometrajes vanguardistas precursores, inmensamente relevantes tanto para el cine independiente americano de los sesenta y setenta como para muchos directores que abordaron temáticas LGBT —también, en gran medida, de forma independiente— de los ochenta en adelante. Cineasta polémico, y también polémico en algunos posicionamientos a nivel personal (fue amigo cercano del fundador de la Iglesia de Satán, Anton LaVey, y ha afirmado tener una mirada negativa sobre la gente de raza negra), Anger publicó en 1959 un libro provocador llamado Hollywood Babilonia (Hollywood Babylon), que funciona a modo de anecdotario grotesco, impiadoso —y, por momentos, gore— del período dorado de Hollywood.

El libro, editado originalmente en Francia, tuvo su primera edición norteamericana recién en 1965 y, tras diez días de circulación en librerías, fue prohibido. La segunda edición tuvo lugar diez años después, gracias a Straight Arrow Press, una editorial que publicaba, entre otras cosas, la revista Rolling Stone y libros de Bob Dylan y Hunter S. Thompson[1]. Como era de esperar, Hollywood Babilonia adquirió fama de libro maldito. El complemento ideal de su contenido explosivo y su censura fue la recepción negativa por parte de la crítica cinematográfica (entre ellos, un investigador tan respetado como Kevin Brownlow), que en general lo consideró una recopilación de mentiras y fabulaciones inventadas solo para difamar a sus protagonistas y ganar un poco de espacio en la prensa. Durante algunas décadas (el anecdotario del libro comienza alrededor de 1915) el naciente Hollywood presentó una cantidad demencial de atractivos para actores, actrices y productores que, de un día para el otro, se encontraron llenos de dinero, bienes, sustancias y personas a su disposición. En ese contexto hay que leer al libro de Anger — que, más allá de ciertas exageraciones e inventos, contiene muchos datos reales.

Analizar a Hollywood Babilona línea por línea, dato por dato, es una tarea prácticamente imposible. Muchas de las fuentes trabajadas por Anger son rumores y columnas de chimentos de la época. Es difícil saber, en ciertos casos, hasta qué punto el autor pone el foco en lo “escandaloso” y lo exagera para impactar, y cuándo directamente inventa datos de la nada. La sensación general que queda después de leerlo es, justamente, la de Hollywood como un paraíso de excesos y hedonismo, de derroches grandilocuentes, droga, alcohol y sexo. Pero está claro que Anger hace un recorte, y que ese no era el ritmo de vida de todos los artistas cinematográficos americanos. Y en todo caso, si así lo hubiera sido, ¿cuál es el problema? El problema es que Anger no se centra solamente en lo inofensivo, en esos datos intrascendentes de la vida privada que solo pueden importar a los aburridos lectores de revistas de chimentos, sino que —con oscura perspicacia— selecciona sobre todo los casos que culminan en muerte. El asesinato y el suicidio son moneda corriente en su libro provocador.

Hollywood Babilonia adquirió fama de libro maldito. El complemento ideal de su contenido explosivo y su censura fue la recepción negativa de parte de la crítica cinematográfica que, en general, lo consideró una recopilación de mentiras y fabulaciones inventadas solo para difamar a sus protagonistas y ganar un poco de espacio en la prensa.

Una de las claves del libro es el infame Código Hays y cómo, a partir de su implementación, la perversión que eventualmente se hacía presente en las películas —y que era, según Anger, recurrente en el estilo de vida de estrellas y productores— desaparecería sin dejar rastros. Por un par de décadas Hollywood quedó huérfano de besos, sangre, erotismo y situaciones morales difusas. El punto es que todas esas cosas seguían ocurriendo detrás de la pantalla. La idea que transmite Hollywood Babilonia es que todo eso que los reguladores de la moral no querían mostrar en las películas era, en el fondo, bastante más atractivo que mucho de lo que efectivamente se filmaba. El libro se publicó por primera vez en 1959, otra época bisagra, en la que el Código estaba perdiendo fuerza (desaparecería recién en 1968, para ser reemplazado por el sistema de clasificación que conocemos en la actualidad) y se empezaban a estrenar películas que generaban escándalos a nivel moral, religioso y sexual. En ese contexto, Anger no sólo parece regodearse con la vida decadente de las estrellas de Hollywood, sino también con la propia decadencia de ese sistema de producción cinematográfico (los últimos años de los cincuenta marcan la decadencia de la “edad de oro” de Hollywood, y en los años siguientes surgirían estéticas y modos de producción novedosos y renovadores para el cine norteamericano).

Hollywood Babilonia es divertido y puede ser leído, a fin de cuentas, como un libro de humor. Su humor es, obviamente, negro y desagradable. En la página 45, por ejemplo, mientras narra el caso del cómico Roscoe “Fatty” Arbuckle y la actriz Virginia Rappe (ella falleció encerrada con él en una habitación, en el marco de una fiesta; las razones de la muerte nunca quedaron del todo claras, y Arbuckle fue absuelto luego de tres juicios), Anger presenta una fotografía sacada de un film de Arbuckle, donde una mujer está cayendo por una escalera, resbalándose de las manos del comediante. El epígrafe es “Fatty, de la realidad a la pantalla”. Se trata de un ejemplo significativo, pero relativamente inocente. Más adelante, el libro presenta imágenes impactantes de verdad: lejos del humor, Anger nos ofrece fotos de los cadáveres del productor Paul Bern, la actriz Thelma Todd, el mafioso Bugsy Siegel (el rostro ensangrentado, irreconocible: había recibido tres balazos en la cabeza) y el actor Lewis Stone, entre otros. También hay una foto de Marilyn Monroe que, al estar acompañada por el epígrafe “El sueño eterno de Marilyn”, sugiere que se trata de su cadáver (la versión expandida del libro llega hasta mediados de los sesenta). Sin embargo, si uno analiza el pelo y la posición del cuerpo al momento de su muerte da la impresión de que la foto del libro está descontextualizada. El epígrafe es poco claro; parece una invitación a dejar de lado toda pretensión de veracidad y sumergirnos en su universo decadente como si se tratara de una obra de ficción o pseudo-ficción. Un limbo nebuloso, podríamos decir, entre ficción y realidad.

Ese es el juego, en gran medida, de Anger y su Hollywood Babilonia. No sorprende que los historiadores serios se indignen con su pastiche de chimentos —y no está mal que lo hagan—, pero la búsqueda del libro va en otra dirección. Una dirección que está bastante más cerca de los colores chillones de su film Inauguration of the Pleasure Dome o la imaginería nazi-gay-motoquera de Scorpio Rising que un libro convencional de historia del cine. El universo que presenta Anger es ciertamente fascinante en su desparpajo. Tal vez el gran inconveniente sea que por su propio abordaje temático todavía arrastra algo de la moralina propia del “periodismo” chimentero. Anger opta por un distanciamiento sarcástico —muchas veces abiertamente misantrópico—, pero ¿cómo no caer en la moralina, aunque más no sea de forma involuntaria, cuando lo que uno está haciendo es justamente revisar y revolver conductas morales? Es fácil imaginar al lector promedio de chimentos horrorizado por el estilo de vida de estos personajes de Hollywood, y no tanto por el enfoque libertino y escandaloso que ofrece el autor. La vida, la muerte, el alcohol, las drogas, el sexo, la violencia; todo aparece en Hollywood Babilonia como un fluir de descontrol. Ese fluir de ritmo acelerado es, de hecho, lo mejor del libro: Anger salta de historia en historia con gracia y ritmo. La muerte joven y violenta (principalmente por drogas, alcohol o suicidio) es observada con cariño. Lo único que no perdona es la decrepitud. El ingenioso Anger —en la actualidad un longevo de 90 años— parece encontrar mucha más belleza en el “viví rápido, morí joven” que los propios protagonistas de sus relatos.

El mayor problema de Hollywood Babilonia, sin embargo, no es ni su cinismo ni sus posiblemente numerosos inventos (o exageraciones), sino que pierde la oportunidad de tratar de entender por qué las primeras décadas de Hollywood fueron tan descontroladas. Al narrar a sus historias como una sucesión de chismes aislados, Anger pierde una visión de conjunto. Las razones y los motivos, el trasfondo económico, social y cultural, quedan relegados en pos de un montón de fragmentos de horror decadente. Es indudable que esa voluntad explicativa no existe en el libro de Anger, y por lo tanto no es del todo justo pedírsela, pero entonces persiste la pregunta: ¿en qué se diferencia este libro de una revista de chimentos, más allá del morbo excesivo y la neutralidad moral? Sí es justo, sin embargo, pedirle otra cosa a Hollywood Babilonia. Cada tanto, Anger cita revistas y periódicos de la época, reconstruyendo una imagen de cómo le llegaban las noticias de Hollywood al público norteamericano. Es una de las mejores características del libro, porque permite percibir el origen de esa máquina trituradora que es la farándula, donde el talento y los logros profesionales se mezclan con las acciones privadas. Hubiera sido bueno, entonces, tener algunas referencias bibliográficas para poder, o bien corroborar la veracidad de las citas de Anger, o bien saber a dónde ir en caso de querer seguir investigando.

El punto en común entre la obra cinematográfica de Anger y su libro (uno de los dos que escribió en solitario, junto a su continuación, Hollywood Babylon II de 1982) es su voluntad provocadora, y en ese territorio su triunfo es innegable. Es desparejo, irrespetuoso y barato —voluntariamente barato, y se regodea en eso— y no está a la altura de sus mejores películas. Pero no importa. Tiene el mérito nada desdeñable de ser uno de esos libros que uno puede abrir en cualquier página y elegir un párrafo al azar, con la certeza casi absoluta de que va a divertirse. Y, por último —aunque no es algo menor— Hollywood Babilonia parece escrito con cariño. Ahí reside, en realidad, la gran diferencia con la revista chimentera promedio: Anger parece enamorado de los personajes que retrata. Con frecuencia los retrata con maldad, pero casi nunca con odio o rencor. Incluso da la impresión de que el terrible provocador independiente, el gran vanguardista del satanismo, las esvásticas y el bondage, se hubiera sentido feliz en esos años demenciales previos al Código Hays.

[1] Hollywood Babilonia tiene, al menos, dos ediciones en español. Las dos son de Tusquets Editores; una de 1985, de la Colección Andanzas, y otra de 1994, de la serie Fábula. Este texto está basado en la edición de 1994, con traducción de Jorge Fiestas.

 

Compartir

Compartir
Alvaro Bretal
Nació en La Plata, Provincia de Buenos Aires. Es estudiante avanzado de las carreras de Licenciatura en Sociología y Profesorado de Sociología (FaHCE-UNLP). Escribe en las revistas digitales La Cueva de Chauvet, Détour, Tierra en trance y Caligari, y en el portal web indieHearts.

No hay comentarios

Dejar respuesta

uno × cinco =