NOCHE: LA CUARTA NO ES LA VENCIDA

El autor fue mal informado en la librería y creyó que el policial “Noche”, de Bernard Minier, era la primera novela con esos personajes. Al final era la cuarta, pero aprovechó igual.

 

“Noche” de Bernard Minier es una novela que se enmarca en el psycho-thriller. Forma parte de una saga que tiene al detective Martin Servaz como protagonista. No es ni policial de enigma a la inglesa, ni policial negro a la norteamericana. Es a la norteamericana sí, aun habiendo sido escrito por un francés, pero en un formato mucho más contemporáneo, que tiene sus orígenes en la obra literaria de Thomas Harris, con Hannibal Lecter como personaje estrella. De hecho, cuando lo encontré en la librería estaba envuelto por una de esas tiras promocionales que anunciaba la contienda con el asesino más siniestro desde el célebre psiquiatra antropófago. Y por eso lo compré.

El sub-género de psycho-thriller va estableciendo pautas de funcionamiento a partir de su propio desarrollo. Cuando generalmente tenemos a asesinos seriales que se obsesionan a posteriori con quienes tienen que investigarlos, ahora encontramos historias como “Noche” donde directamente el punto de inicio es la obsesión del homicida con el policía. El relato nos ahorra toda la parte previa en que el policía investiga al criminal y, en el desarrollo de la investigación, dicho criminal se toma como algo personal la contienda y apunta la mira hacia su propio cazador. Esa parte previa se encuentra seguramente en las tres primeras novelas de Servaz.

Copycat es una película que ya en 1995 muestra a un asesino obsesionado con la criminóloga que estudia casos como el de él. Otra historia del cine, esta vez de 1993, con un tratamiento similar es En la línea de fuego, donde el personaje de John Malkovich es un agente entrenado por el gobierno norteamericano que decide asesinar al presidente, retando de esa manera al agente que se encarga de su seguridad personal, Clint Eastwood, que ya falló en el pasado cuando tenía que proteger a JFK.

En la novela “Noche”, entonces, se expone la obsesión de un asesino por un policía desde el comienzo de la historia. El lector, habituado a los policiales de este tipo, ya sabe de lo que se está hablando, no necesita mayores preámbulos, más allá de ciertas alusiones a un pasado en el que estos dos contendientes vieron sus destinos cruzarse.

La pregunta de cierre: ¿es el suizo Julian Hirtmann, el asesino de la novela, comparable a Hannibal Lecter? ¿Acaso fui engañado por el cartel promocional que envolvía el libro? Bueno, un poco.

En este tipo de policiales la subjetividad del policía es un aspecto fundamental. Pero más que su subjetividad, la descripción de sus debilidades. Psíquicas y físicas. En este caso la debilidad psíquica de Martin Servaz, el policía, es que tiene una hija, y que el asesino obviamente lo sabe y juega con eso, lo tortura con la posibilidad de secuestrarla. La otra gran debilidad es la física: acaba de pasar por una operación de corazón, un violador le disparó en una persecución, y prácticamente volvió de la muerte luego de un estado de coma prolongado. Cada vez que la situación se vuelve peligrosa, el corazón empieza a latir con fuerza, amenazando con hacer un paro. La salud física y las cirujías de hospital serán un tópico que acompañará la totalidad del relato.

Cabe resaltar la simpleza y precisión del lenguaje utilizado. No tiene cierta inclinación poética, lo que muchas veces enturbia la claridad expositiva que este tipo de relatos, por lo menos para mí, deben tener.

La pregunta de cierre: ¿es el suizo Julian Hirtmann, el asesino de la novela, comparable a Hannibal Lecter? ¿Acaso fui engañado por el cartel promocional que envolvía el libro? Bueno, un poco. Me parece una exageración decir que estamos ante un asesino de la talla del psiquiatra de la saga de Harris. Es cierto que hay elementos que lo asemejan en algo. Hirtmann estuvo internado en un hospital psiquiátrico de máxima seguridad y, al salir, se hace pasar por especialista en enfermedades mentales que conoce el caso de aquél asesino loco, que en realidad era él. Como Lecter, es un experto en el arte del cambio de apariencia, aunque en este caso no solo mediante disfraces sino con cirujías estéticas. Encuentra placer en el sadomasoquismo y le gusta Malher, pasión que comparte con el policía.

La novela tiene algunos puntos que me quedaron como cabos sueltos. ¿Quién era el hombre que llama a Servaz y lo cita en las afueras de la ciudad, si el violador se encontraba en un campamento? ¿Era Hirtmann? ¿Pero Hirtmann no estaba acechando al violador en el campamento también? Quizás la novela lo explica y a mí se me pasó. En definitiva, me pareció una buena novela. Tiene 500 páginas y me la leí en dos días. ¿Qué más se puede pedir a un libro que nos genera avidez en la lectura?

Aclaro que en la librería le pregunté al librero si era la primera parte de una saga o si había novelas anteriores con esos mismos personajes. Ni el cartel promocional ni la contratapa lo aclaraban bien. Me dijo que era la primera. El librero se equivocaba, de lo que me vengo a enterar luego de leer la novela. No fue una mala experiencia de todas maneras, al contrario. Me produjo ganas de acudir a las otras tres.

 

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Alvaro Fuentes
Profesor de Filosofía (UNLP). Hace unos años dicta talleres de Cine y Filosofía en espacios de educación formal y no formal. Es editor del libro de análisis cinematográfico “La imagen primigenia, un enfoque multidisciplinar del cine”. Escribe y coordina en La Cueva de Chauvet.

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